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Vídeoreportajes sobre el sanatorio de la Alfaguara... sus misterios y paisajes.
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Historias de Fantasmas
Reportajes de actividad paranormal
Una visión del universo paralelo, del más allá de nuestra percepción
Algo acecha ahí fuera
Del fantasma de la Diputación de Granada a las apariciones del Sanatorio de la Alfaguara, del espíritu del Granero a la mujer de Negro...

EL FANTASMA DE LA ALFAGUARA * REPORTAJES
El caso del sanatorio antituberculoso de la sierra de la Alfaguara (Parque Natural de la sierra de Huétor)
La personalidad de Berta Wihelmi
Apariciones en el viejo sanatorio antituberculoso
Expertos en parapsicología graban psicofonías en las que se oye a una enfermera que pide que no les molesten más y que se llama Berta, igual que la religiosa fundadora del hospital 
El profesor Rafael Reyes tomó imágenes en las que aparecen la enfermera, un niño y sombras extrañas.

Berta Wihelmi, Elena Wikman, un cura, enfermeras y un perrito paralítico
Un hombre que vivió en el sanatorio de la Alfaguara reconoce a los fantasmas 

Un ‘hogar’ seguro para el fantasma de la Alfaguara
Medio Ambiente demolerá las paredes del viejo sanatorio y mantendrá la planta como testigo histórico 

Fuente fría y el sendero de los espectros
Los bosques de la Alfaguara esconden manantiales, trincheras y misteriosas apariciones
El agua del subsuelo aflora a través de un caño horadado en la roca. Es el punto medio de un recorrido a través de umbrías y pinares hasta el sanatorio de los fantasmas

Apariciones en el viejo sanatorio antituberculoso 
Expertos en parapsicología graban psicofonías en las que se oye a una enfermera que pide que no les molesten más y que se llama Berta, igual que la fundadora del hospital 

Por Juan Enrique Gómez / IndyRock / IDEAL
10 de julio de 2007. reportaje publicado en IDEAL

Se llama Berta, murió hace décadas. Es uno de los fantasmas que aparecen entre las ruinas del viejo sanatorio antituberculoso ubicado en un recóndito paraje de la sierra de La Alfaguara, en pleno corazón del Parque Natural de la Sierra de Huétor. La presencia etérea, de la que los vecinos de Alfacar y algunos montañeros han hablado desde hace años, se ha dado a conocer. Unas psicofonías grabadas por expertos en parapsicología y fenómenos paranormales, revelan que la figurar que aparece entre las ruinas, dice por sí misma que se llama Berta. 
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Imagen tomada por Rafael Reyes. A la izquierda, dentro de un círculo, una forma recuerda la presencia de una enferemera. Página de IDEAL con este reportaje

Lo asegura un joven granadino, Rafael Reyes Casal, profesor de Secundaria, que junto a compañeros de investigaciones paranormales, grabaron varias psicofonías a los largo de los últimos meses. «Es una de las grabaciones, realizada por la noche entre los restos del sanatorio, notamos la presencia de alguien. Le pregunté cómo se llama. Su respuesta quedó grabada en la cinta. Dijo "Berta", y curiosamente es el mismo nombre de la fundadora del sanatorio antituberculoso, Berta Wihelmi», dice el investigador, que con esta respuesta daba un importante giro a la investigación que desde hace años se sigue en los círculos parapsicológicos sobre uno de los lugares en los que las leyendas populares señalan mayor actividad de lo que denominan almas en pena.


Berta Wihelmi

Rafael Reyes se interesó en investigar el sanatorio antituberculoso tras conocer los comentarios de los habituales de la Alfaguara y vecinos de Alfacar. En el año 1923, con el impulso de Berta Wihelmi, se construyó e inauguró un centro hospitalario y de reposo para tuberculosos. El sanatorio se mantuvo hasta la Guerra Civil. Desgraciadamente el frente se estableció en esa zona de la Alfaguara, entre pinares a mil metros de altitud. El sanatorio se abandonó y quedó semidestruido. El tiempo terminó de convertirlo en ruinas. Desde poco después de la guerra se empezó a hablar de apariciones, algunas de ellas documentadas por expertos como Rafael Casares y Juan Arcas, que lo incluyeron en el libro "13 historias de fantasmas, casas encantadas y poltergeist", pero hasta el momento nadie había podido determinar la posible identidad de las apariciones y menos aún fotografiarlas y filmarlas en video.
Rafael Reyes, tras investigar durante dos años, realizó unas fotografías en las ruinas del porche, con una amiga, Yazmina Mimun, en primer plano y con la intención de que los fantasmas apareciesen al percibir la presencia humana. «Sabía que aparecerían. Había notado claramente su presencia», dice Rafael, que asegura que en el margen izquierdo de la imagen aparece la figura de una enfermera vestida como lo hacían a principio de siglo, y en la parte derecha, el rostro de otra mujer. «Hay más fotos que se han hecho a lo largo de los últimos meses, una de ellas con el rostro de un niño, la imagen de un perro y una figura de negro», dice.


Rafael Reyes muestra las imágenes tomadas con un viejo móvil

Las voces
Las primeras percepciones fueron las voces. Una voz de hombre, una figura de negro que posiblemente podría tratarse de un cura, ya que el sanatorio, durante un tiempo, fue regentado por jesuitas. Habló la primera vez que acudimos al sanatorio. «Mientras veíamos que la grabadora podría tener problemas con las pilas, oímos una voz de hombre que decía "tranquilo, que sí va a salir". Allí no había nadie».
Más tarde, con la continuación de las investigaciones, una decena de psicofonías han registrado frases, una de ellas, en latín, y la más importante, comprobada recientemente por sistemas de análisis de espectro de audio, en la que la voz de la enfermera dice claramente: «No me molestes más», y otras palabras imperativas: «Vete» y «No entres dentro». El investigador preguntó, en esa ocasión en la que parecía que la mujer estaba con más intención de hacerse presente, si tenía miedo. La respuesta fue: «Tu sabes que no tengo miedo».
La investigación se da a conocer ahora porque la tarea de analizar las voces está ya muy avanzada. «Está claro que no son voces humanas, la intensidad e inflexión de la voz, más gutural, se muestra claramente como no humana en el análisis del espectro de onda».

Rafael Reyes cree que los campos de energía que se mueven en el viejo sanatorio son la representación de personas que vivieron y murieron allí, que no han podido abandonar el mundo de los vivos porque les ha quedado algo por hacer. «Se manifiestan ante personas que pueden tener una sensibilidad especial para percibir energías y formas», dice Rafael Reyes, pero lo cierto es que cualquier persona que llega al viejo sanatorio, entre los pinares de la Alfaguara, ruinoso y con dos enormes cipreses que flanquean las entrada, siente algo extraño, aprecia un silencio especial, una abrumadora tranquilidad.
Apariciones

Los vecinos de Alfacar siempre han sabido que las apariciones del sanatorio se corresponden con personas que vivieron allí. Saben que Berta Wihelmi tenía la imagen de una mujer muy apegada a su hospital, al cuidado de los enfermos. También saben que allí murieron muchas personas a causa de la enfermedad, entre ellos niños.

En las imágenes tomadas por Rafael Reyes, se aprecian caras de niños entre la maleza y las ruinas, además de la imagen de un perro, posiblemente un Doberman.
El investigador asegura que hay dos entidades enfrentadas, la mujer, que no quiere presencia de personas, y el hombre, posiblemente el sacerdote, a quien no le molesta que allí vaya gente.

Desde hace años, el sanatorio de la Alfaguara es un punto de encuentro para senderistas, ya que se encuentra en una de las rutas más utilizadas de la Alfaguara. 

El principal acceso al sanatorio se realiza por el carril que desde el campamento y área recreativa del ARboretum asciende hacia la Cueva del Agua y se bifurca hacia la izquierda a poco más de un kilómetro desde el aparcamiento del campamento y se dirige hacia Fuente Fría. El segundo acceso, en el carril qeu desde la Alfaguara lleva hacia la Fuente de los Potros y Pradonegro, tiene una cadena para evitar el apso de vehículos. Junto a esa cadena, los habituales de este paraje han realizado una incripción con los nñumero '666'.
 

Berta Wikman, un cura, enfermeras y un perrito paralítico
Un hombre que vivió en el sanatorio de la Alfaguara reconoce a los fantasmas

Agustín Marañes, de 80 años, asegura que la mujer de blanco tiene que ser la última directora del sanatorio, Doña Elena Bickmann Durante la segunda Guerra Mundial le impidieron sacar a su hijo de Alemania y siempre le esperó en la Alfaguara, aunque nunca llegó

Por Juan Enrique Gómez / IndyRock / IDEAL

16 de julio de 2007
Agustín Marañes Morilla, tiene 80 años. Vive en Algeciras, y no ha podido evitar que las noticias sobre apariciones y fenómenos paranormales en el antiguo sanatorio antituberculoso de la Alfaguara, le hayan provocado una explosión de recuerdos. Agustín fue una de las personas internas en el sanatorio cuando aún funcionaba como tal. Tenía 17 años. Su padre le llevó a la Alfaguara para curarse de una pleuritis. Allí vivió durante varios meses. Conoció personalmente a las personas cuyas almas o energías vitales, se aparecen entre las ruinas que aún quedan del viejo centro sanitario. 

Agustín Marañes / Páginas de IDEAL con el reportaje
«Es indiscutible, si se aparece una mujer de blanco, es la que fue la última directora del sanatorio, doña Elena Bickmann, una mujer encantadora, que siempre me trató con cariño, a mí y a todos los que estaban allí», dice Agustín, que no niega que también pueda aparecerse el alma de la fundadora, Berta Wihelmi, «pero al saber que los expertos hablan de una mujer, un niño, unos perros y un sacerdote, mi mente se ha trasladado a aquel tiempo. Todo coincide con la época en la que estuve allí», dice Agustín, que recuerda que había un sacerdote, muy alto, vestido de negro, tal y como se ha señalado por parte del profesor Rafael Reyes y otras personas que han sentido presencias extrañas en el paraje del sanatorio, y los perros.

Las imágenes en las que Rafael Reyes asegura haber captado a animales, dos perros, recuerdan a Agustín Marañes, a uno al que llamaban "Esparramáo" porque el perrito había nacido con una atrofia en los cuartos traseros y se movía muy bien, pero arrastrando toda la parte de atrás de su cuerpo. «Y el otro era "Caricarcusa", no se de dónde sacamos ese nombre, parecía un perro labrador, aunque quizá en una imagen de fenómenos paranormales se le pueda confundir con un Dobermán por la cara fina», dice Agustín, que recuerda que la vida en el sanatorio era agradable. 

Insiste en que la mujer que la mujer de blanco era Elena Bickmann y cuenta que «siempre vestía de negro, y se pasaba el día con la bata blanca puesta encima. Ella tenía una triste historia que es la que ha podido provocar que no descanse en paz». Agustín cuenta que esta mujer era alemana, amiga de la fundadora del centro, Berta Wihelmi. Al comenzar la Guerra Civil Española, volvió a Alemania, y al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, decidió volverse a España y reabrir el sanatorio, que había quedado abandonado por la contienda española. Pero al intentar salir de Alemania con su hijo, de unos 12 años, le impidieron que el chaval cruzase la frontera. «Le querían para la guerra, por lo que no pudo marcharse con él. Allí, en la frontera, quedó con su hijo que se verían en La Alfaguara, pero creo que nunca se llegó a producir el reencuentro». Agustín no sabe si el chico murió. No estuvo en las listas de muertos ni de desaparecidos, pero nunca volvió. Sobre Elena Bickmann siempre pesó el recuerdo de su hijo, y ahora, décadas después, no es posible descartar que la imagen de un niño en las apariciones del sanatorio, pueda deberse a aquel muchacho, hijo de doña Elena.

Agustín, cuando años después se caso, estuvo de viaje de novios en Granada. «Intenté ver a doña Elena, porque ella fue como una madre para mí. Me dijeron que vivía retirada en una de las primeras casitas de Sierra Nevada, ya en la carretera. Pero no la vi». Esta mujer, según el doctor granadino Fernando Girón, del Departamento de Historia de la Medicina de la Universidad de Granada y autor de un libro sobre el médico Alejandro Otero, en el que se refleja parte de la historia del sanatorio, comenta que Elena murió aquejada de un cáncer, después de que el sanatorio se cerrase de forma definitiva.

Apariciones
Para el investigador granadino, Rafael Reyes, es posible que Elena Bickmann sea una de las apariciones del sanatorio de la Alfaguara, pero mantiene que las psicofonías y las imágenes captadas por su cámara, hacen referencia expresa a la fundadora, a Berta Wihelmi. «Una de las noches que pasamos allí, y tras realizar las fotos en las que aparece una mujer vestida como enfermera, le llego a preguntar su nombre. Y la respuesta es muy clara. Dice "Berta" con una voz en la se aprecia que no puede pronunciar bien la erre, pero dice Berta». 
Para Rafael Reyes, no se puede ver este caso como la aparición de un único espectro. Son varias las presencias, y cambian según los momentos en los que ha acudido al sanatorio. Esta misma semana Rafael Reyes conversaba con Agustín Marañes. Ambos se sorprendían al comprobar datos aportados por Rafael y que Agustín podía recordar de su paso por el sanatorio. El cura de negro, ojos de niños y los perros.

Adentrarse en las ruinas del sanatorio de la Alfaguara provoca ahora una extraña sensación. El lugar está completamente abandonado. Aún queda en pie la nave principal, junto al gran porche del sanatorio. Las ventanas derruidas han sido tapadas con "somiers", posiblemente los mismos que utilizaron los enfermos. Las vigas de madera están caídas entre los escombros. Los marcos de ventanales han desaparecido. La vegetación ha cubierto lo que un día fue una explanada con magníficas vistas hacia el bosque y Sierra Nevada al fondo.

Un rato en silencio, entre los cascotes, provoca sensaciones enfrentadas, paz y miedo. Desde el pinar llega una pequeña brisa que te eriza el vello. 


Un ‘hogar’ seguro para el fantasma de la Alfaguara
Medio Ambiente demolerá las paredes del viejo sanatorio y mantendrá la planta como testigo histórico
Jóvenes y grupos de aficionados a la parapsicología se dan cita en un inmueble en ruinas que puede derrumbarse sobre sus cabezas 

Por Juan Enrique Gómez / IndyRock / IDEAL

Marzo de 2012

Las paredes y tejados del viejo sanatorio antituberculoso de la Alfaguara, en el interior de un denso pinar escondido entre caminos forestales, se han convertido en un peligro inminente para las personas que muchos fines de semana se concentran entre las ruinas para intentar captar sonidos de ultratumba y experimental visiones del más allá. Los responsables del Parque Natural de la Sierra de Huétor, tienen sobre la mesa un proyecto para derribar el viejo inmueble y dejarlo convertido en un espacio donde únicamente haya un pequeño muro que marque la planta del antiguo edificio y sirva de testigo histórico de su existencia y, de camino, mantenga el ‘hogar’ de los fantasmas de la Alfaguara, pero seguro y sin peligro para los visitantes, dice el director del parque, José María Teruel.

Han pasado 89 años desde que en pleno corazón de esta sierra, un grupo de enfermeras, médicos y religiosos, abrieron las puertas del que sería uno de los más activos y conocidos sanatorios antituberculosos del sur de la Península Ibérica. Ahora es un conglomerado de muros derruidos y tejados a punto de caer. 
En julio de 2007, IDEAL publicaba un reportaje que hacía que estas ruinas saltaran a los medios de comunicación de toda España. Tenían un  atractivo muy especial: entre los escombros, hierros y cascotes, se oyen voces, aparecen siluetas, sombras y emanaciones energéticas de su fundadora, Berta Wihelmi, enfermeras  y pacientes que habitaron y murieron entre sus paredes, incluso la imagen de ‘esparramao’, un perrito paralítico de sus patas traseras que vivió allí y que aún se arrastra entre los arbustos. Eran el resultado de una serie de investigaciones realizadas por un especialista en fenómenos paranormales, Rafael Reyes, que llegó a captar psicofonías en las que una voz decía ser «Berta».

La imagen actual del sanatorio es la de un enclave muchísimo más deteriorado y en degradación de lo que estaba en 2007. La Delegación de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía había colocado un cartel junto a las ruinas en el que indicaba a los visitantes que estaban en un parque natural, pero ahora el cartel ha cambiado y su leyenda es mucho más explícita: «Peligro, casa en ruinas. Prohibida la entrada». Los responsables del parque temen que se produzca un accidente, «porque la casa está en una situación lamentable». Las vallas no impedirían la entrada, ya que muchos de los grupos de jóvenes y de aficionados a las ciencias ocultas no las respetarían, como no lo hacen ni con el cartel ni con las cadenas y prohibiciones que impiden el paso de vehículos desde la carretera de la Alfaguara a los carriles forestales que pasan junto al sanatorio. Lo hacen de noche y ‘armados’ de bolsas con bebidas para hacer más llevadera la vigilia de espera de acontecimientos paranormales. «No nos preocupa que vayan a experimentar sensaciones y fenómenos extraños, pero sí que hagan fuegos y que luego dejen las botellas en el monte, con el peligro de incendio que ello conlleva», dic e el director del Parque Natural de la Sierra de Huétor.

La reconversión de ese espacio está a la espera de que haya una partida económica para poder acometerla, pero no es demasiado cara. La idea es derribar casi por completo el complejo que formaba el sanatorio. Eliminar las paredes, los techos que aún quedan y los muros, hayan caído o no, incluido el gran porche de entrada del sanatorio, donde los enfermos pasaban los días tomando el sol, cuando se podía, y respirando el aire de la sierra. «Solo dejaremos un murete de baja altura, no más de ochenta centímetros, que marcará el contorno y la planta del edificio», a modo de testigo, como se hace en las excavaciones arqueológicas una vez que se terminan las prospecciones. En el interior de ese contorno que formará el muro, se mantendrán los suelos que aún estén sin levantar, que son muy pocos. 

El viejo sanatorio está ubicado en un punto en el que  existe un denso bosque de pinos, encinas, quejigos y una enorme masa de vegetación autóctona. La entrada al sanatorio se hacía por una explanada en la que había, y aún se conservan, dos enormes cipreses que lógicamente se mantendrán, al igual que los espacios ocupados por vegetación plantada en su momento, olivos y almendros. No será necesario acometer un programa de reforestación o de recuperación del entorno del sanatorio porque el propio bosque se encargará de ello. 

Visitantes
Un paseo junto al sanatorio de la Alfaguara da la pista de lo que allí ocurre cada fin de semana, los restos de botellón se parecían a pesar de que los vigilantes ambientales que trabajan en esa zona se encargan de retirar botellas y basuras. Más difícil de eliminar son los signos de fogatas realizadas en la explanada, junto a los cipreses, bajo el porche e incluso en el interior de la estancia principal del sanatorio. Sus autores no parecen conscientes de que los muros pueden caerse en cualquier momento, con la lluvia o el viento. No tienen en cuenta que un fuego que se descontrole en esa zona puede generar un incendio forestal de proporciones impensables, sobre todo en épocas de sequía  extrema. 

«Pedimos respeto a un espacio natural protegido»
El director del Parque Natural de la Sierra de Huétor, José María Teruel, pide respeto y cuidado para con un espacio natural protegido y donde existen poblaciones vegletales y animales que se encuentran en peligro de extinción. Pide a los grupos de jóvenes que no vayan en motos, que si quieren acceder lo hagan andando, sin saltarse las cadenas que prohiben el paso a carriles donde no deben circular vehículos. «No están cerrados por gusto, sino porque se trata de zonas donde hay un alto peligro de incendio y deben ser protegidas», y no dejar las basuras en el monte. Provocan la muerte de especies animales y causan incendios. 


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EL SANATORIO
Lugar: Se encuentra en el interior de la sierra de La Alfaguara, en el Parque Natural de la Sierra de Huétor, entre pinares.
Historia: Fue inaugurado el 17 de mayo de 1923 para acoger a enfermos de tuberculosis. Fundado por Berta Wihelmi. Durante la Guerra Civil fue abandonado y, posteriormente se convirtió en ruinas.
Adentrarse en las ruinas del sanatorio de la Alfaguara provoca ahora una extraña sensación. El lugar está completamente abandonado. Aún queda en pie la nave principal, junto al gran porche del sanatorio. Las ventanas derruidas han sido tapadas con "somiers", posiblemente los mismos que utilizaron los enfermos. Las vigas de madera están caídas entre los escombros. Los marcos de ventanales han desaparecido. La vegetación ha cubierto lo que un día fue una explanada con magníficas vistas hacia el bosque y Sierra Nevada al fondo. 

Un rato en silencio, entre los cascotes, provoca sensaciones enfrentadas, paz y miedo. Desde el pinar llega una pequeña brisa que te eriza el vello. 


Coordenadas:
Campamento de la Alfaguara en,  37°15’34.62’’N - 3°31’47.17’’O, 
Fuente Fría está en 37°15’59.51’’N - 3°31’11.76’’O. 
El sanatorio está en, 37°15’52.99’’N -   3°31’6.85’’O. 

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El libro 'El Fantasma de la Diputación, crónica de tres décadas' puede conseguirse en formato electrónico y en formato físico, impresión bajo demanda, de tapa blanda en Amazon:

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