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Deep Inner Groove
Stefano Bollani & I Visionari 
Kyle Eastwood Band

Mavis Staples
Randy Brecker & Bill Evans con Medeski, Martin & wood
Tea For Three con Dave Douglas, Enrico Rava & Avishai Cohen 
Chucho Valdés & The Afro-Cuban Messengers

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Festival Jazz en la Costa
 
Deep Inner Groove
Sábado 23 de julio - Parque del Majuelo – Almuñécar
La despedida de los promiscuos. Por Enrique Novi
Excelente concierto de despedida el que nos brindó Deep Inner Groove, un quinteto de músicos, algunos ya conocidos, otros satisfactorios descubrimientos que habrá que añadir a la lista de candidatos a repetir, que han hecho de la promiscuidad su modus vivendi. Hablamos exclusivamente de música, naturalmente, que ya se sabe que el mundo del jazz es mucho más permeable al trasiego de instrumentistas entre bandas y acompañantes varios que el de otros géneros de formaciones más dadas a la estabilidad, con más férreo control de entradas y salidas. 

El antecedente más cercano lo teníamos en Reunion, otro combo que abrió el cartel del certamen sexitano hace unos años con los sonidos bailables del soul-jazz, la fusión amable y el jazz-funk. En esta ocasión, practicando no tanto fusión como soul-jazz clásico, elegante, hedonista y bailable, tres de los componentes de entonces repetían junto a un prometedor organista y un veterano y experimentado batería. Si entonces se presentaron como un sexteto a las órdenes de Jim Beard, la noche del sábado lo hacían como un quinteto que compartía con aquella banda a tres de sus miembros: el guitarrista Chuck Loeb, de pulso fino y técnica depurada para emular a los grandes del género, desde Charlie Christian a Kenny Burrel, de Wes Montgomery a Grant Green, que además de con Reunion, ya visitó Almuñécar anteriormente con Metro. 
El segundo que repetía era el cantante y trompetista alemán, Till Brönner, que centrado solo en su instrumento, aportó un toque exquisito y lleno de sensualidad. El tercer rescatado de la vieja Reunion era el saxofonista Eric Marienthal, que al igual que sus compañeros, posee una dilatada trayectoria como solista reputado y como acompañante de rutilantes estrellas tanto del jazz como del pop o el rock. Junto a ellos el magistral batería Harvey Mason, que sin  haber firmado ningún disco por su cuenta, puede presumir de un currículum envidiable con primeras figuras del jazz y del funk. Y para completar el grupo no podía faltar un mago del órgano Hammond, el instrumento que da sentido al jazz de vocación underground. 

El hasta ahora desconocido Pat Bianchi dejó sobrada constancia de su pericia a la hora de extraer esas inconfundibles notas borrachas de vibrato que hacen mover el trasero al más tímido de la sala de baile. De modo que aunque el nuevo proyecto Deep Inner Groove, al igual que ocurría con Reunion, no ha publicado ningún trabajo discográfico más allá de los de sus miembros, el repertorio no se resintió en absoluto. Le bastó con nutrirse de algunas de las composiciones de Loeb, Brönner o Mason y, por supuesto, coronar la actuación con unos cuantos temas clásicos del soul-jazz para poner un perfecto cierre a la vigésimo cuarta edición de Jazz en la Costa: Bumpin’ de Wes Montgomery, el ellingtoniano In a sentimental mood, el popular Walk tall de Cannonball Adderley, o el magistral Compared to what con el que Les McCann y Eddie Harris pusieron boca arriba el festival de Montreux de 1969. Menuda despedida

 
Chucho Valdés & The Afro-Cuban Messengers 
Viernes 22 de julio  2011 Parque del Majuelo – Almuñécar Granada
Maestros, compinches y mentores por Enrique Novi
La combinación viernes de Festival-Chucho Valdés ya era de por sí un binomio que garantizaba el lleno absoluto y evidentemente, con el papel agotado desde hacía semanas, las inmediaciones del Majuelo antes del concierto eran un hervidero de aficionados poco previsores a la busca y captura de una entrada. Y como era de prever una vez dieron las diez y media y la música comenzó a inundar el parque, Chucho, uno de los artistas más queridos y admirados por los incondicionales del certamen, al frente de su nuevo combo, no decepcionó ni al más exigente de los parroquianos que abarrotaron el recinto. No podía ser de otro modo. Porque como uno de los pianistas más dotados, versátiles y completos del mundo tiene muy poca competencia y nadie en su sano juicio se atrevería a discutirlo. Porque además cuando sus prodigiosas manos se deslizan sobre las teclas no hay género, matiz o textura que quede fuera de su alcance, incluso en una noche donde no mostró un lucimiento particularmente espectacular. Pero es que por si todo esto fuera poco, en esta ocasión venía presentando su último trabajo, Chucho’s steps, que es un intencionado homenaje a algunos de sus más aclamados maestros, mentores y compinches. Desde la propia denominación del septeto, una clara referencia tanto a la orquesta de Dizzy Gillespie como a los Jazz Messengers de Art Blakey, todo el repertorio está salpicado de guiños a los intérpretes y compositores del jazz que han influido en su sonido, arrastrándolo al terreno del latin-jazz, que Valdés domina como nadie. El resultado de esta nueva aventura no puede ser más atinado, pues recupera la esencia del legendario proyecto Irakere, sin duda un hito dentro del jazz cubano y en gran medida la escuela donde se han formado algunos de los mejores músicos del jazz de pulso latino. Así se vio desde el principio, con el tema Danzón, con Zawinul’s mambo, un explícito tributo, Begin to be good, donde rinde pleitesía al mismo tiempo al Cole Porter de Begin the beguine y al George Gershwin de Lady be good, o con Julian, donde homenajea al gran Cannonball Adderley a ritmo de conga. Así, con su ilimitada capacidad para encontrar pasadizos que conecten músicas de variada raíz, fue interpretando a autores clásicos a ritmo de blues, composiciones paradigmáticas del jazz al compás de la rumba, el son o la guajira, o boleros preñados de herencia yoruba. Como viene siendo habitual, su hermana Mayra Caridad hizo una aparición estelar, en este caso para cantar Alma mía, y toda la banda participó de la fiesta en la que se convierten sus actuaciones. Magníficos Carlos Manuel Miyares y Reinaldo Melián a los vientos, impecable el compás de Lázaro Rivero al contrabajo, y por supuesto excelente la conjunción de los tres monstruos de los tambores que elevan la temperatura de cada concierto de Chucho: Juan Carlos Rojas Castro a la batería, Yaroldy Abreu Robles a las congas y Dreiser Durruthy Bambolé con el tambor batá, sus cánticos y hasta un baile poseído entre las butacas que puso al público en pie. En definitiva, un concierto cubanísmo que dibujó una amplia sonrisa en cada uno de los privilegiados que lo disfrutamos.
Tea For Three con Dave Douglas, Enrico Rava & Avishai Cohen 
jueves 21 de julio  2011  Parque del Majuelo – Almuñécar Granada
La hora del té por Enrique Novi
No es habitual encontrar propuestas como la que programó el Festival para la noche del jueves: tres ases de la trompeta compitiendo y dialogando entre ellos, aportando cada uno un matiz específico al sonido cristalino y brillante de tan clásico instrumento. Visto el resultado, tal vez devino algo decepcionante seguramente por el potencial que el experimento encerraba y que no se correspondió con lo que vimos sobre el escenario del Parque del Majuelo. Con el nombre de Tea For Three, en clara referencia a Tea for two, uno de los clásicos más recurrentes del S. XX, cuya melodía se coló de soslayo en algún pasaje de la noche, y bajo la dirección de Dave Douglas, el sexteto ofreció un concierto dinámico y divertido en el que el té fue el hilo conductor de un repertorio basado en las composiciones del propio Douglas. Una base rítmica de auténtico lujo formada por dos conocidos y una revelación aportó la plataforma impecable sobre la que los tres vientos construyeron sus desarrollos melódicos. El inconmensurable pianista Uri Caine, sabia y sobriamente comedido en su papel de acompañante y el excelso batería Clarence Penn eran los conocidos; la revelación corrió a cargo de Linda Ho, que impresionó con su técnica y su precisión al contrabajo. Su aspecto de fragilidad contrastó con la potente sonoridad que extrajo de un instrumento detrás del cual podía esconderse. Sobre esta base inmaculada los tres trompetistas trataron de lucirse. Dave Douglas posee una técnica indiscutible, un variado registro, capacidad para la improvisación y originalidad. Enrico Rava acumula una cohorte de adeptos por su toque enigmático y atmosférico que sin descuidar la riqueza melódica, se adentra en caminos más audaces siempre desde el refinamiento. Por su parte, Avishai Cohen (no confundir con su paisano, el contrabajista de idéntico nombre), el más joven de los tres y la otra buena noticia de la noche, demostró un toque rotundo, claro y preciso, muy bien modulado. Con las lecciones del bop bien aprendidas, regaló algunos de los solos más brillantes del concierto con su intuición melódica e intenso soplo. Con semejante plantel los pronósticos no podían ser mejores, y todos esperábamos una noche de jazz de altura con tres trompetistas pugnando por comerse a los demás. Sin embargo, se echaron de menos, precisamente por la ocasión de contar con esas tres opciones para un mismo timbre, algunos arreglos más incisivos, que resaltaran más el contraste entre el toque de cada uno. Es cierto que hubo algunos pasajes de espectacularidad y brillantez, especialmente cuando Douglas ponía la sordina, Rava daba gas al moscardón subiendo y bajando pistones y Cohen se vaciaba los pulmones describiendo la línea melódica, pero también hubo otros algo deslavazados y en general, quien más quien menos salió con la sensación de que podía haberse llevado algo más.
Randy Brecker & Bill Evans con Medeski, Martin & wood
Lógica matemática
miércoles 20 de julio  2011 Parque del Majuelo – Almuñécar / Granada
Por Enrique Novi
Al viejo dicho de más vale malo conocido que bueno por conocer habría que darle la vuelta para explicar el acierto del Festival y el tino del público que una noche más abarrotó el Parque del Majuelo, intuyendo el torrencial de música que se avecinaba. Más bien tendríamos que hablar de lo bueno conocido, que siempre es una apuesta segura. Y aún más cuando la suma de las partes, la de dos reconocidos solistas y un poderoso trío, desafiando la lógica matemática, multiplica exponencialmente el abrumador resultado. Tanto el soberbio y audaz trompetista Randy Brecker como el simpático y elegante saxofonista Bill Evans han demostrado sus habilidades sobre ese mismo escenario en anteriores ocasiones, si bien es verdad que con desigual acierto. A este último habría que hacerle un abono porque rara es la edición en la que no participa formando parte de todo tipo de agrupaciones de variado registro. 
Un tanto que hay que anotarle a su versatilidad. Asimismo la apisonadora formada por John Medeski, Billy Martin y Chris Wood también era bien conocida de la parroquia, que consciente de la garantía que supone su maquinaria pesada una vez comienza el concierto, no quiso dejar pasar de largo el miércoles de Festival. Lo mejor de todo es que la mezcla los hizo a todos mejores y el quinteto acabó por firmar una actuación memorable y rotunda. Los conciertos del trío cuando son los protagonistas exclusivos del cartel suelen ser apabullantes en todos los sentidos, pero especialmente son excesivos por el despliegue de solos y las constantes exhibiciones de un virtuosismo no exento de cierta querencia hacia lo experimental. Algo que los convierte en experiencias no siempre fáciles de digerir. Pero este hecho quedó neutralizado con la presencia de Brecker y Evans. Ambos fueron los artífices de Soulbop, un proyecto abierto a las sonoridades del funk, el soul y el blues sin rebajar la prestancia jazzística ni el nivel de improvisación de los dos portentos del fraseo, que ya presentaron en este mismo Festival. Heredera de aquella aventura, la actual formación se demostró perfecta para su continuidad. 

Con las riendas cortas con las que Evans y Brecker ataron el trío, Medeski, Martin y Wood fueron el complemento perfecto para el sonido caliente y lleno de groove de los vientos. Y la mejor prueba fue el cierre. El tema Blue pepper de Duke Ellington, que con absoluta naturalidad llevaron al terreno del soul jazz y le hicieron parecer un clásico de los discos de Blue Note de los 50 y 60, aquellos cálidos álbumes de preciosas portadas cuyos bajos neumáticos y contrapuntos del órgano Hammond hacían irresistiblemente bailables. Y así acabamos en el ecuador del Festival.


Stefano Bollani & I Visionari 
martes 19 de julio 2011 Parque del Majuelo – Almuñécar Granada
Tu Vo’ Fa l’Americano por Enrique Novi
El celebérrimo estribillo de la popular y camaleónica canción de Renato Carosone viene a decir algo así como ‘tú quieres tocar al estilo americano’… más o menos. Y Stefano Bollani, descendiente musical del gran Carosone, es lo que viene haciendo con su música, virar hacia un estilo genuinamente americano, sin renunciar a sus raíces mediterráneas y a su formación clásica. Tanto Bollani como el quinteto con el que se presentó en el Festival de Almuñécar, I Visionari, no son unos desconocidos para los aficionados locales, pues hace tres años, en la edición de 2008 del certamen de invierno en la capital, una desafortunada carambola acabó desembocando en que esta misma formación se diera a conocer en el Teatro Isabel la Católica. Anunciaba el programa una colaboración entre Enrico Rava –que también forma parte del cartel costero de este año- y Bollani, cuando una repentina enfermedad del trompetista obligó a modificar el cartel. Fue así como lo que iba a ser un dúo de piano y trompeta se tornó en el grato descubrimiento de este hábil quinteto. Como sucedió entonces, el grupo, y especialmente su cabeza visible, el inquieto Stefano Bollani, dejó constancia del desenfadado talante con que se toman una música que en cuanto a categoría artística es bien seria, de muchos quilates. Y además nada complaciente, porque buen humor no significa liviandad musical. Su propuesta no renuncia a incorporar los hallazgos de ninguna corriente del jazz, desde el swing hasta el bop, desde el jazz moderno de los renovadores hasta las tendencias más vanguardistas. Todo ello impregnado de un aire personal, italianizante, como no podía ser de otra manera. Arropado por músicos de contrastada solvencia, Bollani ofrece un concierto impecable aunque muy contenido en el que no deja lugar para ningún exhibicionismo. Todo el peso lo deja al amor que vayan pidiendo los propios temas y no se enreda en ostentaciones de habilidad. Eso lo hace aún más grande, pues él como pianista está suficientemente dotado para impresionar al personal sin demasiado esfuerzo. Se agradece doblemente esa contención en beneficio de un repertorio que permitió sutilezas y algunas gotas de ese humor con el que parece tomarse la vida y la música. Así arrancó con su simpatía la sonrisa del público, presentando los temas y a los músicos en un idioma que era un batiburrillo de lenguas de origen latino, y que ni era español, ni italiano ni portugués sino todos juntos y entremezclados. O cuando decidía simular su torpeza golpeando un tambor o poner a toda la banda a acompañar con sus voces el solo de batería. Entre tanta ocurrencia una gran actuación con pasajes realmente brillantes que hizo pedir con convencimiento el consabido bis. Antes de atacar con el quinteto al completo la magnífica The Hamburg Boogaloo, nos regaló su versión popular interpretando solo al piano y cantando Che cosa sono le nuvole. Y como hiciera muchos años antes el gran Carosone, nos hizo creer que el swing surgió en un imposible puerto italiano situado en la Luisiana.

Kyle Eastwood Band 
lunes 18 de julio  2011 Parque del Majuelo – Almuñécar Granada
El orgullo de papá
Por Enrique Novi
El orgullo de papá o Harry el limpio, podríamos decir después de asistir a la presentación en el Festival de la Costa Tropical de Kyle Eastwood, el hijo pródigo del cineasta, del que heredó una genuina y respetuosa afición por el jazz. Más allá del morbo de calcular parecidos y de las maldades de considerar si el apellido habrá contribuido o no a impulsar su carrera como músico, el talludo bajista, ajeno tras más de quince años de carrera a semejantes reflexiones, ofreció un concierto aceptable para los tiempos que corren, con momentos incluso brillantes y más que digno al frente de una banda solvente y bien compactada. Estilísticamente el grupo se mueve con soltura entre el smooth jazz, la fusión amable, el clasicismo y algunas interesantes incursiones en lo que podríamos denominar música incidental de corte cinematográfico, algunas de ellas a modo de propuestas de banda sonora en busca de celuloide, pues aunque finalmente se decantaría por el jazz, en su juventud Kyle estudió cinematografía en California. Con el correcto acompañamiento del pianista Andrew McCormack y el batería Martyn Kaine, a Kyle no le pesó asumir protagonismo tanto con el bajo eléctrico como con el contrabajo, instrumentos que fue alternando con criterio y de los que extrajo hermosas sonoridades, demostrando que no era gratuito el hecho de que la banda llevara su nombre. Junto a ellos cumplieron el saxofonista Graeme Blevins, fino y convincente con el tenor; algo más empalagoso con el soprano, y el trompetista Jim Rotundi que con menos palmarés que su compañero de vientos, mostró un fraseo exuberante y preciso, que por momentos hizo honor a su apellido. Todos ellos consiguieron completar un show meritorio y medido, sin grandes clímax pero hermoso. Y para conseguirlo echaron mano, sobre todo, de su reciente Songs from the chateau, un álbum todavía calentito en las cubetas de las tiendas de discos (si es que aún existe tal cosa) del que interpretaron cinco de los diez temas de los que constaba el repertorio, con especial mención a Andalucia, su particular visión sonora de nuestra tierra, y el tema Tonic, una sugerente composición de tempo lento plena de matices. El resto lo completaron con Song for you, del disco Metropolitan, y tres cortes de Paris blue, probablemente el mejor trabajo de Eastwood hasta la fecha. Con todo, seguramente el momento que más agradeció el respetable fue la recreación del tema perteneciente a Letters from Iwo Jima, la película que dirigió su padre y cuya banda sonora compuso Kyle junto a Michael Stevens. 

Mavis Staples
domingo 17 de julio  2011 Parque del Majuelo – Almuñécar Granada
Cantando desde el púlpito 
por Enrique Novi
La actuación de Mavis Staples abriendo la actual edición del Festival de Almuñécar Jazz en la Costa demostró dos cosas: Que por más que se empeñen en ignorarlo los redichos profesores de OT y sus secuelas, cantar bien tiene poco que ver con tener una buena voz, y que por tanto se pueden transmitir emociones más allá del rango más o menos ancho de la tesitura y el timbre perfecto; y que además del jazz con su batallón de trompetería y de músicos virtuosos, los Estados Unidos han aportado al mundo una tradición musical rica, genuina y reconocible que discurre en paralelo y que se nutre de gospel y de blues, como el jazz, pero también de rock, de country y de rhythm&blues. Mavin Staples no solo pertenece por derecho propio a esta estirpe, sino que la dignifica afrontándola con respeto, convicción y valentía. Pocos músicos con un  bagaje como el suyo se atreverían a actuar por primera vez ante un auditorio desconocido sin echar mano del infalible repertorio que debe tener en el fondo de su catálogo. La Staples lo hizo basando el grueso de su actuación en su último trabajo, un excelente álbum publicado por el sello Anti en el que da en la diana encontrando ese impreciso terreno común entre lo sacro y lo profano, entre el gospel y el blues. Y en el que logra transmitir, entrada ya en sus setenta años, el convencimiento por cualquier cosa que cante, con un poderío y un fraseo del que otras con más facultades carecen. El resultado es un show lleno de soul donde no hay sitio para la pirotecnia y el efectismo. Acompañada por un sobrio trío de guitarra (el magistral bluesman Rick Holmstrom), bajo (Jeff Turmes, otro secundario de lujo) y batería (Stephen Hodges, soberbio y comedido), alérgico a las florituras, que parecía escogido por T Bone Burnett, Ry Cooder, Howe Gelb o cualquier otro trotamundos del desierto, y una impecable sección vocal en la que destacaban la presencia de su hermana Yvonne y, sobre todo, el privilegiado registro de Donny Gerrard, toda una institución en Norteamérica, Mavis Staples regaló una colección de excelentes canciones, la mayor parte pertenecientes a You are not alone. Además de algunas tradicionales, Wonderful savior, con la que abrió fuego, Will the circle be unbroken o Wade in the water, se fueron sucediendo las canciones de firma ilustre, como Wrote a song for everyone, de John Fogerty, Losing you, de Randy Newman, o Only the Lord knows o la misma You are not alone, ambas compuestas por el líder de Wilco, Jeff Tweedy especialmente para este disco que se ha encargado de producir y dirigir musicalmente. La propia Staples así lo comunicó al respetable. Y si bien es cierto que su mención no pareció impresionar a los asitentes, su mano se notó en la distancia, tanto por la sobriedad del planteamiento como por la excelente elección de temas, a la que seguro no fue ajeno. Con el público ya en pie, el grupo remató la faena con dos certeros bises: For what it’s worth el himno contra la represión policial de los Buffalo Springfield para dejar constancia de su compromiso con la lucha por los derechos civiles, y la tradicional Eyes on the prize, con la que se despidió de la para ella impronunciable Almuñécar.
Festival Jazz en la Costa
Ediciones anteriores, crónicas
Festival Jazz en la Costa 2010
Festival Jazz en la Costa 2009
Kind of Blue at 50: Jimmy Cobb’s So What Band Liturgia en clave de jazz por Enrique Novi 
XXI edición Festival de Jazz en la Costa 2008

Del 11 al 19 de julio de 2008 Parque El Majuelo Almuñécar Granada 
Conciertos a las 22.30 h.





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