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por Fernando M. Navarro (especial IndyRock)
Fotos: J. E. Gomez © IndyRock
Algo Sucio, Algo Eléctrico
Permitía lentamente que las gotas entraran de lleno en la retina.
Según el doctor ese fuerte fármaco es lo único que
podría rebajar el cáncer. ¿Quién demonios te
iba a decir que el neón del cartel de ese estúpido restaurante
chino que hay bajo tu casa iba a ser tan pernicioso? Noches enteras intentando
recordar su nombre y su sonrisa mirando aquel cartel y ahora era extraño
el día en que no rompían los ojos en pequeñas grietas
cristalinas de color rojo. Los párpados se quebraban con cada una
de aquellas saladísimas lágrimas de sangre y bilis. A pesar
de todo, cuando pasaban algunos minutos, los fármacos dejaban en
los labios (y en la frente) un sabor ácido de lo más delicioso.
Como el impacto de un balazo bajo un cielo del que cae azufre y fuego blanco.
Ese ácido, ese aceite químico (más el regalo del doctor
a un moribundo que un auténtico tratamiento, pues ambos sabían
que no sobreviviría) era, junto a las interminables horas delante
del tubo, lo único profano que aún lo hacían sonreír
(eso no era sonreír, era más bien no llorar). Afuera estaba
lloviendo (demonios, ¿cuando no?) y los insectos estaban devorando
los restos de comida de los últimos tres días. Sabía
que conectar el chisme era nefasto para sus ojos, pero su adicción
al tubo (la nueva televisión) era mucho más poderosa. Decidió
conectarse. Dentro del aparato iba buscando algún paisaje, alguna
de esas mujeres que poco a poco se iban desnudando hasta descubrir los
circuitos totalmente o quizá las transmisiones de los últimos
enfrentamientos cerca de la frontera (ver miles de cadáveres lo
hacía menos desgraciado). De pronto se topo con uno de aquellos
Video-Profetas Este era nuevo. Estaba a punto de seguir adelante cuando
sus palabras consiguieron despertar su atención. Este no hablaba
como los otros, no dictaba normas matemáticas para construir refugios,
o recetas para escapar de todo siete canales más adelante, ni tan
siquiera era uno de esos viejos cibernautas apocalípticos que juraban
y perjuraban que lo peor estaba aún por llegar. Este hombre que
en realidad parecía más bien una sombra que agonizando en
el Scanner (muchas sólo se quedaban allí) había sido
enviada fugazmente al tubo, hablaba de caos dándole orden a su boca,
hablaba de miedo con la cabeza alta y los pies firmes, hablaba de cables
agarrándose fuerte a su propio corazón programado. Su verbo
era profético pero ni mucho menos críptico, su boca era confusa,
pero encontraba la disciplina en sus palabras. Sus voces se incrustaron
en el techo de la habitación, en las sábanas de la cama,
en el dintel de la puerta. Se fueron extendiendo por toda la estancia hasta
que poco a poco esta fue convirtiéndose en un tendido eléctrico.
Su lenguaje se hizo carne en el propio vídeo. El chico intentó
escapar por la ventana, pero los cristales lo aprisionaron hasta hacerlo
plasma y VHS. Ahora todos estabamos preparados.
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Como una ceremonia de iniciación al tercer milenio oficiada por
un adicto a toda imagen y todo sonido, Hipnosis, Inercia y Su forman una
especie de trilogía profética sobre los medios, sobre el
amor ardiente y cortocircuitado (así se entienden textos como La
curva de las cosas o Eclipse) sobre las heridas que en el corazón
(y en menor medida en el alma) causa el láser y la alta definición
(siempre me ha causado pánico este concepto) que orquesta todo el
grupo, pero que dirige sin duda Antonio Arias. En Hipnosis el sonido aún
está gestándose, pero tanto la fuerza (inusitada por aquel
entonces) de las guitarras (No lo puedes ver o Disney World, mi preferida
del disco) como unas letras muy inteligentes, que son más bien collages
en los que entra todo lo mass-media (la enorme La gran depresión,
con el sitar de Luis Paniagua), consiguen llamar la atención. Posteriormente,
y gracias en parte al reputado productor Owen Davies, Inercia confirma
lo que ya hacía Hipnosis. Que la banda era un rara avis dentro del
panorama nacional. La estructura de infernal zapping de las unas letras
cada vez más brillantes y una debilidad por estribillos de esos
que se instalan directamente en nuestra fibra óptica para cambiarnos
la visión y en nuestra médula ósea (Nuevo Harlem,
Satélite) hacen de este disco el más celebrado por parte
de la crítica. Temas como Algo Sucio Algo Eléctrico o Esa
extraña Inercia (rápida, malvada) pasan rápidamente
a convertirse en himnos prohibidos de todas las víctimas del cáncer
de la generación VHS. Pero aún tiene que venir más.
Como epílogo de este tríptico filmado en estéreo llega
Su. Más criticado (quizá menos comprendido) que los anteriores,
aquí los estribillos no están tan claros y los textos pasan
de ser vistazos a la televisión y a las páginas de un periódico
a cortocircuitos en esa misma televisión, o inmensas hogueras en
las que arden los periódicos. Ahora se está más cerca
de la profecía que más tarde se alcanzará. Aún
así es un disco muy interesante, profundamente oscuro (es mi favorito
de esta trilogía) lleno de canciones enormes (la apertura con Estratosfera,
la estupenda El próximo Lunes, con una letra realmente inquietante,
La durísima Úsame, la desasosegante La curva de las cosas)
que completaba un repertorio por el que matarían cientos de bandas.
Una deslumbrante muestra de pequeñas profecías eléctricas
de tres minutos y medio que, reptando en estos tres cd´s, anuncian
por fin los miedos y los amores de la nueva generación. Que nadie
diga que no estabamos avisados.
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HIPNOSIS
Romilar-D Records 91
No lo puedes ver
Sonic Crash
Hipnosis
Tan raro, tan extraño, tan difícil
Ahora
El mundo desaparecido de los guantes
La gran depresión
Napalm
Déjalos sangrar
Disney World
Un mundo real
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INERCIA
Sony 92
Nuevo Harlem
Esa extraña inercia (anfetamina)
solo amnesia
algo sucio-algo electrico
rock´'n' roll 'zine
saltelite
universal
transfiguracion (mis 5 sentidos)
porno-stereo
eclipse
caraB
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SU
Sony 95
estratosfera
mi chofer psicoldelico
el proximo lunes
visiones de Cody
usame
el amor es la victima
la curva de las cosas
conmigo crece el caos
se mueve demasiado para mi
su
doble imagen
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