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Atarfe- Granada - España 9-5-2008
Waters entusiasmó a los 20.000 espectadores que acudieron, pese
a la lluvia, a la cita granadina. Fotos: Lucía Rivas + Crónica:
Jesús Sánchez
Imágenes grabadas y emitidas en Evasión / Ideal / IndyRock
Concierto en Atarfe
AVISO: Este video tiene Copyright. Por
favor, no nos copies el video. Es la única forma de que podamos
seguir haciéndolos. Si lo pirateas tendremos que acabar no poniendo
videos.


Waters-Floyd, estandarte de una era
Por Jesús Sánchez / IndyRock
Granada, 9 de mayo de 2008. 19 horas. Miro al cielo, y la palabra 'waters'
repica en mi cabeza. El manido juego de palabras está hecho. Jornada
lluviosa en Granada, agua que cae del cielo. Se supone que ese cielo será,
dentro de unas horas, un festival de luminotecnia. Y algunas de esas nubes,
espero, un cerdo volador. La organización ha confirmado que, con
lluvia o sin ella, Waters y los suyos estarán sobre el escenario.
20,00 horas. La expectación, y el ambiente, al llegar a las cercanías
del campo de futbol, es enorme. No es para menos. Única cita de
Waters este año con su público en la Península, todo
un tanto que se apunta el ayuntamiento de esta pequeña ciudad del
rock (ésta de verdad lo es) que es Atarfe.
22 horas. Comienza el espectáculo. Miles de personas se agolpan
en las primeras filas para ver como Waters y su grupo aparecen, al igual
que el año pasado en Barcelona, con míticos oldies de fondo,
bajo el espectacular pantallón de fondo. Ha habido un par de cambios
en la banda recientemente, ya que tanto Andy Fairweather-Low como Katie
Kissoon tenían otros comprmisos, siendo reemplazados por Chester
Kamen (que ya estuvo con Waters en la anterior gira de 2002) y la vocalista
Sylvia Mason. Como siempre, el comienzo es vibrante con "In the flesh"
, aunque con un pequeño apagón sonoro hacia el final que
se corrige rápidamente.
El show es calcado a cualquier otro de esta gira que lleva dos años
recorriendo escenarios por todo el globo. Tal vez sea una de las pocas
cosas reprochables. Muchos fans de Pink Floyd preferirían un poco
de factor sorpresa, pero así son las cosas en las macro-giras: todo
está estudiado al detalle. Y se repiten los mismos números,
en cada canción. Tras el corte sonoro continua el show con la amorosa
"Mother", con el impecable, limpio como una patena, sonido de la acústica
de Waters que se va abriendo camino hasta la gloriosa demostración
vocal de la corista, que esta vez, al no estar presente la preciosa Katie
Kissoon, la responsabilidad recae en su sustituta. Cae después un
clásico de la época más lisérgica de los Floyd,
la espesa "Set the controls for the heart of the sun", seguida de uno de
los platos fuertes, ese blues espacial que es "Shine on you crazy diamond".
Más de diez minutos de éxtasis interestelar, con esa inconfundible
intro, las desgarradoras notas de guitarra y la triunfal entrada de la
sección rítmica. Tras ella, más cortes del mismo disco,
con "Have a cigar" y "Wish you were here" empalmadas como en el disco original,
"Southampton dock", "The Fletcher memorial home".hasta ahí todo
impecable.
Comienza a llover, estampida de buena parte del respetable, buscando
refugio. Pero el show continúa.
Llega la conocida parte donde la egolatría de Waters cobra protagonismo,
con dos cortes más recientes de su obra en solitario, alejados ya
de la genialidad de sus obras con la banda. "Leaving Beirut" es un correcto
alegato anti-bélico, y a "Perfect Sense" tenía la gracia
justa de ver a un astronauta volando sobre nuestras cabezas, pero ese elemento
no apareció en Atarfe, aunque si hubo cerdo volador justo después
con "Sheep". Un cerdo de estreno, por cierto, graffiteado por El niño
de las Pinturas. Curioso.
La cara oscura
Descanso, avituallamiento, y asistimos al comienzo del leit motiv de
esta gira. "The Dark Side of The Moon", íntegro, magistral , único.
Grandísimo show en lo visual y en lo musical, con el inquietante
comienzo, la explosión sonora de "Breathe", los himnos "Time", "Us
and them", "Money". pura perfección. Dave Kilminster mantiene el
pulso en esta secuencia de irrepetibles solos de guitarra, y calca
a la vez de la voz de Gilmour, tanto que casi hace que te olvides del genial
guitarrista. Aunque bueno, Gilmour sólo hay uno. En definitiva,
una hora repasando una obra que fue estandarte de una época, que
catapultó a Pink Floyd a un status superior al de cualquier banda
coetánea.
Y para los bises, más mitomanía, con una mini representación
de "The Wall", en sus trayectos más conocidos, con puntos álgidos
seleccionados para que sirvan de brillante final, con el consabido "Another
brick in the wall (part 2)" y la maravillosa "Confortably numb", una de
las canciones más redondas de la historia del rock. Curiosamente,
un tema con música de David Gilmour, para poner broche de oro a
una noche intensa.
Hay que reseñar algunos fallos clamorosos de organización,
como el hecho de reservar los mejores asientos a invitaciones de empresa,
algo que me resulta extremadamente provinciano. El resto de asientos sentados,
de pago (o sea, abonados por gente que verdaderamente se deja doce de los
antiguos talegos por ver a un artista), se sitúan al fondo del campo,
con una visibilidad pobre y peor acústica. Desde esa grada final
apenas podías distinguir el escenario, ni percibir el potente sonido
que se presumía tendríamos. De mitad de pista hacia delante
la cosa tomaba sentido, pero el tan cacareado sonido cuadrafónico
que sí pudimos disfrutar en todo su esplendor en un recinto cerrado
como es el Palau Sant Jordi, se limitó aquí a un par de efectos
puntuales que tampoco aportaban gran cosa.
Una noche esplendorosa que dejó la sensación de que pasarán
muchos años para que tengamos la oportunidad de volver a ver un
espectáculo de ese calibre por estos lares. Quién sabe, a
lo mejor Waters vuelve a reunirse algún día con sus antiguos
compañeros. Él está dispuesto a hacerlo, y ya se vuelve
a hablar con Gilmour. No están ya para demasiados trotes, como decimos
por aquí, pero sería grande volver a ver, ya de verdad, sin
mercenarios de por medio, al gran fluido rosa esparciendo de nuevo su poder
por el mundo.
Roger Waters: Dark Side, la locura intrínsecamente
humana
Por Jesús S. / IndyRock
"Siempre he estado loco. Sé que estoy loco, como la mayoría
de nosotros. Es muy difícil explicar por qué se vuelve uno
loco, incluso cuando no lo estás".
(Speak to me, The Dark Side of the Moon.)
Con esta intrigante frase arranca uno de los álbumes
más míticos de la historia de la música de nuestro
tiempo. Cuando a finales de 1971 Pink Floyd comenzaban a diseñar
su nuevo trabajo tras el alucinógeno "Meddle", Roger Waters atravesaba
una de sus famosas fases de "inspiración paranoica". Ya hacía
unos años que la sombra de Syd Barrett había dejado de cobijar
la faceta más sicodélica del gran fluido rosa. Pero que si
en lo musical su presencia ya era sólo un recuerdo del pasado, afectivamente
su recuerdo seguía estando muy presente en su antiguo colega Waters.
1971 fue un año de transición, tanto en el mundo del rock
como en la personal historia de Pink Floyd. El 68 y todo lo que trajo quedaban
ya lejos. Los grupos se hacían cada vez más poderosos, alimentando
a una industria que exigía con más ahínco un producto
de masas por encima de todo. Rock se conjugaba ya con mercadotecnia. Cuando
los Floyd grabaron "Meddle", ya tenían claro que se encaminaban
a un punto sin retorno. Atrás quedaba la experimentación
arriesgada y las inspiraciones psicotrópicas. Era el momento de
dar a la música un mayor peso, con una producción mucho más
efectiva. "Echoes", la gran suite que ocupa la mitad de "Meddle", recoge
esas ideas. Sigue habiendo un lugar para el riesgo, pero las bases del
futuro sonido Floyd están ya marcadas en ese gran tema.
Waters tenía clara la pauta a seguir. Otra cosa
era la temática. Y a eso ayudó su personal estudio sobre
la locura intrínsecamente humana, de la que Barrett había
sido famosa cobaya. "The Dark Side of the Moon" es el primer gran capítulo
de esa concienzuda exteriorización de temores y fobias que siempre
rondaban la materia gris de Roger Waters. Los posteriores álbumes
de los Floyd ahondaban en la miseria humana y la locura. Pero ese primer
gran paso se dio en "Dark Side". El dinero, la vejez, la inmisericorde
desigualdad entre el primer y tercer mundo.todo ello está presente
en el disco. Y todo se relaciona de un modo u otro a ese lado oscuro de
nuestra esencia terrenal. Tal vez esa luna que no atisbamos sea precisamente
la porción exacta de nuestra naturaleza por la cual el ser humano
se convierte en predador de sí mismo. Como la luna influye sobre
las mareas, influye el mal, tan obscenamente natural, en nuestro desarrollo
personal. Y, como se adivina en esas extrañas palabras iniciales,
todos estamos abocados a, en algún momento de nuestra vida, sufrir
las consecuencias, por activa o por pasiva, de esa cruel influencia.
Ahora, 35 años después de su publicación,
Waters ha querido rescatar la obra que hizo de Pink Floyd uno de los best-sellers
de la historia del rock. Respetando el impecable sonido original (tarea
en la que colaboró otro perfeccionista de nuestro tiempo, Alan Parson),
el gran montaje que Waters trae este año a la granadina localidad
de Atarfe, es fiel a esa grandilucuencia marca de la casa desde comienzo
de los 70. Sonido cuadrafónico, gran escenario, una banda insuperable,
proyecciones, objetos voladores.todo lo que se pueda contar no haría
justicia a la experiencia que ya tuvimos la suerte de vivir el pasado año
en Barcelona. Pero el show será eso y mucho más. Habrá
sitio para otros clásicos de la banda, joyas rescatadas de "Wish
you were here", "Animals", o "The Wall". Y para los fans más aventajados,
tendremos incluso material del canto de cisne de Waters con los Floyd,
el injustamente infravalorado "The final cut". En definitiva, serán
tres horas cercanas a la perfección en lo musical y en lo visual.
Perdérselo es, simplemente, dejar pasar una oportunidad única
de vivir de primera mano, uno de los capítulos más gloriosos
de la historia del rock.
21-04-07 Palau de Sant Jordi
Barcelona
Fotos Natalia Moreno - IndyRock
Crónica Por Jesús Sánchez-
IndyRock




Roger Waters. The Dark Side Of The Moon Live
Barcelona, Palau de Sant Jordi. 23-4-2007
Por Jesús Sánchez- IndyRock
jesse9565@yahoo.es
Volvía Roger Waters a Barcelona, seis años después
de su anterior actuación, en un concierto enmarcado en una nueva
gira de homenaje a otra de las obras cumbre de Pink Floyd. En esta ocasión
miles de fans de todas las edades y procedencia del viejo fluido rosa nos
congregábamos en un abarrotado Palau de Sant Jordi, con la totalidad
de las entradas vendidas desde hacía semanas y con la expectación
propia de quienes saben que van a ser testigos de un espectáculo
de alto nivel, en un recinto inmejorable. Porque eso es lo que ofrece hoy
en día Waters. A falta de nuevas obras maestras, con la negativa
por parte de Gilmour de resucitar la formación clásica de
la legendaria banda, Waters tiene claro que su público seguirá
llenando pabellones y estadios con el mero pretexto de volver a experimentar
in situ las sensaciones que produce un espectáculo de ese calibre.
Ver a Roger Waters en 2007, tantos años después de que esas
obras fueran creadas, supone por tanto un placentero ejercicio de nostalgia.
Y Waters sabe corresponder con profesionalidad y pulcritud; le acompaña
una banda que ya de por sí es espectáculo puro, muy similar
a la que le cubría las espaldas en la gira anterior. En el universo
pinkfloydiano, otro ingrediente es vital: el espectáculo visual.
Waters sigue cuidándolo al máximo. Música e imagen
siguen complementándose perfectamente para entender el mensaje que
cada obra supuso. El set list está minuciosamente pensado para ello,
dividido en tres partes: una primera de temas clásicos acompañados
por otros temas menos conocidos. La segunda, la interpretación integra
de "Dark Side Of The Moon", y como bises, una parte de "The Wall".
Las condiciones acústicas del Palau, bastante decentes de por sí,
se vieron mejoradas con un sistema único de sonido que hace que
la fidelidad de lo que se escucha alcance altos niveles de calidad.
PRIMERA PARTE
Treinta minutos antes de la hora convenida, una pantalla gigante de
video al fondo del escenario emite la imagen de una habitación de
aspecto retro, con una radio antigua en la que suenan rockers de los cincuenta.
Una botella de Johnnie Walker en primer plano, una mano que se acerca y
que se sirve un trago, mientras cambia de emisora y suena el mítico
"We´ll meet again" de Vera Lynn en la radio. El humo de un cigarrillo
que parece salir de la pantalla, mientras el público, expectante,
se comienza a preguntar como va a empezar todo. A las 9:30 clavadas, los
músicos toman posiciones. La alargada figura de Waters aparece bajo
en ristre para gritar el mítico "Ein, zwei, drei..." con el que
comienza
"In the flesh", el enérgico tema que habría "The Wall" y
con cuya segunda parte se iniciaba el show, entre explosiones e imágenes
sicodélicas. Un comienzo fulgurante y efectista que hizo levantar
miles de puños en el Palau. Tras él, una sosegada "Mother",
impecablemente ejecutada por la banda y coreada por la mayoría.
Waters se muestra, como siempre, entusiasta con su banda y con su público.
Nunca será un showman, pero su carisma está en esas composiciones
tan brutales. Y qué decir también de temas como los que siguieron:
"Set the controls for the heart of the sun", enigmática canción
de aquel lejano "A saucerful of secrets" en cuya grabación ya apenas
intervino Syd Barrett. O el triple repaso a "Wish you were here", homenaje
a Syd Barrett con "Shine on you crazy diamond", "Have a cigar" y el tema
título, que fueron engarzados tal y como suena en el disco,
con la mano de la pantalla gigante cambiando las emisoras de la radio,
y el sonido de la guitarra acústica dando entrada a un tema tan
mítico como la persona a la que iba dirigido. Hubieron algunos
momentos para fans muy fans, como la inclusión de dos temas del
infravalorado "The final cut" ("Southampton Dock" y "The Fltecher memorial
home", que sirvió para dejar clara la poca simpatía que siente
Waters por Bush, la Thatcher y los políticos conservadores en general,
aunque Blair también recibió cera) o las dos referencias
a sus trabajos en solitario, "A perfect sense" (con un astronauta sobrevolando
nuestras cabezas) y "Leaving Beirut", un tema menor pero acompañado
por la genial proyección de un comic contando la historia de fondo,
la de un Waters más joven haciendo auto-stop por las carreteras
del Libano. Por cierto, durante este tema, Waters fue abucheado en algunos
conciertos por los Estados Unidos. El final de este primer set llega
con "Sheep", donde hace su aparición el mítico cerdo volador,
un clásico de la iconografía del rock de los 70, y que en
este caso poco tiene que decir, ya que la canción va sobre las ovejas
y no sobre los cerdos, pero es un bonito recuerdo al monumental "Animals"
y a su correspondiente gira en 1977.
SEUNDA PARTE: THE DARK SIDE OF THE MOON
A partir de ahí nada más y nada menos que un "Dark side
of the moon" tocado de cabo a rabo. Magistral la banda en la ejecución
del clásico, con menos protagonismo de Waters que deja a John Carin
y a Dave Kilminster el peso de las voces (recordemos que temas como "Time",
"Us and them o "Money" los cantaba David Gilmour). Desde el inicial "Breathe"
fueron sucediéndose los temas de esta obra, con preciosos efectos
de luz, proyecciones, el sonido de los relojes o de la caja registradora...las
referencias al dinero y al poder, al paso del tiempo por las personas,
a la soledad... elementos imprescindibles que esa gran obra va poniendo
delante de nuestras narices, acompañados por una soberbia música.
La ejecución fue tan fiel a la original que apenas dejaba lugar
a la experimentación o improvisación. Ya habíamos
visto a Waters interpretar "The Wall" cuando cayó el Muro de Berlín.
Los Floyd de Gilmour también basaron su última gira en "Dark
side...", con resultados similares a los de Waters: tanto él como
Gilmour saben que lo importante en su música es la fiel representación
de las canciones. Los temas más representativos suenan tan bien
como siempre lo han hecho. No está Gilmour pero Dave Kilminster
clava los solos de "Money" y "Time", y el resto de la banda cumple sobradamente
en la ejecución de pasajes más instrumentales. Inmensa
obra e inmensa ejecición.
TERCERA PARTE: BISES
Como colofón a un concierto inolvidable, Waters tira de la que
tal vez sea su obra más personal, "The Wall". Pudimos disfrutar
con media hora de la obra conceptual más ambiciosa de todos los
tiempos. Comienza con "The happiest days of our lives" y la celebérrima
"Another brick in the wall (pt.2)". Continuó con un tramo
de la segunda parte de la obra, el que arranca con "Vera", y que tras "Bring
the boys back home" desemboca en la que probablemente es la mejor canción
de la banda y que además incluye el mejor solo de guitarra jamás
grabado, un impresionante "Confortably numb" que nos deja a todos confortablemente
anonadados. El mejor colofón posible, para un concierto que rozó
las tres horas.
LA BANDA
Mención aparte a la banda, que en todo momento consiguió
que apenas echáramos de menos a los músicos que originalmente
interpretaron las canciones. Jon Carin, un veterano miembro de apoyo tanto
para los Floyd de Gilmour, Wright y Mason como para Waters. Capaz de crear
mil sonidos a los teclados, labor que comparte con Harry Waters (hijo del
jefe), y de cantar en un registro muy similar al de Gilmour. Dave Kilminster,
excelente guitarrista que nos dejó con la boca abierta en los solos
de "Time" o "Money" y que rozó la perfección en "Confortably
numb", además de hacerse también cargo de algunas de las
partes vocales. Al saxo, repite Ian Ritchie con su momento estelar durante
"Us and them" Perfecto a la batería y percusión Graham Broad,
que levantó una ovación con la intro de "Time". Dos viejos
amigos de Waters, piezas fundamentales en las giras del inglés,
son Andy Fairwather-Low y Snowy White. Los dos guitarristas ejercieron
labores rítmicas menos brillantes pero son pieza esencial en la
banda. White además dejó algún solo cosecha propia
durante "Another brick in the wall" y "Confortably numb", pero en mi opinión
quedó ensombrecido por la brillantez de Kilminster. Y finalmente
las chicas, cada una tuvo su momento estelar. Emocionante volver a ver
a Katie Kisson dar la réplica a Waters durante "Mother". Subió
el listón P.P. Arnold en "A perfect sense". Entre lo mejor de la
noche, el impresionante poderío vocal de Carol Kanyon en "The great
gig in the sky". Y por encima de todos, como no, Roger Waters. No es un
perfecto instrumentista, no tiene una gran voz (dicen que algunas las lleva
pregrabadas, yo no lo noté), pero bueno, quién necesita todo
eso si has derrochado talento a sacos durante cuatro décadas. Vivirá
de esas rentas lo que su público le permita. ¿Acaso no lo
tiene ya suficientemente merecido? Pertenece a esa raza de artistas de
una magnitud tan elevada que esas cuestiones está ya fuera de toda
discusión. Dylan, Stones, Van Morrison, Waters y Gilmour...mitos
vivos, representantes de lo mejor que ha dado la música moderna
a lo largo de su historia. Especies en peligro de extinción a las
que hoy, desde una falsa actitud de forzada modernidad ponemos todo tipo
de pegas pero que echaremos en falta algún día. Espero que
ese día aun esté lejos.
Otro ladrillo en la pared
por Roberto Garza Iturbide
"Es el mejor concierto de mi vida", soltó con pureza un amigo después
de ver a Roger Waters en el Foro Sol de la ciudad de México, donde
la noche del 6 de marzo se avistó un puerco psicodélico flotando
frente a una bellísima luna llena, luminosa y sombría al
mismo tiempo, en una inolvidable sesión en directo de quien se define
a sí mismo como el cerebro de Pink Floyd.
El entusiasmo y entrega del público, la experiencia misma de presenciar
un
acto tan bien producido y ejecutado, aunados al efímero reencuentro
en el concierto Live 8 hace dos años, alimentan la esperanza de
ver a Roger Waters, David Gilmour, Nick Mason y Richard Wright tocando
juntos como Pink Floyd.
La ilusión, sin embargo, se desvanece del imaginario de millones
de seguidores ante las palabras y acciones de Waters y Gilmour. Hay verdades
que duelen y ésta es una de ellas: no se quieren reunir. Así
que nada de reencuentro con gira mundial, muy a pesar de lo que pide, reclama,
exige y añora una inmensa base de fieles en los cinco continentes.
Mr. Pink
En diciembre de 1985, Waters anunció de manera unilateral que Pink
Floyd había llegado a su fin, pero los otros integrantes de la banda
continuaron grabando discos y presentándose bajo dicho nombre, lo
que provocó un pleito legal sobre derechos de autor y regalías.
Tras un litigio que desgastó la relación entre las partes
al grado del repudio, los abogados llegaron a un acuerdo que permite a
Waters interpretar -y lucrar con- la música de Pink Floyd, desde
The Piper at the Gates of Dawn (1967) hasta el último disco que
hicieron juntos, The Final Cut (1983), pero le impide componer música
nueva bajo el nombre de la banda.
El concierto del 6 de marzo, así como la gira internacional que
lo cobijó, más que un show de Roger Waters como solista,
fue un espectáculo con el sello de Floyd tatuado en cada una de
sus partes. Waters, un autor que no necesita colgarse de nadie, pero que
por alguna razón lo hace, parece gritar: "¡Yo soy el único
y verdadero creador de esta maravilla!".
Mucho más que música rock, Waters ofrece una "experiencia
artística", un acto que provoca estados elevados de conciencia e
hipersensibilidad sin la necesidad de ningún agente lisérgico.
Combina la tecnología audiovisual de punta con una interpretación
musical sublime, poseedora de un discurso tan inteligente como tormentoso
y que ha evolucionado a lo largo de cuatro décadas sin perder un
ápice de vigencia.
Lo cuestionable del caso es que se vende como Roger Waters, pero interpreta
la música de Floyd, con todo y el concepto artístico que
la identifica, que en suma es una obra colectiva y no propiedad de un solo
hombre.
Eclipse monetarista
La noche del 6 de marzo Waters bordeó la perfección, e igual
que la luna que lo flanqueaba, se mostró bifásico: una mitad
luminosa, congruente, y otra sombría, hipócrita.
Casi nadie lo notó, pero mientras deleitaba al público con
su ejecución magistral del álbum The Dark Side of the Moon,
el británico se mordió la lengua. Sucedió mientras
cantaba el tercer verso de "Money", que literalmente dice: "Dinero, es
un crimen. Repártelo con justicia pero no tomes una rebanada de
mi pie".
Esa pieza la escribió hace 35 años como una crítica
a la avaricia y el monetarismo imperantes. Ahora, cada vez que la canta,
no puede evitar morderse la lengua. Es como si dijera: "Floyd, es un crimen.
Repártelo con justicia pero no tomes una nota de mi obra".
Aquí el problema tiene que ver con la congruencia. Waters es un
artista que se opone al abuso del poder, a la cultura bélica, a
la violencia, a la educación positivista y al conservadurismo político.
En la práctica ha procurado actuar en consecuencia, pero también
ha mostrado una faceta que lo acerca a la mezquindad humana que tanto critica.
Como escribió en el remate de "Two Suns in the Sunset", la canción
que cierra The Final Cut: "Cenizas y diamantes, enemigo y amigo, todos
fuimos iguales al final".
La otra pared
Sus defensores podrán argumentar que "Waters es Waters y su circunstancia",
que "los actuales integrantes de Floyd tienen su parte de culpa en el pleito"
o que "se juzga la obra y no al artista".
De acuerdo: la obra de Floyd raya en lo genial y en el mundo habemos millones
que la elevamos a alturas desproporcionadas. Pero también es cierto
que no es creación exclusiva de Waters, sino de una extraordinaria
agrupación de talentos que incluye al fenecido Syd Barrett y, desde
luego, a Gilmour, Mason y Wright.
No es necesario ser un experto en la materia para descubrir que los músicos
que acompañan a Waters en sus giras clonan sin el menor empacho
los sonidos de Floyd. Y lo hacen porque así lo exige el "solista".
No me parece justo. La guitarra, las percusiones, los teclados, los arreglos
y los efectos sonoros son los mismos que se escuchan en la discografía
floydiana, salvo en A Momentary Lapse of Reason (1987) y The Division Bell
(1994), grabados tras el rompimiento y mismos que desde el punto de vista
de Waters ni siquiera merecen llevar el nombre de Pink Floyd impreso en
sus portadas.
Lo justo, honesto y a la vez más deseado por la nutrida legión
de seguidores de Floyd en el mundo, sería que Waters, Gilmour, Mason
y Wright fumaran la pipa de la paz y emprendieran una gira internacional
como Pink Floyd. Y que lo hagan pronto, antes de que sea demasiado tarde.
Desafortunadamente, en el caso de Floyd lo justo y lo deseado están
peleados a muerte con la lógica, que en este momento indica que
la posibilidad de una reunión es mínima. Tras el incomodo
palomazo de tres piezas en Live 8, Gilmour declaró con frialdad
que no habrá rencuentro y al poco tiempo sacó un disco como
solista que suena a Floyd desgastado. La portentosa gira de Waters confirmó
lo dicho por Gilmour: cada quien por su lado y que los fans se queden con
las ganas.
Una enorme pared de ladrillos los divide. En ella se leen las palabras
"pasado", "rencor", "codicia", "enemistad" y "soberbia". A los lejos, tal
vez tan lejos como la luna, se escucha un coro que entona "Tear down the
wall!, Tear down the wall!..."

'IN THE FLESH WORLD TOUR 2002' El show
8 de mayo Palau Sant Jordi, 21:30h. Barcelona
Fotos EFE/Ideal
Roger Waters, co-fundador y principal compositor del arquetípico
conjunto de rock progresivo Pink Floyd, realizará su obra maestra,
"The Dark Side Of The Moon", íntegramente, durante su próxima
gira europea.
La gira de conciertos de Roger Waters, esperada con impaciencia, combinará
el valor de una tarde de música, compuesta de dos sets más
bises, con el espectáculo de iluminación, sonido y puesta
en escena más vanguardista.
El primer set será una versión recién modelada
de su súper éxito "In The Flesh" repertorio que proporciona
una descripción comprensiva de la música de Waters incluyendo
material de Pink Floyd; composiciones clásicas de la obra maestra
"The Wall"; amadas piezas de "Animals", "Wish You Were Here" y "The Final
Cut"; y canciones de tour de force de Waters en solitario: "Amused To Death"
y "The Pros and Cons of Hitch Hiking".
El segundo set consiste en roger Waters y su banda al completo presentando
"The Dark Side Of The Moon", uno de los trabajos definitivos de la historia
de la música rock, de principio a fin.
Los conciertos de Roger Waters utilizarán elaboradas video proyecciones
de gran escala, una teatral puesta en escena y una serie deslumbrante de
efectos especiales para subrayar y acentuar el poder de la música
que es entregada vía un sistema de sonido envolvente 360º que
utiliza las últimas innovaciones tecnológicas y que sumerge
a la audiencia en un hipermundo tridimensional.
"The Dark Side Of The Moon" de Pink Floyd se editó originalmente
en 1973, estableciendo de inmediato un estándar de excelencia por
su mezcla avanzada de música progresiva, temas filosóficos
y exploración acústica. Un ciclo de canciones intensamente
trabajado que detalla el rompecabezas de la posición de la humanidad
en una tecnocracia moderna, "The Dark Side Of The Moon" logró una
emotiva austeridad de humor presagiando el papel de la electrónica
en una joven cultura emergente.
"The Dark Side Of The Moon" alcanzó un nivel de éxito
estético y comercial sin precedentes convirtiéndose en uno
de los álbumes más vendidos de todos los tiempos. Permaneció
en el Top 20 del Billboard durante 15 años batiendo todos los récords
y, tan recientemente como en el 2003, ocupó en nº1 del catalogo
Pop del Billboard. En el 2004 el álbum aún vendía
más de 8.000 copias por semana. Se ha estimado que 1 de cada 14
americanos menor de 50 años posee una copia de "The Dark Side Of
The Moon".
Roger Waters co-fundó el novedoso Pink Floyd con Syd Barrett
en 1966 y se convirtió en el arquitecto acústico del grupo
tras la salida de Barrett, creando aquellos innegables clásicos
como "The Dark Side Of The Moon" (que ha estado 15 años en la lista
de Billboard), "The Wall", "Animals", "Wish You Were Here" y "Final Cut".
Su primer LP en solitario, "The Pros and Cons of Hitchhiking", se lanzó
en Abril de 1984, con un gran éxito popular y de la crítica,
generando un tour en solitario. En Junio de 1987 "Radio K.A.O.S." continuó
el camino del éxito en solitario devolviendo a Roger Waters a los
escenarios. Su último álbum, el malhumorado e irónico
"Amused To Death", es bien considerado por muchos por ser un logro comparable
a "The Dark Side Of The Moon" o "The Wall", se lanzó en agosto de
1992.

Fotos: MarceRock - IndyRock
Roger Waters (Pink Floyd) se pasa a la ópera
Efe/IDEAL (25 agosto-05)
Roger Waters, fundador hace 40 años de Pink Floid junto a Richard
Wrigth y Nick Mason, está ultimando la publicación de una
ópera en tres actos inspirada en la revolución francesa y
que con el nombre de "Ca Ira" verá la luz el 26 de septiembre.
Roger Waters, que tenía 21 años cuando Pink Floyd publicó
su primer disco, "The Piper at the Gates of Dawn", cumple ahora 61 años
y apuesta por el género lírico con "Ca Ira", una ópera
en tres actos con gran orquesta, solistas y coro, inspirada en un libreto
original de Etienne Roda-Gil, informó Sony-BMG.
Además del CD con la música de Ca Ira, el álbum
contiene un libreto de 60 páginas que incluyen las letras de Roger
Waters basadas en el libreto original de Etienne Roda-Gil, ilustraciones
originales de Nadine Roda-Gil, biografías de los compositores y
cantantes y otros textos referentes a producción de la obra.
El álbum también incluye un DVD que es una crónica
de la historia y la realización del proyecto desde su concepción
hasta su finalización, así como entrevistas con Roger Waters
y los artistas del reparto e imágenes en exclusiva de la grabación
en estudio de Ca Ira.
Roger Waters comenzó a trabajar en "Ca Ira" en 1989 con motivo
del bicentenario de la Revolución Francesa, inspirándose
en un libreto del compositor francés Etienne Roda-Gil y su esposa
Nadine, responsable de las ilustraciones del manuscrito original, en las
que detallaba los acontecimientos y el espíritu de la Revolución
Francesa a través de diferentes perspectivas, desde María
Antonieta hasta los revolucionarios y la gente común, usando un
circo como marco central y dramático.
Roger Waters y Etienne Roda-Gil fueron presentados por un amigo común
y el músico británico quedó impresionado por el poder
y la pasión del manuscrito. Inmediatamente comenzó a trabajar
en la música de "Ca Ira", pero el trabajo fue suspendido tras la
muerte de Nadine hasta 1997, momento en el que Waters comenzó a
escribir una versión en inglés del texto.
"Ca Ira", con orquestación y arreglos corales de Roger Waters y
Rick Wentworth, cuenta con la soprano Ying Huang -que da voz a María
Antonieta-, el barítono galés Bryn Terfel -rey de Francia-,
el tenor americano Paul Groves -cura revolucionario-, el nigeriano Ismael
Lo -esclavo-, Jamie Bower -joven cura- y Helen Russill -joven María
Antonieta.
'IN THE FLESH WORLD TOUR 2002' El show
8 de mayo Palau Sant Jordi, 21:30h. Barcelona
Por Jose Oliva (EFE).- Unas 13.800 personas recibieron al bajista y
guitarrista Roger Waters, fundador de Pink Floyd, y su banda en el único
concierto que ofrecio en España dentro de la gira mundial después
de veinte años.
Quiso el tiempo que Barcelona recibiera con frío y lluvia
al bajista más famoso de la música psicodélica, pero
el Palau Sant Jordi dedicó una cálida ovación
a su ídolo nada más comenzar el concierto a las 21,30 con
una puntualidad británica.
Waters, que sabe que quien da primero da dos veces, comenzó
con un repertorio fácil e incuestionable, con títulos que
ya forman parte de la historia del rock de su época de Pink Floyd.
El bueno de Waters, que con el paso de los años y unas canas
más se parece cada vez más físicamente al budista
Richard Gere, se ha plantado en Barcelona con una formación hecha
a su medida integrada por Graham Broad -batería-, Andy Wallace -teclados-,
Chester Kamen -guitarra y voces-, Andy Fairweather Low -guitarra, bajo
y voces-, Harry Waters -teclados-, Norbert Stachel -saxo- y las vocalistas
katie Kissoon, Linda Lewis y P.P. Arnold, esta última cantante pop
de los años 60.
La banda ha tocado con un sonido muy "pinky", especialmente en los
temas de "The Wall", sobre un telón de fondo en el que se proyectaban
imágenes, más propio de los años 70 que de la época
de Internet.
En la primera parte, la formación capitaneada por Waters ha
interpretado temas tan célebres como "Another Brick in the Wall-Part
Two", "Pigs on the wing, "Mother", "Dogs", "Welcome to the Machine", "Wish
You Were Here" o "Shine on You Crazy Diamond".
El momento más intenso se ha producido cuando los músicos
han tocado uno de los temas de "Ummagumma", el álbum más
psicodélico de los Floyd, y sobre el telón han aparecido
fotografías del mítico grupo en blanco y negro.
Para el entregado público, cuarentones nostálgicos y
jóvenes reconvertidos, una escenografía con iconos visuales
y acústicos de la mejor época de Pink Floyd: los ladridos,
la luna, las imágenes líquidas y caleidoscópicas,
las cruces de los memoriales de la Segunda Guerra Mundial, los cerdos y
el ejército de martillos del Muro que han abierto el concierto con
"In the Flesh".
Tras el descanso, junto a temas no menos míticos como "Time",
"Money" o "Confortably Numb", Waters ha incluido algunas de las canciones
de su nuevo disco "In the Flesh", con el que realiza su primera gira mundial
desde que abandonó Pink Floyd en 1983.
En aquel año aciago para sus seguidores, la polémica
por el uso del nombre acabó en los tribunales, los cuales negaron
la razón a Waters y se la dieron a David Gilmour y compañía.
Desde entonces, Waters no ha podido utilizar el nombre, pero sí
ha paseado por todo el mundo el espíritu del grupo que hizo más
famosas, si cabe, las ruinas de Pompeya, e incluso editó un disco
en directo con una actuación de "The Wall" en Berlín.
A este despliegue de imaginería pinkfloydiana, se ha sumado el sonido
del sistema cuadrafónico, un sistema surround que ha proporcionado
sonido desde las cuatro esquinas de un Sant Jordi que hoy se ha quedado
pequeño para tanto watio de sonido.
'El cofundador de Pink Floyd ha concebido un show con temas clásicos,
ambientado con proyecciones de video y sistema de sonido cuadrafónico
para crear efectos surreales'
Roger Waters, fundador de los Pink Floyd y artista de Columbia, ha estado
de gira por los Estados Unidos por primera vez desde hacía 12 años
(1999-2000) con su aclamado programa "In the Flesh" que presentaba por
primera vez un resumen extenso de la música de Waters y que incluía:
material del inicio de los Pink Floyd, composiciones clásicas de
sus obras maestras The Wall y Dark Side of The Final Cut; temas de las
giras en solitario Amused to Death y The Pros and Cons of Hitch Hiking;
y la presentación de un nuevo tema "Each Small Candle". La arrolladora
demanda de entradas hizo que cada actuación fuera un lleno completo.
El 5 de diciembre, Columbia Records editará el ansiado In The Flesh,
un doble CD de grabaciones en directo (que incluyen conciertos en Phoenix,
Las Vegas, Irvine, California y Porland) y la primera edición de
larga duración de Waters desde el Amused to Death de 1992. Una versión
de lujo en DVD de In The Flesh incluye un vídeo de alta definición
del concierto en directo en Dolby Digital 5.1 y mezclas en LPCM Stereo,
un documetal de 30 minutos detrás del escenario, las biografías
de la banda, más fotografías, imágenes proyectadas,
letras y más... La fecha de edición está todavía
por fijar.
In The Flesh ha sido producido y mezclado por el veterano colaborador James
Guthrie, quien ha trabajado en la música de Waters desde la coproducción
y tecnología de The Wall en 1978 y ha remasterizado todo el catálogo
de Pink Floyd. Guthrie hizo una grabación analógica en 48
pistas de los conciertos antes de mezclarlos en alta resolución
digital. "Me gusta el sonido analógico" dice Guthrie "es mucho más
definido. Es más real. Respira. Es más tridimensional".
Junto a Roger Waters (guitarra, voz y bajo) en In The Flesh está
su banda de músicos de altos vuelos que incluye a Andy Fairweather-Low
(guitarra), Snowy White (guitarra), Doyle Bramhall II (guitarra y voz),
Graham Broad (percusión), Jon Carin (teclados), Andy Wallace (teclados),
Katie Kissoon (voz), Susana Melvoin (voz) y PP Arnold (voz).
"La fuerza de este disco" comenta Guthrie "es poder oir a Roger Waters
tocando una muestra extensa del material del inicio de los Pink Floyd,
por ej. "Set the Controls for the Herat of the Sun" hasta temas más
contemporáneos de Pink Floyd y temas de la carrera en solitario
de Roger. Es un disco muy dinámico. Todos son temas musicales muy
importantes".
En la gira por los Estados Unidos, los críticos alabaron la fuerza
de Waters en el escenario, la intemporalidad de su música, los valores
de la producción de los conciertos y la estructura firme. El San
Jose Mercury News dijo que el concierto había sido rock como arte,
con una preocupación por el sonido muy poco frecuente en estos días.
Y el Fort Worth Star Telegram afirmó que el delicioso y extenso
montaje compuesto principalmente de los clásicos de Pink Floyd había
sido llevado a una escala más humana, que el concierto había
sido como una celebración. Los Angeles Times fue igualmente entusiasta
y escribió "el concierto mostró hasta qué punto el
rock operístico de Waters a influido a generaciones".
La primera línea de "Each Small Candle" fue escrita por un sudamericano
que había sido víctima de un tortura. Un periodista italiano,
activista contra la tortura en el norte de Italia, había dado a
Waters el breve poema hacía años. El poema estuvo en un cajón
del estudio de Waters hasta que, durante la crisis de Kosovo, leyó
un articulo en el London Times que describía cómo un soldado
dejó a su pelotón para ayudar a la mujer, luego se reunió
con sus hombres y se fue. La imagen inspiró a Roger Waters para
dar música y extender la letra del breve poema "Each Small Candle".
Es el tema de cierre de In the Flesh.
Roger Waters cofundó el arrollador grupo de Pink Floyd junto con
Syd Barret en 1966. Cuando Barret dejó el grupo, Roger siguió
creando clásicos como Dark Side of the Moon (que estuvo casi 15
años en las listas de los 200 mejores albumes), The Wall (al que
la RIAA otorgó 23 discos de platino), Animals, Wish You Were Here
y The Final Cut. Después de la edición de The Final Cut,
Roger Waters abandonó Pink Floyd.
Su primer disco en solitario, The Pros and Cons of Hitchhiking, fue editado
en abril de 1984 siendo muy bien acogido por la crítica y el público,
lo que dio lugar a su primera gira en solitario. En junio de 1987 Radio
K.A.O.S. siguió cosechándole éxitos en solitario.e
hizo que Roger volviera a los escenarios. Su último disco en solitario,
el oscuro e irónico Amused to Death, considerado por muchos fans
y críticos como comparable a Dark Side of the Moon o The Wall, fue
editado en agosto de 1992. Waters ha estado trabajando en "Ca Ira" una
ópera en inglés y francés.
El show
'El cofundador de Pink Floyd tocará temas clásicos, ambientado
con proyecciones de video y sistema de sonido cuadrafónico para
crear efectos surreales' Roger Waters, fundador/bajista/inspiración/genio
de Pink Floyd, regresa al escenario para su primera gira mundial desde
que abandonó Pink Floyd en 1983. Las actuaciones de Waters en el
Reino Unido en junio del 2002 serán las primeras en su tierra natal
desde el mítico "Radio Kaos" en el Wembley Arena de Londres en 1987.
Hasta la fecha, el único tour europeo de Waters ha sido el 'The
Pros and Cons of Hitchhiking' extravaganza de 1984 , hace ahora 18 años.
Su única actuación importante en los '90 fue la legendaria
producción de "The Wall" en el ahora desaparecido muro de Berlin,
en 1990, ante las más de 350.000 personas que acudieron y alrededor
de 100 millones de personas que lo vieron en directo en televisión.
Posteriormente, en los veranos del 1999 y el 200, Waters llevó su
show "In The Flesh" a America, realizando 50 conciertos con todas las localidades
agotadas. Esto supuso un gran éxito artístico y comercial,
que contó con el apoyo de la crítica y público. El
"In The Flesh World Tour" verá a Waters interpretar temas de Pink
Floyd, así como una selección de temas de sus álbumes
en solitario.La lista de temas que interpretará se centra en la
contribución de Waters a los discos clásicos de Pink Floyd,
como The Wall, The Dark Side of the Moon, Wish You Were Here y Animals,
de los que desgranará temas míticos como Another Brick in
the Wall, Shine On you Crazy Diamond, Welcome to the Machine, Money, Time,
Breathe, Animals, Comfortably Numb. Recavará también en pequeñas
joyas de discos anteriores de Pink Floyd, como Set the Controls for the
Heart of the Sun, del Saucer full of Secrets de 1968. El show contará
con impactantes efectos de luz, sonido y vídeo, con motivos psicodélicos
y los iconos que han ilustrado los 35 años de carrera de Waters,
tales como cerdos voladores, muros de ladrillo, martillos, el prisma y
el arco-iris, un gorila mirando la televisión,... El público
que asista al concierto podrá regocijarse con una experiencia acústica
única, los 360 grados de sonido que proporciona el sistema cuadrafónico,
un sistema surround gigantesco en el que el sonido provendrá de
las cuatro esquinas del Palau Sant Jordi.
La banda que acompañará a Waters es de puro lujo, un elenco
de músicos de primera categoría con algunos nombres ilustres
(como la cantante pop de los 60 P.P Arnold):
-Andy Fairweather Low-Guitarra, bajo y voces
-Snowy White-Guitarra
-Graham Broad-Batería
-Andy Wallace-Teclados
-Harry Waters-Teclados
-Chester Kamen-Guitarra y voces
-Norbert Stachel-Saxo
-Katie Kissoon-Vocalista Invitada
-P.P. Arnold-Vocalista Invitada
-Linda Lewis-Vocalista Invitada
La lista de temas que interpretará se centra en la contribución
de Waters a los discos clásicos de Pink Floyd, como "The Wall",
"The Dark Side Of The Moon", "Wish You Were Here" y "Animals":
In The Flesh-Part 2
The Happiest Days
Another Brick In The Wall-Part II
Mother
Get Your Filthy Hands Off My Desert
Southampton Dock
Pigs On The Wing
Dogs
Welcome To The Machine
Wish You Were Here
Shine On You Crazy Diamond
INTERVALO
Breathe
Time
Money
Every Strangers Eyes
Perfect Sense
It's A Miracle
Amused To Death
Brain Damage
Eclipse
Comfortably Numb
What God Wants
Set The Controls For The Heart Of The Sun
The Bravery Of Being Out Of Range
Each Small Candle
Web oficial
www.roger-waters.com
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