Razzmatazz/Sinnamon Records)
El día que DJ Buenavista nació, John Travolta y Olivia
Newton John ocupaban el no.1 en la taquilla y en las listas de éxitos
con Grease y su banda sonora. Varios años después, en una
fiesta de lo más heterodoxa en la que coincidimos, vi como una rubia
algo desorientada se acercaba a la cabina desde la que Javi (así
es como se llama) impartía sus particulares lecciones de estilo
con una inusual petición: "¿Tienes... 'la de Grease'?". Era
la primera vez que veía a DJ Buenavista y, pensé, aquel farragoso
momento al que la fortuna le sometía sería determinante para
poder formarme una opinión sobre su pericia tras los platos. "No,
no la tengo, pero te pondré algo que quizás te guste", le
espetó él, educado, aparentemente resuelto. Tres minutos
después sonaba una extraña remezcla del Sgt. Pepper's de
los Beatles que arrastró endiabladamente a aquella rubia hacia la
pista. Lo curioso es que la pandilla de modernos que ya la ocupaban también
parecían disfrutrar con el nuevo rumbo que adquiría la sesión.
Todo el mundo presumiblemente satisfecho, pensé.
A partir de ese momento me di cuenta cuáles eran, son y serán
las claves de su estilo: una envidiable capacidad de reacción (abalada
por un conocimiento inaudito de la cultura pop), una mayor habilidad para
contentar a la mayoría sin caer en obviedades, una actitud generosa
hacia quienes le escuchan (siempre en las antípodas del divismo
habitual), un concienzudo gusto por lo "bueno" antes que lo "apropiado",
un respeto absoluto tanto por lo más underground como por lo mainstream
y, por último, lo que yo llamo el factor "educativo" del dj; aquel
entusiasmo que lleva a un dj a inmediatamente compartir (o debería
decir "enseñar") algo que acaba de "descubrir".
Entonces debía tener 16 ó 17 años, pero la originalidad
de su propuesta y la seguridad que destilaba me hacían prever que
este chico me acabaría abiriendo de orejas en más de una
ocasión. Le seguí la pista, por el Mond Club, por el Loft
y en otros innumerables bolos, y descubrí en sus sesiones a buena
parte de los grupos que he escuchado estos últimos 4 años.
Pasea entre el Northern Soul, el elektro, el punk o el R'n'b con la
naturalidad de la que sólo son capaces quienes tienen mucha amplitud
de miras y muy pocos prejuicios. Nada de popurrí, en sus sesiones
nada carece de sentido; una línea de bajo de un tema de Trevor Horn
se puede fundir con una melodía vocal de algún grupo punk
y no sólo se mantienen la coherencia, sino que ambas adquieren una
dimensión distinta.
Sus sesiones son ya un acontecimiento en toda regla, eso sí,
siempre de lo más inclasificable. Nunca esperes de él una
sesión de pop, o una sesión de techno; sus dedos acarician
cualquier género, fundiéndolo en un todo compacto, pero de
composición bien heterogénea.
Lúdico, universal, alarmante y desmitificador, casi se podría
hablar ya de un sonido Buenavista. Aunque, claro, eso sería ponerle
una etiqueta, y créanme, lo suyo es inetiquetable.
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