Familia, barrio y rocanrol
por Tomás Astelarra - IndyRock
Llenan estadios con producciones independientes, no dan entrevistas,
no hacen videos, su público tiene la fama de marginalidad que alguna
vez cargaron los Redonditos de Ricota. Korneta (cantante y líder
de la banda) se ha transformado en un mito que algunos comparan con el
de Luca Prodan. A cinco años de su muerte, la banda estrena Oxígeno,
su primer trabajo en estudio desde entonces. Tomás Astelarra se
acercó a verlos, charlar y descubrir porque algunos dicen que es
la última banda con mística del rock argentino.
Según cuenta la historia, el Korneta (Eduardo Suárez)
vendió la rotisería familiar y la camioneta con la que hacía
los fletes para grabar el primer disco de Gardelitos. Había formado
la banda tres años antes, en el 95, con sus dos hijos adolescentes
(Eli en guitarra y Bruno en batería), además de Jorge Rossi
(bajo). Su mujer July se hizo cargo del lugar del manager.
Arrancaron con una larga serie de shows domingueros en Parque Centenario,
ante las críticas de los artesanos por convocar un público
que fumaba “faaaaaaaso”. Presentaron Gardeliando con una gira interbarrial
por el conurbano. Hicieron un rito de tocar los 25 de Mayo para los pibes
de Ciudad Oculta repartiendo chocolate con churros o locro.
Después firmaron con Sony.
Dicen que el Korneta convenció a la compañía de
grabar dos discos por el precio de uno. Pero no pudo convencerlos de que
le financiaran una gira veraniega por la patagonia (había que esperar
a la salida del material, sostenían prudentemente en la disquera).
Dicen que Korneta usó el adelanto de la grabación para comprar
una camioneta y salir rumbo al sur con la banda.
A pesar de la salida de “Fiesta Sudaka”, el contrato termino por romperse.
Dicen que en Sony Estados Unidos todavía preguntan a la filial argentina
donde están las grabaciones originales de esos dos discos que ellos
tienen registrados de un tal Gardelitos con un gasto de unos cuantos miles
de dólares sin ninguna contraparte a cambio.
La Banda
En el 2002, luego de que Bruno dejara la agrupación tras una
serie de ataques de esquizofrenia, la formación quedó conformada
por dos parejas de padre e hijo. Korneta y Eli, más Horacio y Martín
Ale (batería y bajo respectivamente). El 12 de mayo del 2004, después
de varios días de desaparecido, Korneta apareció muerto.
Se había golpeado la cabeza borracho con un medidor de gas.
Su figura comenzó a crecer entre los seguidores de la banda
hasta convertirlo en un mito que orilla el de Luca Prodan o Tanguito. “Oh
oh oh es el Korneta rocanrol”, gritan los fanáticos de Los Gardelitos
guardando en imagen de estampita (o sello postal) el recuerdo de ese viejo
que se vestía de traje para tocar en las villas, el Borda o la cárcel
de mujeres de Ezeiza.
Pocos días después, la banda en forma de trío
presentaba en Cemento “Tierra de Sueños”, aquel disco de la promoción
2x1 para Sony.
Salvo “Ahora es nuestra ciudad” (en vivo en Obras en el 2006), no volvieron
a grabar otro disco. Siguieron tocando los mismos temas (incluso con el
mismo orden) durante casi cinco años. Pero el público siguió
creciendo hasta llenar, con una producción independiente y sin gran
difusión, el estadio de All Boys con 10.000 personas en el 2006.
No suelen hablar con la prensa, no graban videos (pero el año
pasado Adrián Caetano se acercó para filmar un documental
sobre su carrera). Su público tiene la misma fama de marginalidad
que alguna vez cargaron las huestes ricoteras.
Octubre 2008. En Flores, entradita la tarde, los bares de las cercanías
se protegen con rejas a la espera del concierto. Adentro la banda prueba
sonido. Eli, aquel hijo adolescente de Korneta, ahora transformado en cantante
y líder de la banda, se acerca a saludar.
A pesar de sus treinta sigue teniendo cara de adolescente. Quizás
uno de esos pibitos que se acercan a la feria de Parque de Centernario
en busca de una pulserita. De pelos largos y enrulados, barba, jeen y un
saco de motivos jujeños.
Habla despacito, como si estuviera a punto de quebrarse. Pregunta por
Hecho en Buenos Aires, por la situación de Bolivia, por Genoveva,
que es la vendedora a la que todos los meses le compra la revista, habla
de Pizarnik y Violeta Parra, de las traiciones de la mayoría de
los ídolos rockeros, parece más interesado en preguntar que
en ser interrogado.
Dicen que es extremadamente meticuloso, formal, que no habla con muchos,
que rechaza (sin importar el dinero) fechas que sean demasiado esfuerzo
físico para la banda y sus colaboradores. Cuentan aquella vez que
fue imposible convencerlo de dejará de lado al menos por una vez
el mítico traje de la banda. Era pleno verano. Mediodía.
Y sólo había veinte personas para verlos en un plaza de un
pueblo perdido de Mendoza.
Está leyendo “Corazones Cautivos (La vida en la cárcel
de mujeres)” de Marta Dillon. Quiere estar informado, porque hay una propuesta
para tocar el día de la madre en Ezeiza.
En el camarin hay yogur, leche chocolatada y facturas. En la puerta
a las nueve en punto se escucha la orden de empezar. “Pero apenas tenemos
400 entradas cortadas y hay por lo menos 1000 vendidas”, se queja uno de
los organizadores. “Viste como es Eli. Quiere empezar puntual. Habrá
que acostumbrar a los pibes a llegar temprano”, le responde sin inquietarse
Gustavo, el actual manager de la banda.
Es abogado. Korneta le cayó un día a su estudio de barrio.
Quería hacerle un juicio a Sony. Le dijo que en un rato volvía
con su hijo. Pero que él simulara conocerlo (su hijo era medio desconfiado).
“¿Qué haces Trompeta?”, cuenta Gustavo que fue el efusivo
saludo con el que lo recibió. Desde entonces es parte fundamental
de la banda. Él y toda su familia. Todo es familia en Gardelitos.
Y barrio (Bajo Flores).
El público
El show es el de cualquier power trio moderno (“es solo rocanrol pero
me gusta”, dirían los stones). Las letras hablan del Che Guevara,
el Subcomandante Marcos, Latinoamérica, la marihuana, los jóvenes
sin futuro, la sociedad consumista, las telenovelas y los cien barrios
porteños. Nada especial, pero dicho con una claridad abrumante.
Aunque sin el uan, tu, fre, for de los Ramones, los temas pasan uno detrás
del otro sin un solo comentario del cantante. De vez en cuando algunos
momentos de silencio mientras se acomodan las pedaleras. Los pibes (que
no pasados los veinte minutos de show ya colmaron la sala) se toman alguna
birra, las chicas se trepan a los hombros, cantan las letras con devoción.
No hay riñas, siquiera algún barandazo de paraguayo.
El show transcurre sin sobresaltos.
¿Y por qué tanto mito con su público?
La fama de bardo es más prejuicio que otra cosa. Porque
los pibes hace varios años que son re tranquilos. Larralde decía
que a la gente que es pobre se le dice gente humilde, y una cosa es ser
pobre y otra es ser humilde. Pobreza es lo que sobra, humildad es lo que
falta, decía el tipo. Te quieren hacer sentir que porque sos pobre
hay que bajar la cabeza. Así también cuando quieren te escrachan
y te dicen vos por ser pobre sos un bardo. Yo vi una vez un músico
de rock popular muy importante diciendo: yo me quiero sacar de encima a
la villa. Es parte de los mismo que es dividir, cuando el rock se supone
que rompe barreras sociales, generacionales, culturales, tiene una tendencia
a atravesar esas fronteras.
Fue siempre lo que irradió Korneta en el escenario y en las
canciones y es la base de Gardelitos: para diferenciarte del resto simplemente
tenes que ser vos mismo. Hay bandas que no disfrutan la música sino
que están más pendientes de lo que el éxito genera.
Y es bastante triste ver que un músico piense así. Gente
que te dice: porque no le das un sonido mas así que es lo que está
pegando. Y capaz ni le gusta eso. Pero ellos piensan que te están
tirando una como decirte: che por qué no te pones un negocio de
pollo al spiedo que es lo que está saliendo. Y el arte fundamentalmente
me parece que fue, es y va a ser lo que uno siente. No solo es por criticar
a las demás bandas. Es también para que no nos pase a nosotros,
cualquiera puede tener esas debilidades.
Quizás ahí está el apoyo del público
que los ha bancado tantos años sin un disco nuevo, sin prensa, sin
grandes compañías apoyándolos.
Ha tenido mucho que ver con el hecho de que sigamos adelante con el
grupo. Es como que te va cargando de una energía que no estaba prevista.
Uno a veces le cuesta bastante seguir adelante en una situación
así. Pero como que van marcando un camino, eso está bueno.
Nos aceptan como somos. No están pidiendo que seamos una copia de
los Redonditos o los Ratones. Respetan nuestra identidad. Nos da libertad
a nosotros para jugar con la música. El tema que se transforme en
algo exitoso el rock es un arma de doble filo. Porque también empezó
a entrar en una comodidad que puede llegar a ser muy contraproducente con
el hecho de generar cosas. Hay que ser concientes de los tiempos que corren.
Y a veces te terminas aislando pero las cosas se van dando para eso. Uno
trata de encajar y no encaja, y no podes forzarlo.
Lo de la independencia fue más una consecuencia que una decisión
o una bandera para levantar. Llega un punto donde te sentís rechazado,
pero igual querés seguir para adelante con lo que tenés para
decir. Y hay que utilizar tu instinto de supervivencia a todo esto que
está tan impuesto y empezar a buscar caminos alternativos. Nosotros
nunca decimos que no a nada. No decimos que no vamos a trabajar más
con una multinacional. Pero hoy por hoy la libertad que estamos teniendo
está buena y aparte va avanzando cada vez más esa especie
de maquinosidad con respecto a la música y el sonido y a las posturas
de las bandas de rock y cada vez te dejan menos margen para expresarte.
Porque más que una expresión termina siendo casi como una
caricatura de si mismo. A pasado a formar parte de la falta de propuesta
general. Está más cerca de despertar un bostezo que un grito
de rebeldía. Eso es peligroso para todos.
A pesar de la rebeldía se ve una postura de contención
en ustedes hacía el público desde lo escénico. No
tanta arenga y más mensaje.
Siempre existió una actitud dentro de nuestras limitaciones
de respeto a la gente. La idea de incorporar los trajes al show tiene que
ver con eso. Además de ser una especie de homenaje a lo que es la
generación de nuestros abuelos y el tango, tiene que ver con una
cuestión de respeto. Hemos ido a tocar a Ciudad Oculta o a Villa
Jardín, barrios de bajos recursos. Y no porque estamos tocando en
una villa vamos a subir con el pantalón roto. El tema de estar más
tranqui en el show fue decantando con el tiempo. En un momento estábamos
bastante sacados con una necesidad de comunicarnos de forma compulsiva.
Fue una etapa pre Cromagnon, donde estaba esa sensación de a punto
de explotar. Justamente hay un tema en el disco que se llama Mezclas Raras,
que es el que yo escribí. Es de unos meses antes, y habla de esa
falta de unión que podemos llegar a tener nosotros como sociedad,
o como banda de rock o como movimiento, parte de un todo. Esa actitud de
mandar todo a la concha de su hermana, no nos importa nada. Como una especie
de abandono de esta generación que está necesitando un lugar
y creer que puede existir un mañana. Durante dos mil años
se viene acumulando una paranoia sobre el fin del mundo y nosotros terminamos
pagando el pato sobre unos miedos que se vienen arrastrando hace un montón.
Y parece que nunca tuviéramos oportunidad de poder ver un horizonte.
Eso produce también como una especie de angustia que se transforma
en bronca y sale para cualquier lado. Es verdad que uno termina meando
fuera del taro. Pero tampoco es que uno de la nada salió con esa
forma.
El disco.
En una pensión de Once (donde vive Maxi, familia, barrio, productor
independiente que organizó el show de All Boys, ahora encargado
de distribuir Oxígeno) florecen cajas de discos con la ilustración
de una bella mujer embarazada a punto de parir el mundo en medio de una
tormenta. El 17 de octubre Gardelitos sacó a la calle su primer
disco post Korneta (todos los temas salvo uno son composiciones de él).
Lo van a presentar en noviembre en su ciudad natal, San Martín,
Mendoza. Y en diciembre en el Microestadio de Argentinos Juniors.
“No podemos quedarnos en una eterna nostalgia o en un homenaje a lo
que fue sin tener en cuenta lo que puede llegar a ser. Yo me había
enterado a través de un programa que tiene Galeano en la tele, de
unos indígenas que cuando uno fallecía no los nombraban más,
borraban ese nombre de su vocabulario, porque esa persona pasaba a formar
parte de ellos pero con otro nombre y otra forma.
La etapa de la banda pasa por ese lado. Cuando uno mira hacia delante,
el horizonte puede aparecer bastante incierto teniendo en cuenta que siguen
siendo prácticamente todos los temas del Korneta. Uno se puede llegar
a preguntar esta banda hasta donde puede llegar así. Sinceramente
lo que más tenemos en cuenta es lo que sentimos y lo que nosotros
hemos asumido como compromiso. La gente tiene un concepto a veces bastante
ridículo de lo que es el éxito, y que va de la mano con lo
que sería el fracaso. Y uno por suerte trata de sacar sus propias
conclusiones. Y no guiarte por lo que tenés que pensar.
Es bueno que halla este tiempo justamente para eso. El trabajo no nos
agarra de sorpresa. En los dos sentidos, ya si el disco tiene éxito
(entre comillas) y genera ciertas situaciones que nosotros creemos falsas.
Vamos a tratar de no creer en esas situaciones y seguir siendo fiel a lo
que nosotros todos llevamos adentro. Y si genera un fracaso (entre comillas)
porque no tiene la respuesta que se espera, los mismo vamos a tener un
concepto sobre eso. Ya la palabra éxito no es muy buena, pero el
éxito nuestro a es poder seguir adelante. Si hiciéramos cosas
que no nos gustan a nivel musical o social nos volveríamos a plantear
si tenemos que seguir adelante. Pero si eso como consecuencia genera que
podamos vivir de la música, bárbaro. Pero no es la revés”.
La voz pausada y pacita de Eli sale entre sorbos de café en un
porteñísimo bar de Caballito. Sin embargo sus palabras firmes
pero sin juzgar (y cierta paciencia en el relato de su caminar al margen
de los ritmos que impone el presente) me hacen relacionar por momentos
al pibito con algún un joven líder indígena de esos
que abundan por Latinoamérica. En La Guajira, esa península
al norte de sudamérica a donde quería llegar el Che Guevara
en sus diarios de motocicletas, la etnia wayuu realiza dos entierros. Los
dos son celebraciones familiares (de barrio, comunidad) con mucha música
y comida. En el tiempo entre las dos es permitido invocar al difunto cuantas
veces sea necesario. Después del segundo entierro, los mayores comienzan
su viaje transformados en estrella. Ya son parte del todo.
¿No se te hace muy pesada la mochila? Digo, esta herencia
de tu viejo, el grito de rebeldía del rock, los pibitos que los
siguen, la sociedad…
La verdad que uno siempre duda bastante pero le da para adelante. Siempre
estás tratando de redefinir desde vos mismo ciertos términos.
Aún a la hora de componer. Yo puedo componer las músicas,
lo he hecho. Pero las letras las hacía el Korneta, y las hacía
bien. No tuve necesidad de eso. Igual que el lugar de líder que
es algo de lo que siempre hemos renegado por una cuestión ideológica.
Después lo vi como que un líder no tiene que ser una especie
de patrón o gobernante, sino que es más un servidor a favor
de todos, una guía. Bastante me tocó asumir el lugar en la
banda. Pero esa timidez se termina transformando en temor. Por suerte como
que nos vamos apoyando entre todos. Me gusta bastante consultar las cosas.
A veces los vuelvo locos porque soy medio dudoso, pero me doy cuenta
también que es algo que hay que superar. Hay que tomarlo con más
calma. Igual a veces me pongo un poco loco. Pero estoy tratando de bajar
un cambio con eso. Porque a la confusión no le podes responder con
confusión. Hay que encontrar un poco de calma en medio de la tormenta.
Tengo que respetar no solo mis propios tiempos sino también el de
los demás. En el Champaquí (el cerro cordobés) había
un dibujo y una frase en idioma indígena, y me contaron que los
tipos tenían un dicho que decía: si yo soy feliz y mi hermano
no es feliz, entonces yo no soy feliz. Eso es algo que hace falta a
nivel humanidad. Esta bueno ir juntos. Hay culturas que pueden aceptar
a la muerte como parte de la vida, de un todo.
(revista Hecho en Buenos Aires, Marzo 2009)

Estadio Pepsi Music (Ex estadio Obras). Junio 2006.
Crónica: Gastón Moreno
Fotos: Agustina Morillo
Era la segunda de tres funciones que Los Gardelitos realizaron en el
templo del rock argentino, esa banda que supo fusionar el rocanrol con
una de las expresiones culturales más argentinas: el Tango. La fecha
del recital muy emblemática por cierto, se cumplían 71 años
de la muerte de Carlos Gardel; ese que cada día canta mejor.
Para cualquier banda llegar a tocar en Obras es un paso importantísimo,
¨Los
Gardeles¨ hacia tiempo que podían llenar el estadio con su gente
y su música. Pero esperaron el momento justo, la idea fue aprovechar
para grabar disco en vivo y un DVD con las imágenes registradas
en las dos primeras presentaciones.
Faltaba poco menos de media hora para el inicio del show y el estadio
aún no albergaba a más de 500 seguidores. Pero a nadie le
preocupaba era claro que el único motivo que retrasaba a la gente
era que la Selección Argentina jugaba en el recién terminado
Mundial de fútbol, hasta en el estadio se pudo ver el partido que
fue proyectado en las pantallas.
Para cuando las luces se apagaron no entraba un alfiler, plateas, populares
y campo cubierto de miles de seguidores, que disfrutaban de una escenografía
increíble simulando el infierno mismo a cargo de Daniel Cardell
escenógrafo que también decora los escenarios de LA RENGA
y CALLEJEROS.
La lista de temas parecía interminable, este festejo gardeliano
por los diez años de historia de la banda repasaría muchísimas
canciones. Todo comenzó con "Introducción Gardeliana",
donde el conjunto fue acompañado por un grupo de cuerdas, una pareja
de bailarines de tango, teclado y percusiones ubicadas por encima del escenario
simulando que bajaban de los cielos como un coro de ángeles. En
contraposición con tanto demonio de la escenografía. ¨Anabel",
"Los chicos de la esquina", "Amando a mi guitarra", "Serás mi mujer"
y "Lo que mis vecinos creen", "Llámame", "La calle es un espejo",
"Libertad condicionada", "No puedo parar mi moto" y "Máquinas viejas",
"Hay que enterrarlos vivos" y "América del sur". Uno tras
otro con solos de bajo y guitarras de mas de 3 y 4 minutos.
"Ciudad descalza", "¡Y todavía quieren más!" y
"El reloj" tendrían un invitado de lujo: el señor Willy Crook
los acompañaría con su saxo.
La lista seguía y seguía, nadie podía parar de
saltar y de querer dejar sus gritos plasmados en la grabación.
El cierre del show fue desbastador con "El sobreviviente" (tema
nuevo), "Cobarde para amar", Los Querandíes", "El último
hombre del bar" y "Gardeliando".
Las sonrisas de los presentes brillaban en la oscuridad, acababan de
presenciar uno de esos shows que marcan un antes y después en una
banda. A los Gardelitos los golpeó la desgracias con la muerte de
"Korneta" pero la fuerza y el compromiso no declinaron jamás.
Desde arriba "El Korne" se debe haber juntado con "El Zorzal criollo"
para ver cómo eran homenajeados, sus memorias se mantienen bien
enaltecidas igual que sus canciones.
Biografia:
por Juan Babino
La historia de "Los Gardeles" (como lo llaman sus seguidores)
habla de una familia de Bajo Flores. En realidad, varias familias que dejaron
todo por la música.
Corría el año 1995 cuando Eduardo "Korneta" Suárez,
vio en sus hijos (Eli y Bruno) el mismo talento que él. Pero Korneta
descubrió algo más, un proyecto a largo plazo que iba a involucrar
a todos: la formación de una banda.
Ante la falta de recursos económicos, "el Korne" no dudó
en arriesgarlo todo al vender la camioneta fletera y la rotisería
familiar. Junto con Jorge Rossi (hoy Intoxicados) a cargo del bajo, se
presentaron en forma gratuita durante más de 50 domingos en el Parque
Centenario de Capital Federal, lugar utilizado por las bandas under para
pisar escenario y hacerse de su primer público.
Los Gardelitos sufrieron algunos cambios, Bruno y Jorge se fueron a
probar suerte por otros rumbos. Juan Carlos Medina que había ingresado
para encargarse del bajo, después de varios años, también
dejó la banda. Entonces en una presentación realizada en
el festival Ciudad Oculta Rock, el 25 de mayo de 2002, ingresaron Horacio
y Martín Ale (padre e hijo).
Tras infinidad de recitales, Los Gardelitos crecían a pasos
agigantados, los lugares más reconocidos les abrían sus puertas
y el poder de convocatoria aumentaba en cada presentación. Pero
el 12 de mayo de 2004, tras ausentarse de su casa durante 10 días,
el líder de la banda muere en un confuso episodio.
Según el manager del grupo, Korneta se había caído
en la calle y su nuca golpeó contra las cajas de cemento que recubren
los medidores de gas.
La pérdida fue durísima para la banda, además
de tener confirmada una fecha en Cemento (el mini-estadio ubicado en la
calle Estados Unidos de Capital Federal) para el día 25 de ese mes
que no quisieron cancelar.
En una semana tuvieron que realizar el duelo, rearmar la agrupación
y prepararse para tocar. Eli se cargó al hombro la banda y tuvo
que salir a cantar sin mayores antecedentes que haber realizado coros en
algunas canciones.
Nunca pensaron en incorporar a otro integrante, quieren afianzarse
como trío, aunque la presencia de Korneta se manifieste siempre
en cada una de las presentaciones. Sus temas ahora suenan en las radios
y son escuchadas por cada vez más cantidad de personas, como siempre
había querido. El sueño sigue intacto y aunque él
ya no esté físicamente lo debe estar disfrutando desde el
cielo.
Los comienzos:
En el año ´96 queda conformada la primera
formación oficial de Los Gardelitos: Korneta Suarez , voz y guitarra,
Eli Suarez, guitarra y voz, Jorge Rossi, bajo, y Bruno Suarez en batería.
Con esta formación se graba “Gardeliando”
(1998 – Edición Independiente), el que es presentado en una gira
interbarrial, recorriendo los barrios que menciona la canción y
en su mismo orden. Además, sale el segundo disco “Fiesta Sudaka
(Parte I)” (1999 – Sony) que fue presentado en la Federación de
Box en Diciembre del mismo año.
Cambio de formación:
En el año 2002 se produce un nuevo cambio
de formación siendo: Korneta, voz y guitarra, Eli Suarez, guitarra
y voz, Martín Ale, bajo y Horacio Ale, batería. La
banda con esa formación sigue rodando por todos los escenarios porteños
hasta que el 24 de abril del 2004 se presentan en Hangar, último
show con Korneta Suarez.
En material discográfica a principios de
mayo del 2004 sale “En Tierra de Sueños (Parte II)” por la Plantita
Producciones.
Nueva Formación
El primer show de la actual formación: Eli
Suarez, voz y guitarra, Martín Ale, bajo y voz, y Horacio
Ale, batería, fue el 25 de mayo del 2004 en Cemento.
Este material fue presentado el 3 de julio del mismo año en
República de Cromañón.
En Abril del 2006, Los Gardelitos hacen su
primer estadio en la cancha de All Boys. A mitad de año la banda
llegó por primera vez al mítico estadio Obras Sanitarias,
brindando tres recitales (viernes 23, sábado 24 y domingo
25 de junio). En los primeros dos días grabaron su primer
disco en vivo mientras que el domingo fue una fecha para los fanáticos,
con algunas figuras invitadas.
De estas presentaciones surgió el disco en
vivo "Ahora es nuestra la ciudad", primer material grabado con la actual
formación de trío de la mano de La Plantita Producciones.
La presentación oficial de “Ahora es nuestra la ciudad” fue el 11
de noviembre en el Microestadio Atenas de La Plata a lleno total.
Finalizando el año la banda encaró una gira por el interior
del país.
El 2008 es un año de gira permanente para
Los Gardelitos, visitando ciudades del país, tal es el caso de Rosario,
San Juan, Mendoza, Mar del Plata, Bahía Blanca, entre otras. Y durante
el invierno del mismo año, comenzaron a grabar lo que sería
OXIGENO.
http://www.losgardelitos.com.ar/