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* Bunbury desembarcó en Pirineos Sur
* BUNBURY AGRADO EN LANUZA
Enrique Bunbury trasladó su «Pequeño cabaret ambulante»
al auditorio natural de Lanuza con público incluido y todo. La gente
que se congregaba a orillas del embalse la noche del sábado poco,
o casi nada, tenía que ver con el espectador fiel al festival de
Pirineos Sur. La media de edad se rebajó sensiblemente, y la habitual
concurrencia de franceses llegados de la otra vertiente cayó en
picado, informa Soledad Campo para «Heraldo de Aragón».
El personal que se apiñaba en las primeras filas estaba rendido
de antemano a Bunbury, se conocía al dedillo los temas e imitaba
sus movimientos. En los piropos que le lanzaban las más jovencitas
el clásico guapo lo sustituían por otros adjetivos como inteligente
e interesante. El debate que se suscitaba en la rueda de prensa previa
al concierto sobre la idoneidad o no de la presencia de Enrique Bunbury
en un certamen multicultural, se convirtió también en motivo
de comentario entre quienes disfrutaron más o menos con su último
álbum. «La gente que hacía cabaret en los años
40 está aquí, y Enrique está proponiendo hacer un
cabaret evidentemente contemporáneo y desde una nueva generación»,
explicaba el director, Luis Calvo, quien harto de repetir la misma «teoría»
a los más escépticos a este experimento afirmaba que Pirineos
Sur «no es un festival de taparrabos, sino que defendemos la música
popular contemporánea sea de donde sea». El músico
aragonés también abogaba alto y claro por su derecho a actuar
en Lanuza, aunque se mostraba comprensivo con los reticentes «que
creo que simplemente no han visto o no han escuchado el último disco,
en el que hay grandes conexiones con Pirineos Sur, y musicalmente tiene
influencias árabes, mediterráneas y del rock mestizo».
«Pequeño» está muy lejos del sonido galáctico
del anterior, «Radical Sonora», y el mismo Bunbury confiesa
que el «salto» es la mejor muestra de sus contradicciones musicales.
El peculiar cabaret del ex-Héroe del Silencio comenzó con
«Infinito», para inmediatamente después alinearse con
el espíritu solidario y multiracial que preside Lanuza, y dirigir
su «Extranjero» contra «cualquier forma de fundamentalismo
en unos tiempos de tanta incertidumbre e intolerancia». A lo largo
de hora y media fue desgranando sus canciones y, al final, entre los tres
bises de regalo, incluyó una pequeña joya con la que más
de uno se marcó un tango, «Confesión», porque
como dijo Bunbury a los detractores de este género «es donde
mejores letras se han escrito en nuestro idioma». Bunbury compartió
la plataforma flotante con un auténtico «señor»
en estas lides del mundillo del night-club, el argelino Lili Boniche que,
con sus 78 años, canta acompañado de su guitarra, y en esta
ocasión con un pianista de lujo, Maurice el Medioni. Mientras éste
presume de ser el primer músico del Magreb en mezclar rumba, raï
y boogie-boogie, reconoce que su «camarada» Boniche lo popularizó
en 1946. El personal se lo pasó bien y disfrutó de lo lindo
con el tema «El toreador». Al final el cóctel del cabaret
añejo con el contemporáneo resultó bastante digerible.
Y el Pequeño cabaret ambulante se transmutó en gran cabaret
flotante. No
hablamos del milagro de caminar sobre las aguas, sino de la jornada
del
viernes en Pirineos Sur. Bunbury y Lili Boniche fueron los artífices
de la
mentada transformación. Y como ya se sable que hablar de los
conciertos de
este festival en el Auditorio de Lanuza requiere inevitable referencia
al
mapa del tiempo, anotemos que la climatología (¡por fin!)
estuvo insuperable
en el pantano. Así, que aquí buen tiempo,
y después música, informa Javier Losilla en «El Periódico
de Aragón».
Bunbury se estrenaba en Pirineos Sur, su lugar natural, pese a las
reticencias de algunos colegas de la prensa, que se habían preguntado,
asombrados, qué demonios pintaba en un festival como éste
el Pequeño cabaret
ambulante del músico zaragozano. Pues pinta, y mucho. Su apuesta
mestiza,
programada como cierre del ciclo especial que durante una semana ha
recorrido las músicas de los países por los que atraviesa
el Meridiano Cero,
fue el complemento perfecto a la oferta que inició la velada:
la del
argelino Lili Boniche.
Bunbury salió al escenario un poco más tarde de lo previsto,
tras
comprobarse que la amenaza de bomba recibida en el festival no pasaba
de ser
obra de algún destalentado con ganas de incordiar. Salió
para lidiar con un
público dominado por sus fans en las primeras filas, pero de
variado pelaje
en el resto del Auditorio. Tal vez, la dificultad que para los seguidores
más jóvenes del cantante suponía desplazarse hasta
Pirineos Sur privó a
Bunbury de una audiencia más copiosa (asistieron unas 1.500
personas), pero
no deja de ser todo un logro el hecho de que
el exlíder de Héroes del silencio concitase el interés
de espectadores que,
a priori, no estaban en su onda. Cierto es que no vimos manifestaciones
de
entusiasmo propias de los conciertos de Bunbury en otros escenarios,
pero
nadie se movió de sus asientos.
Dicho lo cual, dejemos constancia de un par de datos: el espléndido
directo
que el cantante ha logrado tras varios meses de rodaje de Pequeño
cabaret
ambulante (la banda suena compacta y detallista) y la dimensión
dramática,
mayor que en otras ocasiones, que Bunbury dio a su interpetación
vocal. No
hizo una actuación larga, pero sí intensa.
* Bunbury actuó en el Auditorio Natural de Lanuza y cerró
el ciclo musical
'En la línea'
El cantante aragonés Enrique Bunbury fue el protagonista del
Festival
Pirineos Sur este fin de semana por partida doble: por un lado, ofreció
un
concierto en el Auditorio de Lanuza que sirvió para presentar
su «Pequeño
cabaret ambulante» y para cerrar el ciclo 'En la línea';
y por
otro, presentó el libro «Diván» (editado
por Zona de Obras y la SGAE), fruto
de una extensa entrevista realizada al músico por parte del
periodista
Javier Losilla, quien aseguró que «no se encuentran músicos
dispuestos a
hablar con esa claridad».
Bunbury explicó que «las contradicciones musicales se
ponen de manifiesto en
mis discos». Además, dijo que Pirineos Sur es un certamen
en el que se
siente plenamente integrado: «por maño, por todas las
conexiones con las
línea y porque es bueno que el Pirineo se abra un poco".
Respecto a su continua evolución musical, Bunbury manifesto
que «el día que
haga un disco igual que el anterior empezaré a ser poco coherente
con mi
forma de ser, que es dar bandazos, buscar, investigar y aprender».
En
definitiva: «Lo único que me interesa es la tradición
o la vanguardia".

Foto EFE-IDEAL: Los amigos invisibles y el grupo Los de Abajo
La frescura de la música latina
Sallent de Gállego (Huesca), 9 jul (EFE).- Los frescos ritmos
de dos de los grupos latinos más jóvenes de la actualidad,
Los de Abajo (México) y Los Amigos Invisibles (Venezuela), hicieron
bailar a las más de dos mil quinientas personas que se dieron cita
anoche en el escenario flotante del Festival Pirineos Sur en el embalse
pirenaico de Lanuza.
Mezcla de estilos, ritmos renovados y, sobre todo,
unas letras cargadas de ironía y desvergúenza se convirtieron
en las únicas armas de unos conjuntos críticos con los convencionalismos
y prejuicios y descarados a la hora de hablar de la revolución,
los desheredados o los tabúes sexuales.
La denominada Fiesta Luaka Bop, nombre de un sello
discográfico creado por David Byrne que ha publicado los trabajos
de ambos grupos, comenzó con los marchosos ritmos de los diez miembros
de los mexicanos Los de Abajo.
Con la misma fuerza que una big-band con excitantes
metales, los diez miembros del grupo repasaron a lo largo de las dos horas
de duración de su recital temas de su último disco, "Cabañas",
"El emigrado", "Tiempos muertos" o "Son de liberación", con otros
como "Si la sangre corre" o "Judas".
La rebeldía de "Los de Abajo" y su visión
de la realidad de su país queda reflejada en temas que cantan a
la revolución zapatista de Chiapas o a rebeldes perseguidos como
Lucio Cabañas.
Toda la fuerza de las letras del grupo se sustenta
en una música latina renovada, con sorprendentes cambios de ritmos
salpicados de influencias rock que invitan continuamente y de forma inevitable
al baile.
Tras la actuación de los mexicanos, que provocó
el delirio del público asistente al festival, el escenario flotante
de Lanuza acogió a los seis miembros del grupo venezolano "Los Amigos
Invisibles", formación que denomina "Gozadera" a un estilo musical
propio en el que se mezclan sin prejuicios todo tipos de influencias.
Rock, ritmos latinos como la salsa, el merengue,
el cha-cha-cha o la bossa nova, acid jazz, techno o jungle son algunas
de las influencias que llenaron la noche durante la actuación de
los venezolanos.
Las canciones de "Los Amigos Invisibles" se acercan
a experiencias reales relacionadas con el sexo o el amor más carnal,
pero tamizadas con una visión burlona e irónica de fuerte
carga ácida.
Con la actuación del grupo venezolano, y
tras cuatro horas ininterrumpidas de una música latinoamericana
llena de frescor que hizo olvidar las bajas temperaturas que se registraban
durante la madrugada junto al escenario, terminó la segunda jornada
del Festival Pirineos Sur.
Pirineos Sur
http://www.pirineos-sur.com/
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