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Mercury Rev, try your best.
por Antutxo Martínez Ariza - IndyRock
Foto Ana María Lencero - IndyRock


La música de Mercury Rev es como una serie de imágenes.
Escuchándoles, es fácil imaginarse, no sé, una tarde
de verano en la parte de atrás de una casa en el medio oeste con
unos niños jugando en una piscina de Toy, en una hora donde la luz
se va haciendo gris y el cansancio de todo el día se transforma
en sonrisas. Por ejemplo. Porque tam-bién podría ser un coche
rodando por el desierto, o cada cual que le ponga lo que quiera, pero sí
algo de visual. Esto lo saben muy bien ellos, que no dejaron de proyectar
imáge-nes durante la media hora del concierto promocional, como
background de su música onírica. No en vano empezaron en
esto del showbiz para apoyar sus proyectos audiovi-suales y se les ha quedado
ese aspecto de banda sonora que tan bien les sienta.
Luego está también lo que hacen sentir. Y cómo
lo hacen. Son muy cálidos estos americanos, y desde que saltan al
escenario, Donahue se hace con el control del asunto, con su sonrisa del
que ha pasado por muy malos tragos y ahora está tranquilo. Habla
mucho, con calma, y transmite esa serenidad para que todos estemos muy
a gusto con él. Habla y dice cosas. Dice, por ejemplo, que la magia
de los conciertos tiene dos factores, los músicos y el público,
que se acuerdan de cuando ellos eran el público y que por eso están
muy agradecidos a la gente que ha ido, por crear ese momento que estamos
todos disfrutando. También que están de ese lado del escenario
por una serie de afortunados accidentes, lo que no deja de ser un ejercicio
de humildad, y que la imaginación es el mejor arma de cada uno,
lo que de verdad nos llevará lejos, que cada cosa que hagamos (no
importa qué) la hagamos lo mejor posible.
Entre unas y otras, se ha metido a la gente en el bolsillo, y consiguen
que se olvide uno de que esto es un concierto de promoción y la
cosa pase a convertirse en compartir unas canciones con unos desconocidos,
saltándose a la torera eso de las distancias sociales. Ahí
también triunfan, porque la mejor manera de escuchar su propuesta
onírica, los sonidos psicodélicos, las guitarras siderales
y esa ambientación tan cálida es en una distancia corta,
donde todo de lo que hablan se encuentre al alcance de la mano, rodeándote
y te sientas arrastrado a su universo particular como quien va de visita
a casa de un amigo.
En un terreno más formal, hay cosas de ellos que me recuerdan a
ciertos temas de The Church, de la última época (Hologram
of Baal y cosas del estilo), sobre todo en 'Secret for a song', el tema
que abre este 'A certain migration'. Pero en el fondo es lo de menos. Lo
importante es su capacidad para un tipo concreto de fragilidad, para recrear
sueños sin pesadillas, un espacio para la tranquilidad que es muy
necesario. Y sí que da esa sensación de estar haciéndolo
lo mejor que saben, sin aspavientos (hasta las poses le quedan naturales
a Donahue). Sinceros y honestos, si se me permite, algo cada vez menos
frecuente. Aunque nunca hayas sido fan, ni apenas conozcas tres canciones
de las que suenan (entre ellas 'Holes', por supuesto). No importa, te cogen
de los hombros y te llevan de viaje, sin perder la sonrisa, y no es difícil
encontrarse uno más a gusto, más tranquilo, más
feliz que cuando entró. Y en esto de la música es de lo mejor
que se puede pedir.
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