
Rinôçérôse, el punto
medio.
por Ruth Piquer Sanclemente - IndyRock
El pasado viernes 11 de febrero de 2005 la sala La Riviera, Madrid
acogió, bajo el auspicio de la firma Heineken y el sustento puramente
publicitario y comercial de la fiesta de San Valentín, un triple
concierto cuyo punto medio y central sería esta formación
del Sur de Francia, Montpellier, llamados Rinôçérôse.
Entre los nombres de Louis Austen y Dimitri from Paris, lograron colocarse
en el punto de mira de un público muy general que acudía
atraído por la idea de pasar una noche más de fiesta y escuchar
algunos buenos representantes de éso que llaman "música electrónica".
Pronto éstos franceses demostraron a los oyentes que la electrónica
es fin y es medio a la vez, y que en la fusión de estilos está
muchas veces el éxito sonoro. Con dos álbumes en su trayectoria,
Installation sonore (1999), y Music kills me (2002), aunque encasillados
en el "french house", Rinôçérôse han conseguido
un resultado que culmina su intento desde 1994, de aunar las bases de la
electrónica característica del house suave y del dance, con
los elementos sonoros, rítmicos y melódicos del rock, su
leit motiv, que también discurre en su mundo creativo y casi
fantástico por los patrones más representativos del funk,
el jazz, e incluso rasgos del punk.
Louie Austen, uno de los intérpretes de Sinatra, a sus
sesenta años, y con experiencia por hoteles de todo el mundo, vestido
con traje y sombrero blancos, supo preparar, como primer intérprete
de la noche, el ambiente para este universo sonoro, superponiendo melodías
"clásicas" a bases disco. Pero el público, aún desconcentrado,
no supo apreciar éste valor experimental del cantante. Y por ello
ya el primer tema de Rinôcérôse, que estarían
aproximadamente una hora y cuarto en el escenario, no tuvo la atención
merecida. Sin embargo, progresivamente y a lo largo de los temas que componen
su último álbum, consiguieron suscitar la atención
y tensión necesarias para llevarnos a los puntos culminantes que
ellos querían crear y a disfrutar de su concentración a la
hora de tocar, nunca en vano, y nunca exenta del elemento divertido. Del
jazz e incluso la bossa al baile en poco tiempo, y casi sin darnos cuenta.
Comparados a grupos como Daft Punk o Underworld, de los que fueron teloneros,
mantienen ese sonido original, de primera creación, que les dio
popularidad como pioneros de música electrónica en Francia.
La percusión cobra especial importancia en sus creaciones y el
bajo es elemento principal para subrayar el estilo que impera en cada tema,
pero no olvidemos que la introducción de saxo, flauta travesera,
o flauta melódica otorgan a cada canción un sonido peculiar
y su propia atmósfera. Su formación en la música instrumental
se percibe claramente, de ahí su concentración en cada melodía,
cada riff de las guitarras y cada serie rítmica que se programa
en las bases dub, entretejidas en estructuras muy pensadas y consiguiendo
esquemas bien cerrados, sin dejar de lado la improvisación, que
en muchos fragmentos mezcla la naturalidad de la flauta, o de fragmentos
cantados, con lo repetitivo de estructuras de base electrónica que
se prolongan reiteradas hasta caer en cierta distorsión de psicodelia,
y de ahí al ritmo inicial. La factura de cada tema está sumamente
cuidada para que su sentido no se pierda.
Tres guitarristas, un bajista, un percusionista, un flautista, una teclista,
una batería, un montador de video y la mesa de mezclas llevaron
a cabo todo ello en el escenario para crear un espectáculo perfecto,
en el que la síntesis música -imagen divagaba sobre la evolución
de los estilos musicales urbanos y especialmente la evolución del
rock y el pop a golpe de cámara rápida. Una carretera iluminada
en la pantalla aludía entre otras cosas, a lo infinito de lo esquemas
electrónicos recordándonos el ritmo vertiginoso, ritmo visual
y ritmo audible, de las ciudades, de sus noches, y de sus luces. Y otra
interpretación de la imagen nos llevaba a pensar en el camino interminable
del rock. De hecho, para cerrar el concierto se proyectaron las principales
cabeceras y portadas de los grandes: The Smiths, Rollling Stones, Velvet
Underground, Primal Scream, entre otros.
Ésto ya lo habían hecho en otros conciertos, lo que demuestra
no sólo una puesta en escena y una estructura de concierto muy ensayada,
y me atrevería a decir que algo repetitiva, haciendo honor a sus
estribillos y su motivos musicales, sino que el grupo insistía
e incitaba de nuevo a reflexionar sobre la evolución de la música
en el siglo XXI, y las nuevas posibilidades de recreación de estilos
mediante la electrónica, puesta de nuevo como medio y como fin a
la vez.
Así, el discurso del concierto, tan estudiado, levantó
finalmente a todo el público de la Riviera. Con todo, hay que decir
que el sonido no muy afinado de la sala no dejó que apreciáramos
en su totalidad el detallismo y la experimentación con cada instrumento,
clave para su resultado sonoro.
Con Rinôcérôse sin embargo nos quedó el buen
sabor de boca que el último intérprete, el dj Dimitri
from Paris, nacido en Estambul, no pudo continuar a causa del mal sonido
y de unos problemas técnicos. Aunque sus sesiones house, con reminiscencias
de música lounge de los cincuenta y los sesenta, y el ambiente disco
norteameamericano, son bien conocidas, y supo mantener el ritmo conseguido
por el grupo francés que le precedía, la sala no le hizo
justicia. A pesar de ello, la "fiesta" no se agotó. Nosotros nos
quedamos con el resabio de la elegancia experimental de Rinôcérôse,
y con su reflexión, que abre nuevas posibilidades en la electrónica
a través de la, nunca mejor dicho, tanto como sustantivo como adjetivo,
la fusión de lo viejo y lo nuevo, el punto medio, si es que realmente
estos conceptos tienen cabida en la Música.
Fotos
Ruth Segarra -IndyRock
Barcelona, Razzmatazz 02.05-02



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