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Neil Young & Crazy Horse 
 "La tribu más ruda del Rock"

Foto J.E Gomez © Indyrock- Esparrago Rock 2001

Por Manuel Vilas para IndyRock


"Crazy Horse son una banda fenomenal. Cuando toco con ellos no hay nada que se le parezca. Amo a Crazy Horse. Espero seguir tocando juntos mientras sigamos vivos. Porque cuando no lo hago me doy cuenta de cuanto añoro tocar con ellos" Neil Young en Year of the horse, de Jim Jarmusch, 1997.


Tal elogio nace tras tres décadas de relación. En el camino quedan una docena de discos firmados bajo el título de "Neil Young & Crazy Horse". Grabaciones plenas que han servido para forjar una de las leyendas más auténticas de la música rock. Y es que cuando Billy Talbot, Raph Molina y Frank "Poncho" Sampedro (los actuales Crazy Horse), empuñan sus armas junto al Gran Jefe se desata una magia especial. "Todo es la misma canción", le confiesa Young al micrófono antes de arremeter When you dance you can realy love en el comienzo de Year of The Horse, el documental con el que Jim Jarmusch inmortaliza toda la intensidad de Crazy Horse en directo.

Pero estas alabanzas no significan que Neil Young (Toronto, Canadá, 1945) sea un artista fiel. Ni mucho menos. El áspero guitarrista, cumpliendo con su fama de genio errático y stajanovista, ha frecuentado muchas compañías, algunas peligrosas. Los Stray Gators, the Sockings Pins, The Restless, Crosby, Stills & Nash y Pearl Jam son algunos de los grupos que han grabado con Young en sus 37 discos como solista. "No quiero tocar con ellos en todos mis discos, ni en todas las giras. Hay demasiadas facetas de mi música que debo seguir cuidando. Y si no fuera por esas cosas que hago, Crazy Horse no serían tan buenos", se defiende el hippie narcisista.
Tiene razón Young al negarse a reducir su obra a la docena de discos registrados con Caballo Loco. Pero también es cierto que cada vez que necesita revitalizar su carrera llama a sus fieles compañeros. Entonces, el vaquero distorsiona su música hasta llevarla a lugares inhóspitos, territorios sonoros llenos de mugre eléctrica a los que nadie más ha logrado acceder. Y de paso reconquista el beneplácito de la crítica, siempre áspera con sus periódicos ejercicios de estilo: Rockabilly, Folk, Techno o Country. Ni siquiera el sin fin de grandes músicos que han aportado algo a las grabaciones de Young - JJ Cale, Jack Nitzsche, Nils Lofgren, Ben Keith, Ry Cooder- lograron eclipsar el esplendor de la alianza.

1969-1979: América despertaba conmocionada por el fin del sueño hippie. Young había roto -parecía que definitivamente- con los exitosos Buffalo Springfield. El grupo muere víctima de la lucha de egos y Young se encuentra un día en un bar de San Francisco con un combo local llamado The Rockets. El promiscuo autor no se lo piensa dos veces y los recluta, como luego haría con otras muchas bandas. En un par de semanas, The Rockets entran en el estudio para grabar Everybody Knows this is Nowhere, segundo disco en solitario del canadiense. Eso sí, lo hacen con otro nombre. Había nacido la leyenda de Crazy Horse.
Antes de que Young los rebautizara, The Rockets lanzaron un álbum homónimo, editado por White Whale en 1968. Desde su renacimiento han firmado otros cuatro discos (Crazy Horse 1971, Loose y At Crooked Lake 1972, Crazy Moon1978 Left For Dead 1989). Del grupo inicial Young se queda con Danny Whitten- a la guitarra rítmica -Billy Talbot- el bajista de pelos eléctricos-y Ralph Molina - el pequeño batería.
Billy Talbot: Young le otorga la responsabilidad de ser "el centro del grupo, porque es él que toca las grandes notas. Billy es el sonido". Sin duda, el bajo de Talbot suena duro en todas y cada una de las composiciones del conjunto, incluso en las más country. Talbot es el más inquieto musicalmente de todos los Crazy Horse, ya que tiene su propio grupo, donde canta y toca la guitarra. Cuando la gira que los trajo a la Península acabe, lanzará Stress Release el primer disco de The Billy Talbot Band. Talbot toca un bajo mixto, un Fender , un con el cuello de un Telecaster. En los conciertos, tiene la manía de tocar de espaldas al público.

Ralph Molina: "Contumaz como una roca" Así define Young la batería de su compañero, al que ha llamado para aporrear los tambores en muchos de sus mejores discos, incluso en aquellos, como On the Beach, donde no participan el resto de Crazy Horse. El más pausado de todos, Molina es capaz de recrear con su batería ritmos tribales que arropan en la épica americana de las letras Neil Young. Pequeño, por su físico aparenta la encarnación ideal de un extra en un telefilme yanqui de sobremesa. Molina, Talbot y Whitten empezaron en la música en 1963 con la banda Danny and the Memories, formación a capela que afortunadamente abandonaron para aprender a tocar sus instrumentos.

Everybody Knows this is Nowhere (1969) El resultado del casual encuentro es magnífico. Por primera vez Young logra que sus armonías vocales sobresalgan sobre una tormenta eléctrica, entrelazada por punteos lejanos de dos guitarras. Everybody Knows this is Nowhere conformó al sonido del resto de la carrera del díscolo compositor. Por un lado se escondían largas canciones épicas y ruidosas- Cowgirl in the sand (10 minutos), Down By The River (más de 9). Por el otro amenazaban composiciones más austeras y campestres, como la que da título al trabajo. Pero Crazy Horse no tuvieron tiempo de saborear el éxito, pues la muerte se cruzaría en el camino del grupo. No volverían a grabar un álbum con Neil Young hasta seis años después.

Una sobredosis de heroína se llevó Whitten en 1972, cuando ya llevaba tiempo apartado de la banda. En el primer disco homónimo de Crazy Horse, Whitten firma la mayoría de las canciones, brillantes ejercicios de country pop culminados por la balada I don´t want to talk about to it, que luego versionaría, entre otros, Rodd Stewart. Su pronta desaparición con 29 años y la muerte del roadie Bruce Berry -otra sobredosis- marcaron un antes y un después en la carrera de esta generación de músicos. "Destrozó mi mente. Amaba a Danny. Me sentí responsable", reconocería tiempo después Young , siempre lacónico en una de sus escasas declaraciones sobre la desgracia.

Leche / sangre para seguir adelante, he visto la aguja y el daño hecho, una pequeña parte en cada uno, pero todos los yonkys son como una puesta de sol .
Estas palabras fueron el primer homenaje de Young a su compañero de guitarra. The Neddle and the damage done, pieza clave en el exitoso Harvest (1972), es una de las más escalofriantes baladas creadas con una simple acústica. Harvest es aún hoy la grabación más vendida de Young, y el single Heart of Gold su único número uno en las listas americanas. Buena parte de la culpa la tienen los Stray Gators de Jack Nitzsche y Ben Keith. Para ser justos, Words (Between the lanes of age), la lenta agonía eléctrica que cierra tan espléndido ejercicio de countryes, la cima de la música de Neil Young en su lado de mayor octanaje.


Tonight´s the night (1975): Grabado antes que On the Beach, pero publicado después, es deprimente, difícil. La razón del retraso es que tanta oscuridad no gustó en Reprise: "Cuando lo llevé a la compañía lo odiaron" Cuenta el canadiense, por entonces aficionado a las botellas de tequila José Cuervo, que lo escucharon diez veces seguidas a todo volumen y que el resultado fue horrible. Tonigth´s the night es "una historia de droga y muerte. Sobre una estrella de rock sucia y quemada que está a punto de irse; sobre lo que la fama y las multitudes te hacen". El resultado es oscuro y amargo, no apto para escuchar a las once de la mañana si se desea un buen día. Cuenta con la presencia de los dos Crazy Horse supervivientes, mientras que la guitarra de Whitten, la toman sucesivamente Nitszche y Keith.

También participa Crazy Horse, pero con un rol más secundario, en On the Beach (1974). Es el disco más difícil de conseguir de su extensa discografía (casi imposible hasta la popularización de Internet). Un álbum extraño, lánguido y raramente hermoso. Maldito por su autor, que no lo reedita porque, dicen, le recuerda a una época difícil. Fruto de la desolación por la muerte de sus compañeros (y puede que hundido por ciertos desengaños amorosos) el maduro hippie entierra su cadillac en la arena y se sienta en la playa para recapitular sobre lo que ha dejado en el camino. Lo hace para huir del éxito comercial de Harvest, para volver al pasado y de paso reinventar el Blues. Unas veces los resultados son notables, Revolution Blues, Vampire Blues, otras penosos: Ambulance Blues (tema que escogieron REM cuando grabaron con Young). Renunciando al presente, tras el fin de una época dorada, Neil se sienta al borde del mar, mira atrás y engendra un sonido antiguo y etéreo : Motion Pictures, See the Sky About to Rain. Joyas melancólicas sólo a la escucha en carísimos piratas (detalle que ha empujado a un fan a comprimirlo entero y colgarlo digitalmente de la Red). Ocho temas en los que Molina le da a la batería mientras que Talbot sólo hace una breve aparición en la animosa Walk On. Esta canción, la única composición optimista de este disco , ha estado alejada de su repertorio durante décadas, pero reaparece en el último disco, el directo Road Rock Volume 1, Friends and Relatives (2001). En On the Beach Young loa al ayer que se esfuma "Recuerdo los viejos tiempos, tirados toda la noche volviéndonos locos, entonces el dinero no era tan bueno, pero lo hacíamos lo mejor que podíamos".

Para salir del bache en el que hundió su carrera comercial tras Harvest, habría de esperar a la recomposición de Crazy Horse. Es el momento de la aparición de Frank "Poncho" Sampedro, un robusto fan de las camisetas de Jimi Hendrix que le dio al Caballo un sonido más contudente. Sampedro, natural de Detroit pero descendiente de emigrantes gallegos y andaluces, merodeaba desde el 68 por los clubes de la Costa Oeste hasta que fue reclutado para sustituir a Whitten. Las fuentes difieren en señalar cómo fue el encuentro, unos dicen que fue reclutado por Talbot en una fiesta, otros que fue iniciativa del Gran Jefe con quien compartía amigos. Sea como fuere , Sampedro se encarga desde entonces de la guitarra rítmica y , en ocasiones, de los teclados. Su incorporación fue clave para encrudecer el ya rancio sonido del Caballo. El propio Sampedro ha dicho que " el motivo por el que la gente ama los discos de Crazy Horse es que no hablamos de cómo deben sonar las canciones por adelantado. No hay arreglos, no hay producción. Sólo somos nosotros pasando un buen rato tocando".

Zuma (1975): la nueva formación borda los viejos palos, el eléctrico con Danger Bird, el acústico con Througt my sails. La ruidosa guitarra de Sampedro se acopla a medios tiempos alcohólicos: Barstool blues y Drive back. La pieza clave es Cortez the Killer, otra canción extensa en duración y emociones. Cortez the killer ejemplifica lo que pueden hacer juntas las guitarras de Young y Sampedro. La épica visión desoladora de la conquista de Méjico fue el pretexto para que la España de Franco censurase Zuma: "y sé que ella aún vive allí, y que me sigue amando hasta hoy, pero no puedo recordar cuando, o donde perdí mi camino-". Zuma -extraño apócope de Montezcuma- es, además del debut de Sampedro, el disco más equilibrado de los 70.

De nuevo en la cima, Young se refugia al campo para recopilar los resultados de una década. Fruto de esta retirada son varios proyectos personales no del todo logrados. Así, graba un discreto segundo disco con Crosby, Stills & Nash. Acaban los 70 que resume en el recopilatorio Decade. Recomendable para no iniciados, pues es la síntesis de un periodo prodigioso para el autor

American Stars & Bars (1997), que originalmente se iba a llamar Chrome Dreams, segunda tentativa con los nuevos Crazy Horse, significa uno de los peores trabajos del conjunto. En parte porque Young reservarlas mejores de entre sus nuevas composiciones para otros álbumes (Too far gone, Pocahontas) . Sólo destaca el clásico Like a Hurricane, historia de un amor imposible compuesta en el bus de la gira.

Cerca del estancamiento, Young decide abandonar la electricidad para refugiarse en un mundo más personal, acústico en el bello Comes a time. Arropado en algunos temas por toda una orquesta sinfónica, entre el folk y el country, firma alguna de sus mejores canciones, como la que da nombre al trabajo. Sin embargo son los invitados Crazy Horse los que crean el momento más intenso del álbum, Look out for my love . Comes a time es un disco tranquilo y delicioso. Pero ni crítica ni público entendían tantos bandazos de una obra ya inabarcable. En 1978, nadie daba un duro por él. Era el tiempo del Punk, y en el mercado discográfico no había sitio para los viejos vaqueros.

Entonces, como ave fénix,se reinventa otra vez. Y lo hace con un disco histórico construido a partir de unas letras impagables. Rust Never Sleeps (1979) es pieza indispensable en cualquier antología musical. Dividido en dos partes, sólo en la segunda aparecen unos pletóricos Crazy Horse, desde entonces la más ruda banda de R&R. El frenético ruido, marcado por la intensidad del directo (libre del clamor del público tras pasar por el estudio) refleja toda la potencia que pueden generar cuando se juntan sobre el escenario los cuatro músicos. En Sedan Delivery y Hey, Hey, My, My (into the black) construyen dos clásicos del rock de guitarras. Powderfinguer y la misógina Welfare Mothers estaban pensadas para Lynyrd Skynyrd, con quien Young mantenía una buena relación a pesar de la cita de Sweet Home Alabama. La primera parte del disco es acústica donde todas las canciones superan el sobresaliente. Trasher (desesperada y épica), Ride my Lama ( una la loa psicodélica), Pocahontas (donde vuelve a revindicar la cultura de los nativos americanos) y la romántica Sail Away son verdaderas joyas no superadas.

Por encima de todas está la versión desenchufada del tema principal del álbum, retitulado My, my, hey, hey, (out of the blue). "Es mejor arder que desvanecerse", es un verso que ha marcado a varias generaciones de músicos engullidos por el mercado. My, my, hey, hey, (out of the blue) es la historia del Punk y de los Sex Pistols (sobre quienes versa el tema) y es la historia de Hendrix (a quien dedica Ride my Lama) Dieciséis años después, Cobain también la haría parte de su tragedia. Afortunadamente no ha sido la historia del superviviente Young, quien ha sabido defenderse de la industria parapetado en su productividad y en la legión de ávidos fans, los rusties.

Live Rust (1979) es la plasmación de la gira promocional con Crazy Horse de Rust Never Sleeps. Recogida también en vídeo, la gira marca el punto y aparte en la carrera de Young con los Crazy Horse. Los 70 acaban en todo lo alto. La siguiente década hundiría a Young en su peor crisis creativa y personal.

1979-1989: Años ochenta. Tiempo oscuro para el músico canadiense. Casi ninguno de los discos de esa época merece la pena, ni siquiera los dos que rubrica con Crazy Horse. Young deambula cabizbajo por una profunda crisis personal tras el nacimiento de dos hijos con deficiencias intelectuales. Las peleas con la discográfica le llevan a cambiar de sello por primera vez. Tras trece años en Reprise (filial de Waner), firma un jugoso contrato con Geffen.

Re-ac-tor (1981) es el último disco para Reprise con su banda favorita. Supone un paso atrás en la línea garajera consolidada en Live Rust. Si alguna vez los Crazy Horse sonaron parecido a lo que después sería el grunge fue en Re-ac-tor . Pleno de poder, rock duro del bueno con mensaje y música involucionista: "Por eso pasaste toda la noche jodiéndote en aquel bar de rock and roll" canta en Opera Star. Amargado por los problemas de su segundo vástago -fruto de otra esposa-, en la parte de atrás del vinilo de Re-ac-tor se puede leer una desesperada nota en latín: "Dios, dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, y la fuerza para cambiar las que puedo, y la prudencia para reconocer la diferencia". Re-ac-tor es uno de los seis discos de Neil Young nunca reeditados en CD.

El salto a Geffen fue traumático, una equivocación. Aunque para su creador Trans y Everybody is rockin´ figuran entre lo mejor de su discografía, lo cierto es que ni éstos, ni Life, ni Landing on the Water pasan de ser obras menores. Young da bandazo tras bandazo. Musicalmente oscila sin sentido de los sintetizadores de Trans (en el que colaboran los tres Crazy Horse) al bucolismo country de Old Ways. Además, el antaño hippie (y ya multimillonario padre de familia) se declara partidario del ultra conservador Ronald Reagan. Los directivos de Geffen estallan en 1983 tras reciben las cintas de Everybody is rockin´. Su estrella, tras la debacle del artificial Trans, les entrega una grabación de puro Rockabilly, una revisión del rock de los cincuenta con versiones de Jimmy Reed, Elvis Presley y Bobby Freeman.De inmediato lo demandan por dos millones alegando que hace conscientemente música " no comercial". El confuso músico les responde con una contra demanda por 21 millones de dólares. El pleito se eterniza en los juzgados, por lo que Young se ve obligado a entregar más discos mediocres para calmar a la multinacional . "Fue el peor periodo de mi carrera -le confesó a posteriori al escritor Greg Kot- sentía que me estaban manipulando y yo empecé a manipularlos también. Todo era anticreativo. Componer música se convirtió en una pelea". El resultado, el limitado Landing on Water, está también próximo a lo que el mercado espera de él.

Una de las dos concesiones a Geffen la corubrica com Crazy Horse. Life (1987) stá entre lo más decente de ese tiempo. La calidad del material es mediocre, con sobreabundancia de teclados cercanos a la new age. Inca Queen vuelve sobre las huellas de Cortez the killer y en la bruta Prisioners of Rock and Roll la banda suena al filo del tópico: "La gente dice que tocamos demasiado alto, pero no saben sobre que va nuestra música, nunca atendemos al hombre de la discográfica, intentan cambiar y arruinar nuestra banda, somos prisioneros del rock and roll". Por lo demás, baladas, peores textos y prescindibles medios tiempos country aprovechados para cerrar con honra la nefasta era Geffen.

1989-2001:El camino se vuelve de poner cuesta abajo con la vuelta a casa. Reprise saca el notable soulero This note´s for you y el EP El Dorado. Pero la total recuperación para el mundo de los vivos de Neil Young se produce con el polifacético Freedom. Cierto es que la fórmula del renacer es conocida, pues se parece mucho a la utilizada en Rust Never Sleeps. Una gran canción, Rockin´ in the free word, en sus versiones acústica y eléctrica abre y cierra el disco grabado en directo. El músico parece salir de su autismo y se erige de nuevo en cronista de dramas personales y sociales - camiseta antinuclear incluida - en la urbana Crime in the City (Sixty to Zero Part 1): "Traedme un compositor, que esté perdido lejos de casa, aseguraos que esté hambriento, aseguraos que esté solo, por favor traedme una hamburguesa de queso, y un nuevo Rolling Stone". Con Poncho Sampedro a las guitarras, Young consigue rehacer su carrera dejando claro que es un genio multidisciplinar. Así, recupera del baúl canciones de los 70 no grabadas, como la bella Too Far Gone , retorna con más acierto a la épica de la conquista de América con El Dorado, y roza lo sublime con la delicada Hangin´ on a limb.

En plena efervescencia creativa, se alía de nuevo con todos los Crazy Horse para crear Ragged Glory (1990). Corrían los días en que la televisión bombardeaba a la humanidad con el vídeo de Smell like teen spirit, cuando Crazy Horse graban de un tirón otra lección de rock sucio y vitalista. Fuckin´up, Love To Burn, Love and only Love o Framer John son los momentos más garajeros de su historia. Escuchar Ragged Glory de un tirón, como semeja ser grabado, es una gozada priamria, natural. No hay más condimentos que unos interminables duelos entre las guitarras de Young y Sampedro. Magnífica gloria gastada en plena eclosión grunge. Definitivamente, los 90 iban ser una gran década. El caballo se lanza enseguida a la carretera.
(1991) es a Ragged Glory lo que Live Rust a Rust Never Sleeps. Es decir, una revisión en directo de la gira con Crazy Horse del pasado más inmediato. Destacan las versiones Love to burn o la lejana Cinnamon Girl. Weld incluye un homenaje a Bob Dylan, una de las influencias más evidentes de Young, con una versión de Blowin´ in the wind.

De la gira promocional de Ragged Glory también nació Arc(1991). Los teloneros del tour eran Sonic Youth y Crazy Horse aprovecharon la oportunidad para dejar claro quienes mandan a la hora de transformar distorsión en melodía. Así, los habituales desfases entre tema y tema se prolongan más psicodélicos en la gira de Weld. Tanto, que impresionan a Thurston Moore, guitarra de Sonic Youth, quien anima a Young a inmortalizar los desvaríos eléctricos de su banda. El resultado es un extraño experimento de ruido total. Siempre inquieto, Young toma partes de las tomas en directo (sobre todo principios y finales de las composiciones) y construye una única canción - por así llamarla - de 35 minutos. En principio, Arc iba a ser la banda sonora de una película sobre el grupo nunca estrenada, Muddy Track.

Como en los días de paz, amor y empatía de los sesenta -la patria de la que provienen todos los Crazy Horse- la heroína puso fin a una época. El reinado de los harapos comerciales del grunge se acaba con el suicidio de Kurt Cobain. Era 1994, y la carta de despedida confirmaba la paternidad del grunge, que la crítica había endosado en el haber del Young más sucio y eléctrico - es decir, del que graba con Crazy Horse. Todos pensaron en él cuando el 6 de abril de 1994 Courtney Love leyó la nota de sucidio de su esposo. La cita a My, my, hey, hey (out of the blue) era evidente: "its better to burn out than to fade away". Otro yonkie más se quedaba en el camino. De nuevo en la cresta de la ola, en el punto de mira de la industria musical.

Algunos han acusado a Young de aprovecharse del tirón comercial de la revolución musical que lideró Nirvana. El hecho es que nunca se ha pronunciado sobre tan funesta cita. Es más, desde entonces es extraño verle interpretar My, my, hey, hey (out of the blue). De lo que tampoco hay duda en que el grunge le valió para revitalizar sus resultados comerciales al entrar de golpe en el universo una nueva generación de oyentes, esta vez a escala mundial.

Así, muchos ven en Sleeps with Angels (1994) un homenaje a Cobain y a su generación. Apoyado en los Crazy Horse más domados, Young dibuja un universo cansado, pleno de derrotas en textos nihilistas. No hay rastro de homenajes a nadie, sí una clara atracción por lo trágico. Incluso la composición que da título álbum parece un reproche a la mujer del suicida. Sobresale entre tanta decadencia la poderosa Blue Eden, una de las pocas piezas compuesta por el pleno de Crazy Horse: "sé que algún día nos encontraremos otra vez, volveremos por ese camino mi amigo, es parte de mi, es parte de ti". El resto mantiene un nivel notable, desde la hipnosis total de Change your mind hasta la rabia de la punk Piece of crap. Aún así, Sleeps with Angels es difícil por su cadencia sosegada, un disco al que jamás le podrán acusar de ser comercial (aunque fuera nominado a los Grammy).
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Mirror Ball (1995) sí ayudó a aumentar su presencia mediática. Aunque la banda no aparece como tal en los créditos, todo Pearl Jam participa, incluso Eddie Vedder berrea en un par de canciones. El resultado supone un disco más para Young, con buenas canciones como Downtown, y uno de los mejores momentos de la carrera de Pearl Jam. La crítica lo alaba y algunos rebautizan a los de Seattle, transformados en banda de directo de Young, como los nuevos Craziest Horse. Preguntado sobre esta la exitosa alianza, "Poncho" Sampedro los alaba con reservas "suenan muy directos, con un montón de energía. Pero no creo que consigan la magia. Para mí suenan como una joven banda rabiosa acompañando a un tío mayor que canta sobre la paz y el amor".

Desde entonces, Young se encuentra en un receso creativo, que nunca editorial, pues sigue a disco por año. Ha entregado a sus viejos compañeros, las mejores composiciones de Looking Forward (última aparición de la saga Crosby, Stills, Nash & Young) y antes, grabó dos álbumes dispares y menores con Crazy Horse.

Broken Arrow (1996) se abre con Big Time, homenaje del grupo a su manager muerto de cáncer. Dispar y corto, está dividido en dos partes, una eléctrica que incluye la dósis habitual de hipnosis con Slip Away. Predominan las canciones largas que fluyen candentes. La segunda parte es más reflexiva, a veces con un sonido directo más propio de un pirata.
Year of the horse (1997) es a la vez un disco y un filme. El responsable es Jim Jarmusch, interesante cineasta neoyorquino para el que Young compusiera la banda sonora del western Dead Man. Muy pocos documentales han logrado plasmar el verdadero espíritu de una banda de rock. Year of the Horse lo logra apoyado imágenes de archivo de las giras de la banda. Hay escenas desternillantes. Por ejemplo, se ve como prenden fuego al centro de mesa de un hotel en pleno almuerzo alcohólico-cannábico. Jarmusch hurga con tiento en las heridas más profundas de la familia. El metraje incluye una tremenda bronca tras una actuación y aborda sin tapujos la muerte de Danny Whitten. Muy recomendable, sobre todo la versión cinematográfica. Sólo cuatro canciones, Big Time, Slip Away, Sedan Delivery y Barstoll Blues repiten en el disco homónimo.
Year of the horse es la última aparición de Crazy Horse en la carrera del orgulloso trovador canadiense. Pero, según confesó Young en la rueda de prensa previa al festival Rock in Río ya tienen material para un nuevo álbum, al que seguramente llamarán Toast (2001?). Alguna de las nuevas canciones (Hold you in my Arms, Standing in the Light of Love) aparecieronen el vibrante Eurotour 2001 que por tres veces pisó la Península en el veranop de 2001. Going Home y I´ve waiting for you aseguran que la magia que les ha acompañado durante tres décadas no se ha esfumado.
 
"La gente me pregunta que nos mantiene unidos. Creo que es sólo porque no hemos acabado lo que debíamos hacer. Tenemos que dejarlo hecho, cuando tienes una misión y la empiezas debes acabarla", declaraba Billy Talbot en la gira de Broken Arrow. Sampedro le da una vuelta más: "Creo que los Crazy Horse vienen del mismo lugar que Neil. Aún tenemos ese sueño hippie-cósmico rodando por nuestras cabezas. De ese sueño es de donde viene nuestra música". Sigamos soñando.


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