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por Fernando M. Navarro (especial IndyRock)
Fotos: J. E. Gomez © IndyRock
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EL nacimiento del hijo de las estrellas (concebido por una inteligencia
artificial y engendrado entre los quejumbrosos hierros de un vuelo que
nunca llegará a su destino, Júpiter) es uno de los hechos
más esperados por los profetas del nuevo milenio y por adictos al
espacio y sus secretos. A éste sólo podrá accederse
a través del total entendimiento de cuerpos celestes, agujeros negros
y demás naufragios (negros naufragios de cosmos y átomos).
En el camino de esa búsqueda (protegidos por esa quimera) se encuentran
los miembros de Lagartija Nick, que antes de ponerse a grabar el que será
su sexto disco (el cósmico Space 1999), han querido darse una vuelta
por el Parque de las Ciencias (centro de operaciones logísticas
y protocolarias de la hipotética base espacial del Sacromonte) para
recibir las instrucciones precisas que no hagan abortar la peligrosa misión
que los va a ocupar las próximas semanas. Encerrar dentro de una
runa digital (un cd) todas las enseñanzas de un explorador de supernovas
(no hay nada más estremecedoramente bello que la muerte de una estrella)
o de vestigios divinos (ese trozo de piedra oscura tallado en cosmos) como
el Comandante David Bowman (el iluminado astronauta de 2001) es tarea ardua
y complicada y más si se viene de explorar la luz más intensa
-Val del Omar- o el llanto de un arcángel gitano -Omega-. Por eso,
acompañados por los atentos guías-nodrizas del Parque, se
dieron una vuelta por el cosmos (absolutamente imprescindible visitar el
Planetario para ahogarse en la Vía Láctea o ver el cielo
desde La Antártida) y salieron preparados para, con la aprobación
de HAL 9000 y de nuestro hombre en la NASA, Pedro Duque, -que ha escrito
versos para este nuevo disco- emprendan su trayecto más allá
de Orion. Sólo Dios (pues Kubrick ya no puede dictar su verbo) sabe
lo que allí les espera.
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