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Fotos J.E. Gómez- Indyrock
OCEAN COLOUR SCENE
Barcelona, Hard Rock Café, 24/3/2009
por Elisenda Hernández Janés - IndyRock
Todavía no puedo acabar de creer lo que sucedió ayer
en el concierto de Ocean Colour Scene. Me cuesta creérmelo, porque
nunca antes había visto un espectáculo tan lamentable, y
mira que he ido a conciertos y he visto a gentes acabadas y pasadas de
vuelta. Pero tal vez por el contexto estridente y desmadrado en el que
éstos se llevaron a cabo, en el que los excesos del rock’n’roll
hacían más justificables el perjudicado estado de los artistas,
o tal vez por no tener tantas espectativas puestas en ellos como las tenía
en Ocean Colour Scene, nunca me habían hecho sentir la vergüenza
ajena que ayer por la noche me hicieron sentir Simon Fowler y Steve Cradock.
Anunciado como un concierto acústico e intimista en beneficio
del hospital de Sant Joan de Deu, en un restaurante de aforo mucho menor
al que ellos estan acostubrados a llenar, el concierto ya empezó
con mal pie cuando Steve Cradock y su mujer salieron al escenario y estuvieron
más de media hora aburriéndonos con las insípidas
canciones de su album de debut. Pronto, la agresividad que caracterizó
al músico toda la noche se hizo patente cuando Steve espetó
a un sector de la audiencia con un desagradable: "Can you stop the fuckin
chatting!?" (algo así como: ¡¿podeis cerrar la puta
boca!?). Su mujer pone cara de circunstancias. ¿Pero qué
se ha creído este imbecil?, pensamos todos.
Finalmente, aparece Simon. Abren su actuación con las mitiquísimas
"The riverboat song" y "The circle" y desde el principio queda claro
que el hombre está como una cuba, ya no tanto por su interpretación,
que a pesar de que carente de cualquier sentimiento, no deja de ser afinadísima,
sino por sus sonrisas bobaliconas y sobretodo, por sus balbuceos ininteligibles
entre canción y canción. Las siguen "Traveller's tune", una
versión de Paul Weller que no reconozco y la nostálgica "So
low". Esta vez, menos mal, la canción no pierde toda su personalidad
y belleza como sucedía unos minutos antes con la delicada "The circle",
una de mis favoritas, sino que consigue conservar algo de su natural espenditud
e incluso arrancar algún canturreo entre la audiencia. Dedican su
himno en contra de la guerra "Profit in peace" a los niños que necesitan
cuidados en los hospitales, a los cuales van dirigidos la recaudación
del concierto. Sin embargo, todo lo encomiable de su mensaje pierde total
credibilidad mientras el “we don't wanna fight no more" del estribillo
es tatareado por un Simon abotargado con el brazo en alto sujetando una
pinta de cerveza.
"Nort atlantic drift" "Foxy's folk faced", "Better day", el público
se va animando pero Steve no está contento: alguien en las primeras
filas le perturba. Le vemos hacer muecas y gestos amenazadores, lanzar
improperios y miradas fulminantes. Simon, por su parte, más conciliador,
se limita a cambiar la letra de las canciones (tal vez para hacerse
el gracioso, tal vez porque con la cogorza que lleva encima no se acuerda
de la letra original, es difícil saberlo) y entre "la la las" y
murmuros que no tendrían que estar, va incluyendo palabras de mofa
hacia el misterioso personaje. Muy ofensivo tiene que ser este hombre de
las primeras filas, me digo, pero por muy ofensivo que pueda llegar a ser,
nada justifica lo que sucede a continuación: Steve baja del escenario
y le pega una bofetada.
Nos quedamos todos helados con aquel gesto, se suceden abucheos y aplausos,
se escuchan risas pero también se palpa consternación y desconcierto.
Lo absurdo de la situación resulta cómico, no voy a negarlo,
pero al mismo tiempo, nos sentimos tristes al ver a un músico al
que admiramos convertido en un hooligan agresivo y borracho. Suerte que
no querían luchar nunca más, comentamos entre dientes con
una risa amarga.
Como para dejarnos recuperar del surrealista sobresalto, los
dos desaparecen por unos minutos, tras los que aparece Simon sólo
y protagoniza un nuevo bochornoso episodio: al subir el escalón
que le lleva al escenario, pierde el equilibrio y se cae al suelo. En aquel
momento yo, de verdad, siento pena. Le ayudan a levantarse, se sienta de
nuevo y empiezan a sonar los primeros acordes de "Robin Hood", una de mis
canciones favoritas, su triste y desgarrado lamento hacia la infancia perdida
que tantas veces me ha emocionado en la soledad de mi habitación...
pero la verdad, tras todo lo sucedido, aquello ya no emociona a nadie.
Tras "The day we caught the train", se despiden como si nada hubiera pasado,
thank you very much, muchas gracias, el público sale del recinto
y atrás queda, probablemente, el concierto que más me ha
decepcionado en mi vida. Y de acuerdo, cierto es que todos hemos bebido
alguna noche más de la cuenta y nos hemos puesto en ridículo
en más de una ocasión, pero yo nunca he ido a trabajar completamente
borracha y he agredido físicamente a los que me pagan el sueldo,
por muy mal que éstos me trataran. Y eso es exactamente lo que se
dedicaron a hacer los Ocean Colour Scene. Ayer por la noche, en aquel restaurante
de hamburguesas y pintas gigantes, un mito de mi adolescencia y juventud
se me cayó al suelo. Literalmente.
OCS ensayo a puerta cerrada en la FNAC de Zaragoza en 2001, foto cortesia
de Angel Burbano
OCS, canciones sencillas
Cronica 29-05-2001. Madrid. Sala Divino Aqualung.
por Jesus M.Marcos - IndyRock
Ir a una sala incrustada en una especie de complejo deportivo-comercial
gigante le quita todo el feeling a cualquier concierto. Encontrar Aqualung,
una especie de Mall (como dirían los yanquies) estilo Kevin Smith
con restaurantes (la mayoría yanquies), tiendas (idem) y un complejo
deportivo anexo, ya es de por sí difícil, y eso que ocupa
una superficie gigante. Una vez dentro y entre familias que acaban de salir
del cine y se toman un helado en una terraza o una pareja que sale de jugar
su partidito semanal de Squash, localizar la sala Divino también
lleva su tiempo. Ya en el interior del recinto y a salvo de domingueros
pegajosos y franquicias chupasangres se huele a concierto (al fin) con
un casi lleno abrumador. Los chicos de Ocean Colour Scene, lejos de mojarse
demasiado, amarraron el concierto a las primeras de cambio abriendo con
una incendiaria "100 mile high city", seguida de "Profit in peace", primer
single de su anterior trabajo "One for the modern", y del primer sencillo
de su recién estrenado "Mechanical Wonder", "Up on the down side".
Tras tres canciones la gente ya era suya. Por si acaso, tras una espléndida
"In my field" que bien puede lindar con los últimos Pink Floyd,
decidieron el envite a su favor con "Traveller´s Tune". Ahora sí
que lo tenían en su mano. Una voz poderosa, una guitarra incandescente
y un bajo peleón mantuvieron durante más de hora y media
la tensión alta en la sala. Mención aparte para una batería
dinámica, precisa y juguetona que, instrumentalmente hablando, es
lo mejor de este grupo. Porque musicalmente hablando no se debe olvidar
la calidad de sus canciones. Para mí, casi se pueden contar con
los dedos de las manos. Para el resto del público OCS tienen muchos
más himnos. Y es que nunca imaginé que este grupo fuera a
tener una legión tan apasionada de seguidores. Ya en el concierto
de Benicassim en el año 1999 pensé que lo que había
visto había sido un espejismo, pero no. Aquí estaban todos
ellos otra vez, coreando cada canción, saltando y gritando a medida
que el grupo iba desgranando nuevas canciones como "Biggest thing" o la
propia "Mechanical wonder", éxitos como "Better day" o "The riverboat
song" y dos temazos: "I am the news" y "July". Vamos, una maravilla. Una
maravilla que a lo largo del concierto llegué a entender. Porque
con tres acordes OCS demuestran que saben hacer muchas más cosas
y mejor que otros grupos con más pretensiones. Simplemente hacen
canciones sencillas y bonitas, casi preciosistas, trabajadas y con garra.
Para empezar los bises, y conociendo cual es la relación entre los
miembros de OCS y los hermanos Gallagher, el cantante Simon Fowler cantó
dos párrafos de "Live Forever". Pese a ser una grandísima
canción (que lo es, y lo seguirá siendo), sigo pensando que,
pese a los piropos de Noel Gallaguer sobre OCS, el estrechar lazos con
Oasis después de echar un vistazo a su trayectoria como grupo y
como personas no creo que sea la postura más acertada. Acierto que
sí se vio en la comunión entre artista y público a
lo largo de la veintena de canciones que el grupo presentó, y que
finalizó con "get away", la última canción de su primer
trabajo. Quizás les falte esa profundidad, esa evolución
(maldita palabra) y esa compensación necesaria en todo repertorio,
pero si nos ofrecen seis joyas y unas cuantas buenas canciones, tampoco
les vamos a pedir más. Eso sí, cuidado, porque los sesenta
pasaron y la maquinaria de hacer himnos a alguno que otro le ha acabado
fallando.
Fotos J.E.Gomez, Indyrock
Copera Granada, 16-02-00
Organiza Musiserv
  

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