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por Fernando M. Navarro (especial IndyRock)
EL SONIDO DE LAS ESTRELLAS
Tus venas empiezan a recibir las transmisiones que tanto tiempo llevas
esperando. Ahora estás en conexión directa con el Cosmos
(algo que anhelas desde que ella decidió buscarse el corazón
en un láser) y nadie puede alejarte de tu nuevo centro de gravedad.
Tu cintura se convierte en un campo magnético de graves y números.
Te advirtieron que viajar más allá de Júpiter no era
fácil. Pero jamás creerías que doliera como lo hace.
Cierras los ojos y ya no eres sino polvo cósmico. Agradecerás
a todas las estrellas el pertenecer por fin a ellas. Ahora eres otro hijo
de las estrellas.
Esperado
como una profecía benigna, el disco del año ya está
entre nosotros. Como si del enorme testamento de un demiurgo digital se
tratara, este descomunal viaje espacial es duro, vital, arriesgado pero
elocuente, sencillo pero terriblemente complicado. Mucho más accesible
que "Val Del Omar", más violento y sin duda algo más reflexivo,
"LagartijaNick" (inteligente título para lo que parece una efectiva
declaración de intenciones) es un coherente paso adelante, un apabullante
entramado sonoro que no da tiempo al respiro y que abarca corrientes creativas
tan diversas como Aldous Huxley, el Taoísmo, la celebérrima
serie televisa Space:1999 y los scores sci fi de Barry Gray, Lavagnino
o Art Mineo, las profecía del Val del Omar, la profecía de
Kubrick (2001) y el Corán. Cyberpunk vertiginoso ("Pulsar" y "Ondas
de fluencia"), trallazos industriales (la indiscutible "Alpha", "Azora67"
o la matemáticamente perfecta "Eter") o confesiones electrónicas
(el himno a la nueva carne "No somos máquinas") en el flamante nuevo
álbum de Lagartija Nick, primero bajo la eficaz independiente Zero
Records, se lleva hasta el extremo el ruidoso caos del espacio. Impecablemente
interpretado, los textos lo abordan todo, desde la introspección
necesaria del cronista en la emotiva "Dentro" a la inteligente ecuación
de "Eter" o la brillante y calculada exposición de "Tao Te King",
una de las joyas de esta joya. Brillantemente producido por Pablo Iglesias,
las propuestas sonoras del álbum oscilan entre cortantes e inabarcables
ritmos egipcios ("Solaz", con un David inmenso), soleás electrónicas
que suenan a llanto ("Mar de la Tranquilidad") e incluso piezas de tal
compromiso y valentía que añaden consistencia a la obra (el
inquietante blues de los delfines de "Help me please" o la belleza sin
comtemplaciones de "Diafanoids", estupendo cierre del disco.). Oasis en
el desierto creativo de la música patria, el nuevo disco de Lagartija
Nick es una ventana abierta a una inagotable carrera de obras maestras.
Un clarísimo punto de inflexión de una banda madura, inteligente
y aún así desquiciada y sorprendente. La espera he merecido
la pena. Genial.
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