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THE STRANGE BOYS (Abril 2012) Presentando su nuevo disco,
"Live Music"
22 - Barcelona - La [2] de Apolo
23 - Madrid - El Sol
25 - Vitoria-Gasteiz - Campus de la Universidad
Juventud sónica por Manuel
C. Ferrón
jueves 11 de noviembre de 2010 sala Planta Baja. Granada
Con la energía, el vigor y la frescura propios de su juventud,
The Strange Boys han conseguido, con sólo dos discos (The Strange
Boys and Girls Club, de 2009; y Be Brave, de 2010) trascender la escena
de Austin y Dallas y despertar en los aficionados y la crítica de
medio mundo el interés y la curiosidad por su particular forma de
concebir y ejecutar el garage rock. Los tejanos protagonizaron el jueves
el último de los cuatro conciertos con los que el bar Ruido Rosa,
granadinísimo embalse y manantial de la mejor música, haciendo
suyo el escenario de la sala Planta Baja, ha celebrado su vigésimo
tercer aniversario.
Liderado por Ryan Sambol, recurrentemente comparado con Pete Doherty
y Bob Dylan, con quienes comparte ciertos rasgos de pronunciación
e inflexión, el quinteto, pese a su estética contemporánea,
ofreció un concierto de marcado carácter retro, en absoluto
nostálgico, por la notable influencia que la psicodelia y el rock
británico de los años sesenta han ejercido, desde su formación
como dúo punk, en el sonido de la banda.
En alguna ocasión Ryan Sambol ha declarado que sobre el escenario
no existen los errores. Hacer nuestra tal afirmación hizo aumentar
exponencialmente nuestro placer como espectadores de un concierto que,
libre de errores y, con ellos, de muchos juicios y prejuicios incómodos,
los cinco de Texas afrontaron con total desinhibición, atacando
con desahogo el repertorio propio y con descaro el de otros artistas, desde
los jocosos guiños a Red Hot Chili Peppers o The Rolling Stomes,
hasta la más seria interpretación del If I Could (El condor
pasa) vía Simon & Garfunkel.
Rabiosamente jóvenes, ocupando ya una posición de privilegio
y dando muestras de una inteligente actitud, The Strange Boys lo tienen
todo a favor para seguir regalándonos buena música durante
muchos años. Si lo consiguen durante tantos como el Ruido Rosa,
también a ellos, muchas felicidades.
Heineken Music Selector Sala malandar, Sevilla
11 de octubre de 2010
Maullidos de valentía
por Armando Marín Ruiz._IndyRock
Fotos Tomás Osborne Ruiz - IndyRock

Furibundo, sin más opción que escabullirme por el mundo,
tras sufrir con abatimiento las consecuencias de aquel tremebundo acontecimiento,
me someto al secreto de deambular como un inmundo vagabundo, por los arrabales
de la ciudad. Con nostalgia, pretéritos destellos de una vida más
agradecida, confinados a una estirpe de alta alcurnia, reavivan mis recuerdos,
en los que con docilidad y bondad, retozaba en un salón al amparo
del calor de un hogar, jugaba sin preocupaciones con mi añil pelota,
degustaba la exquisitez de ese azul pescado al que se me tenía acostumbrado,
paseaba por los tejados con nocturnidad y sin alevosía, agradeciéndole
a la luna lo afortunado que me sentía. Sin embargo, de todos es
sabido que la curiosidad es sinónimo de muerte, para los que presumen
de compartir mi condición.
Y es ahora cuando, en pos de la supervivencia, me veo obligado a desprenderme
de los guantes del bienestar, aprendiendo a defenderme panzarriba de toda
adversidad que se me presente, sabedor de lo esencial de dominar la puesta
de mi propio cascabel, que me lleve al agua en la mayor de mis dificultades,
por mucho que me horrorice este líquido elemento. Sin rumbo fijo
en el horizonte, me someto al estímulo de mis sentidos, los únicos
conocedores de cómo ayudarme cuando intuyen la posibilidad de percibir
a alguno de mis congéneres encerrado, con tal de conservar las vidas
de las que aún dispongo, cuenta que perdí hace tiempo, mucho
tiempo. Y es que por la noche, todos somos pardos, y al que trate de buscarme
un pie más del que dispongo, se topará con lo irascible de
un carácter que no consentirá otra cosa que no sea liebre.
Y por muy gruñón que sea y por ello, ratón no cace,
aún presumo de seguir con vidas, lo que sin duda es un buen desenlace.
Oculto tras los matorrales a orillas del Guadalquivir, mi sentido auditivo
queda perplejo tras atestiguar el sonido de unos aullidos sugestivamente
maullados. Aprovechando la coyuntura tras el despiste de uno de los porteros
de la sala, y mimetizado con la negrura de mi pelaje, Malandar me sirve
de acogida para poder desconectar de mis habituales inclemencias vitales.
Sobre el escenario, unos chicos extraños, recién llegados
del considerado como hermano pequeño de ese festival tan aclamado
internacionalmente, cuya sede reside en su lugar natal, Austin (Texas).
Cuestión de tiempo que el portuense ‘Monkey Week’ alcance las dimensiones
del tejano ‘SXSW’, que año tras año consigue hacer realidad
las musicales fantasías de gran cantidad de melómanos, gracias
a sus megalómanos cometidos.
¿Quién será dueño de tan excitante voz,
capaz de incitar a la locura a cualquier felino como el que suscribe? Notorio
parangón con la de aquel trovador de Duluth, que conquistó
los corazones de toda una generación, poniendo patas arriba la conflictiva
política de una nación, mediante sus proclamas antibelicistas
y sus himnos pacifistas, en clave de un Folk rezumante de poesía.
Hállase ante mi un nuevo fenómeno musical que, a través
de un espíritu plenamente punk, mantiene latente la longevidad de
un género como el garage-rock, el cual, según explica su
sello Rough Trade, es capaz de hilvanar a la perfección el primitivismo
de The Velvet Underground, el beat inicial de The Rolling Stones y una
dylaniana inherencia de anfetamínico esqueleto. Heineken Music Selector
nos brindó la oportunidad de deleitarnos con cinco post-púberes,
de meticuloso aspecto zarrapastroso, ávidos por conquistar el mundo
con un polvoriento sonido latero en la percusión de Mike La Franchi,
un tóxico hipertrofismo en el timbre nasal de Ryan Sambol y unas
exuberantes arritmias rítmicas plasmadas en el nerviosismo de sus
descacharradas guitarras. Por descontado añadir ese colorista toque
esquizofrénico de su nueva incorporación, la saxofonista
Jenna E. Thornhill Hewitt (Mika Miko). Un impecable ejercicio, añejo,
cuasi retrógrado, de ferviente honestidad hacia un crudo rock de
raíces, un corrosivo y trémulo blues del Delta y un agreste
garage definitivo y definitorio. Una genuina paleta estilística
de expresionista vitalidad cuya disquisición se centra en la sencillez
de un riff, alejado de todo solo, y en un peculiar director de orquesta
de hierática figura y enormes ojos somnolientos. Repasando su, hasta
la fecha, sucinta pero ensalzada discografía, desvariamos con la
voyeurista ‘Laugh at sex, not her’; la atropellada y psicodélica
‘Wou is you and me’; la introspectiva ‘I see’ y su cariz country gracias
a un inconfundible sonido de harmónica; su lisérgico hit,
inductor de valentía ‘Be brave’; las velvetianas ‘Poem party’ y
‘This girl taught me a dance’; su vitalista ‘Friday in Paris’; su dylaniana
‘MLKs’; o sus narcóticas ‘Between us’, ‘Should have shot Paul’,
‘Keys to the kingdom’; cerrando con una subjetiva lectura del ‘Son of a
preacher man’, de la dama blanca del soul.
Sin tiempo para digerir el plausible show de The Strange Boys, huí
del lugar de los hechos, por miedo a que los allí presentes, quisieran
experimentar conmigo esa leyenda urbana que afirma que caemos siempre de
pie. Amigos lectores, duele… y mucho!!!
The Strange Boys, concierto y regalo sorpresa
en Madrid
Por Jon Pagola - IndyRock
Martes, 13 de Julio 2010. Wurlitzer Ballroom Madrid
Definitivamente, The Strange Boys se está convirtiendo en uno
de los fenómenos musicales de la temporada. Arrastrados por el tirón
con el que últimamente cuentan otras propuestas similares
-The Black Lips es la referencia más obvia-, en tan sólo
un año y con dos discos editados ya han salido de las trincheras
minoritarias. La prueba de este salto se pudo comprobar en la noche de
ayer en su triunfal visita a la sala Wurlitzer de Madrid. Volvían
a tocar en el mismo sitio justo un año después, pero al contrario
de lo que sucedió entonces, se agotaron todas las entradas puestas
a la venta con antelación y decenas de personas se quedaron
sin poder ver al joven grupo de Texas. Ante semejante vendaval, los amables
chicos de Lemoncat, organizadores del concierto, se vieron desbordados.
Así, en un ambiente de máxima expectación (y de
máximo calor: allí no corría aire) salieron los cinco
chicos veinteañeros con un aspecto cuidadosamente desaliñado
– bermudas recortadas y camisa de cuadros- que casa a la perfección
con la música que hacen. En directo su actitud sigue siendo muy
punk pero el ritmo más pausado del nuevo disco, “Be Brave”, les
ha calmado un poco y abierto nuevos horizontes. A las nerviosas guitarras
descacharradas, se le suman ahora algunos toques country que salen de la
harmónica de su cantante, Ryan Sambol, que canta como si Bob Dylan
estuviera de resaca y, sobre todo, la nota de color de la nueva saxofonista,
jenna E. thornhill deWitt.
Dejaron en un segundo plano su primer disco, “The Strange Boys and
Girls Club” (2009), aunque parecía que no iba a ser así ya
que arrancaron con una acelerada y excitante versión de “Woe is
You and Me”. De La velvetiana “Poem Party” y “This Girl taught me a dance”
también hubo excelentes noticias; sonaron rematadamente bien dentro
de lo que viene a ser el sonido sucio y agrestre de la banda. No obstante,
la canción más coreada fue la que da título a “Be
Brave”.
Tras una hora justa y el bis de rigor abandonaron el escenario… temporalmente.
Encantando con la respuesta del público, Ryan anunció que
la fiesta seguría en el bar In Dreams, del que dijo que era su lugar
favorito de Madrid. Allí, el grupo se volvió a juntar con
sus fans y en mitad del bar, con formato acústico, dieron otro excitante
concierto que se alargó hasta cerca de las tres de la mañana.
Bio
Solo dos discos publicados en una docena de meses, su debut "The Strange
Boys... And Girls Club" (2009) y el flamante "Be Brave" (2010), han bastado
a estos texanos para convertirse en el nuevo objeto del deseo de los garageros
bien informados. De hacer sombra a Black Lips han pasado a adelantarlos
por el arcén. En un visto y no visto. Se han llevado ese gato al
agua porque el sonido de la banda que comanda la voz nasal de Ryan Sambol
ha crecido brillantemente a lo ancho con su segundo álbum, ampliando
la paleta de referencias, influencias y destilados. Tanto que no existe
hoy rock garagero más harapiento y 'cool' a la vez, ni ninguna joven
banda tan apegada a los subgéneros de los 60 que ande transmitiendo
tanta chispa actual. Es escucharlo para creerlo. Y esto es lo que se escucha
en su obra: 1) música que, entre el pop cándido y las emociones
en toda su crudeza, despliega un i nstinto melódico innato; 2) la
formación perfecta para enseñar a las nuevas generaciones
qué significaron el primitivismo de The Velvet Underground, el beat
inicial de The Rolling Stones y el Bob Dylan de esqueleto anfetamínico.
(Info : Houston Party)
http://www.myspace.com/thestrangeboys
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