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* PÁGINAS Y AGENDAS


 
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Manolo Garcia
Manolo García y Quimi Portet resucitan a El Último de la Fila, Los Rápidos y Los Burros
Publican una caja de 5 CDs con el primer disco homónimo de Los Rápidos de 1981 remasterizado; el segundo álbum de la banda, «Pienso Luegoexisto», y «Kloruro Sódiko», con once temas escogidos de Los Burros que han vuelto a grabar.
(Información completa y crítica del disco en IndyRock)
«He aprendido a ser humilde y no creerme más que nadie»


Fotos: Archivo Ideal

Manolo García es un artista que refleja las mejores cualidades de la música española. Desde que comenzó su carrera, la defensa de una raíz hispana junto al compromiso y la altura poética de sus textos marcan una carrera libre y alejada de lo convencional, a pesar de la enorme trascendencia mediática de su obra y de los millones de discos vendidos en España.


Manolo García sostiene su música sobre una raíz sureña y mediterránea, de giro aflamencado y con la fuerza y la energía del rock, siempre a pie de calle. Su compromiso mira hacia la utopía, la solidaridad y la libertad. Las letras de sus canciones refuerzan estos valores ofreciendo la posibilidad de lecturas abiertas, siempre de manera luminosa y positiva. Alejado del ripio y excelente narrador de historias cotidianas, Manolo García ha sido capaz de atraer a un público masivo rompiendo las fronteras y abogando por una comunicación estrictamente artística y sostenida en el respeto por los valores humanos. Las canciones de Manolo García se dirigen a la persona sin dogmatizar, siguiendo a Cavafis y a Machado en la importancia del viaje y degustando el valor de las cosas pequeñas, de la artesanía aplicada a la música. Por encima de los millones de discos vendidos en España, Manolo García siempre ha dado una importancia fundamental a los conciertos en directo, con extensas giras marcadas por su proverbial entrega en escena con una energía y un poder de comunicación excepcionales.

La carrera de Manolo García comienza en 1980 con el grupo Los Rápidos. Dos años más tarde conoce a Quimi Portet y crea Los Burros, manteniéndose en un circuito del rock alternativo. En 1984, el dúo se transforma en la emblemática banda El Último de la Fila, grupo que durante 14 años y siete álbumes creó las bases de una nueva manera de entender la música, indiscutiblemente española, utilizando los canales comerciales sin rendirse ante ellos y manteniendo una actitud honesta y crítica que todavía hoy es un ejemplo que dignifica la música cantada en español. Tras la disolución amistosa de El Último de la Fila, en 1998, Manolo García comienza una exitosa carrera en solitario con el álbum Arena en los bolsillos, que continúa con Nunca el tiempo es perdido (2001) y Para que no se duerman mis sentidos (2004). Alejado de los focos fatuos, respetuoso con su tiempo y artista multidisciplinar, Manolo García enriquece la música española desde la independencia, el rigor y la creatividad.

A lo largo de su carrera, Manolo García ha vendido más de dos millones de ejemplares de sus tres discos en solitario y otros dos millones con los siete álbumes publicados con El Último de la Fila. 
Entre los premios más destacados conseguidos en su carrera en solitario están: Premio Ondas al Mejor Artista o Grupo Español (2004), Premio Amigo al Mejor Álbum Español por Nunca el tiempo es perdido (2001), Premio Amigo al Mejor Solista Masculino Español (2001), Premio de la Música al Mejor Álbum Pop por Nunca el tiempo es perdido (2001), Premio Ondas Especial por su contribución al pop español (2001), Premio Ondas al Mejor Artista en Directo (1998), Premio de la Música al Mejor Artista Pop (1998), Premio de la Música al Mejor Álbum por Arena en los bolsillos (1998), Premio de la Música al Mejor Productor Artístico (1998), Premio Amigo al Mejor Álbum Español por Arena en los bolsillos (1998) y Premio Amigo al Mejor Solista Masculino Español (1998). 



 
«Era feliz cuando el reconocimiento eran 5.000 pesetas»
«Caminamos hacia una cultura global, que es humo para mí, mientras la gente llana pierde su cultura»
Por Miguel Carrasco (Ideal)
Honesto, comprometido, coherente y, ante todo, humano. Son algunos de los adjetivos que definen a Manolo García, un hombre tan común como su nombre y un músico de vocación. Desde el  mes de mayo, trota por las carreteras españolas presentando su segundo trabajo en solitario, 'Nunca el tiempo es perdido'(2001). 

­¿Por qué ha escogido Granada para terminar su gira?
­Curiosamente, la anterior la comenzamos en Granada y ésta la finalizaremos en Granada, son curiosidades. De hecho, en la otra gira buscábamos un lugar donde se nos dieran todas las facilidades para el primer concierto y en Granada nos las dieron. En esta ocasión es casual, pero a mí me gusta que sea así, porque de este modo terminamos donde comenzamos.

­Más de 60 conciertos en cinco meses de gira, estará usted agotado...
­He intentado programar una gira con una cierta coherencia, para que cada semana tengamos dos días libres para volver a casa. Para mí es muy importante salir en buenas condiciones físicas y mentales. Si sales a cantar cansado la gente lo nota, y el público hace esfuerzos por verte. Muchos vienen desde lejos para ver tu concierto. Si ven al grupo cansado o desganado sería un pecado.

­Su anterior disco rozó el millón de copias vendidas y éste lleva el mismo camino. ¿No siente vértigo?
­Yo hago canciones y no sé lo que va a pasar. La parte humana de músico es la que me manda. He viajado mucho, me gusta conocer a la gente, quedarme en los sitios y me voy enamorando de ellos. He visto que en todos los lugares hay un alma especial. Yo percibo eso, hago canciones y quiero ser cariñoso conmigo mismo y con los demás. Y he tenido la suerte de que ha habido una respuesta cariñosa por parte de la gente. Empecé de muy pequeño y esta pasión se ha convertido en un oficio, pero un oficio que amo, que me gusta.
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­Y a pesar de ese éxito, siempre da la sensación de ser una persona normal, un hombre común, incluso en lo que respecta a su propio nombre...
­He estado bastantes años en el lado anónimo de la música, en grupos, con un empleo durante la semana y tocando los sábados y domingos por el placer de tocar en bodas y fiestas de barrio. He sido feliz con eso y el reconocimiento eran 5.000 pesetas, una cena y los aplausos de la gente. Como he vivido mucho tiempo en esa situación he aprendido a ser humilde. Mi familia también es humilde y eso me hace estar con los pies en el suelo y no creerme más que nadie.

­Ha logrado que su obra sea más conocida que su persona, algo que resulta muy complicado en España, donde muchas personas son populares sin que se sepa a qué se  dedican.
­Ahí cada uno decide. Yo tengo un valor como persona, pero sólo para la gente que me rodea. Si tengo algún valor para el resto del mundo, ése es el de mi trabajo. Lo demás no tiene ninguna importancia, porque soy una persona más. Tengo la suerte de no ser un hombre vanidoso, he tenido que trabajar duro, en la sombra, durante años y eso me ha enseñado que esto es muy incierto y muy fugaz. Aunque anteriores trabajos y giras hayan sido un éxito no puedes creerte que por tu cara bonita la gente va a venir a verte.

­Después de tantos kilómetros recorridos, ¿qué España ve desde la carretera?
­Veo un país que ha progresado. Pero, por otro lado, veo un deterioro del paisaje y un destrozo de la cultura que no creo que sea necesario. Se trata de un amor al dinero, no un amor a la cultura, con el único objetivo de mejorar la economía. Se podría decir que se ha mejorado, pero se ha dejado atrás tierra quemada. Se camina hacia una cultura más global, que es humo para mí, se trata de grandes cifras para el gran capital. Y mientras, la gente llana pierde su cultura, su idiosincrasia.

­¿Qué opina de que movimientos alternativos como el ecologismo o la antiglobalización estén de moda y vendan?
­El sistema es una fiera que lo devora todo y lo transforma para beneficio propio, de modo que todo movimiento contracultural lo transforma en una cultura de consumo y de ocio. Pero hay valores que no se pueden comprar, como la lealtad y la generosidad. Es de sentido común que el mundo es finito y que hay que preservar el medio ambiente. El ser humano no sólo necesita objetos materiales, su alma necesita otras cosas que, si se pierden, no volverán. Esto va más allá de ideas políticas y de tendencias.
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­En 20 años de carrera, ¿qué diferencias ve entre su público de antaño y la gente que acude ahora a sus conciertos?
­El público es el mismo. Aunque sean generaciones distintas, la gente ama la música como vehículo maravilloso para sacar a flor de piel sentimientos. Sin embargo, antes, quizá, había menos público, pero conocía mejor la música. Ahora van más personas a los conciertos, pero mucha de la gente acude únicamente a pasar el rato. Ahí esta tu maestría para intentar encandilarlos también a ellos.

­¿Y en qué ha cambiado la música?
­La música sí ha cambiado. Actualmente se mueve mucho más dinero y al olor de este dinero las fieras que acuden tienen a veces otras pretensiones. En la historia del rock los músicos eran únicamente personas que creaban por una necesidad. Janis Joplin o Hendrix no vieron mucho dinero. Ahora se compran muchos discos y hay mucho dinero. Esto hace que muchos acudan al olor de lo comercial, sólo con la intención de vender y ganar dinero rápidamente. Antes había mucho más romanticismo.

«Tocaba con una orquesta temas de Deep Purple»

­¿Siempre quiso ser músico?
­Sí, sí. Tengo fotos de chaval cantando en una fiesta del barrio. Estudié Artes Aplicadas y trabajé en una agencia de publicidad, en talleres y en mil cosas, pero tenía mi norte. El fin de semana cogía los bártulos, cantaba, era el batería de un grupo y tocábamos en bodas y en fiestas de pueblo. Yo era el que metía cizaña para tocar al final de los conciertos temas de Deep Purple. Probábamos con versiones que hacía en castellano del disco 'Made in Japan', como de 'Smoke on the water'. Y la gente respondía.

­¿Qué inspira su música? ¿En qué se fija para sus canciones?
­Yo soy observador por naturaleza. Todo lo que voy viviendo día a día lo vas amasando. Todo lo que lees y vives, toda tu cimentación, es la base de las canciones: desde que, con 15 años, escuchaba los discos de 'los Credence' y le pedía a mi prima los discos de Serrat, o cuando, posteriormente, conocí a Triana y empecé a darme cuenta de que podía componer mis propias canciones con un lenguaje propio. Pero no es por lo que vi el día anterior, sino por años de trabajo humano, de ir pedaleando cada día.

­Siempre ha sido reacio a producir a nuevos valores, ¿por qué?
­Para mí es difícil, porque sé la vehemencia que un músico pone en su trabajo. Yo tengo la capacidad para extraer de mí mismo lo que tengo, pero lo otro es difícil. Yo no soy nadie para producir a otros. Como mucho, puedo producirme a mí, y si fracaso, es culpa mía y si sale bien, pues perfecto.



web no oficial
http://members.es.tripod.de/azl
http://www.lasetaweb.com/
Web oficial
http://www.manolo-garcia.com/

 


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