Escucha el tema "Muy lejos de aquí", primer single y avance 
del disco "Formas de matar el tiempo"
Fotogalería: Merche S. Calle / IndyRock
Nuevo disco, nueva gira "Formas de matar el tiempo"
José Ignacio Lapido ha terminado la grabación de las canciones que irán incluidas en su nuevo álbum que llevará por título “Formas de matar el tiempo”.

Entrevista: "Hace 20 años que hablaba de colas del paro y de vender pañuelos en los semáforos. No necesito apuntarme al carro de la conciencia social sobrevenida" (entrevista completa)
Gira 2013
10 de mayo – Sala B – Murcia
11 de mayo – Sala Wah Wah - Valencia
18 de mayo – Sala el Tren – Granada
24 de mayo – Sala Sidecar – Barcelona
25 de mayo – Sala López – Zaragoza
31 de mayo – Sala Caracol – Madrid
7 de junio – Sala Azkena – Bilbao
8 de junio – Sala Porta Caeli - Valladolid



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José Ignacio Lapido
José Ignacio Lapido, 2013
"Hace 20 años que hablaba de colas del paro y de vender pañuelos en los semáforos. No necesito apuntarme al carro de la conciencia social sobrevenida"
Entrevista por Juan Enrique Gómez / IndyRock

Con un nuevo disco, "Formas de matar el tiempo, el compositor y letrista granadino, José Ignacio Lapido, vuelve a mostrar lo mejor del rock hecho en español, nos enseña que la creación tiene objetivos, entre ellos dar motivos para pensar, contar historias y mostrar sentimientos. José Ignacio, sabe que el rock, la música urbana ha estado siempre muy cerca de los movimientos sociales, pero convivir con las crisis no es algo nuevo, y hace dos décadas que ya escribía versos sobre comedores sociales y desempleo... 

-Siete discos en solitario es todo un récord, ¿Son la esencia Lapido?
-Los discos se van acumulando y a uno mismo le abruma un poco el peso de su obra, que ya va siendo considerable. En todas mis grabaciones he intentado dar lo mejor de mí mismo, esforzándome en dejar canciones que pudieran sobrevivir al tiempo en que fueron registradas. 

-Un dominó dispuesto para caer en cadena... ¿Es alegórico, o simplemente estético?
-Sí, es una alegoría con una gran fuerza visual. Su te fijas todas las fichas son la doble blanca. Me gusta que las cubiertas de mis discos den motivos para pensar. El responsable de la portada es Alfonso Aguilar, Perroraro, que ya ha trabajado conmigo en anteriores discos y que creo que capta muy bien el sentido de mis canciones.

-Estamos en tiempos difíciles para la música... y para todo, ¿Crees que el rock se expresa mejor en tiempos de crisis?
-Desde que empezó el rock’n’roll a principios de los años 50 se han ido sucediendo periodos expansivos en la economía y periodos de crisis. Sería muy interesante que alguien escribiera sobre la relación entre la música popular y los ciclos económicos. El rock, ya de por sí, tiene una impronta urbana que le hace estar muy cercano a las problemáticas sociales. Así ha sido históricamente. Yo, desde luego, nunca he sido ajeno al mundo que me rodea, y así lo he expresado en mis canciones desde hace muchos años. La situación por la que pasa ahora mismo nuestro país es muy dura pero hace años tampoco era un jardín de rosas. Canciones mías de hace 20 años ya hablaban de las colas del paro o de la gente que va  los comedores sociales o que sobreviven vendiendo pañuelos de papel en los semáforos. No necesito apuntarme a ningún carro de “conciencia social sobrevenida”.

-Las letras siguen siendo la clave de la creación de Lapido, ¿La palabra aún tiene la capacidad de cambiar las cosas, de generar nuevos universos?
-Nunca he pensado que la letra de una canción pueda cambiar el mundo. Lo que si puede hacer es influir individualmente. A mí me pasó con las letras de lo Beatles, de los Stones, de Dylan o de Leonar Cohen. Fueron todo un descubrimiento cuando yo era muy joven y de alguna forma cambiaron mi forma de enfrentarme al mundo.

-Inicias una nueva gira... y ya van... 
He perdido la cuenta. Yo empecé a tocar en el año 79 del siglo pasado, así que mejor no hacer números porque nos deprimiríamos. Esta la iniciamos en mayo y vamos a tocar en 8 ciudades. 

-Son muchos años con la expresión musical como bandera. Desde los 80 hasta ahora, ¿Es cierto que hay una regresión hacia esa época por parte de la mayoría de los creadores musicales?
Pues no lo sé. Creo haber escuchado algunas cosas, sobre todo provenientes de eso que se llama indie, que utilizan muchos manierismos que ya me mortificaban en los 80, es decir, sintetizadores de baratillo y ritmos programados. Para mi gusto, lo peor de los 80. Si eso es lo que se quiere rescatar, lo siento, no va conmigo. En los 80 hubo buenos grupos como REM, Long Ryders, Green on Red, Godfathers… pero el tema techno y derivados nunca me ha interesado lo más mínimo.

-Lapido siempre ha llevado consigo una gran banda, ¿Es la misma, qué ha cambiado?
-La banda que ha grabado el disco, que va a ser la que me acompañará en los conciertos, es la misma de siempre, afortunadamente. Víctor Sánchez, Raúl Bernal, Popi González y Paco Solana, llevan conmigo, y yo con ellos, desde hace muchos años, En todo este tiempo creo que hemos conseguido generar un sonido identificable, y yo les agradezco enormemente su dedicación a la causa.


28/04/2012. 
Teatro CajaGranada
Fotos: Merche S. Calle / IndyRock
Crónica: El hombre al que le gustaba ver llover - Por Enrique Novi
El tiempo meteorológico, primaveral y apacible durante los días previos, se tornó tormentoso el día que José Ignacio Lapido había elegido para presentar sus canciones en un formato más íntimo del que acostumbra con su banda de rock. Como si el cielo descargando su lluvia incesante quisiera sumarse al reverencial respeto que la ciudad profesa a su hijo pródigo y adecuarse así al tono melancólico y desolado de su cancionero, que es una crónica sentimental de la derrota, de la amargura, del desencanto, el fracaso y también de su superación, y de cómo llevar con dignidad tantas sombras. La actuación formaba parte de una serie de conciertos por teatros en clave acústica. Con la formación reducida a los teclados de Raúl Bernal, la batería sin bombo de Popi González y la sutil y efectiva guitarra eléctrica de Víctor Sánchez, además de la acústica del propio Lapido, la propuesta se plantea más desnuda y recogida que en sus habituales conciertos eléctricos, y aunque se gana en solemnidad también se crea un cierto ambiente frío y constreñido que al menos durante la primera parte de la noche hizo añorar esa fuerza que sí se genera con la tormenta eléctrica. 

El grupo soslayó el handicap con su mejor activo, las canciones. Y además aprovechó el novedoso formato para hacer un repaso por algunas de las que menos protagonismo obtuvieron en su momento. Así abrieron fuego con No sé por donde empezar (una pequeña ironía, para que luego digan que este tipo carece de sentido del humor), Nada malo, El carrusel abandonado y Hasta desaparecer, aquel tema escondido en un single de 2006. Continuaron con El más allá, de las pocas de su disco más reciente, y unas cuantas de Ladridos de Perro Mágico, Pájaros, En algún lugar de la medianoche y Cuando las palabras vuelvan del exilio, entre ellas se coló Humo, de Música Celestial, otro de los álbumes a los que más se recurrió. 

El público se vino arriba con el ritmo irresistible de Nadie sabe, y el cuarteto se contagió del entusiasmo, con el motor funcionando a pleno rendimiento. Entonces José Ignacio, que pretendía un concierto contenido, tiró de las riendas y pidió calma con un gesto similar al de CR7 en el Camp Nou, aunque sin tanta chulería, faltaría más. Llegó el turno de El principio del fin y Por sus heridas, y en ese momento trató de romper el hielo del teatro sugiriendo al respetable que se admitían los cánticos. Lo hizo consciente de que llegarían con La canción del espantapájaros, la primera concesión con una de las más excelsas composiciones que creara en tiempos de 091. Con el patio de butacas aún soliviantado atacaron Cuando el ángel decida volver antes de retirarse a la espera de los bises, que llegaron generosos con otra de los Cero. A Nubes con forma de pistola le siguieron la magnífica En el ángulo muerto y La hora de los lamentos y La antesala del dolor, ambas de De Sombras y Sueños, para volver a despedirse con La Torre de la Vela, la de más solera que sonó el sábado y también la que hizo atribuirse más protagonismo al público, que impuso la melodía del estribillo por encima de la banda. 
De vuelta por última vez al escenario y con la sala entregada, culminó una noche fría y perfecta con tres más de regalo: Con la lluvia del atardecer, Olvidé decirte que te quiero y la última recuperada del repertorio de los Cero, la sensacional Espejismo Nº 7 que terminó de dibujar una sonrisa de satisfacción en los rostros de sus muchos incondicionales.

EL MAESTRO SUMA Y SIGUE
por Luis Miguel Albarracín - IndyRock
9 abril 2011 Granada Industrial Copera

Foto González Molero - Ideal

 De nuevo se cita la palabra MAESTRO en una crónica de Lapido. Pero qué le vamos a hacer. Cada cierto tiempo, cuando Lapido deja de aullar en soledad y decide ofrecer una nueva paleta de colores nos deleita con un concierto todavía mejor al anterior. Porque eso fue lo que ocurrió. Daba igual que empezara con un tema no nuevo (“Escrito en la ley”, en el que Raúl Bernal se marcó unas notas espectaculares), que siguiera con una cara B de su primer disco en solitario (“Me voy”), para la que cambió de guitarra, algo no muy usual en él, o que continuara con un clásico de su repertorio (“Luz de ciudades en llamas”). 
Las viejas y flamantes composiciones funcionan tan bien que todo lo demás no importa. Fue a partir de la cuarta canción cuando comenzaron a sonar las preciosas canciones de “De sombras y sueños”. Salvo tres composiciones sonaron todas las demás, siendo cada una de ellas muy bien acogidas por todos. “Algo falla”, “El más allá”, “Antes de morir de pena”, “Sueños que dejamos ir” y “En medio de ningún lado” sonaron del tirón. A priori no se sabía a ciencia cierta cómo defendería las nuevas composiciones Lapido, pero a tenor de lo mostrado queda claro que el examen lo pasó con nota. Lleva tiempo tocando con una banda muy solvente, y eso es más que una simple garantía. Se notó toda la energía de la banda con “El Dios de la luz eléctrica”, uno de los momentos álgidos de la noche. El frontman dijo que hacía como ocho años que no la tocaban, a lo que el público respondió con un gran derroche de energía y con su aprobación total. 

   A continuación se volvieron a mezclar temas de sus anteriores entregas y canciones nuevas. “Nunca se sabe”, “Sigo esperando” (otra de las canciones importantes de la velada), “Olvidé decirte que te quiero” (acercándonos a sus queridos músicos de blues), “La canción del espantapájaros” (la primera interpretada en honor a 091), “Vuelta a empezar” o “Lo creas o no”. Un concierto redondo. Ahora que no se puede fumar en las salas, la cerveza se consume por litros, y con un local entregado a la buena música era una delicia saborear un repertorio tan sólido en un ambiente ávido del mejor caviar. El ritmo de la noche iba creciendo por momentos, y cada vez el listón estaba más alto. 

   Para acabar con una hora y media llena de grandes sensaciones llegaron más temas que pueden considerarse como clásicos. “En el ángulo muerto”, “Cuando el ángel decida volver”, “La antesala del dolor”, “Más difícil todavía” y “Otros como yo”, otro pildorazo marca de la casa con el que se llamaba a la policía. Ahora que se hacen tantas concesiones para que la gente acuda a las salas para escuchar discos de culto, no estaría mal que “Tormentas imaginarias” se interpretara de nuevo, aunque sólo fuera en unas fechas muy concretas. Dicho queda maestro. 

   El sábado noche estaba llamado a permanecer en la memoria de todos. Mientras el Almería ponía las cosas difíciles en Barcelona, llegó otra media hora para saborear lentamente. “Paredes invisibles”, otro de los grandes temas de sus sombras y sueños abrió el set. “No digas que no te avisé” y “Nadie besa al perdedor” subieron todavía más la temperatura. “La hora de los lamentos” hizo de enlace para llegar a “Zapatos de piel de caimán”, en uno de los momentos de más exaltación de la noche, con una sala volcada con un repertorio sin desperdicio. Quedaba poca tela que cortar, pero hubo tiempo para que los músicos salieran una vez más ante su entregada audiencia. 

   Como broche a la noche sonaron dos composiciones más de 091, perfectas para cerrar una reunión inolvidable. “Esta noche” sigue tan bien como siempre, como si hubiera sido compuesta ayer mismo, y “Espejismo número ocho” es otra canción que gana con los años, como el buen vino. Con un Lapido pletórico, sonó realmente bien. Con el paso del tiempo Jose Ignacio se va soltando más en el escenario, transmite más que antes que disfruta con lo que hace, y hasta ríe más veces que en todas sus actuaciones anteriores juntas. Y eso el público lo agradece, porque se produce más empatía con todos los que escuchan sus canciones. Está claro que es uno de los mejores compositores de la escena española, y que cada  vez se va sintiendo más a gusto con su voz y con su rol de frontman. Si todo sigue según lo previsto, los mejores conciertos de Lapido están por venir, aquellos en los que su acercamiento sea mayor, y no tenga miedo a sonreír con sus amigos, aunque sea en una sala llena de seguidores. Tras más de dos horas de puro show se dio por acabado lo que se daba, hasta el día que Lapido decida sacar otra hornada de buenos temas. Lo dicho. El maestro suma y sigue. 


Concierto presentación de "De sombras y sueños", Teatro Isidoro Máíquez, Granada
Museo de la Memoria, CajaGranada
17 diciembre 2010 Teatro CajaGranada, Granada 
Fotos: Merche S. Calle / IndyRock
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Territorio de sueños
Por Juan Enrique Gómez / IndyRock
El título del nuevo disco de Lapido resume mejor que ningún otro la particular esencia del compositor de los Cero. «De sombras y sueños» siempre ha estado llena la carpeta de ideas de José Ignacio, que ahora toman cuerpo, se hacen presentes, sin ataduras ni complejos. Pasaron ya los tiempos de la timidez y Lapido crece, imparable, hacia mitologías omnipresentes en ese universo paralelo en el viven los genios. José Ignacio sabe concentrar sentimientos, aflorar pasiones y por encima de todo, contar historias, porque para el poeta, la existencia, sobre todo la que no se ve, es la base fiel de la creación. Es lo que hizo José Ignacio en su concierto de presentación de «De sombras y sueños» en el Teatro CajaGranada de Granada, contar historias.

No cabe duda alguna de que Lapido ha encontrado su banda, que en esta ocasión no podemos hablar de un creador acompañado de unos músicos, por buenos que sean. Tenemos que hablar de banda, de verdadero concepto de banda. Víctor Sánchez, Raúl Bernal, Popi, Paco Solana y Josdé Ignacio, lo bordan en el escenario, lo pasan bien tocando sus canciones, y eso no puede pasar desapercibido porque es una de las bases del rock and roll. En el teatro del Museo de la Memoria, Lapido hacía un repaso por las canciones de su nuevo disco, pero sin olvidar toda su trayectoria en solitario, e incluso algunas referencias muy señaladas a la magia de 091.

José Ignacio, en el Máiquez, colgó el cartel de no hay entradas, rindió un homenaje a quien fue su amigo y técnico de sonido en la época de los Cero, "Fonfi’ y al mago del flamenco, Enrique Morente, y contó con la ayuda de uno de sus músicos más admirados, Miguel Ríos, que subió al escenario para cantar dos canciones con Lapido. Y con Quini Almendros, el que fuese compositor y guitarrista de La Guardia. «Apareció un día en la cueva donde ensayábamos los Cero, siendo un niño. Todos éramos niños», que aportó sonidos de "Steeel guitar’ a la música de José Ignacio.

Vivimos un momento especial, una noche de inmersión en el particular mundo de Lapido, en su territorio de sueños.
 




 

Presentación en Madrid de "De sombras y sueños"
10-12-2010 Sala El Sol, Madrid 

Por Javier F Pollán - IndyRock
Fotos: Oscar López Sánchez  - IndyRock

Exactamente cinco años antes del viernes pasado, Lapido presentaba “En otro tiempo, en otro lugar”. En efecto otro tiempo, pero el mismo terreno. Después vendría la gira de “Cartografía” y ahora la de “De sombras y sueños”, última entrega del rockero granadino. José Ignacio Lapido se mantiene fiel a El Sol en sus periódicas visitas a Madrid. Las cosas no cambian entre él y su público. Su reiterativo universo lírico, su sempiterno gesto serio y su invariable sonido siguen convenciendo a su abnegada legión de seguidores, siguen dejando en ellos huella, disco tras disco. “De sombras y sueños” vuelve a confirmar expectativas y fortalece la trayectoria de un artista con peso específico en el rock nacional, cuya condición de ex 091 ya no lo define, sino que da un valor añadido a una carrera en solitario iniciada hace más de diez años, y caracterizada por la autoedición y la autoproducción. En este sentido, “De sombras y sueños” aporta una novedad: la producción del alemán Paul Grau. 

Las colaboraciones de Amaral o Quique González, entre otros nombres, dan también un nuevo impulso a la discografía de Lapido e inducen además a una reflexión: la de lo bien que suenan sus canciones en otras voces. Al fin y al cabo, las virtudes de este andaluz contrarrestan su punto flaco, que no es otro que su voz. 
José Ignacio Lapido se presentó a las diez y media en punto sobre el escenario, con camisa negra y su Gibson SG color vino, ante un lleno absoluto. Su banda fija desde hace años está integrada por Popi González (batería), Paco Solana (bajo), Raúl Bernal (teclados) y el extraordinario guitarrista Víctor Sánchez. 

“Paredes invisibles” fue el pistoletazo de salida, un medio tiempo que cierra el disco. Siguió con “No digas que no te avisé”, para pasar a la incendiaria “Luz de ciudades en llamas”, una de las perlas de su catálogo. Lapido y sus chicos se sumergieron a continuación en “De sombras y sueños”, con temas como “El más allá”, “Cansado” y la poderosa “Sueños que dejamos ir”, uno de los mejores cortes. Al margen de este último trabajo, Lapido recuperó varias canciones de “Cartografía” y algunos de “En otro tiempo, en otro lugar”, su obra cumbre desde mi punto de vista. “La antesala del dolor” y “Más difícil todavía” dieron paso al recuerdo de 091 con “Zapatos de piel de caimán”, que exaltó a los más curtidos del lugar. Sus primeros discos parecen quedar hoy muy lejos, pero hubo espacio para la infalible “Ladridos del perro mágico”, que titulaba su debut. De “Música Celestial” interpretó “Nadie besa al perdedor”. Llegaba el fin de fiesta y Lapido despedía los bises con “Cuado el ángel decida volver”. Pero aún quedaba tiempo para rememorar a los “Cero”, con la coreada “Esta noche” y “Espejismo nº 8”, que le sirvió para presentar a la banda en medio del éxtasis guitarrero. 

El público le regaló una ovación; un cálido hasta luego a uno de los valores seguros del rock’n’roll en nuestro país. Un músico que se mantiene en plena forma junto a su banda, y demuestra que, a pesar de sus pesimistas letras llenas de confusión y perdedores, él es un ganador con las cosas claras. 


 

José Ignacio Lapido edita "De sombras y sueños" en noviembre de 2010
“De Sombras y Sueños” es el sexto disco en la carrera en solitario del que fuera guitarrista y compositor de la banda granadina 091. Lapido, junto a su banda habitual, ha grabado un total de 13 nuevas canciones, y en algunas de ellas ha contado con la colaboración especial de Miguel Ríos, Quique González, Amaral y Quini Almendros. 
El disco lo ha producido Paul Grau en sus estudios Gizmo 7 de Motril, Granada, y su salida comercial está prevista para el 22 de noviembre, a partir del día 2 se podrá escuchar su single de adelanto, la canción titulada “El más allá”. 
"De sombras y sueños" será editado por el sello del propio artista, Pentatonia Records. 




Lapido en la presentación de "De Sombras y Sueños"

Biografía
Discografía


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Lapido presenta en directo “De Sombras y Sueños”(fechas de la gira) 
Jean Paul: Palabras mayores Por José Ignacio Lapido
LAPIDO presenta"Cartografía"en Granada, octubre 2008
"En cada lamento que se hace canción"Un libro de Jordi Vadell sobre Lapido presentado en la Biblioteca de Andalucía 
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