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Niños Mutantes
EL F.I.B. 
por JUAN ALBERTO MARTINEZ (Niños Mutantes)
Llevo tres años yendo a Benicassim el primer fin de semana de Agosto. Nunca me han gustado las romerías, pero como dicen, horror, los rocieros, cuando llega julio preparo mi carreta y me voy a tragar el polvo del camino. En este caso, el polvo del recinto municipal de conciertos de Benicassim.
La primera vez más que polvo tragué barro. Fue el año del Diluvio Internacional de Benicassim (DIB 97). Puedo decir que sobreviví sin marcas visibles, pero con un cabreo que aún me dura, porque el día en el que venía lo bueno al final quien vino fue la gota fría (como en la copla de Julio), y lo demás es de sobra conocido. Para colmo de males, la inexperiencia me hizo elegir una de las zonas de acampada de la organización como campamento base. Esto significa que estuve tres días en un campo de concentración tipo Albania-Montenegro pero sin guerra. Y musicalmente sólo recuerdo haber disfrutado con Rinocerose. Lo demás fue una patata, incluyendo a unos Suede y a unos Chemical Brothers que después de haber iniciado brillantes carreras eran ya aburridas fotocopias de sí mismos. Coincidencias del destino, en el FIB 99 han vuelto, cuando son sólo cadáveres forrados de dólares fichando antes de subir al escenario, funcionarios del show bussiness.
Resumiendo, el FIB 97 fue un desastre. Juré que no volvía.
Así que al año siguiente, esto es, el año pasado, volví, para cometer perjurio. Pero sobre todo, para ver a los enormes artistas que se pasearon por el nuevo recinto del Festival, que por fin era un marco decente y digamos que bastante apropiado. Bjork es una enana islandesa que debe de sacar la voz de los volcanes de su tierra y que se ha rodeado de los mejores. Cuerda y programación, y la ninfa bailando con sus alas de mariposa blanca. Inolvidable. Goldie fue una sorpresa para servidor, poco versado en drum'n'bass y jungle. Pura energía, salvaje el cabrón ese de los dientes de oro. Placebo cumplieron con su papel de revelación de la temporada y estuvieron soberbios (no como en el Gutiérrez). Y entre los demás estaban varios de mis ídolos de todos los tiempos: P.J. Harvey, Sonic Youth, Jesus and Mary Chain, y los maestros Teenage Fanclub. No todos estuvieron a la altura de lo esperado, pero el sólo hecho de tenerlos enfrente era ya una experiencia para apuntar en el diario de un mitómano como servidor.
Con esto quiero decir que el FIB 98 fue el FESTIVAL, así, con mayúsculas, porque fue todo lo perfecto que puede llegar a ser un Festival. 
Este año también he vuelto a ir al FIB. Pero ahora, desde dentro del espectáculo. Desde febrero más o menos ya sabíamos que los Niños Mutantes íbamos a tocar en Benicassim. Sólo quedaban detalles por concretar, en qué escenario, qué día y a qué hora. Los hermanos Moran vinieron a nuestros conciertos madrileños en Maravillas y El Sol y nos incluyeron en el cartel, haciendo una apuesta que hoy les agradecemos y que parece que hemos ganado todos. Así que este año cambié la tienda de campaña por la guitarra y cumplí un sueño. Si hace dos años me decían que íbamos a tocar delante de miles de personas en el mismo sitio que dEUS o Mercury Rev, pues me hubiera muerto de risa. Ahora puedo decir que yo sabía que tarde o temprano íbamos a hacerlo, pero es más bacile que otra cosa. El caso es que uno se va poniendo metas: la primera es grabar un disco, y tocar en el FIB era la tercera o la cuarta meta. Ahora hay que seguir poniendo nuevos objetivos, y espero que, como hasta ahora, los sigamos alcanzando todos. Hay mucha guerra que dar.
Evidentemente, mi historia del FIB 99 es por eso diferente. Porque no he tenido que soportar los apretones de más de veinte mil personas en la grada de los "artistas" y a los "VIPS" nos daban gratis las cervezas sin tener que hacer cola. No es nada del otro mundo, pero las comodidades se agradecen en una experiencia de supervivencia como el FIB.
Francamente, el FIB 99 me ha decepcionado. Confieso no haber visto ni un solo concierto en la carpa Galax-Nitsa. Sólo escuché de lejos a Heffner, que debieron de dar un gran concierto. Así que cabe la posibilidad de que dentro de ese circo hubiera grandes momentos, y siento no haberlos visto, porque allí pudieron estar los momentos emocionantes que uno busca siempre con la música en directo y que se dieron con cuentagotas en los conciertos del escenario Maravillas. A saber. El viernes los Gigolo Aunts estuvieron muy bien, línea Posies con solvente ejecución, pero tampoco es para tirar cohetes. Australian Blonde sufrieron lo que todos tememos en un escenario, que el técnico de sonido nos joda el bolo. Una pena, porque son ahora mismo el mejor grupo en directo de este país y las canciones de su último álbum son infinitamente superiores a sus trabajos anteriores. Mercury Rev fueron lo mejor del día, electrificando las orquestaciones de "Desertor's Songs" manteniendo el increíble feeling de las flautas y los violines. Ocean Color Scene son el rythm'n'blues de toda la vida, huelen a lo mismo que Paul Weller y dieron un gran concierto, pero a servidor le aburre un poco la historia de siempre del blanco que canta como un negro y el guitarrista de punteo blusero. Y luego Blur, que como todo el mundo pudo comprobar, son un grupo gris en directo, mediocre. Mejor cuando atacaban sus últimas canciones y en los medios tiempos, pero penosos con los grandes éxitos y los temas rápidos. A Rinocerose no llegué a verlos, me venció el cansancio y una lesión que a punto estuvo de impedirme cantar el domingo, pero por lo que me contaron, los franceses arrasaron igual que en su primera vista al Festival en el 96.
La noche del sábado la recuerdo vagamente, porque todo me aburrió soberanamente. Mis adorados dEUS la cagaron al cincuenta por ciento con su técnico de sonido, a mojón por cabeza. Aquello fue un caos y me quedé sin disfrutar de estos belgas divinos. Empiezo a sospechar que el cambio de bajista ha hecho mucho daño a su sonido. El nuevo es un mozo guapetón que le debe de tener enorme afición al vino peleón y que bastante hace con tenerse en pie y no vomitar en los monitores. Después de semejante decepción los Charlatans me aburrieron lo indecible. Y luego vinieron Suede, que se están convirtiendo en el auténtico antigrupo. Cuando había tándem Butler-Anderson aquello llegó a tocar la gloria, pero desde que la primera se fue con la pluma a otra parte, el grupo de Anderson va en picado hacia un enorme cubo de basura (It's trash, you and me, pero especialmente, you). Los Chemical Brothers molan si vas puesto, y ya nos sabemos de memoria lo que hacen. No merece la pena ver videos a 100.000 watios.
El domingo abrimos los Niños Mutantes. Sólo puedo decir que nosotros estamos muy contentos de nuestros 25 minutos. Es un placer tocar para tanta gente con el mejor equipo sin sufrir el más mínimo problema. Mi más sincera enhorabuena a los responsables de la parte técnica del show. Un verdadero placer que disfrutamos intensamente.
Por lo demás, no hice mucho caso de los que tocaron después, porque no me interesaban lo más mínimo y había que calentar motores para los dos platos fuertes. Jon Spencer Blues Explossion es una bomba que explota durante una hora y que suelta metralla de James Brown y de bourbon. Auténtico garage funk, los tres yankies sudaron la camiseta y demostraron que el marido de Cristina Boss Hog nació para revolcarse por el escenario y follarse los micros, las guitarras, los amplis y lo que haga falta. Nunca he visto tanta energía en un escenario. Impresionante. Os lo juro, es la reencarnación de J.B. (ya sea James Brown o el escocés). Y como dice el que ha vendido más de un millón de copias, "después de la tormenta siempre llega la calma", y la calma la trajeron Massive Attack, que hacen el genuino trip-hop hipnótico que tanto agradecemos los amigos del cannabis. El corazón va al ritmo del dub que marcan estos ingleses con alma jamaicana. Tan jamaicana, que aquello pareció una misa negra oficiada por ese cantante negro vestido de blanco que por mis muertos hace vudú mientras canta.
Luego no se si pasó algo más. Sólo se que el año que viene volveré, esta vez sólo como espectador, porque no creo que los Mutantes podamos repetir. Benicassim es ya un santuario para muchos. No siempre hay milagros, la Virgen espacia sus apariciones y a veces uno se siente engañado como con la profecía del modisto Rabanne. Pero los que tenemos fe sabemos que en cualquier momento la magia puede volver, y allí estaremos esperando que alguno de los santones del cielo indie nos vuelva a poner los pelos de punta. Que así sea. Nos vemos en Agosto del 2000. 
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