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CHUCHO VALDÉS
Chucho Valdés & Afro-Cuban Messengers
Miércoles 17 de julio 2013 Parque del Majuelo,
Almuñécar Granada
El dulce sabor de la complacencia
Por Enrique Novi - IndyRock
Foto promocional. Chucho
Valdes web
Antes del concierto se rendía tributo al artista con la
estampación de sus manos en una baldosa del ya llamado Boulevard
Jazz en la Costa y con la entrega de la medalla de la ciudad de
Almuñécar. Parabienes y homenajes que también dejaron alguna
anécdota, como cuando delante de las autoridades imprescindibles
en estos menesteres el bueno de Chucho agradeció a los altos
mandatarios de Málaga el honor. Una confusión ya habitual entre
los artistas que acuden al festival de la Costa, pues dada la
cercanía con el aeropuerto malagueño, suele ser esta provincia
su vía de entrada.
Tal vez por eso, o tal vez no, la actuación del cubano, sin
dejar de ser deslumbrante, fue algo menos lucida que en
anteriores ocasiones, quizá un poco más autocomplaciente. Sea
como sea, Chucho y sus excelsas dotes interpretativas nunca
bajan de la excelencia y el público del certamen sexitano, con
su especial debilidad por todo lo que huela a cubano, había
agotado las localidades a los pocos días de que se pusieran a la
venta. Como es natural, el mágico pianista y su extraordinaria
banda no lo decepcionó. Abrió fuego con Congadanza, un magistral
ejercicio de jazz afrocubano que abre también su último trabajo
hasta la fecha, ‘Border-Free’. Se trata de un álbum editado hace
apenas unos meses en el que el propio Chucho luce ataviado como
un jefe comanche. Debió impresionar en la sesión de fotos para
la portada ver al gigantón coronado de esa guisa.
El resto de la noche fue alternando los temas nuevos con otros
de ‘Chucho’s Steps’, su anterior trabajo, que aún no se han
caído del repertorio. Así, sonaron Julian, su particular
homenaje a ritmo de conga a Cannonball Adderley, o Yansá, un
tema preñado de africanismo que sirvió a los juguetones dedos de
Valdés para introducir dentro del tema un guiño al Take 5 de
Brubeck. Y como la noche iba de homenajes, el pianista se
dispuso a hacer los suyos. Primero con Pilar, una bellísima
melodía dedicada a su madre que extrae Gastón Joya con el arco
de su contrabajo, y a continuación con Bebo, en el que hace lo
propio con su padre, al que ha compuesto una melodía muy cubana
y sabrosona, que también le permite jugar para rematarla con las
notas de Amor de hombre.
El jazz de profundidad volvió con Las dos caras, también de
‘Chucho’s Steps’, y con Tabú, un tema nuevo, lleno de morería
que permitió el lucimiento con la tumbadora de Yaroldy Abreu
Robles y de Dreiser Durruthy Bambolé con el tambor batá. Tanto
los dos percusionistas como el batería Rodney Barreto obtuvieron
los más calurosos aplausos del respetable con sus ritmos
afrocubanos y sus cánticos, como los desplegados con el tema
final, Afrocomanche, en el que se encuentran con pasmosa
naturalidad Debussy y el canto yoruba. Antes de eso, aún tuvo
tiempo Chucho Valdés de ponernos la piel de gallina con la
extraordinaria belleza de Caridad Amaro, una de las más hermosas
piezas de ‘Border-Free’.
Chucho Valdés & The
Afro-Cuban Messengers
Viernes 22 de julio 2011 Parque del Majuelo – Almuñécar
Granada
Maestros, compinches y mentores por Enrique Novi
La combinación viernes de Festival-Chucho Valdés ya era de por
sí un binomio que garantizaba el lleno absoluto y evidentemente,
con el papel agotado desde hacía semanas, las inmediaciones del
Majuelo antes del concierto eran un hervidero de aficionados
poco previsores a la busca y captura de una entrada. Y como era
de prever una vez dieron las diez y media y la música comenzó a
inundar el parque, Chucho, uno de los artistas más queridos y
admirados por los incondicionales del certamen, al frente de su
nuevo combo, no decepcionó ni al más exigente de los
parroquianos que abarrotaron el recinto. No podía ser de otro
modo. Porque como uno de los pianistas más dotados, versátiles y
completos del mundo tiene muy poca competencia y nadie en su
sano juicio se atrevería a discutirlo. Porque además cuando sus
prodigiosas manos se deslizan sobre las teclas no hay género,
matiz o textura que quede fuera de su alcance, incluso en una
noche donde no mostró un lucimiento particularmente
espectacular.
Pero es que por si todo esto fuera poco, en esta ocasión venía
presentando su último trabajo, Chucho’s steps, que es un
intencionado homenaje a algunos de sus más aclamados maestros,
mentores y compinches. Desde la propia denominación del septeto,
una clara referencia tanto a la orquesta de Dizzy Gillespie como
a los Jazz Messengers de Art Blakey, todo el repertorio está
salpicado de guiños a los intérpretes y compositores del jazz
que han influido en su sonido, arrastrándolo al terreno del
latin-jazz, que Valdés domina como nadie.
El resultado de esta nueva aventura no puede ser más atinado,
pues recupera la esencia del legendario proyecto Irakere, sin
duda un hito dentro del jazz cubano y en gran medida la escuela
donde se han formado algunos de los mejores músicos del jazz de
pulso latino. Así se vio desde el principio, con el tema Danzón,
con Zawinul’s mambo, un explícito tributo, Begin to be good,
donde rinde pleitesía al mismo tiempo al Cole Porter de Begin
the beguine y al George Gershwin de Lady be good, o con Julian,
donde homenajea al gran Cannonball Adderley a ritmo de conga.
Así, con su ilimitada capacidad para encontrar pasadizos que
conecten músicas de variada raíz, fue interpretando a autores
clásicos a ritmo de blues, composiciones paradigmáticas del jazz
al compás de la rumba, el son o la guajira, o boleros preñados
de herencia yoruba. Como viene siendo habitual, su hermana Mayra
Caridad hizo una aparición estelar, en este caso para cantar
Alma mía, y toda la banda participó de la fiesta en la que se
convierten sus actuaciones.
Magníficos Carlos Manuel Miyares y Reinaldo Melián a los
vientos, impecable el compás de Lázaro Rivero al contrabajo, y
por supuesto excelente la conjunción de los tres monstruos de
los tambores que elevan la temperatura de cada concierto de
Chucho: Juan Carlos Rojas Castro a la batería, Yaroldy Abreu
Robles a las congas y Dreiser Durruthy Bambolé con el tambor
batá, sus cánticos y hasta un baile poseído entre las butacas
que puso al público en pie. En definitiva, un concierto
cubanísmo que dibujó una amplia sonrisa en cada uno de los
privilegiados que lo disfrutamos
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