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Caballo Loco toma A Coruña
12-07-01
por M.Vilas / A Coruña (Indyrock)
Fotos: Luis Cobelo (IndyRock)

Una experiencia auténtica. El espectáculo sonoro que Neil
Young y su fiel banda Crazy Horse trazaron sobre el escenario del Coliseum
de A Coruña es antiguo. Pertenece a una música ya clásica,
a la verdadera religión del R&R, lugar sagrado donde no hay
lugar para artificios ni hipocresías. Con unas velas por todo atrezzo,
el vaquero y su caballo cumplieron todas las expectativas en su primera
cita en la Península.
Desde un principio Young dejó clara las diferencias que hay entre
él y otras muchas estrellas del rock. Sin fuegos artificiales, sin
hablar al público más de lo imprescindible, confirmó
que su música está por encima del bien y del mal. Es cierto
que su gana muchos octanos cuando la toca con Crazy Horse, pero el protagonismo
indiscutible es de su fiera guitarra. Arrolladora en la brutal versión
de Like a Hurricane, hipnótica en Love and only love.
Antes, el público que llenaba el recinto aprovechó la actuación
de Beck para enardecerse quimica y moralmente. La verdad es que su actuación
estuvo muy bien (mejor de lo que algunos esperaban), llena de alegría
y de tanto ritmo que puso a botar a buena parte de las 7000 personas que
abarrotaban el Coliseo coruñés.
Pero cuando a las 11:15 saltaron al ruedo Talbot, Molina, Sampedro y Young
se produjo un salto cualitativo. Abrieron, para calentarse, con Don´t
Cry, No Tears. Básicamente repitieron la estructura del resto de
la gira europea. Primera parte eléctrica en la que presentan dos
nuevas canciones de "Toast", lo que parece será el decimotercero
disco firmado por "Neil Young & Crazy Horse". La mejor se intuye "Going
Home", una gran composición en la línea de las extensas canciones
de Ragged Glory.

Cuando los Crazy Horse se retiraron a descansar alguno ya estaba exhausto,
un poco desconcertado ante dos canciones seguidas que nadie conocía.
El set acústico empezó con "From Hank to Hendrix" y se cerró
con una decepcionante versión de "Pocahontas". Por el medio el canadiense
se sentó delante de un órgano para tocar una fúnebre
versión de "After de gold rush". Lo mejor de esta parte del set
fue sin duda "Don´t let bring you down", en la que el Gran Jefe evidenció
que su lastimosa voz continúa en plena forma.
Con la vuelta de Crazy Horse al escenario el grupo golpeó definitivamente.
Escuchar seguidos Hey,Hey,My,My (into the black) y Sedan Delivery es todo
un lujo, más cuando Neil Young -oh dios, que guitarrista- se mueve
como un poseso mientras mantiene largos duelos a muerte con la guitarra
de Frank "Poncho" Sampedro. Mientras Talbot, arrinconado contra la batería
de Molina, se pasa todo el concierto de espaldas al público y tocando
las grandes notas de tan enorme tormenta sonora. Sólo sale a dar
la cara en los momentos más intensos como en Piece of Crap. Entonces,
cuando se juntan guitarras y bajo se les ve entregados, llenos de mugre
y pasión. Sucios, sólo la presencia de otros dos temas desconocidos
calma el ambiente.

Y llegan a las dos horas de concierto. En el bis se hacen esperar. Cuando
retornan el 85% del público rompe el muro de distancia construido
por Young coreándolos durante cinco minutos."Happy be here again
in Spain, again". El otro 10% de la gente se había marchado, ya
que sin duda habían acudido a ver a Beck, que desde hace tiempo
debe vender más discos que Young. Ellos se lo perdieron, pues lo
de los bises fue memorable (hicieron cuatro canciones en dos tandas, una
más que lo que suele ser habitual en el Eurotour)La primera serie
esplendorosa con "Fuckin´ up". Y continuó con una acojonate
versión de Cortez the Killer, épica canción que provocó
que Zuma fuese censurado en la España franquista. Para lo que trasmitió
Young con tal larga canción de este clásico no hay palabras
suficientes.
Cuando la noche se acababa, Young sacó un último aliento
de su alma: "look out mama, there is a white boat coming from the river".
"Powderfinger" para cerrar con un último regalito. "Keep on rockin´in
the free world", berreaba todo el público mientras atónitos
los fans de Pearl Jam -el grupo con más camisetas entre los asistentes-
aprendían como debe sonar una auténtica banda de rock.
Si, señor, que poderosos son Crazy Horse. Y del jinete, que decir,
a sus pies, suyos somos, Gran Jefe. Grande Neil Young.
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