14-11-03 Sala Principe Granada
Organiza Musiserv
Fotos Merche S Calle © IndyRock



Lapido vuelve a meterse la huerta en el bolsillo
Texto: Luis Miguel Albarracín
Fotos: Antonio Rodríguez-Kodro
Lugar: Sala Faktorya, Murcia
Fecha/ Hora: Viernes, 21 de noviembre, medianoche.


Con un retraso de una hora sobre la estimada en un principio
(las once), la medianoche comenzó a dibujar unas nubes con forma
de pistola cargadas de puro rock and roll. El lugar, una sala muy coqueta
e intimista, dio rienda suelta a un Jose Ignacio en estado de gracia, respaldado
en todo momento por una auténtica banda que sonó compacta
y perfectamente engrasada para la ocasión. Antonio Lomas, fijo en
las formaciones, se situó en la batería; Sergio Martín
al bajo (¿alguien lo vio moverse, no sería una figura de
cartón-piedra para ahorrarse sus honorarios?; y la incombustible
máquina de dar saltos y poner poses de locura sobre el escenario,
el guitarra Víctor Sánchez. No quiero ni imaginarme cómo
se portaría en el colegio. Lapido no se quedó atrás.
Ofreció varias posturitas de divo. Se encontraba en su salsa. Había
noche y ganas, muchas ganas.
Todo lo contrario ocurrió con la comprensión
de las letras de Jose Ignacio cuando cantaba. Algunos de los asistentes
al concierto que se iniciaban en la poesía del granadino no entendieron
nada de lo que intentaba comunicar. Me consta que no es la primera vez
que sucede. Necesita mejorar.
El grueso de la actuación fue completándose
con canciones de sus tres trabajos en solitario: "Ladridos del perro mágico",
(1999), el EP "Luz de ciudades en llamas" (2001), y "Música celestial"
(2002). No podían faltar canciones como "Roto", "Alguien vendrá",
"Nadie besa al perdedor", "Demasiado tarde" o "Noticias del infierno",
dando un repaso a una carrera que se sigue consolidando en cada concierto,
en cada movimiento de muñeca deslizándose por la Gibson SG
que ha pateado durante tantos años los ambientes poéticos
y eléctricos de cuanta ciudad ha necesitado de aullidos de lobo
herido con ganas de no darse por vencido, incluso después del cese
de la música. Una hora sin descanso para alimentar el alma de todos
los que fueron a la Sala Faktorya en busca de su ración de preguntas
sin respuesta y dudas aun por resolver. No hubo tregua. La mayoría
de las canciones invitaban a saltar y cantar las letras siguiendo el ritmo
sin pensar en nada más. De vez en cuando un tema de medios tiempos,
sólo protocolo, claro. En la entrada los organizadores de la velada
lo habían escrito claro: "Las guitarras afinadas ya se encuentran
afiladas: pasen y vean".
También hubo tiempo para mirar por el retrovisor
algunas de las buenas y clásicas canciones de 091. No faltaron a
su cita con la huerta de Europa "Como acaban los sueños", "Qué
fue del siglo XX" o "Esta noche". Una gran parte del público ha
crecido con los discos de la banda granadina, y con la continuación
de Jose Ignacio en el mundo de la música tras la separación
del grupo en 1996, es lógico que algunos temas vuelvan cada noche
a la palestra, no sólo para recordar, sino también para reciclar
y hacer presente muchas composiciones que siguen vigentes. "En el laberinto",
sin ir más lejos.
Con un público divirtiéndose de lo lindo
llegó el primer bis, tres canciones que dejaron con ganas de más.
Volvieron a salir para tocar un par de temas de regalo ("Esta noche" y
"Sigo esperando". ¿Un poco más? Un poco más. Una última
canción que invitaba a otra, y a otra... pero la música paró,
el maestro cuidaba de nuestra salud. Después de un tiempo sin verlo
actuar, no quería que se produjera una mala digestión en
las sirenas y plebeyos. Diagnosticó hora y media. Suficiente. "Estoy
encantado de estar en Murcia". Sonó a revuelta a la huerta. Y teniendo
en cuenta que presentó un tema nuevo ("De espaldas a la realidad"),
seguiremos con la ilusión de encontrar algún día al
Dios de la luz eléctrica, o soñaremos con tomarnos unas cervezas
junto a Sísifo en el Cielo mientras escuchamos música celestial
entre el humo de los cigarrillos. Y si alguien a la mañana siguiente
se levanta con el estómago fastidiado, manzanas azules. Por la tarde
nos veremos de nuevo en el carrusel abandonado. Que así sea.