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Festival Jazz en la Costa
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Deep Inner Groove
Sábado 23 de julio - Parque del Majuelo – Almuñécar
La despedida de los promiscuos. Por Enrique Novi
Excelente concierto de despedida el que nos brindó Deep Inner Groove,
un quinteto de músicos, algunos ya conocidos, otros satisfactorios
descubrimientos que habrá que añadir a la lista de candidatos
a repetir, que han hecho de la promiscuidad su modus vivendi. Hablamos
exclusivamente de música, naturalmente, que ya se sabe que el mundo
del jazz es mucho más permeable al trasiego de instrumentistas entre
bandas y acompañantes varios que el de otros géneros de formaciones
más dadas a la estabilidad, con más férreo control
de entradas y salidas.
El antecedente más cercano lo teníamos en Reunion, otro
combo que abrió el cartel del certamen sexitano hace unos años
con los sonidos bailables del soul-jazz, la fusión amable y el jazz-funk.
En esta ocasión, practicando no tanto fusión como soul-jazz
clásico, elegante, hedonista y bailable, tres de los componentes
de entonces repetían junto a un prometedor organista y un veterano
y experimentado batería. Si entonces se presentaron como un sexteto
a las órdenes de Jim Beard, la noche del sábado lo hacían
como un quinteto que compartía con aquella banda a tres de sus miembros:
el guitarrista Chuck Loeb, de pulso fino y técnica depurada para
emular a los grandes del género, desde Charlie Christian a Kenny
Burrel, de Wes Montgomery a Grant Green, que además de con Reunion,
ya visitó Almuñécar anteriormente con Metro.
El segundo que repetía era el cantante y trompetista alemán,
Till Brönner, que centrado solo en su instrumento, aportó un
toque exquisito y lleno de sensualidad. El tercer rescatado de la vieja
Reunion era el saxofonista Eric Marienthal, que al igual que sus compañeros,
posee una dilatada trayectoria como solista reputado y como acompañante
de rutilantes estrellas tanto del jazz como del pop o el rock. Junto a
ellos el magistral batería Harvey Mason, que sin haber firmado
ningún disco por su cuenta, puede presumir de un currículum
envidiable con primeras figuras del jazz y del funk. Y para completar el
grupo no podía faltar un mago del órgano Hammond, el instrumento
que da sentido al jazz de vocación underground.
El hasta ahora desconocido Pat Bianchi dejó sobrada constancia
de su pericia a la hora de extraer esas inconfundibles notas borrachas
de vibrato que hacen mover el trasero al más tímido de la
sala de baile. De modo que aunque el nuevo proyecto Deep Inner Groove,
al igual que ocurría con Reunion, no ha publicado ningún
trabajo discográfico más allá de los de sus miembros,
el repertorio no se resintió en absoluto. Le bastó con nutrirse
de algunas de las composiciones de Loeb, Brönner o Mason y, por supuesto,
coronar la actuación con unos cuantos temas clásicos del
soul-jazz para poner un perfecto cierre a la vigésimo cuarta edición
de Jazz en la Costa: Bumpin’ de Wes Montgomery, el ellingtoniano In a sentimental
mood, el popular Walk tall de Cannonball Adderley, o el magistral Compared
to what con el que Les McCann y Eddie Harris pusieron boca arriba el festival
de Montreux de 1969. Menuda despedida
Chucho Valdés & The
Afro-Cuban Messengers
Viernes 22 de julio 2011 Parque del Majuelo – Almuñécar
Granada
Maestros, compinches y mentores por Enrique Novi
La combinación viernes de Festival-Chucho Valdés ya era de
por sí un binomio que garantizaba el lleno absoluto y evidentemente,
con el papel agotado desde hacía semanas, las inmediaciones del
Majuelo antes del concierto eran un hervidero de aficionados poco previsores
a la busca y captura de una entrada. Y como era de prever una vez dieron
las diez y media y la música comenzó a inundar el parque,
Chucho, uno de los artistas más queridos y admirados por los incondicionales
del certamen, al frente de su nuevo combo, no decepcionó ni al más
exigente de los parroquianos que abarrotaron el recinto. No podía
ser de otro modo. Porque como uno de los pianistas más dotados,
versátiles y completos del mundo tiene muy poca competencia y nadie
en su sano juicio se atrevería a discutirlo. Porque además
cuando sus prodigiosas manos se deslizan sobre las teclas no hay género,
matiz o textura que quede fuera de su alcance, incluso en una noche donde
no mostró un lucimiento particularmente espectacular. Pero es que
por si todo esto fuera poco, en esta ocasión venía presentando
su último trabajo, Chucho’s steps, que es un intencionado homenaje
a algunos de sus más aclamados maestros, mentores y compinches.
Desde la propia denominación del septeto, una clara referencia tanto
a la orquesta de Dizzy Gillespie como a los Jazz Messengers de Art Blakey,
todo el repertorio está salpicado de guiños a los intérpretes
y compositores del jazz que han influido en su sonido, arrastrándolo
al terreno del latin-jazz, que Valdés domina como nadie. El resultado
de esta nueva aventura no puede ser más atinado, pues recupera la
esencia del legendario proyecto Irakere, sin duda un hito dentro del jazz
cubano y en gran medida la escuela donde se han formado algunos de los
mejores músicos del jazz de pulso latino. Así se vio desde
el principio, con el tema Danzón, con Zawinul’s mambo, un explícito
tributo, Begin to be good, donde rinde pleitesía al mismo tiempo
al Cole Porter de Begin the beguine y al George Gershwin de Lady be good,
o con Julian, donde homenajea al gran Cannonball Adderley a ritmo de conga.
Así, con su ilimitada capacidad para encontrar pasadizos que conecten
músicas de variada raíz, fue interpretando a autores clásicos
a ritmo de blues, composiciones paradigmáticas del jazz al compás
de la rumba, el son o la guajira, o boleros preñados de herencia
yoruba. Como viene siendo habitual, su hermana Mayra Caridad hizo una aparición
estelar, en este caso para cantar Alma mía, y toda la banda participó
de la fiesta en la que se convierten sus actuaciones. Magníficos
Carlos Manuel Miyares y Reinaldo Melián a los vientos, impecable
el compás de Lázaro Rivero al contrabajo, y por supuesto
excelente la conjunción de los tres monstruos de los tambores que
elevan la temperatura de cada concierto de Chucho: Juan Carlos Rojas Castro
a la batería, Yaroldy Abreu Robles a las congas y Dreiser Durruthy
Bambolé con el tambor batá, sus cánticos y hasta un
baile poseído entre las butacas que puso al público en pie.
En definitiva, un concierto cubanísmo que dibujó una amplia
sonrisa en cada uno de los privilegiados que lo disfrutamos.
Tea For Three con
Dave Douglas, Enrico Rava & Avishai Cohen
jueves 21 de julio 2011 Parque del Majuelo – Almuñécar
Granada
La hora del té por Enrique Novi
No es habitual encontrar propuestas como la que programó el Festival
para la noche del jueves: tres ases de la trompeta compitiendo y dialogando
entre ellos, aportando cada uno un matiz específico al sonido cristalino
y brillante de tan clásico instrumento. Visto el resultado, tal
vez devino algo decepcionante seguramente por el potencial que el experimento
encerraba y que no se correspondió con lo que vimos sobre el escenario
del Parque del Majuelo. Con el nombre de Tea For Three, en clara referencia
a Tea for two, uno de los clásicos más recurrentes del S.
XX, cuya melodía se coló de soslayo en algún pasaje
de la noche, y bajo la dirección de Dave Douglas, el sexteto ofreció
un concierto dinámico y divertido en el que el té fue el
hilo conductor de un repertorio basado en las composiciones del propio
Douglas. Una base rítmica de auténtico lujo formada por dos
conocidos y una revelación aportó la plataforma impecable
sobre la que los tres vientos construyeron sus desarrollos melódicos.
El inconmensurable pianista Uri Caine, sabia y sobriamente comedido en
su papel de acompañante y el excelso batería Clarence Penn
eran los conocidos; la revelación corrió a cargo de Linda
Ho, que impresionó con su técnica y su precisión al
contrabajo. Su aspecto de fragilidad contrastó con la potente sonoridad
que extrajo de un instrumento detrás del cual podía esconderse.
Sobre esta base inmaculada los tres trompetistas trataron de lucirse. Dave
Douglas posee una técnica indiscutible, un variado registro, capacidad
para la improvisación y originalidad. Enrico Rava acumula una cohorte
de adeptos por su toque enigmático y atmosférico que sin
descuidar la riqueza melódica, se adentra en caminos más
audaces siempre desde el refinamiento. Por su parte, Avishai Cohen (no
confundir con su paisano, el contrabajista de idéntico nombre),
el más joven de los tres y la otra buena noticia de la noche, demostró
un toque rotundo, claro y preciso, muy bien modulado. Con las lecciones
del bop bien aprendidas, regaló algunos de los solos más
brillantes del concierto con su intuición melódica e intenso
soplo. Con semejante plantel los pronósticos no podían ser
mejores, y todos esperábamos una noche de jazz de altura con tres
trompetistas pugnando por comerse a los demás. Sin embargo, se echaron
de menos, precisamente por la ocasión de contar con esas tres opciones
para un mismo timbre, algunos arreglos más incisivos, que resaltaran
más el contraste entre el toque de cada uno. Es cierto que hubo
algunos pasajes de espectacularidad y brillantez, especialmente cuando
Douglas ponía la sordina, Rava daba gas al moscardón subiendo
y bajando pistones y Cohen se vaciaba los pulmones describiendo la línea
melódica, pero también hubo otros algo deslavazados y en
general, quien más quien menos salió con la sensación
de que podía haberse llevado algo más.
Randy Brecker &
Bill Evans con Medeski, Martin & wood
Lógica matemática
miércoles 20 de julio 2011 Parque del Majuelo – Almuñécar
/ Granada
Por Enrique Novi
Al viejo dicho de más vale malo conocido que bueno por conocer habría
que darle la vuelta para explicar el acierto del Festival y el tino del
público que una noche más abarrotó el Parque del Majuelo,
intuyendo el torrencial de música que se avecinaba. Más bien
tendríamos que hablar de lo bueno conocido, que siempre es una apuesta
segura. Y aún más cuando la suma de las partes, la de dos
reconocidos solistas y un poderoso trío, desafiando la lógica
matemática, multiplica exponencialmente el abrumador resultado.
Tanto el soberbio y audaz trompetista Randy Brecker como el simpático
y elegante saxofonista Bill Evans han demostrado sus habilidades sobre
ese mismo escenario en anteriores ocasiones, si bien es verdad que con
desigual acierto. A este último habría que hacerle un abono
porque rara es la edición en la que no participa formando parte
de todo tipo de agrupaciones de variado registro.
Un tanto que hay que anotarle a su versatilidad. Asimismo la apisonadora
formada por John Medeski, Billy Martin y Chris Wood también era
bien conocida de la parroquia, que consciente de la garantía que
supone su maquinaria pesada una vez comienza el concierto, no quiso dejar
pasar de largo el miércoles de Festival. Lo mejor de todo es que
la mezcla los hizo a todos mejores y el quinteto acabó por firmar
una actuación memorable y rotunda. Los conciertos del trío
cuando son los protagonistas exclusivos del cartel suelen ser apabullantes
en todos los sentidos, pero especialmente son excesivos por el despliegue
de solos y las constantes exhibiciones de un virtuosismo no exento de cierta
querencia hacia lo experimental. Algo que los convierte en experiencias
no siempre fáciles de digerir. Pero este hecho quedó neutralizado
con la presencia de Brecker y Evans. Ambos fueron los artífices
de Soulbop, un proyecto abierto a las sonoridades del funk, el soul y el
blues sin rebajar la prestancia jazzística ni el nivel de improvisación
de los dos portentos del fraseo, que ya presentaron en este mismo Festival.
Heredera de aquella aventura, la actual formación se demostró
perfecta para su continuidad.
Con las riendas cortas con las que Evans y Brecker ataron el trío,
Medeski, Martin y Wood fueron el complemento perfecto para el sonido caliente
y lleno de groove de los vientos. Y la mejor prueba fue el cierre. El tema
Blue pepper de Duke Ellington, que con absoluta naturalidad llevaron al
terreno del soul jazz y le hicieron parecer un clásico de los discos
de Blue Note de los 50 y 60, aquellos cálidos álbumes de
preciosas portadas cuyos bajos neumáticos y contrapuntos del órgano
Hammond hacían irresistiblemente bailables. Y así acabamos
en el ecuador del Festival.
Stefano Bollani &
I Visionari
martes 19 de julio 2011 Parque del Majuelo – Almuñécar
Granada
Tu Vo’ Fa l’Americano por Enrique Novi
El celebérrimo estribillo de la popular y camaleónica canción
de Renato Carosone viene a decir algo así como ‘tú quieres
tocar al estilo americano’… más o menos. Y Stefano Bollani, descendiente
musical del gran Carosone, es lo que viene haciendo con su música,
virar hacia un estilo genuinamente americano, sin renunciar a sus raíces
mediterráneas y a su formación clásica. Tanto Bollani
como el quinteto con el que se presentó en el Festival de Almuñécar,
I Visionari, no son unos desconocidos para los aficionados locales, pues
hace tres años, en la edición de 2008 del certamen de invierno
en la capital, una desafortunada carambola acabó desembocando en
que esta misma formación se diera a conocer en el Teatro Isabel
la Católica. Anunciaba el programa una colaboración entre
Enrico Rava –que también forma parte del cartel costero de este
año- y Bollani, cuando una repentina enfermedad del trompetista
obligó a modificar el cartel. Fue así como lo que iba a ser
un dúo de piano y trompeta se tornó en el grato descubrimiento
de este hábil quinteto. Como sucedió entonces, el grupo,
y especialmente su cabeza visible, el inquieto Stefano Bollani, dejó
constancia del desenfadado talante con que se toman una música que
en cuanto a categoría artística es bien seria, de muchos
quilates. Y además nada complaciente, porque buen humor no significa
liviandad musical. Su propuesta no renuncia a incorporar los hallazgos
de ninguna corriente del jazz, desde el swing hasta el bop, desde el jazz
moderno de los renovadores hasta las tendencias más vanguardistas.
Todo ello impregnado de un aire personal, italianizante, como no podía
ser de otra manera. Arropado por músicos de contrastada solvencia,
Bollani ofrece un concierto impecable aunque muy contenido en el que no
deja lugar para ningún exhibicionismo. Todo el peso lo deja al amor
que vayan pidiendo los propios temas y no se enreda en ostentaciones de
habilidad. Eso lo hace aún más grande, pues él como
pianista está suficientemente dotado para impresionar al personal
sin demasiado esfuerzo. Se agradece doblemente esa contención en
beneficio de un repertorio que permitió sutilezas y algunas gotas
de ese humor con el que parece tomarse la vida y la música. Así
arrancó con su simpatía la sonrisa del público, presentando
los temas y a los músicos en un idioma que era un batiburrillo de
lenguas de origen latino, y que ni era español, ni italiano ni portugués
sino todos juntos y entremezclados. O cuando decidía simular su
torpeza golpeando un tambor o poner a toda la banda a acompañar
con sus voces el solo de batería. Entre tanta ocurrencia una gran
actuación con pasajes realmente brillantes que hizo pedir con convencimiento
el consabido bis. Antes de atacar con el quinteto al completo la magnífica
The Hamburg Boogaloo, nos regaló su versión popular interpretando
solo al piano y cantando Che cosa sono le nuvole. Y como hiciera muchos
años antes el gran Carosone, nos hizo creer que el swing surgió
en un imposible puerto italiano situado en la Luisiana.
Kyle Eastwood Band
lunes 18 de julio 2011 Parque del Majuelo – Almuñécar
Granada
El orgullo de papá
Por Enrique Novi
El orgullo de papá o Harry el limpio, podríamos decir después
de asistir a la presentación en el Festival de la Costa Tropical
de Kyle Eastwood, el hijo pródigo del cineasta, del que heredó
una genuina y respetuosa afición por el jazz. Más allá
del morbo de calcular parecidos y de las maldades de considerar si el apellido
habrá contribuido o no a impulsar su carrera como músico,
el talludo bajista, ajeno tras más de quince años de carrera
a semejantes reflexiones, ofreció un concierto aceptable para los
tiempos que corren, con momentos incluso brillantes y más que digno
al frente de una banda solvente y bien compactada. Estilísticamente
el grupo se mueve con soltura entre el smooth jazz, la fusión amable,
el clasicismo y algunas interesantes incursiones en lo que podríamos
denominar música incidental de corte cinematográfico, algunas
de ellas a modo de propuestas de banda sonora en busca de celuloide, pues
aunque finalmente se decantaría por el jazz, en su juventud Kyle
estudió cinematografía en California. Con el correcto acompañamiento
del pianista Andrew McCormack y el batería Martyn Kaine, a Kyle
no le pesó asumir protagonismo tanto con el bajo eléctrico
como con el contrabajo, instrumentos que fue alternando con criterio y
de los que extrajo hermosas sonoridades, demostrando que no era gratuito
el hecho de que la banda llevara su nombre. Junto a ellos cumplieron el
saxofonista Graeme Blevins, fino y convincente con el tenor; algo más
empalagoso con el soprano, y el trompetista Jim Rotundi que con menos palmarés
que su compañero de vientos, mostró un fraseo exuberante
y preciso, que por momentos hizo honor a su apellido. Todos ellos consiguieron
completar un show meritorio y medido, sin grandes clímax pero hermoso.
Y para conseguirlo echaron mano, sobre todo, de su reciente Songs from
the chateau, un álbum todavía calentito en las cubetas de
las tiendas de discos (si es que aún existe tal cosa) del que interpretaron
cinco de los diez temas de los que constaba el repertorio, con especial
mención a Andalucia, su particular visión sonora de nuestra
tierra, y el tema Tonic, una sugerente composición de tempo lento
plena de matices. El resto lo completaron con Song for you, del disco Metropolitan,
y tres cortes de Paris blue, probablemente el mejor trabajo de Eastwood
hasta la fecha. Con todo, seguramente el momento que más agradeció
el respetable fue la recreación del tema perteneciente a Letters
from Iwo Jima, la película que dirigió su padre y cuya banda
sonora compuso Kyle junto a Michael Stevens.
Mavis Staples
domingo 17 de julio 2011 Parque del Majuelo – Almuñécar
Granada
Cantando desde el púlpito
por Enrique Novi
La actuación de Mavis Staples abriendo la actual edición
del Festival de Almuñécar Jazz en la Costa demostró
dos cosas: Que por más que se empeñen en ignorarlo los redichos
profesores de OT y sus secuelas, cantar bien tiene poco que ver con tener
una buena voz, y que por tanto se pueden transmitir emociones más
allá del rango más o menos ancho de la tesitura y el timbre
perfecto; y que además del jazz con su batallón de trompetería
y de músicos virtuosos, los Estados Unidos han aportado al mundo
una tradición musical rica, genuina y reconocible que discurre en
paralelo y que se nutre de gospel y de blues, como el jazz, pero también
de rock, de country y de rhythm&blues. Mavin Staples no solo pertenece
por derecho propio a esta estirpe, sino que la dignifica afrontándola
con respeto, convicción y valentía. Pocos músicos
con un bagaje como el suyo se atreverían a actuar por primera
vez ante un auditorio desconocido sin echar mano del infalible repertorio
que debe tener en el fondo de su catálogo. La Staples lo hizo basando
el grueso de su actuación en su último trabajo, un excelente
álbum publicado por el sello Anti en el que da en la diana encontrando
ese impreciso terreno común entre lo sacro y lo profano, entre el
gospel y el blues. Y en el que logra transmitir, entrada ya en sus setenta
años, el convencimiento por cualquier cosa que cante, con un poderío
y un fraseo del que otras con más facultades carecen. El resultado
es un show lleno de soul donde no hay sitio para la pirotecnia y el efectismo.
Acompañada por un sobrio trío de guitarra (el magistral bluesman
Rick Holmstrom), bajo (Jeff Turmes, otro secundario de lujo) y batería
(Stephen Hodges, soberbio y comedido), alérgico a las florituras,
que parecía escogido por T Bone Burnett, Ry Cooder, Howe Gelb o
cualquier otro trotamundos del desierto, y una impecable sección
vocal en la que destacaban la presencia de su hermana Yvonne y, sobre todo,
el privilegiado registro de Donny Gerrard, toda una institución
en Norteamérica, Mavis Staples regaló una colección
de excelentes canciones, la mayor parte pertenecientes a You are not alone.
Además de algunas tradicionales, Wonderful savior, con la que abrió
fuego, Will the circle be unbroken o Wade in the water, se fueron sucediendo
las canciones de firma ilustre, como Wrote a song for everyone, de John
Fogerty, Losing you, de Randy Newman, o Only the Lord knows o la misma
You are not alone, ambas compuestas por el líder de Wilco, Jeff
Tweedy especialmente para este disco que se ha encargado de producir y
dirigir musicalmente. La propia Staples así lo comunicó al
respetable. Y si bien es cierto que su mención no pareció
impresionar a los asitentes, su mano se notó en la distancia, tanto
por la sobriedad del planteamiento como por la excelente elección
de temas, a la que seguro no fue ajeno. Con el público ya en pie,
el grupo remató la faena con dos certeros bises: For what it’s worth
el himno contra la represión policial de los Buffalo Springfield
para dejar constancia de su compromiso con la lucha por los derechos civiles,
y la tradicional Eyes on the prize, con la que se despidió de la
para ella impronunciable Almuñécar.
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