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13 de Julio 2010. Wurlitzer Ballroom  Madrid
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The Strange Boys
THE STRANGE BOYS (Abril 2012) Presentando su nuevo disco, "Live Music"
22 - Barcelona - La [2] de Apolo
23 - Madrid - El Sol
25 - Vitoria-Gasteiz - Campus de la Universidad
Juventud sónica por  Manuel C. Ferrón
jueves 11 de noviembre de 2010 sala Planta Baja.  Granada

Con la energía, el vigor y la frescura propios de su juventud, The Strange Boys han conseguido, con sólo dos discos (The Strange Boys and Girls Club, de 2009; y Be Brave, de 2010) trascender la escena de Austin y Dallas y despertar en los aficionados y la crítica de medio mundo el interés y la curiosidad por su particular forma de concebir y ejecutar el garage rock. Los tejanos protagonizaron el jueves el último de los cuatro conciertos con los que el bar Ruido Rosa, granadinísimo embalse y manantial de la mejor música, haciendo suyo el escenario de la sala Planta Baja, ha celebrado su vigésimo tercer aniversario.

Liderado por Ryan Sambol, recurrentemente comparado con Pete Doherty y Bob Dylan, con quienes comparte ciertos rasgos de pronunciación e inflexión, el quinteto, pese a su estética contemporánea, ofreció un concierto de marcado carácter retro, en absoluto nostálgico, por la notable influencia que la psicodelia y el rock británico de los años sesenta han ejercido, desde su formación como dúo punk, en el sonido de la banda.

En alguna ocasión Ryan Sambol ha declarado que sobre el escenario no existen los errores. Hacer nuestra tal afirmación hizo aumentar exponencialmente nuestro placer como espectadores de un concierto que, libre de errores y, con ellos, de muchos juicios y prejuicios incómodos, los cinco de Texas afrontaron con total desinhibición, atacando con desahogo el repertorio propio y con descaro el de otros artistas, desde los jocosos guiños a Red Hot Chili Peppers o The Rolling Stomes, hasta la más seria interpretación del If I Could (El condor pasa) vía Simon & Garfunkel.

Rabiosamente jóvenes, ocupando ya una posición de privilegio y dando muestras de una inteligente actitud, The Strange Boys lo tienen todo a favor para seguir regalándonos buena música durante muchos años. Si lo consiguen durante tantos como el Ruido Rosa, también a ellos, muchas felicidades.


Heineken Music Selector Sala malandar, Sevilla 11 de octubre de 2010
Maullidos de valentía
por Armando Marín Ruiz._IndyRock
Fotos Tomás Osborne Ruiz - IndyRock
 


Furibundo, sin más opción que escabullirme por el mundo, tras sufrir con abatimiento las consecuencias de aquel tremebundo acontecimiento, me someto al secreto de deambular como un inmundo vagabundo, por los arrabales de la ciudad. Con nostalgia, pretéritos destellos de una vida más agradecida, confinados a una estirpe de alta alcurnia, reavivan mis recuerdos, en los que con docilidad y bondad, retozaba en un salón al amparo del calor de un hogar, jugaba sin preocupaciones con mi añil pelota, degustaba la exquisitez de ese azul pescado al que se me tenía acostumbrado, paseaba por los tejados con nocturnidad y sin alevosía, agradeciéndole a la luna lo afortunado que me sentía. Sin embargo, de todos es sabido que la curiosidad es sinónimo de muerte, para los que presumen de compartir mi condición.

Y es ahora cuando, en pos de la supervivencia, me veo obligado a desprenderme de los guantes del bienestar, aprendiendo a defenderme panzarriba de toda adversidad que se me presente, sabedor de lo esencial de dominar la puesta de mi propio cascabel, que me lleve al agua en la mayor de mis dificultades, por mucho que me horrorice este líquido elemento. Sin rumbo fijo en el horizonte, me someto al estímulo de mis sentidos, los únicos conocedores de cómo ayudarme cuando intuyen la posibilidad de percibir a alguno de mis congéneres encerrado, con tal de conservar las vidas de las que aún dispongo, cuenta que perdí hace tiempo, mucho tiempo. Y es que por la noche, todos somos pardos, y al que trate de buscarme un pie más del que dispongo, se topará con lo irascible de un carácter que no consentirá otra cosa que no sea liebre. Y por muy gruñón que sea y por ello, ratón no cace, aún presumo de seguir con vidas, lo que sin duda es un buen desenlace.

Oculto tras los matorrales a orillas del Guadalquivir, mi sentido auditivo queda perplejo tras atestiguar el sonido de unos aullidos sugestivamente maullados. Aprovechando la coyuntura tras el despiste de uno de los porteros de la sala, y mimetizado con la negrura de mi pelaje, Malandar me sirve de acogida para poder desconectar de mis habituales inclemencias vitales. Sobre el escenario, unos chicos extraños, recién llegados del considerado como hermano pequeño de ese festival tan aclamado internacionalmente, cuya sede reside en su lugar natal, Austin (Texas). Cuestión de tiempo que el portuense ‘Monkey Week’ alcance las dimensiones del tejano ‘SXSW’, que año tras año consigue hacer realidad las musicales fantasías de gran cantidad de melómanos, gracias a sus megalómanos cometidos.

¿Quién será dueño de tan excitante voz, capaz de incitar a la locura a cualquier felino como el que suscribe? Notorio parangón con la de aquel trovador de Duluth, que conquistó los corazones de toda una generación, poniendo patas arriba la conflictiva política de una nación, mediante sus proclamas antibelicistas y sus himnos pacifistas, en clave de un Folk rezumante de poesía. Hállase ante mi un nuevo fenómeno musical que, a través de un espíritu plenamente punk, mantiene latente la longevidad de un género como el garage-rock, el cual, según explica su sello Rough Trade, es capaz de hilvanar a la perfección el primitivismo de The Velvet Underground, el beat inicial de The Rolling Stones y una dylaniana inherencia de anfetamínico esqueleto. Heineken Music Selector nos brindó la oportunidad de deleitarnos con cinco post-púberes, de meticuloso aspecto zarrapastroso, ávidos por conquistar el mundo con un polvoriento sonido latero en la percusión de Mike La Franchi, un tóxico hipertrofismo en el timbre nasal de Ryan Sambol y unas exuberantes arritmias rítmicas plasmadas en el nerviosismo de sus descacharradas guitarras. Por descontado añadir ese colorista toque esquizofrénico de su nueva incorporación, la saxofonista Jenna E. Thornhill Hewitt (Mika Miko). Un impecable ejercicio, añejo, cuasi retrógrado, de ferviente honestidad hacia un crudo rock de raíces, un corrosivo y trémulo blues del Delta y un agreste garage definitivo y definitorio. Una genuina paleta estilística de expresionista vitalidad cuya disquisición se centra en la sencillez de un riff, alejado de todo solo, y en un peculiar director de orquesta de hierática figura y enormes ojos somnolientos. Repasando su, hasta la fecha, sucinta pero ensalzada discografía, desvariamos con la voyeurista ‘Laugh at sex, not her’; la atropellada y psicodélica ‘Wou is you and me’; la introspectiva ‘I see’ y su cariz country gracias a un inconfundible sonido de harmónica; su lisérgico hit, inductor de valentía ‘Be brave’; las velvetianas ‘Poem party’ y ‘This girl taught me a dance’; su vitalista ‘Friday in Paris’; su dylaniana ‘MLKs’; o sus narcóticas ‘Between us’, ‘Should have shot Paul’, ‘Keys to the kingdom’; cerrando con una subjetiva lectura del ‘Son of a preacher man’, de la dama blanca del soul.

Sin tiempo para digerir el plausible show de The Strange Boys, huí del lugar de los hechos, por miedo a que los allí presentes, quisieran experimentar conmigo esa leyenda urbana que afirma que caemos siempre de pie. Amigos lectores, duele… y mucho!!!




The Strange Boys, concierto y regalo sorpresa en Madrid
Por Jon Pagola - IndyRock
Martes, 13 de Julio 2010. Wurlitzer Ballroom  Madrid

Definitivamente, The Strange Boys se está convirtiendo en uno de los fenómenos musicales de la temporada. Arrastrados por el tirón con el que últimamente cuentan otras  propuestas similares -The Black Lips es la referencia más obvia-, en tan sólo un año y con dos discos editados ya han salido de las trincheras minoritarias. La prueba de este salto se pudo comprobar en la noche de ayer en su triunfal visita a la sala Wurlitzer de Madrid. Volvían a tocar en el mismo sitio justo un año después, pero al contrario de lo que sucedió entonces, se agotaron todas las entradas puestas a la venta con antelación  y decenas de personas se quedaron sin poder ver al joven grupo de Texas. Ante semejante vendaval, los amables chicos de Lemoncat, organizadores del concierto, se vieron desbordados.
Así, en un ambiente de máxima expectación (y de máximo calor: allí no corría aire) salieron los cinco chicos veinteañeros con un aspecto cuidadosamente desaliñado – bermudas recortadas y camisa de cuadros- que casa a la perfección con la música que hacen. En directo su actitud sigue siendo muy punk pero el ritmo más pausado del nuevo disco, “Be Brave”, les ha calmado un poco y abierto nuevos horizontes. A las nerviosas guitarras descacharradas, se le suman ahora algunos toques country que salen de la harmónica de su cantante, Ryan Sambol, que canta como si Bob Dylan estuviera de resaca y, sobre todo, la nota de color de la nueva saxofonista, jenna E. thornhill deWitt. 
Dejaron en un segundo plano su primer disco, “The Strange Boys and Girls Club” (2009), aunque parecía que no iba a ser así ya que arrancaron con una acelerada y excitante versión de “Woe is You and Me”. De La velvetiana “Poem Party” y “This Girl taught me a dance” también hubo excelentes noticias; sonaron rematadamente bien dentro de lo que viene a ser el sonido sucio y agrestre de la banda. No obstante, la canción más coreada fue la que da título a “Be Brave”. 

Tras una hora justa y el bis de rigor abandonaron el escenario… temporalmente. Encantando con la respuesta del público, Ryan anunció que la fiesta seguría en el bar In Dreams, del que dijo que era su lugar favorito de Madrid. Allí, el grupo se volvió a juntar con sus fans y en mitad del bar, con formato acústico, dieron otro excitante concierto que se alargó hasta cerca de las tres de la mañana. 



Bio
Solo dos discos publicados en una docena de meses, su debut "The Strange Boys... And Girls Club" (2009) y el flamante "Be Brave" (2010), han bastado a estos texanos para convertirse en el nuevo objeto del deseo de los garageros bien informados. De hacer sombra a Black Lips han pasado a adelantarlos por el arcén. En un visto y no visto. Se han llevado ese gato al agua porque el sonido de la banda que comanda la voz nasal de Ryan Sambol ha crecido brillantemente a lo ancho con su segundo álbum, ampliando la paleta de referencias, influencias y destilados. Tanto que no existe hoy rock garagero más harapiento y 'cool' a la vez, ni ninguna joven banda tan apegada a los subgéneros de los 60 que ande transmitiendo tanta chispa actual. Es escucharlo para creerlo. Y esto es lo que se escucha en su obra: 1) música que, entre el pop cándido y las emociones en toda su crudeza, despliega un i nstinto melódico innato; 2) la formación perfecta para enseñar a las nuevas generaciones qué significaron el primitivismo de The Velvet Underground, el beat inicial de The Rolling Stones y el Bob Dylan de esqueleto anfetamínico. (Info : Houston Party)

http://www.myspace.com/thestrangeboys







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