VÍDEOGALERÍA, ZAIDÍN *
HISTÓRICO EN INDYROCK * 21 vídeos de grupos en el Zaidín
VÍDEOS DE:
José Ignacio Lapido # Miguel Ríos # Los Planetas # Sex Museum
# Lagartija Nick # José Antonio García, Mezcal
# Macaco # Cycle # Cyclostatic # Kennedy # Recargables # Mondoinverso # Malas Juntas
# Jigcoroba # Ícaro # fiona May # The Sputnik Weezel # Toulouse # Autómatas # Baby Shakes #
Resumen 2017 #
FESTIVAL DEL ZAIDÍN * ARCHIVO HISTÓRICO
Ediciones 2014 a 2009 * Archivo
histórico INDYROCK
Crónicas, fotogalerías, datos de las ediciones cubiertas
informativamente por IndyRock
* Ediciones #2018 # 2017
# 2014 # 2013
# 2011 # 2010
# 2009 # 2008
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2005 # 2002 #
1999
2014
UNA APUESTA SEGURA
Eskorzo + Ciclonautas + Estévez + Paters + Óscar Espín
jueves 11 de septiembre 2014 Zaidín – Aforo: 4000 personas. Calificación: ***
Crónica por Enrique Novi- IndyRock
Enterradas definitivamente –eso parece- las controversias y los rifirrafes que otros
años han protagonizado el veterano festival, anoche arrancó según lo previsto la 34ª edición
del Zaidín Rock, el decano de los festivales españoles. Sin mayores incidencias ni
sobresaltos, de modo que la mejor noticia es que no hubo noticia. Y así abrió la primera
noche de rock el inclasificable Óscar Espín, un guitarrista de amplia formación y veterano
de la escena tras sus aventuras con Euphorya o Voynich! y sus colaboraciones con Lagartija
Nick, por ejemplo. En solitario da rienda suelta a sus inclinaciones por las
estructuras complejas, y sin abandonar nunca su querencia por el metal y el sinfonismo
rockista, para los que se muestra como un instrumentista más que dotado, se deja contaminar
por músicas de origen clásico, cinematográfico y orquestal. Arropado por un buen número de
músicos y coristas, su propuesta fue el contrapunto sesudo a la general apuesta por la
evasión del resto de los componentes del cartel. Tras Espín, tomó el escenario Paters, una
macro banda formada por experimentados músicos de la provincia y capitaneados por los
montefrieños Toby Rodríguez y José Antonio Hermoso Villanueva, que se entrega al funk sin
contemplaciones y lo salpica con otros ritmos calientes, desde el ska a la cumbia u otras
cadencias caribeñas.
Con ellos llegaron los primeros bailes de la noche y con el público ya caliente le llegó el
turno a Estévez, el nuevo proyecto del incombustible y entusiasta Dani Gominsky. Curtido en
mil y un grupos (Sin Perdón, Sucio Frank, Stereoflex, Sugarfish, Elastic Band…) por fin
parece haber encontrado el camino bueno con una apuesta personal y rodeado de algunos de sus
buenos amigos, todos ellos excelentes músicos: Mati Balboa a la voz cantante, las guitarras
de Isaac Zafra y Molina González alias Paco Duane, la batería de David Fernández y Raúl
Bernal sobre las teclas, además del propio Gominsky al bajo. Estévez convocó a la parroquia
más poppy antes de que Ciclonautas le dieran sentido al nombre del festival, Zaidín Rock.
El power trío formado por el batería de Marea junto al bajista Javiertxo Pintor y el
guitarra y cantante Mai Medina supuso una recapitulación de la esencia misma de lo que ha
sido el Zaidín durante tantos años, rock urbano de ascendente hispano-argentino lo
suficientemente sucio, desaliñado y canalla para transmitir autenticidad. El final de fiesta
estaba reservado para unos incansables e inevitables Eskorzo, que subían a ese escenario por
enésima vez para volver del revés a la concurrencia. Con el recinto ya bien nutrido de
zaidiners dispuestos a gastar suela y compartir calimotxo, los granadinos desplegaron toda
su potencia sonora y su brebaje contra el inmovilismo .con las fuerzas renovadas que otorga
un nuevo disco que verá la luz la próxima semana y que los llevará de gira por media Europa.
Con “Camino de Fuego” (Venga Music, 2014), que así se llama su nuevo álbum, el grupo vuelve
en cierto modo a sus orígenes, ritmo y contundencia sin pausa, pero enriquecen su cocktail
sónico en parte gracias a su anterior aventura, la incursión en el afrobeat de Fela Kuti. A
su mestizaje clásico incorporan algo más de swing afrofunk, la pegada del drum’n’bass en
momentos esenciales y el tumbao de las músicas caribeñas, ya sea el reggae jamaicano o la
cumbia colombiana o panameña. Y sin perder la rudeza que siempre los ha caracterizado, su
gen propio. Con todo ello incendiaron, una vez más, la primera de tres largas noches. Una
apuesta segura.
LA ELECTRÓNICA DOMINANTE
La Raíz + Fuel Fandango + Los 300 + Los News + Algunos Hombres
viernes 12 de septiembre 2014 Aforo: 14.000 personas. Calificación: ***
Crónica por Enrique Novi- IndyRock
A la espera de la siempre bien recibida noche rockera del sábado, la del viernes,
tradicionalmente dedicada a las fusiones y las tendencias más mestizas, estuvo dominada por
los sonidos enlatados de la electrónica. Debe ser el signo de los tiempos, pero lo cierto es
que los graves rotundos y los bombos redondos y matemáticamente acompasados de la música
sintética fueron los protagonistas de la segunda noche del Festival del Zaidín y los que
realmente pusieron a dar botes a un recinto muy bien nutrido por un público fiel que ha
convertido la cita del popular barrio en el encuentro post-vacacional oficioso de la ciudad.
Como viene siendo costumbre la noche comenzó perezosa con las actuaciones de los grupos
ganadores del concurso Desencaja, que organiza el Instituto Andaluz de la Juventud. Les tocó
abrir fuego a Algunos Hombres, un quinteto pop que demuestra las virtudes de la austeridad
cuando conduce a lo esencial. Si además hay buen gusto y una voz -en español- con carácter
parece fácil. De Pozoblanco a Sevilla con Los News, los otros galardonados. Evasivo rock de
garage, sucio, herrumbroso, grasiento y en inglés. Como debe ser. Con ellos se fue cogiendo
la temperatura adecuada para Los 300. El trío formado por Eskorzos pluriempleados, no tiene
más intención que poner las caderas a balancearse con sus ritmos calientes y negrorides:
funk, boogaloo, latin soul, soul jazz… Para ello no dudan en aprovechar las ventajas del
sampler y la técnica del loop y cabalgar sobre una sólida y contundente base de sonidos
pregrabados. Y además tuvieron el detalle de explicar el proceso en directo.
Un work in progress muy didáctico que serviría para comprender también el modus operandi de
Fuel Fandango. Asentados ya en la primera división, el grupo andaluz se lució ante un
recinto que coreó casi al completo muchas de sus canciones. Su música recoge una corriente
de la electrónica, oscura, algo siniestra, germánica; moderna y un poco fría pero siempre al
servicio del baile. Por encima de ella imponen su propia identidad. Con leves y espaciados
dejes aflamencados que les aportan personalidad y exotismo, y además multiplican sus
posibilidades internacionales. Su trayectoria desde la primera vez que visitaron Granada ha
sido fulgurante, siempre en ascenso. Y después de verlos en el Zaidín seguro que lo seguirá
siendo de cara a su próxima visita. El público lo dejaron a punto de caramelo para los que
quisieran seguir la fiesta que prometían los chicos de La Raíz. El grupo valenciano, ahora
convertido en una macro banda, prácticamente una orquesta, encajaba como espada en la vaina
en el puesto de cierre para la noche de viernes. Su rock mestizo, salpicado de ska, reggae y
otros muchos guiños tomados no importa de que estilo, como corresponde a lo que se espera en
un festival popular y gratuito, hubiera sido elegido por respetable de haber podido hacerlo.
El baile bullanguero se fue expandiendo por el recinto al ritmo en que los muchos que habían
ido a ver a Fuel Fandango lo abandonaban. Muchos de ellos esperando volver para disfrutar de
Reincidentes y Los Enemigos.
VUELTA AL BARRIO
Los Enemigos + Reincidentes + La M.O.D.A. + Fila India + Los Esclavos
Sábado 13 de septiembre 2014
Crónica por Enrique Novi- IndyRock
Y al tercer día, o mejor, a la tercera noche, el rock resucitó. Con un cartel formado por
grupos cantando rock en español sin sufijos mestizos, con la vuelta de unos clásicos
desaparecidos, Los Enemigos, y de otros que nunca se fueron y que encajan a la perfección
con el espíritu combativo del festival, el Zaidín Rock vivió una de sus noches más
multitudinarias, mostrando músculo y dejando constancia de lo saludable que luce a sus
treintaycuatro años de vida. Como en otras ediciones históricas, la de 2014 ha supuesto el
pistoletazo de salida a una nueva temporada de conciertos demostrando la avidez del público
por la música en directo y que tanto el rock como el propio festival están muy vivos.
Comenzó desperezándose con la actuación de Los Esclavos, unos agitadores de la escena local
practicantes de la religión del power pop aunque también herederos del rock en castellano
como el del los propios Enemigos, a los que en múltiples ocasiones han mencionado como
referencia, por lo que debió ser una actuación particularmente emocionante para ellos. Las
mismas influencias power pop las comparten Fila India, que son otros resucitados después de
quince años de impasse. El grupo malagueño dio un repaso a los temas de su álbum de regreso,
con los que evidenciaron no haber perdido un ápice de la frescura que les caracterizó, esas
odas a la juventud, las chicas, el sol y la vida playera, y haber perfeccionado su habilidad
para componer perlas pop de las que se quedan pegadas a la piel y a las orejas. Para muchos
fue un emotivo reencuentro que sirvió de anticipo del que vendría un par de horas más tarde
con el grupo de Fino y Josele.
La sorpresa de la noche fue el descubrimiento de La M.O.D.A. (acrónimo de La Maravillosa
Orquesta Del Alcohol), un grupo que rescata la tradición del folk canalla y tabernario, con
un pie en el clásico country-blues y el otro el hooliganismo punk que tan bien se adapta a
un festival como el del Zaidín. Vestidos al modo de los estibadores portuarios a pesar de
proceder de un paraíso interior tan austero como Burgos, el grupo, excelentemente engrasado,
descargó sobre el escenario todo su entusiasmo y su propuesta, hija de la música con carga
social de Pete Seeger o de Billy Bragg, pero también de la más gamberra de The Pogues, de
Dexy’s Midnight Runners, de Waterboys, Mumord & Sons o The Avett Brothers, fue el
aperitivo perfecto para calentar el ambiente antes de que apareciera por la trasera del
escenario una enorme raspa que por sus dimensiones parecía más el esqueleto de una ballena
azul que de un jurel. Sí, era el turno de unos ovacionados Enemigos que se mostraron
pletóricos de forma y de ganas. Abrieron fuego con Brindis y una oportunísima He Vuelto al
Barrio.
Con Fino firme al bajo, la solidez de Chema Animal con las baquetas y el talento de Manolo
Benítez a la guitarra solista, Josele pudo explayarse y mostrar registros inéditos (como en
la nueva Gurú) que tal vez haya encontrado durante su periplo en solitario. Paracaídas, Me
Sobra Carnaval, la serratiana Señora, la inmortal El Jergón, La Otra Orilla, Dentro, Yo Soy
el Rey, Sr. Correcto, No Amanece en Bouzas… Ser Humano, la maravillosa Septiembre, La Cuenta
Atrás, empaquetadas en un solo bloque sin solución de continuidad… su concierto fue rotundo,
inapelable. Y así, sin posibilidad de apelación, se despidieron con John Wayne y Complejos,
a pesar de que el recinto pedía al unísono más madera. Así llegó el turno, ya bien entrada
la madrugada, de Reincidentes. Los sevillanos celebraban sus treinta años sobre las tablas y
para ello redoblaron sus consignas reivindicativas conscientes de estar en el sitio adecuado
en el momento adecuado.
Cerca de la treintena de canciones moldearon un concierto que supuso prácticamente un repaso
integral a su trayectoria. Desde los temas de los ya lejanos ochenta, Aprendiendo a Luchar o
Andalucía Entera, hasta el final con el himno Jartos de Aguantar que coincidió con un masivo
despliegue de pancartas. Entre medias el resto de sus furiosas y explosivas reivindicaciones
con la lengua bien afilada y el volumen al máximo: Cucaracha Blanca, La Republicana, Cogidos
Por los Huevos, Huracán, Una Noche, Grana y Oro… entre sus revisiones de autores
comprometidos menos airados (José Alfonso, Aute o Milanés). Así pasaron las cinco de la
mañana para cerrar otra noche histórica para el Festival del Zaidín.
2013
Festival del Zaidín Rock 2013
5, 6 y 7 de septiembre 2013 . Explanada junto al estadio de los Cármenes. Granada
Enrada gratuita Los conciertos comenzarán sobre las 22h
CONSIGNAS Y ESTRIBILLOS
Por Enrique Novi
Rosendo + Boikot + Les Castizos + Mariscal Chang + Zio + Charlotte – Sábado 7 de
septiembre – Aforo: 15.000 personas
Con el sábado llegó por fin la apuesta eminentemente rockera y guitarrera que constituye la
esencia del Zaidín Rock. Y lo hizo con uno de sus hijos predilectos, el incombustible e
incorruptible Rosendo Mercado como cabeza de cartel junto a los incendiarios Boikot. Sin
obligaciones dominicales y atraído por un clásico del Festival, el público llenó el recinto
que presentó la mejor entrada de las tres noches. El certamen mostró así su musculatura y un
estado de forma envidiable. Una demostración de fuerza nada desdeñable en estos tiempos en
los que hasta lo más básico se puede tornar en prescindible. Incluso los primeros grupos del
cartel, los encargados de romper el hielo y calentar motores, que en los días anteriores
tuvieron que hacer de tripas corazón ante la escasez de oyentes, el sábado pudieron
disfrutar de una concurrencia más que decente y no sentir así que solo cumplían un trámite.
Comenzaron los jóvenes Charlotte, una de las más recientes formaciones que ha dado la
fecunda cantera granadina de indie pop. Y cumplieron. Tras ellos los principiantes Zio
aportaron la más agradable sorpresa de la noche. Con su debut en largo, “Broken Toys”, como
base el grupo mostró una robustez impropia de unos recién llegados. Rock duro con bagaje
alternativo, excelentemente interpretado.
Muy pocos de los varios miles de asistentes que ya poblaban la explanada los conocían pero
la mayoría quedó gratamente complacida con su solvencia, tanto instrumental como vocal. El
Zaidín cumplió su función con ellos y sin duda hicieron muchos amigos. No se puede decir lo
mismo de Mariscal Chang, entregados a su indisimulada devoción por los grupos granadinos de
los ochenta, léase 091, pero faltos de mordiente demostrando que no siempre basta con la
voluntad. Con el recinto ya casi al completo llegó el turno de Boikot, que se sacaron con
creces la espina de la cancelación de su última visita a Granada, con un concierto anunciado
el pasado otoño en la sala El Tren. Los madrileños, activistas antisistema sin pelos en la
lengua y lanzadores de consignas revolucionarias servidas en crudo, sin vaselina, quedaron
encantados ante las miles de gargantas que acompañaban sus diatribas contra el status quo.
Cierto es que en su mensaje no hay espacio para el matiz y sus proclamas son de trazo
grueso, directas a la yugular del convencionalismo, pero escupidas de frente, sin disimulo y
sin taparse. Su solvencia instrumental les permite ofrecer un concierto demoledor de
principio a fin, sin apenas bajar el pistón, de puro rock con ascendente punk.
A las composiciones propias incorporan sin sonrojo y sin disculparse por ello multitud de
melodías tradicionales del acervo revolucionario, desde el Hasta siempre Comandante de
Carlos Puebla hasta los himnos clásicos de la Guerra Civil que llevan a su terreno para
identificar al enemigo con todas sus letras, algo que en general fue recibido de muy buena
gana por el público. Desde luego, con proclamas como las suyas es comprensible la aversión
del ala derecha de la política local hacia el certamen.
Tras ellos tomó el escenario el atemporal Rosendo, que en su inmutable formato de guitarra,
bajo y batería, el que ha venido utilizando durante cerca de cuarenta años, confeccionó un
repertorio en el que incluyó entre los temas de siempre algunas de las canciones de su nuevo
disco, “Vergüenza torera”, de reciente publicación. Para él el rock siempre ha sido un
lenguaje de contestación ante las injusticias sociales y así seguirá siendo. Alguien a mi
alrededor que decía venir de pasar unos años en Londres hizo una observación: en España el
rock no evoluciona; permanece en el mismo lugar así que pasen los años. Su interlocutor le
respondió con sorna: mejor que permanezca sin avanzar; en España el resto de las cosas van
para atrás, el rock al menos se mantiene en su sitio. Sin duda si uno pretende averiguar la
evolución del rock en nuestro país no parece el Zaidín la mejor elección para comprobarlo, y
menos cuando actúa Rosendo por cuarta vez.
Para contradecir lo anterior, la noche terminó con la propuesta electro-canalla del equipo
de dj’s Les Castizos, que ofreció escapismo de garrafón a aquellos a los que les quedaba
gasolina para su viaje etílico.
Viernes 6 de septiembre 2013
La invasión del buenrollismo
Por Enrique Novi
Canteca de Macao + El Canijo de Jerez + Sonido Vegetal + Los Vecinos del Callejón + The
Milkyway Express + Checopolako Aforo: 10.000 personas.
Si la crónica de la noche del jueves la titulamos con el nombre de una canción de Airbag,
Septiembre aún es verano, la de la del viernes podría continuar diciendo Septiembre ya es
otoño. Efectivamente, la lluvia estuvo a punto de frustrar la fiesta justo en su punto
culminante, cuando, terminada la actuación de El Canijo de Jerez, se disponían a hacer lo
propio Canteca de Macao, la otra cabeza del cartel de la noche. Afortunadamente, todo quedó
en un amago de pocos minutos. A la hora de escribir estas líneas el cielo encapotado sobre
Granada genera incertidumbre sobre lo que pasará la del sábado. Por hablar de certezas, lo
que no ofrece discusión es la tendencia del cartel del festival, cada vez más escorado hacia
los sonidos mestizos y el buenrollismo, es decir, hacia los grupos verbeneros del agrado del
público con perros, flautas y calimochos, más que hacia el rock que denomina al propio
Festival del Zaidín. Si es una decisión deliberada de los organizadores o una imposición de
los que hacen caja con su celebración es algo que deberían aclarar los primeros. En
cualquier caso la decisión hace chirriar entre tantos grupos mestizos la presencia de
propuestas inequívocamente pop, como la de Checopolako, o indudablemente rock –en este caso
sureño, rock abluesado de carretera y manta- de The Milkyway Express. Tanto a unos como a
otros les tocó la ingrata tarea de poner el fondo musical a un recinto que se iba llenando
perezosamente sin prestar demasiada atención a sus actuaciones, que en ambos casos
cumplieron ante una concurrencia más bien distraída.
Cubierto el expediente, llegó el turno del buen rollo y su mochila cargada de consignas
facilonas y de proclamas panfletarias de primaria. A esta práctica se entregan Los Vecinos
del Callejón sin remordimiento ni matiz alguno. Su fusión de ritmos ska, rock bullanguero,
reggae peleón y vientos balcánicos, heredera de otras bandas granadinas como Eskorzo o los
añorados Tatamka, no es nada nuevo pero demostró seguir funcionando a pleno rendimiento.
Como ya hiciera la noche anterior el presidente de la Asociación de Vecinos del barrio,
también los del Callejón tuvieron un recuerdo para Isidro Olgoso, querido e ilustre
convecino fundador del certamen, fallecido en las vísperas de esta trigésimo tercera
edición.
El ritmo se atemperó y el tono se dulcificó con las nuevas canciones que venía a presentar
El Canijo de Jerez. Convertido en un fijo del Festival, primero como parte de Los
Delinqüentes y actualmente en solitario, acompañado por su banda, Los Fumadores Galácticos,
el Canijo apareció sobre el escenario a lomos de una moto y a partir de ahí todo fueron
parabienes, especialmente cuando concedió alguna de las canciones de Los Delinqüentes y en
las colaboraciones con los continuadores de la fiesta. Así llegó el turno de Canteca de
Macao y con ellos seguramente la parte más caliente y movida de la noche. La versatilidad y
la variedad es una cualidad que se menciona cuando se habla de todos los grupos que apuestan
por la mezcla de distintos estilos.
En el caso de Canteca de Macao es rigurosamente cierto, igual te planchan un huevo que te
fríen una camisa. Celebrando su décimo aniversario, la banda demostró encontrarse un su
máximo esplendor, y aportaron el repertorio más solvente de la noche, ya hicieran cumbia,
rumba, reggae, ritmos aflamencados o rock contundente. Su solvencia los distancia de la
mayoría de sus perseguidores. Para cerrar la noche aún tenían que tocar los locales Sonido
Vegetal, que presentando su segundo largo, “Las Bases del Razonamiento”, no se amilanaron
ante la avalancha previa y mantuvieron el nivel con un concierto contundente y demoledor.
Muchos mencionan en rock entre los ingredientes de su mixtura; Sonido Vegetal hace gravitar
los demás estilos alrededor de él.
Y el resultado es ese hallazgo propio que han dado en llamar gipsy-punk. Con él terminaron
de agotar al respetable y, ya con el amanecer cercano, se despidieron hasta la noche del
sábado, esta sí, la del rock en el Zaidín.
Jueves 5 de septiembre
SEPTIEMBRE AÚN ES VERANO
Por Enrique Novi
Bongo Botrako + La Kinky Beat + Airbag + Xanataun + Blues City Cops – j
Zaidín – Aforo: 4000 personas.
La noticia debía ser que no hubo ninguna noticia digna de mención, si no hubiera sido por un
descerebrado de última hora que tuvo que poner la nota discordante arrojando piedras al
escenario cuando la última actuación tocaba a su fin. Salvo por eso, la normalidad, que
venía siendo la excepción en estas últimas ediciones convulsas, fue la nota dominante
durante la primera noche del Festival del Zaidín. No hubo ni incertidumbre sobre su propia
celebración, ni amenazas de sanción, ni estériles cruces de acusaciones entre gobernantes y
organizadores (a pesar de las quejas de la Asociación de Vecinos del Barrio que se lamenta
de que las instituciones gobernadas por el PP –Ayuntamiento y Diputación- les hayan retirado
el apoyo). Así pues, como si Granada fuera una ciudad normal, arrancó el Zaidín Rock
con la música como protagonista. A Blues City Cops, un grupo de reciente formación pero a
cargo de veteranos francotiradores de la escena local, les tocó abrir fuego ante un
despoblado recinto que aún se desperezaba y se preparaba para la avalancha que vendría
después. Su mezcla de rock clásico setentero y blues rock sin complicaciones dio paso a
Xanataun, un voluntarioso trío que confiesa su procedencia con el nombre y que con el
incombustible y versátil Rafa Hermosilla a la guitarra practica una suerte de rock urbano
suburbial con cierto apego alternativo y letras en castellano. Algo inconsistentes o tal vez
faltos de ensayos, su actuación, aún con la explanada medio vacía sirvió de preámbulo a las
primeras estrellas de la noche. Aunque sin conexión estilística con los que vendrían
después, y en eso tal vez habrían encajado mejor alguna otra noche del Festival, junto a
propuestas no tan alejadas de la suya, Airbag tiene suficiente entidad propia y parroquianos
de sobra como para no sentirse arropados durante su actuación.
Muchos lo han intentado antes que ellos y es de suponer que otros tantos lo intentarán de
aquí en adelante, pero la música urgente y desenfadada aunque repleta de agudas reflexiones
y sarcásticas e ingeniosas viñetas que reflejan la vida del eterno adolescente, a nadie le
brota con la naturalidad y la autenticidad que a ellos. Los de Estepona disponen de todos
los elementos para que brillen sus historietas de tres minutos entre el power-pop y el punk
playero: melodías adhesivas, brío y empaque instrumental, toda la actitud del mundo y el
descaro justo. Pero resulta que tiene mejores canciones que cualquiera de sus competidores y
seguramente también que muchos de sus referentes. Y así sus conciertos se hacen
irresistibles. Hacia el final de su actuación subió como espontáneo Javi PPM, uno de sus
compinches granadinos y con la misma chispa que aparecieron se despidieron hasta la próxima.
El ambiente estaba en su punto para los grupos mestizos que seguirían. Primero llegó el
turno de La Kinky Beat en versión reducida, que la crisis se ha de notar hasta en los grupos
más contestatarios. Reducidos a una guitarra, una batería, un trombón y la cantante que
manipulaba también los sonidos enlatados, se bastaron para poner patas arriba un Zaidín que
ya llenaba un tercio del recinto con varios miles de personas. Su mezcla de sonidos
jamaicanos y electrónica se rebeló la mejor vitamina para enardecer las ansias bailongas del
personal, en un concierto que fue de menos a más y que fue incrementando el elemento
electrónico conforme avanzaba la noche a base de dub, ragga y electro cannábico. Con menos
veteranía y similares planteamientos, Bongo Botrako sí desplegó todo su arsenal de músicos
para presentar en Granada su segundo trabajo, “Revoltosa”. Más apegados a los sonidos
orgánicos que sus predecesores, su mestizaje es de mayor espectro que el de la Kinky Beat,
pero tal vez por la pegada que imprimieron estos a su actuación con los graves pregrabados,
los de Tarragona sonaron algo bisoños. No fue impedimento para que los presentes se
entregaran, con la colaboración etílica, a gastar más suela.
Hasta la ocurrencia de un patán que aguó la fiesta.
2011
Crónicas por Enrique Novi
Fotos: Ramóin L. Pérez / Ideal
Eskorzo + Los Aslándticos + Physical + King
Size Co. + Los Galgos
OTRA MUESCA EN LA CULATA
jueves 8 de septiembre 2011 Recinto PTS Granada
Un año más el veterano Festival Zaidín Rock resiste a los elementos que luchan en su contra.
Desde la recurrente crisis a las reclamaciones de la SGAE; desde los recortes
presupuestarios al inveterado problema de su ubicación, con un recinto más que añadir a su
extenso catálogo, aunque este también sea provisional; desde la especulación al desinterés
de las instituciones por conservar un certamen que viene haciendo de la supervivencia su
seña de identidad.
Parece mentira que después de tantos años empeñados en ejercer la resistencia y demostrar su
determinación por mantener un festival eminentemente rockero y popular, no haya ningún
dirigente capaz de sentarse durante el invierno con sus organizadores para buscar la
viabilidad y no vernos avocados a revivir cada año las mismas improvisaciones y los mismos
cruces de acusaciones.
Fruto del despropósito en que cada septiembre se convierte su celebración, este año se
anunciaba un cambio sustancial en su planteamiento, pues por primera vez dejaba de ser
gratuito y aunque el precio de la entrada, consumición incluida, es ciertamente asequible,
siempre supone un riesgo modificar un rasgo tan característico y arraigado. Así las cosas,
la organización había decidido que se cobraría una entrada de 5 euros para las noches del
viernes y del sábado, mientras que el jueves mantendría su gratuidad. Pero debido a la
premura con la que han ido solventando los impedimentos para la celebración del festival,
esta información no llegó convenientemente al público y así la mayoría de los que acudieron
la primera noche de esta trigésimo primera edición, lo hicieron con sus 5 euros
preparados.
Por eso supone un éxito mayor la asistencia alcanzada, que triplicó la del año anterior a
pesar de que casi todos pensaban que el acceso era de pago. Lo cual demuestra que más que
por su carácter gratuito, el público acude cuando la propuesta musical es de interés. Si el
año anterior el cartel del jueves se centró en exclusiva en un estilo concreto, el metal, y
desatendió al resto, resintiéndose la afluencia, para este año, aprendida la lección, una
selección más variada de estilos hizo la noche más llevadera y el recinto se pobló más
vigorosamente.
Mago de Oz
Y así Los Galgos, un poderoso trío de rock de querencia urbana y en español, abrió fuego con
un directo que evidenció más pegada de la que se podía intuir en sus grabaciones. Tras ellos
los cántabros King Size Co. tomaron el testigo y dejaron constancia de su oficio. Hard rock
de toda la vida, clásico y setentero, con efectivas composiciones y bien ejecutado. Algunos
lo llamarán stoner rock, pero da igual.
Cuando se afronta con estilo y actitud, es una música infalible. Los granadinos Physical, un
grupo formado por veteranos miembros de la escena local, cubrieron la cuota de heavy metal,
para mayor satisfacción de la incombustible muchachada adicta a los sonidos más contundentes
y las voces guturales. Con el ambiente ya caldeado los cordobeses Aslándticos desplegaron su
mestizaje aflamencado y su buen rollo global de ritmos calientes animando al personal a
abandonarse en los brazos del prójimo. Una propuesta ideal para unas fiestas populares. Así
le dejaron en bandeja a Eskorzo un público bien entonado dispuesto a bailar hasta la
extenuación su bullanguera mezcla de ritmos y consignas festivas, en la que no hay lugar
para la exclusión.
El grupo, que acaba de editar un doble disco en directo, con dvd incluido para celebrar sus
quince años sobre las tablas, vive un momento pletórico y así lo transmite al respetable,
que gastó suela a base de bien. Y solo ha sido el comienzo.
Por primera vez en su historia, el Zaidín cobró entrada para
completar su presupuesto.
Mägo de Oz + Pájaro Jack + Tannhäuser +
Voynich! + Stone Caliber
Prima de riesgo y malos modales
viernes 9 de septiembre 2011

Los excesos, las trifulcas, los exabruptos o hasta ciertas tendencias inconfesables de los
artistas, esas que ocurren antes y después de la actuación, en el backstage, suelen quedarse
ahí, detrás de los focos y raramente trascienden más allá de la zona reservada. Los propios
protagonistas son los primeros interesados en que así sea y para eso se pertrechan en un
área de acceso limitado. Ahora bien, cuando es el propio artista el que decide trasladar al
escenario sus equivocaciones está dando carta blanca para que se hagan públicas y se puedan
poner por escrito. Eso fue lo que pasó la noche del viernes en la segunda entrega del Zaidín
Rock. En plena actuación de Pájaro Jack, el batería de Mägo de Oz, mostrando su total
desprecio por el resto de grupos participantes, no tuvo mejor idea que subir hasta su
batería para probar y hacer algunos ajustes, horas después del tiempo reservado a tal fin.
Lógicamente, su presencia no pasó inadvertida ni para el público ni para los chicos de
Pájaro Jack que perplejos no daban crédito a lo que estaba pasando.
Más allá de ciertas actitudes poco presentables, la noche comenzó con los locales Voynich! y
su efectiva mezcla de contundencia y melodía. Ante una asistencia más nutrida que en
anteriores ediciones a esa misma e ingrata hora –debe ser una consecuencia de la decisión de
cobrar entrada- dieron cuenta de los temas de su álbum Matemáticapop.
Tras ellos le llegó el turno a los dos grupos ganadores del Circuito Joven de Pop-Rock de
Andalucía, que patrocina la Junta. Primero los sevillanos Tannhäuser, con su densa propuesta
de riesgo, y más tarde los granadinos Pájaro Jack. Ambos salieron airosos del envite, aunque
ni el post-rock atmosférico de los primeros, basado en el juego de las texturas y las
intensidades, un estilo que bebiendo del kraut y el ambient llevan con maestría a un terreno
personal, ni el planteamiento más acústico, heredero directo del folk-rock de los sesenta
(con versión del Cecilia de Simon & Garfunkel incluida) de los segundos, ambos con sus
sutilezas, parecían los más adecuados para el ambiente de rockeros de barrio alérgicos a los
matices, que se habían reunido para ver a los cabeza de cartel, unos Mägo de Oz que llevan a
gala su querencia por los clichés más manidos del rock. Chupas de cuero, tachuelas, hebillas
imposibles y melenas al viento tan características del universo heavy, se funden con su
particular tendencia a los sonidos bucólicos del folk norteño y su querencia por las
leyendas mitológicas.
Una mixtura pretenciosa para muchos pero que sigue atrayendo a una numerosa chavalada que
queda más fascinada cuanto más romo sea el mensaje. Así se dieron el gusto incluso de
disertar acerca de la prima de riesgo sin que el espectáculo se resintiera. Después de la
tierra quemada que dejaron a su paso, les tocó cerrar a Stone Caliber, una joven banda
granadina, que viene a aumentar el catálogo de local de grupos de hard rock. Más inclinados
hacia el rock sureño y setentero con alama de blues eléctrico que hacia el metal moderno,
pusieron la banda sonora a la despedida del viernes de festival.
2010
XXX FESTIVAL ZAIDÍN ROCK 2010
9 10 Y 11 DE SEPTIEMBRE" Granada recinto junto estadio de los Carmenes
UNA APUESTA SEGURA
sábado 11 de septiembre 2010 Los Delinqüentes + Alamedadosoulna + Funkdación + Jig Korova +
Estrella Sin Luz
por Enrique Novi - IndyRock
Al contrario de como se podía leer en los carteles (donde la noche rock se anunciaba
como mestiza y viceversa, desconozco los motivos), la tercera y última noche del Festival
del Zaidín se reservó para el mestizaje y la pachanga mientras que la del viernes había
dedicado a las propuestas más rockeras. Galimatías aparte, la cuota de grupos locales nada
tenía que ver con el tono festivo de los cabezas de cartel, y tal vez se hubieran sentido
más cómodos ubicados en las noches del viernes o del jueves. Lo cierto es que estas bandas a
las que colocan en las primeras posiciones de la noche tuvieron que lidiar como el resto de
los días con un recinto de apariencia raquítica. Da igual que sea sábado, el público del
Zaidín es trasnochador y no se ve la forma de que los grupos más desconocidos gocen de
presencias más nutridas. Así que resignados se dispusieron Estrella Sin Luz a romper el
hielo con su rock peleón de querencia heavy y necrófila.
Lo dicho, habrían encontrado más comprensión en el cartel del jueves, junto a esos otros que
sin cortarse en sus pretensiones se atreven a utilizar como sintonía La Consagración de la
Primavera de Stravinsky, ahí es nada. Sin solución de continuidad, tomaron el relevo Jig
Korova, otra formación local que ancla su propuesta en lo más sesudo de aquella corriente
que se llamó rock progresivo y que persigue la misma trascendencia que sus héroes del
período 68-73. Por si el nombre no daba suficientes pistas (Korova era el nombre del garito
donde se refugiaban los protagonistas de La Naranja Mecánica), se atrevieron con una versión
de El Hombre Esquizoide del S. XXI de King Crimson.
Lanzaron consignas contra la SGAE y explicitaron su renuncia a pertenecer a cualquier
organismo de gestión de derechos de autor. Habría que preguntar a Robert Fripp, a ver qué
opina. Con el recinto todavía presentando una muy pobre entrada, el grupo se tuvo que
enfrentar a las primeras gotas de lluvia que hasta el momento no habían hecho acto de
aparición en un Festival que casi ningún año se suelen perder. Los pocos que había corrieron
a refugiarse, aunque todo quedó en un amago, el cielo se abrió y las nubes se retiraron con
cortesía antes de que aquello se abarrotara. La fiesta pues comenzó con Funkdación. Con el
respetable ávido de mover el esqueleto y dispuesto para la fiesta, la cada vez más
plurinacional formación ofreció un concierto redondo que dejó al personal al punto exacto de
calentura para la pachanga de Los Delinqüentes.
Damon Robinson se mueve con credibilidad en un repertorio que no se complica la vida en su
búsqueda del funk y recrea con solvencia, como el resto de la banda, los fraseos de Sly
Stone, James Brown y hasta los Bee Gees vestidos de blanco inmaculado. Las colaboraciones de
El Pali y Quilate, un portento de la verborrea, los amantes del hip hop recibieron también
sus dosis. Llegó el turno entonces de rememorar el año anterior, y como entonces, Diego el
Ratón, Marcos el Canijo y toda su patulea de fiesteros dieron rienda suelta a su eficaz
mezcla de rumba callejera, flamenquito chafardero, reggae de barrio y rock de garrafa tan
del gusto del público que canturreó sus guasones chascarrillos hasta las tantas.
Para los que aún disponían de mecha, tras los jerezanos tomó el escenario el uniformado
combo Alamedadosoulna, una macro banda con coreografía y una inquieta sección de vientos con
culillo de mal asiento al servicio exclusivo del espectáculo y de la fiesta. Su explosiva
mezcolanza de ska, polkas, reggae, ritmos balcánicos y sentido del humor puso al Zaidín a
gastar suela hasta unas horas tan intempestivas, que seguro que las primeras almas ya
tomaban posiciones en la beatificación de Fray Leopoldo. No sabemos si alguien empalmaría
una celebración con otra.
DOS LECCIONES DE HISTORIA
viernes 10 de septiembre: Barricada + Guadalupe Plata + Magic + Chin Yi + Soubar
por Enrique Novi - IndyRock
El viernes de Festival nos ofreció seis conciertos con solo cinco bandas. Y es que Barricada
hizo doblete con una primera parte de hora y media en la que interpretaron íntegro su último
trabajo, La tierra está sorda, un disco dedicado por completo a la Guerra Civil Española,
para continuar con otro concierto aún más largo en el que repasaron algunas de sus canciones
más emblemáticas, ya historia del rock en castellano. Pero empecemos por el principio. Si en
ediciones anteriores el descontrol horario ha sido uno de los aspectos más criticados del
Zaidín, es justo reconocer que desde la de 2009 los organizadores parecen haberse aplicado
en enmendar este capítulo. En este empeño habría que decir que el viernes se pasaron de
frenada. Cómo explicar sino que a los locales Soubar, continuadores de la escuela punk-rock
de corbata fina y patinete veloz, les obligaran a empezar a las nueve y media cuando estaban
anunciados a las diez. La consecuencia fue que hasta sus abnegados familiares y amigos
llegaron cuando ya habían abandonado el escenario.
Tampoco los inclasificables Chin Yi, uno de los grupos ganadores del Circuito de Pop Rock de
la Junta de Andalucía, tuvieron mucha suerte con su ubicación en el cartel y tocaron con el
recinto aún raquítico de público. Su desquiciante propuesta es una de las mejores noticias
de las últimas temporadas dentro del panorama local. Resultan tan atrevidos y disparatados
como lo fueron los grupos más audaces del ya lejano alter-punk patrio, aunque la
grandiosidad de un festival no favoreció su convulso directo, más apto para las distancias
cortas. A las once, con el grueso del público aún accediendo al recinto, Barricada tomó el
escenario para desgranar las canciones de su más reciente disco. Un concienzudo trabajo cuya
temática se centra en exclusiva en los desastres de la Guerra del 36, y que después de
treinta años de carrera les ha servido para abrirse nuevos senderos, pues desde su
publicación, los navarros han sido invitados a presentarlo en institutos de enseñanza por
diversas consejerías de educación del territorio nacional. Sus fieles incondicionales, para
los que no hay discusión sobre cual es el mejor grupo de rock en español, recibieron como
los buenos alumnos las lecciones de historia de El Drogas, en espera de sus clásicos.
Efectivamente, tras una pausa para echar un trago y cambiar el backline, Barricada volvió al
escenario y como si acabaran de llegar, al grito de bienvenidos, comenzaron su repaso a los
temas que las miles de personas que ya poblaban el Festival venían dispuestas a corear.
Casi dos horas más tarde, y sin dar tiempo a los míticos Magic a dar el primer guitarrazo,
tres cuartas partes del personal comenzó a desfilar, pues el grupo que habían venido a ver
ya estaba en su camerino. Los pioneros Magic, que participaron en el primer certamen del
veterano Zaidín Rock, no supieron despertar el interés de los que quedaban, contados con los
dedos de las manos los que repetían de aquella primera edición. Su música sigue siendo tan
amanerada como entonces, su habilidad melódica igual de tosca y así, como aquel chiste de
Woody Allen sobre un restaurante en el que la comida era muy mala, y además las raciones muy
escasas, su actuación se hizo irremisiblemente larga. La lección de historia que ellos no
dieron, sí la ofreció en cambio Guadalupe Plata. Los otros ganadores del Circuito Joven de
la Junta, retoman lo más genuino del blues primigenio de los pantanos de Louisiana y con esa
materia prima devuelven al rock actual gran parte de su esencia, mucha de la frescura
perdida por el camino y las dosis justas de tensión y emoción que se le suponen al rock and
roll. Y encima lo hacen con una economía de recursos encomiable, aportando intensidad donde
otros solo ponen artificio. Fue el mejor broche posible para la noche rockera del Festival y
así supo reconocerlo el respetable, que tras la deserción provocada por Magic, volvió a
apretarse al pie del escenario para degustar del venenoso brebaje que destilan estos
incorregibles ubetenses.
SOLO PARA INICIADOS
9 de septiembre: Avalanch + Azrael + Euphorya + Sexton’s Orchids
por Enrique Novi - IndyRock
Un especialista es aquel que profundiza en un campo lo más delimitado posible. Por eso se
dice que la especialización consiste en saber cada vez más sobre cada vez menos y que su
culminación se logra cuando se llega a saberlo absolutamente todo sobre absolutamente nada.
La primera noche del controvertido Festival de Rock del Zaidín no llegó a tanto pero le
faltó poco. En una edición crítica, tal vez cuando más necesitado está el certamen del apoyo
del público, un cartel demasiado centrado en un estilo muy particular lo despobló de
asistencia. Ahuyentados los curiosos por una propuesta apta solo para militantes metaleros,
cuando los asturianos Avalanch, que ejercían de cabeza de cartel, comenzaron su actuación,
el número total de asistentes apenas llegaba a la mitad de los que el año pasado a esas
alturas nutría el recinto. Ya se sabe lo que pasa con el heavy y sus derivados. Tanta
lealtad como despierta entre sus militantes, tanta indiferencia o desapego provoca en los
que no lo son. Seguramente un cartel más variado estilísticamente habría paliado en parte
este problema. Lo que no cambió fue el duro trago al que se enfrenta cada día el grupo
designado para abrir la noche. Apenas unos cuantos allegados y fans incondicionales ofrecen
una estampa algo disonante.
Un mega escenario y miles de vatios para unas pocas decenas de personas diseminadas por un
espacio capaz de albergar a varios miles. El trance lo tuvieron que superar en esta ocasión
los locales Sexton’s Orchids, un experimentado grupo adscrito a algunas de las tendencias
más extremas del metal, el thrash y el death, y suplieron la escasa presencia de oyentes con
entrega y la precisión que se les supone a un género que vive por y para el virtuosismo.
Tras ellos llegó el turno de los también granadinos Euphorya. Su planteamiento está bastante
más cercano al rock de los clásicos y al metal progresivo que huye deliberadamente de los
sonidos oscuros y las voces guturales tan características de las propuestas más radicales
del metal, y por tanto, resulta más fácilmente digerible para los ajenos al heavy. Además,
la voz de su cantante María José Bonet, de clara dicción, facilita la comprensión de sus
letras. Con un repertorio basado en su álbum más reciente, Las cartas de Vincent, inspirado
en la relación epistolar entre el pintor Van Gogh y su hermano Theo, dejaron un buen sabor
de boca antes de dar paso a uno de los más veteranos exponentes metaleros de la escena
local. Azrael fueron recibidos con ganas y el grupo respondió desplegando toda su
espectacular puesta en escena. Orgullosos de su pertenencia al heavy metal más clásico,
hicieron volar sus pobladas melenas al viento mientras desarrollaban todos los clichés del
género sin ningún pudor: marcando los tiempos con contundencia y todos a una, haciendo
punteos vertiginosos y redobles a mansalva. Sin demasiado retraso tomó el escenario
Avalanch, otros veteranos que se mueven con soltura entre el heavy metal clásico de
querencia progresiva y algunos incursiones en tendencias más modernas de corte más
industrial o power metal. Como una de las bandas más contrastadas del heavy nacional, un
nutrido grupo de seguidores coreó sus canciones, mientras los no alineados sencillamente se
ahorraron el paseo hasta el Zaidín en su primera entrega. Veremos que sucede mañana.
2009
29 EDICIÓN FESTIVAL ZAIDÍN ROCK
10 11 y 12 DE SEPTIEMBRE. 2009
Echo and the Bunnymen - Foto: Eduardo Tebar
Jueves 10 de septiembre
EL CUCHILLO ENTRE LOS DIENTES
The Pinker Tones + Elastic Band + Polack + Versos Sin Ley
Por Enrique Novi / IndyRock
Con los ánimos un poco alterados y algún que otro cartel que denotaba la actitud combativa
con que los responsables del Zaidín Rock se enfrentan al desencuentro con la SGAE, comenzó
la 29ª edición del veterano Festival. Los organizadores, convencidos de que la razón los
asiste en este contencioso, han mejorado algunos aspectos de la producción. Para empezar han
recortado los grupos participantes a cuatro por noche, un síntoma de cordura ineludible
después de la revuelta del año pasado. Sin duda es una buena idea la de distribuir a los
grupos provenientes de los concursos que promueven las instituciones a lo largo del fin de
semana de manera que no se repitan los interminables desfiles de cachorros que retrasaban
hasta el aburrimiento la salida de las cabezas del cartel. Esto se evitó la noche del jueves
pero aún así, la tradicionalmente dedicada al PromoRock, el escaparate que cada año muestra
lo más novedoso de la escena local, se alargó hasta cerca de las 4 de la mañana, a fuerza de
estirar los cambios de backline entre bandas. Es solo una sospecha pero uno no puede evitar
estar ya con la mosca detrás de la oreja. De modo que con otras mejoras como una mejor
disposición de los espacios, sobre todo del escenario, a los hip hopers Versos Sin Ley les
tocó abrir el certamen con aceptable puntualidad aunque como es habitual escasa asistencia.
Los de Santa Fe cumplieron e incrustaron su recadito a la SGAE entre las peroratas de sus
temas. Mostraron maneras suficientes para haber resultado vencedores en su categoría del
concurso Espacio Libre de la Diputación. Tomó el relevo otro grupo ganador en la categoría
de pop-rock, Polack. Con unos arreglos preciosistas y muy cuidados, su música se desarrolla
sin prisa y sin estridencias. A lo largo de su actuación el recinto fue engordando y
cosecharon el elogio de los aficionados al pop de cámara. Ciertamente dejaron algunos
detalles que hacían pensar, salvando todas las distancias, en The Shins. Habrá que regar con
esmero y esperar a que florezcan, pues es lo que pide su juventud. Así le llegó el turno a
Elastic Band.
El grupo revelación de la temporada sorprendió con su arrebatadora propuesta musical a
aquellos que aún no habían tenido ocasión de escucharlos. Algo menos al resto. Su música es
como una botella de cava abierta en el momento cumbre de la fiesta. La explosividad de su
sonido vintage, mitad playero, mitad sideral, de vocación colorista y glam, es innegable,
pero también que pasado el efecto sorpresa, la dependencia de su peculiar mandolina
eléctrica puede llevarlos a un callejón sin salida. Pronto les tocará resolver esa ecuación.
Después de un parón alargado injustificadamente, tomó el escenario el dúo The Pinker Tones.
Menos ye-yés de lo esperado, su actuación se decantó sin complejos y sin remordimientos por
el electroclash. Los más afectos a las guitarras –y los muchos que debían madrugar a la
mañana siguiente- se disponían a abandonar el recinto. El resto se entregó al baile y se
dejó envolver por la invitación al hedonismo de Profesor Manso y Mister Furia.
Viernes 11 de septiembre
NO LLEVAMOS NÁ
Los Delinqüentes + Sambiosis Afro Band + Pen Cap Chew + Medusa & Bugati
Por Enrique Novi / IndyRock
Los Delinquentes. foto: Eduardo Tebar
Ningún incidente digno de mención en la segunda entrega del Festival del Zaidín, la llamada
Noche Mestiza, aunque en realidad lo mestizo quedara reducido a la presencia de unos
Delinqüentes que como cabeza de cartel ofrecieron una actuación de largo recorrido e inusual
extensión. Al menos ninguno que no entrara dentro de lo previsible. Es decir, las consabidas
diatribas en contra de la SGAE, que con su implacable afán recaudatorio ha alcanzado una
unanimidad en su contra que no tiene parangón con ningún otro colectivo o institución en
todo el país. Se diría que toda España se pone de acuerdo dejando al margen sus diferencias
geográficas, ideológicas o emocionales para oponerse a sus prácticas. Del norte o del sur,
conservadores o radicales, preconstitucionales o separatistas, partidarios o no de revisar
el Estado de las Autonomías, España va a acabar por vertebrarse a través de su unión contra
la Sociedad de Autores.
De momento, los grupos participantes en la actual edición del veterano certamen (y autores
de casi todo el material interpretado) han firmado un documento por el que renuncian a los
derechos de autor que generen por su participación en él. Un gesto que tiene su intríngulis
toda vez que este tipo de derechos se consideran inalienables. En cualquier caso el
contencioso con SGAE, que ya amenaza con prohibir la próxima edición, puede convertirse para
el Zaidín en un escollo menor si no se resuelve otro de mayor calado como es de una
ubicación definitiva y con futuro. Ya se verá. De momento, el segundo capítulo de la actual
comenzó con el recinto desperezándose con las procacidades de Madusa & Bugati, grupo
ganador del concurso de la Diputación, Espacio Libre, en la modalidad de hard rock. Su
sonido setentero no llama tanto la atención como sus provocaciones y sus obsesiones fálicas.
Tras ellos, mientras el recinto se iba abarrotando a la espera de los Delinqüentes, otros
ganadores. En este caso los de la pasada edición del concurso del Instituto Andaluz de la
Juventud, Pen Cap Chew, solventes con su propuesta más cercana a los grupos más cabreados de
los 90. Se despidieron anunciando una canción, Goodbye goodbye que no llegaron a
interpretar. Un síntoma inequívoco de que la organización tiene la lección bien aprendida
con el escarmiento del año pasado. Alrededor de la una de la madrugada los jerezanos
liderados por Diego el Ratón y Marcos el Canijo tomaron el escenario y casi daban las tres y
media cuando lo abandonaron. Los Delinqüentes están hechos para cualquier fiesta en la que
no se pida etiqueta. Uno a uno, fueron repasando su temas más conocidos, que el público
cantaba encantado. Con No llevamos ná desplegaron toda su guasa al ponerse en el papel de la
Guardia Civil al servicio de… ¿lo adivinan? Efectivamente, la SGAE. Y conminaron a los miles
de asistentes a que se disolvieran. Yo por si acaso me disolví. Cuando tras un paréntesis
parecía que iban a dar por finalizada su actuación, aparecieron sentados, se pusieron
flamencos, y dieron otra hora más de juerga. La rumba calentona, el reggae bastardo y hasta
el rock de garrafón surgieron sin complejos de sus guitarras. Y para los que aún tenían
ganas de fiesta, ahí estaba, pasadas ya las 4 de la mañana, Sambiosis Afro Band, también
ganadores en su categoría del Espacio Libre, son un nutrido colectivo que partiendo de la
batucada, agita en su coctelera toda clase de ritmos étnicos enfocados al baile. A gastar
suela hasta el amanecer.
Sábado 12 de septiembre
DEBIERON SER GIGANTES
Echo & The Bunnymen + Wilko Johnson + Martín & The Julians + Billy The Kid &
Sus Secuaces
Por Enrique Novi / IndyRock
Echo and the Bunnymen - Foto: Eduardo Tebar
Wilko Johnson - Foto: Eduardo Tebar
Échale la culpa al chaparrón que refrescó la ciudad un par de horas antes del comienzo de la
tercera y última jornada del Zaidín Rock, pero incluso sin él parece demostrado que en
respuesta del público no hubiera podido competir con la fiesta garrapatera que el día
anterior ofrecieron Los Delinqüentes. Si hemos de atenernos a los datos de asistencia, la
propuesta populista y bullanguera de los jerezanos ganó por goleada al rock de culto. Hubo
un tiempo, la primera mitad de los 80, en que Echo & The Bunnymen se jugaban la posición
de honor del rock mundial con los mismísimos U2. Y hasta tal punto llegaron a creérselo que
se autoproclamaron la mejor banda de rock del planeta, una declaración que no les favoreció
demasiado. Su música épica y oscura, que entonces rehabilitaba a David Bowie y a The Doors,
marcaba la tendencia del llamado after-punk en la línea abierta por Joy Division aunque con
una planificación que los alejaba de la senda suicida de los de Manchester. Como es
habitual, la noche comenzó con escaso personal para ver la actuación de Billy The Kid &
Sus Secuaces, ganadores del concurso AGM del Ayuntamiento de Granada, para cumplir con la
cuota institucional. Los pocos que andábamos por allí nos llevamos la grata sorpresa de
descubrir un grupo con actitud y mano para el rock and roll en español.
Estos jovenzuelos parecen el cruce perfecto entre la Creedence Clearwater Revival y el grupo
más famoso de La Elipa. Y además se explican con talento en su myspace. Tras ellos, al ritmo
de La marcha de los granaderos (británicos, por supuesto) los chicos de Martín, con el
añadido de unos The Julians a los trombones manifiestamente mejorables en cuanto a
afinación, tomaron el escenario con el mismo brío que si lideraran una revuelta de
trabajadores en una fábrica dirigida por un capitalista explotador. Al grito de la lucha
continúa recuperaron, además de su fervor por Billy Bragg, el ímpetu y la garra de la época
Dayfriends, aunque mejor conjuntados y más convencidos que entonces hasta acabar sembrando
cierto desconcierto con el There is a power in a union, un clásico himno del sindicalismo
británico. A eso es a lo que yo llamo militancia. Llegó el turno entonces de Wilko Johnson y
su guitarra ametralladora. Con la veterana formación ya conocida despachó su blues-rock y su
boogie-woogie de toda la vida para satisfacción de los viejos rockeros. Tal vez esté
quemando sus últimos cartuchos y algunos tuvimos la sensación de verlo un poco envejecido.
Echo & The Bunnymen en cambio mostraron una forma soberbia, un sonido impecable y su
repertorio fue digerido con tan buen apetito como si acabara de salir de los fogones. Y
recientes eran algunos temas pertenecientes a su último disco con material nuevo, el
excelente Siberia, e incluso alguno aún desconocido de The Fountain, que publicarán el
próximo mes de octubre. A nadie le desentonaron con el resto, esos clásicos de sus inicios
entre los que destacaron The killing moon o The cutter. Antes de despedirse se lucieron con
un bis en el que mezclaron hábilmente Walk on the wild side con Don’t let me down y hasta
Midnight hour. Y lo remataron con Lips like sugar, seguramente su último éxito de los 80,
cuando debieron ser gigantes.
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