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GRUPO: Tindersticks
ESTILO: ¿Qué más da?
ULTIMO DISCO: "Waiting For The Moon" 03
SALA: Teatro Lope de Vega (MADRID)
FECHA: 20.10.03
PROMOTORA: Iguapop
Fotos Luis Cobelo- IndyRock




por Iñaki LÓPEZ DE EGUÍLAZ - IndyRock
La elección no podía haber sido más acertada. El Teatro
Lope de Vega, habitual escenario de la representación de "El Fantasma
de la Ópera" durante los últimos meses en la Gran Vía
madrileña, daba descanso al trajín de tramoyas del musical
y mutaba en una caja de resonancia perfecta para que la banda de
Stuart Staples callara de una vez por todas las bocas de audiencias impacientes
y susceptibles de caer rendidas al sueño que un grupo como Tindersticks
puede sugerir en momentos de debilidad, y hacernos sentir a corazón
abierto lo que sus discos de estudio diagnostican en cada escucha, que
Tindersticks, asumida ya la categoría de grupo de culto, acostumbra
a hacer de sus directos los mejores momentos musicales del año.
Todavía algún irreductible se abría paso una vez finalizado
el concierto entre la hilera de butacas camino de la salida echando
tímidas pestes haciendo bueno el siempre recurrente dicho de "una
de cal y otra de arena", y de paso dar una manita de cera, que siempre
queda muy de "entendido". Pero no se dejen engañar por esos comentarios,
déjense engañar en todo caso por los míos, que por
los menos tienen el aval del gremio. Bueno, el caso es que el precedente
de hace dos años por la mismas fechas, ante media sala Riviera acoplada
en sillas de terraza de verano y la otra de pie, supo a poco. Sin la sección
de cuerda que por entonces les cubría las espaldas la banda se ponía
frente a una audiencia poco acostumbrada a la tapicería roja y a
inclinar la vista desde los dos anfiteatros encajados en el célebre
auditorio madrileño. Con esa predisposición tan formal que
el público se había visto obligado a aceptar con gusto el
señor Stuart Staples comandaba tres guitarras, bajo, teclado, batería,
eventual xilófono y por supuesto imprescindible violín para
sacarle los colores a la educación musical más ortodoxa y
llevarla hasta los medios tiempos tristes del pop. "Waiting For The Moon"
no sea tal vez su disco más convincente, seguro que "Trouble Every
Day" tampoco por mucho que sea travestido de preciosa banda sonora, pero
temas como "Until the morning comes" o "My oblivion" tomaron vida propia
hasta retar a las leyes de la gravedad del vello del arriba firmante que
veía cómo el violín se desperezaba en el tema que
da nombre al disco con una emoción pasmosa. Porque si hace dos años
fue la sección de violines, violas y cellos los que hacían
más solemne si cabe la voz del señor Staples, en esta ocasión
el reto lo asumía el señor Dickon Hinchliffe que se salía
de lo lindo en "Running wild" poco antes de que de nuevo Staples tirara
de distorsionador en los dos bises que prolongaron la calculada hora y
cuarto del repertorio por contrato, hasta acabar con los acordes de un
"Just a dog" que se quedó sólo en los acordes. Señores,
no hagan caso al resto, el concierto de Tindersticks fue uno de los conciertos
del año.
Pocas veces los dramas internos de una banda se
reflejan totalmente en sus lanzamientos discográficos. Tindersticks
son uno de esos casos. Como un reflejo de las agitadas vibraciones que
han marcado su trayectoria como banda, sus discos muestran siempre las
cartas boca arriba, sin miedo a nada. Quizá sea porque tras convertir
sus dos primeros álbumes homónimos, "Tindersticks (I)" (1993)
y "Tindersticks (II)" (1995), en piedras de toque de todo el rock indie
y el pop de cámara de los noventa, ya no pueden hacer discos mediocres.
Como un Nick Cave sin Biblia a la que obedecer, Stuart Staples comanda
desde entonces a Tindersticks por una senda de oscuro romanticismo y elegancia
decadente por la que antes pasearon Lee Hazlewood, Scott Walker y Leonard
Cohen. Con su magnetismo de dandys atormentados, Dave Boutler, Mark Colwill,
Dickon Hinchliffe, Alasdair Macaulay y Neil Fraser han entregado auténticos
legados de rock orquestal y soul heterodoxo situándose entre la
rítmica más ornamentada en "Curtains" (1997) o "Simple Pleasure"
(1999), la pomposidad cool de "Can Our Love" (2001) o la literatura preciosista
del reciente "Waiting For The Moon" (2003). Además el sexteto de
Nottingham expulsa el oxígeno que le sobra firmando preciosas bandas
sonoras de películas como 'Nenette Et Boni' -1996- y 'Trouble Every
Day' -2001- para los 'difíciles' films de Claire Danes.
Este año su obra ha quedado validada como un auténtico
monumento al clasicismo rock al reeditarse su catálogo completo
acompañado de "Working For The Man: The Best Of The Island/This
Way Up Years 1992-1999" (Universal Music, 2004), disco formado por caras-b,
rarezas y temas descartados a lo largo de su dilatada discografía;
una carrera de fondo donde conviven violines nocturnos, teclados dolidos,
crescendos explosivos de guitarras furiosas, lírica orquestal y
la obtusa voz de Staples recitando sobre un valle de lágrimas mientras
sujeta un ramo de flores. Todo vale en el universo de estos trovadores
desnudos que con su terapéutico llanto demuestran que la hiedra
nunca se seca en la pared del torreón.
www.tindersticks.co.uk
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