Melodías por otros cauces
por Paco Camero Mesa
Solina ofrece algo poco habitual en la muchas veces monolítica
escena musical española: es un proyecto básicamente de estudio,
planteamiento que no se acaba de entender demasiado bien por aquí.
Deshaciéndose de los ceñidos corsés estilísticos
y discográficos, la formación ofrece una interesante combinación
de bossa nova y música electrónica que matizan con sonoridades
de jazz. Todo ello, con una especial atención a la producción
y a los arreglos en estudio y armado sobre un esqueleto pop. Tras poco
más de un año de andadura, han conseguido hacerse un hueco
en la edición del presente año de Festimad. Si se tiene en
cuenta lo poco convencional de su propuesta y que no tienen disco en el
mercado, lo de los sevillanos tiene mérito.
Aunque en directo cuentan con la colaboración de otros músicos
(entre los que se encuentran Javier Vega, bajista de Maga y de Lavadora,
formación que compuso la banda sonora de la película El factor
Pilgrim, en la que también participa Jordi Gil), el grupo está
integrado por Paula Padilla (cantante), Luis Álvarez (teclados y
samplers) y Jordi Gil (programación y samplers), quien también
forma parte de Maga y Pinball, dos de los grupos pop de mayor calidad de
Sevilla. Hablamos con el último, columna vertebral compositiva de
Solina.
¿De dónde surge Solina?
"Solina nació de un café entre Luis (Álvarez)
y yo. Siempre, desde que tocamos juntos, hemos sido muy amigos. Además
somos socios -Gil y Álvarez tienen el proyecto de montar un estudio
de grabación y un sello discográfico a través de internet-.
Siempre nos reuníamos para tomar café y salvar el mundo y
para teorizar sobre muchas cosas. Al final, acabábamos hablando
de música. Y en uno de esos cafés le dimos vueltas a la idea
de hacer un grupo que no tuviera que seguir los cánones clásicos
de buscar gente, ensayar, currarse conciertos, grabar una maqueta y enviarla
a una discográfica. Esto ya lo habíamos hecho muchas veces
y era muy difícil encontrar a gente con la que tuviéramos
afinidades claras y mantuvieran la ilusión. Así que enfocamos
el proyecto desde el punto de vista de la producción. Somos algo
así como una comuna de tres personas que hacen canciones y las producen
de una manera concreta. Ésa era nuestra idea inicial".
¿Es, quizás, un proyecto eminentemente individualista
desde el punto de vista de la composición?
"Es posible. Aunque no al cien por cien. Paula también compone;
de hecho, hay un par de canciones que son de ella. También hace
letras y melodías. Yo soy el que más tiempo le dedica, así
que, por lógica, la mayoría de las canciones son mías.
Yo empiezo a trabajar los temas con unos acordes y se los paso a Paula;
ella busca un par de melodías y me pasa una cinta: vamos jugando
un poco al ping-pong. Después ella le pone letra. Luis no hace letras
ni melodías, pero aporta mucho desde el punto de vista crítico
-Luis Álvarez es periodista musical-: cuando estoy atascado, me
aconseja por dónde puedo salir".
¿Y el nombre, de dónde viene?
"De un 'sinte'. De un teclado antiguo, de los años 70, que compré
en Hamburgo y que me costó muy barato pero que pesa como un sarcófago.
Tuvo el pobre una odisea bastante peculiar. Cuando me iba a venir (para
Sevilla), como no había forma de transportarlo y además estuve
un año allí, no podía traérmelo todo y, evidentemente,
el teclado era lo último que podía traerme. Además,
volví haciendo una ruta "transpirenaica" y fue imposible. Así
que se lo dejé a una amiga francesa que vivía en Berlín.
Ella se lo llevó a Montpellier y entre Berlín y Montpellier
estuvo un año y pico. Luego yo hice un viaje y por fin lo recuperé.
Cuando lo hice, me dije: 'Esto se merece, como mínimo, el nombre
de un grupo".
Ya se han interesado por vosotros un par de compañías...
"Sí. Nosotros empezamos con un ordenador y un sampler, un sistema
paupérrimo y que era un coñazo. Perdíamos más
tiempo haciendo transferencias del sampler al ordenador que componiendo...
Conseguimos sacar una maqueta con tres temas y Luis empezó a moverla
por sus circuitos de prensa. Enseguida tuvimos respuesta de dos discográficas.
Una era Discos en la arena (de Madrid) y la otra era Zomba, filial de Virgin
en España. Nos motivó mucho porque era señal de que
habíamos conseguido llevar a cabo el concepto que teníamos
en la cabeza y que gustaba a la gente, que era aún más importante.
Porque, claro, tus colegas no te van a decir: 'Vaya puta bazofia que has
hecho'. Fue un subidón. A partir de ahí, empezamos a desarrollar
el proyecto del estudio de grabación y grabamos allí una
segunda maqueta con tres temas más, ya con una producción
mucho más perfecta".
¿Qué vía seguirá, entonces, el grupo?
"Ahora estamos debatiéndonos en qué hacer. Nuestra idea,
en principio, porque pueden cambiar las condiciones que nos ofrezcan, es
desarrollar nuestra página en internet para que sea nuestro centro
de operaciones de cara al exterior. Va a ser el hogar de un sello virtual,
digamos. Eso quiere decir que no creemos demasiado en el sistema de mercado
que existe hoy día: al final, el proceso es lentísimo y costoso.
Y la persona más importante de la cadena, la que te escucha, acaba
pagando un precio desorbitado. Así que hemos decidido trabajar a
través de la red porque no es que sea el futuro, es el presente.
Si yo quiero escuchar el último tema de "Pepito", me voy a Napster,
sin ningún tipo de rollo moral raro, y me la bajo, no me importa
que hagan lo mismo con mi música. De momento, no nos parece que
merezca la pena (fichar por una discográfica). La ruleta sólo
funciona cuando hay intereses muy fuertes: ¿por qué todo
el mundo conoce las canciones de Paulina de los cojones -Rubio-? Porque
está todo el día sonando en la radio. Al fin y al cabo, es
cuestión de dinero".
¿Cómo se lleva al directo un disco basado en la producción
y en los arreglos?
"Pegándote batacazos. Probando. Le echamos imaginación.
Como todas las discográficas te piden directos, montamos uno bastante
rockero, que no nos gustaba nada. Porque nuestra producción era
mucho más electrónica y sabrosona, si quieres. Al final,
en el directo que hicimos primaba el rollo pop; había más
guitarras que bossa nova, que es lo que buscamos en las grabaciones. Ese
primer intento no cuajó. Parcialmente, abandonamos la idea hasta
que nos llamaron para tocar en el Festimad. Entonces, montamos otro directo
en el que eliminamos la batería, dejamos sólo percusiones
y metimos un saxo, una flauta travesera y marimbas y, aunque estos instrumentos
no aparecen por ninguna parte en las grabaciones, conseguimos un sonido
mucho más atractivo y más parecido a lo que buscamos que
si simplemente emulamos tal cual las canciones del estudio".
El concurso de maquetas de Móstoles os abrió las puertas
de Festimad...
"Sí. Había 500 o 600 maquetas de grupos de toda España.
Y nos eligieron. Creo que influyó nuestra labor de producción,
que está bastante cuidada. Bueno, y me imagino, además, que
las canciones no estarán mal, ¿no?".
Después de actuar en Festimad, ¿cuáles son vuestras
perspectivas?
"Seguir desarrollando la página del grupo en internet. La función
de un sello es hacer llegar las canciones al público. Que sea con
ánimo de lucro o no ya es otra cosa. El nuestro, en principio, no
lo es. Nuestro ánimo es difundir nuestra música. Pero, claro,
necesitamos ingresos, por lo que no descartamos sacar ediciones limitadas
en CD o en vinilo. Por otra parte, en la página habrá también
una sección de DJ´s, un apartado de management, nuestro estudio
de grabación... Todo eso será Voodevil".
¿Será Festimad una excepción en vuestro planteamiento
inicial que no podíais rechazar o continuaréis tocando en
directo?
"Las dos cosas al mismo tiempo. Ha dado tan buen resultado el grupo
que estoy sinceramente muy satisfecho. Si continúa habiendo interés,
la cosa seguirá adelante".
Aparte de la electrónica y la bossa nova, vuestras influencias
más evidentes, ¿en qué sonidos os movéis?
"En realidad, por la música que hemos escuchado siempre, los
tres tenemos nuestro corazoncito pop, que es bastante difícil de
frenar. Al final las canciones que nos salen son de melodías y con
la sencillez y la inmediatez del pop, aunque más sofisticadas o
adornadas con cosas electrónicas y armonías de jazz y bossa
nova. Pero es innegable que nos salen canciones pop. Últimamente
también estamos escuchando mucha música electrónica.
Lo que está claro es que a todos nos gustan las melodías.
Me encanta, también, el deep house. La historia es saber conjugar
las máquinas con la melodía: ahí es donde queremos
llegar mediante una producción interesante.
¿Qué elementos destacarías como más innovadores
e identificativos de vuestra propuesta?
"Yo no puedo decir que estamos haciendo algo nuevo. Desde luego, en Sevilla
no hay ningún grupo así. Y en Andalucía y en España
pocos. Pero no significa que Solina sea el único. Obviamente, nosotros
chupamos de mogollón de fuentes. Recreamos y conjugamos lo que más
nos gusta. Por otro lado, lo que quizás nos identifique más
sea la mezcla de programación, de máquinas, y de melodías".
(2001)
http://www.lawebdesolina.com/