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por Pedro T. Colmenero
Airada
muestra de riesgo y criterio, en tiempos de vagos y fáciles planteamientos,
la decimotercera edición del saurio rockero jiennense se vio colmado
de varias propuestas estilísticas oscilando entre el rock más
clásico e incluso preciosistas atisbos sinfónicos, para acabar
derrapando hacia tendencias dance, espectáculo, glamour y pastilla.
Con puntualidad suiza Pedro Sánchez y Raimundo Angosto (Sexta Planta-Fórmula
Uno) daban paso a unos remozados Chupacabras (ganadores de la pasada edición),
que sin renunciar al rasurado corte de guitarra sobre samplers y sonidos
sintetizados, se alejaron de anteriores propuesta psicodélicas,
dominados por el abrupto caminar metálico de la poderosa sección
rítmica. La poderosa voz de Fernando que sustituía a Emilio
Ramos y el encargado del apartado tecnológico (Toni) fueron las
notas novedosas de un reencuentro recibido con fervor por los primeros
asistentes de un festival que llego a reunir cerca de las 4.000 personas.
Fueron Cultura Probase los que iniciaron la veda de grupos concursantes,
que desde Huelva desplegaron un abanico de tendencias musicales, fusionando
trip hop, funky, drum&bass o break beat, sin abandonar la base tradicional
de guitarra, bajo y batería. Grupo perteneciente al llamado groove
rave, superado por la humedad mediterránea contenida en la voz de
Cristina y tres bailarinas/es encandilando el auditorio. Primer premio
nada discutido. Los almerienses Profesor Popsnuggle tejieron un cromático
lienzo de melodías pinceladas eléctricas. Lumínico
pop guitarrero de saturados guiños indies, de grata acogida hasta
su destensado final. El Niño Pringue acercó la simpatía
de esa concepción -tan cordobesa- de lo simple tomado como arte.
Se les puede reprochar su exceso de tiempos medios, su escepticismo; pero
siempre se les agradecerá su desinterés competitivo, su concepción
bodevilesca del rock and roll, las excelencias de sus músicos, su
altanero rechazo de la tecnología y por encima de todo ser capaces
de superar un accidentado comienzo. Leo Ladra Jazz para muchos fue la autentica
sorpresa de la noche. Concentrados y encendidamente rabiosos, la atractiva
figura de la vocalista se erigió mesiánica, lidero la banda
de manera enérgica por turgentes senderos de rock visceralmente
experimental y prendió rendidos vasallos para su reino. La Mato,
segundos cordobeses sobre las tablas y cabezas de cartel de muchas quinielas,
descargaron su estremecedor rock de inhóspita concepción,
sin derramar ese tarro de esencias que sus muchos seguidores esperaban.
Básicamente -sin discutirles sus innegables cualidades técnicas-
no conectaron, resultando demasiado secos y distantes. Spiderband también
debió evacuar un lastre parecido y, en atención al segundo
premio concedido por el jurado, lo realizo con éxito. Cierta elaboración
sinfónica en algunos temas y agnósticas visiones en otros,
dejaron intelectualmente fríos a gran parte del recinto, entregándose
el resto como posesos. Enfrebecido, feliz o inmensamente lúdico,
el ambiente tras el ultimo pase del grupo teatral Creativo Imposible, los
cuales ofrecieron un climático espectáculo de luz y color
en diversas ocasiones, llegaba por primera vez a Jaén, un Rosendo
que se llevo del Lagarto Rock tanto o más de lo que vino a dar.
Al de Carabanchel se le quiere y respeta mucho por estos lares, donde se
le rindió absoluta pleitesía, y claro, tanta emoción
se desbordó. La seguridad contenía a duras penas la cantidad
de espontáneos que saltaban al escenario. El vello se ponía
literalmente de punta cuando apreciabas con que intensidad se aplaudían
las interpretaciones, su desgarbada estampa crecía en esforzadas
interpretaciones: "Flojos", "Agradecido" o la rescatada del baúl
leñeriano "Cucarachas". Es cierto "Siempre hay una historia... en
directo" y esta vez no iba ser menos, sobre todo cuando se ponía
punto y final a un festival sin parangón en el actual panorama musical.
Lagarto 2000
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