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Lagarto Rock 99
por Pedro T. Colmenero
Airada muestra de riesgo y criterio, en tiempos de vagos y fáciles planteamientos, la decimotercera edición del saurio rockero jiennense se vio colmado de varias propuestas estilísticas oscilando entre el rock más clásico e incluso preciosistas atisbos sinfónicos, para acabar derrapando hacia tendencias dance, espectáculo, glamour y pastilla. Con puntualidad suiza Pedro Sánchez y Raimundo Angosto (Sexta Planta-Fórmula Uno) daban paso a unos remozados Chupacabras (ganadores de la pasada edición), que sin renunciar al rasurado corte de guitarra sobre samplers y sonidos sintetizados, se alejaron de anteriores propuesta psicodélicas, dominados por el abrupto caminar metálico de la poderosa sección rítmica. La poderosa voz de Fernando que sustituía a Emilio Ramos y el encargado del apartado tecnológico (Toni) fueron las notas novedosas de un reencuentro recibido con fervor por los primeros asistentes de un festival que llego a reunir cerca de las 4.000 personas. Fueron Cultura Probase los que iniciaron la veda de grupos concursantes, que desde Huelva desplegaron un abanico de tendencias musicales, fusionando trip hop, funky, drum&bass o break beat, sin abandonar la base tradicional de guitarra, bajo y batería. Grupo perteneciente al llamado groove rave, superado por la humedad mediterránea contenida en la voz de Cristina y tres bailarinas/es encandilando el auditorio. Primer premio nada discutido. Los almerienses Profesor Popsnuggle tejieron un cromático lienzo de melodías pinceladas eléctricas. Lumínico pop guitarrero de saturados guiños indies, de grata acogida hasta su destensado final. El Niño Pringue acercó la simpatía de esa concepción -tan cordobesa- de lo simple tomado como arte. Se les puede reprochar su exceso de tiempos medios, su escepticismo; pero siempre se les agradecerá su desinterés competitivo, su concepción bodevilesca del rock and roll, las excelencias de sus músicos, su altanero rechazo de la tecnología y por encima de todo ser capaces de superar un accidentado comienzo. Leo Ladra Jazz para muchos fue la autentica sorpresa de la noche. Concentrados y encendidamente rabiosos, la atractiva figura de la vocalista se erigió mesiánica, lidero la banda de manera enérgica por turgentes senderos de rock visceralmente experimental y prendió rendidos vasallos para su reino. La Mato, segundos cordobeses sobre las tablas y cabezas de cartel de muchas quinielas, descargaron su estremecedor rock de inhóspita concepción, sin derramar ese tarro de esencias que sus muchos seguidores esperaban. Básicamente -sin discutirles sus innegables cualidades técnicas- no conectaron, resultando demasiado secos y distantes. Spiderband también debió evacuar un lastre parecido y, en atención al segundo premio concedido por el jurado, lo realizo con éxito. Cierta elaboración sinfónica en algunos temas y agnósticas visiones en otros, dejaron intelectualmente fríos a gran parte del recinto, entregándose el resto como posesos. Enfrebecido, feliz o inmensamente lúdico, el ambiente tras el ultimo pase del grupo teatral Creativo Imposible, los cuales ofrecieron un climático espectáculo de luz y color en diversas ocasiones, llegaba por primera vez a Jaén, un Rosendo que se llevo del Lagarto Rock tanto o más de lo que vino a dar. Al de Carabanchel se le quiere y respeta mucho por estos lares, donde se le rindió absoluta pleitesía, y claro, tanta emoción se desbordó. La seguridad contenía a duras penas la cantidad de espontáneos que saltaban al escenario. El vello se ponía literalmente de punta cuando apreciabas con que intensidad se aplaudían las interpretaciones, su desgarbada estampa crecía en esforzadas interpretaciones: "Flojos", "Agradecido" o la rescatada del baúl leñeriano "Cucarachas". Es cierto "Siempre hay una historia... en directo" y esta vez no iba ser menos, sobre todo cuando se ponía punto y final a un festival sin parangón en el actual panorama musical. 
Lagarto 2000


 





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