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por Fernando M. Navarro (especial IndyRock)
Fotos: J. E. Gomez © IndyRock
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Val del Omar
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El que ama arde, y el que arde,
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vuela a la velocidad de la luz.
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Buscando la luz
Atrapado entre máquinas y ecualizadores, entre quimeras mecánicas
y profecías lumínicas, un hombre se retuerce y se desvive
por encontrar una fuerza de mística electrónica más
fuerte que el mismo amor. Un sentimiento igual a la descarga que se experimenta
cuando el corazón se siente inundado/superado por las llagas de
otro. Como un Sísifo de la era digital, este poeta visual, creador
de esa capa magnética que desde hace algún tiempo nos protege
de los paganos, se ofrece a soportar las heridas del amor (es el amor la
daga más certera que jamás hiera a hombre o bestia) y aún
así celebrar y cantar esas penas como si fueran triunfos, como corazones
de neón (extraña candela de las noches). La travesía
de un buscador de luz por un desierto digital que cubre con arena y estéreo
cada uno de sus pasos. La herencia de un hombre que atrapa en su pecho
toda una quimera fluorescente, como las plegarias de un sacerdote que cree
entender el misterio entre los cables de su portátil. Y con estos
cables una legión de monjes electrónicos se construyen rosarios
y crucifijos y veneran desde ese día la luz, y es la luz (sólo
se llega a ella cuando se está muchísimo tiempo en tinieblas,
hasta que es tu propia luz y no la luz que creéis ver, la que te
ilumina) madre/nodriza de nuestros vientos, de nuestros hijos (esos extraños
adolescentes de plutonio) y de cada una de nuestras llamas. Desearemos
estar ardiendo hasta que el tiempo se consuma asimismo y todas las melodías
y todas las historias hayan sido ya contadas y cantadas.
La herida necesaria
Tras Omega, Lagartija le ofrece a la memoria del gran profeta José
Val Del Omar, el homenaje que se merecía. Duro, arriesgado, confuso
y eléctrico, Val Del Omar es una obra que avanza lo que será
el cada vez más extremo sonido de la banda. Con unas guitarras que
cada vez hacen más daño y una tendencia al ruido de los más
atractiva, este disco abre una nueva brecha, lo que podríamos denominar
Rock Valdelomariano, en el que la luz se encuentra a través de una
rudeza y una violencia oscura e inusitada. El disco bascula entre un sonido
metálico (Noosfera-Sintesis, Meca-Mística, o la brillante
declaración de principios de Persona e Impersona) y unos curiosos
jugueteos con el techno que alcanzan grandes momentos especialmente en
la extensa Val del Omar: Aceleración-Trance-Expansión. Incomprendido
y genial, Val Del Omar, es más un disco de tránsito (Erik
ya no estaba aquí ,en su lugar estaba Jose A. Quesada), los guitarristas
de la banda M.A.R. Pareja y Juan Codorniu se marcharían una vez
acabado el trabajo) hacia la drástica orientación que va
a seguir el grupo a partir de ahora. Imprescindible en el concepto (tanto
el exquisito diseño como las letras, tomadas todas de ensayos y
poemas del propio Val Del Omar), los sonidos de este disco son la profecía
que anuncia el definitivo viaje a la Noosfera que la banda estaba a punto
de emprender. Una obra que puede entenderse como la plataforma espacial
de la que va a partir el próximo vuelo pilotado a galaxias desconocidas
e inexploradas. Val del Omar fue un disco necesario, tanto como exorcismo
particular del propio grupo como para poner en su sitio (un sitio muy cerca
del círculo más turbulento del infierno) a un artista de
la talla de Val del Omar. La herida necesaria.
VAL DEL OMAR
Sony 98
Noosfera-sintesis
sin fin
meca-mistica
yo dia y orden
tactil-vision
persona e impersona
induccion
intervalo
celeste
enfasis
respiro en nueva York
Val del Omar: aceleracion
trance
expansion
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