Santa Teresa South Pop Isla Cristina
6 y 7 septiembre 2013. ISLA CRISTINA (HUELVA). Auditorio del Parque
L.A
FRANCOIZ BREUT
MF/MB/
BADEN BADEN
YAST
Entradas ya a la venta en www.ticketmaster.es y oficina de Green Ufos,
paypal y red de puntos de venta asociados ticketmaster (centros Fnac, Carrefour,
Halcón Viajes,…)
Precio abono / anticipada: 40 euros
Precio entrada día /anticipada: 25 euros
(*) Con la entrada ya se pueden hacer las reservas en el Hotel Barceló
Isla Cristina. Precios especiales para los asistentes al festival.
SANTA TERESA SOUTH POP ISLA CRISTINA 2012
del 7 al 9 de septiembre de 2012, en Isla Cristina, Huelva.
Viernes 7 de Septiembre
WHOMADEWHO
Herman Dune
THE SOUND OF ARROWS
DELORENTOS
MICHEL CLOUP (Duo)
After: CHICOS MALOS Jukebox dj set
Sábado 8 de Septiembre
El Columpio Asesino
Friska Viljor
NOSOTRÄSH tocan "POPEMAS"
FRANCIS INTERNATIONAL AIRPORT
H-BURNS
After: LA MUJER BARBUDA dj set
9 y 10 de septiembre de 2011
Isla Cristina, Huelva
Saint Etienne
Dominique A
CatPeople
Pony Bravo
Exsonvaldes
Mièle
Linda Mirada
Montevideo
LCMDF
Odio París
+ MICAH P. HINSON & THE PIONEER
SABOTEURS vs. “TROMPE LE MONDE” by THE PIXIES
South Pop Festival, Isla Cristina'
La antesala de la felicidad.
Por Armando Marín / IndyRock
Adentrándome en el refranero popular, deudor conocimiento adquirido
en gran parte por la gratificada labor de mi buena madre, no puedo obviar
la oportunidad de iniciar esta crónica, con aquel dicho que afirma:
'de bien nacidos es ser agradecidos', adagio divulgado por todos
y cada uno de los protagonistas (y por lo tanto, no querría ser
menos) que, con su presencia sobre las tablas del auditorio del Parque
de Isla Cristina, hicieron las delicias de un refinado público sabedor
de las buenas artes que, con esfuerzo, pasión y dedicación,
ha logrado exhibir el almirante Rafael López y su tripulación,
al frente del interestelar navío Green Ufos, un sello discográfico
diferente el cual, en su día supo apostar por la calidad y la finura,
en un mercado como es el musical, complicado de lidiar, más si cabe
en los tiempos que corren. Apuesta cuya práctica impone la obligación
de mimar cada uno de los detalles, por mínimo que éste llegue
a ser, sirviendo de iniciática experiencia vital para aquellos neófitos,
descubridores de sus excelentes cualidades, y representando en los ya duchos,
su particular Virgilio capaz de guiarnos por lo inescrutable de una senda,
cuya luz final revela el posible significado de la felicidad. Detalles
como ubicar un inigualable evento, 'en un entorno tan privilegiado y
mágico difícil de encontrar en esta época del año,
de donde yo vengo', parafraseando a Raúl Pastor 'Rauelsson'.
La Costa de Luz se ha convertido en un envidiable marco en el que poder
albergar el último festival estival del año, siendo el hermano
menor del primaveral South Pop sevillano (o como Santiago Cotes
me comentaba, 'con una filosofía bastante dispar, que plantea
interesantes perspectivas con las que experimentar'), un seductor reclamo
para cualquier melómano y no tan apasionado, ávido de explorar
tanto en lo más selecto y granado del indie patrio, como
en propuestas de rabiosa actualidad más allá de nuestras
lindes; podríamos hacer también énfasis en un precio
nada prohibitivo por el que se podía disfrutar de todas y cada una
de las actuaciones, las cuales sin empachar ni emparchar, nos aleja de
cualquier quebradero de cabeza fruto de los inevitables organigramas, cuando
la actividad se concentra en más de un escenario; además
de incluir un auténtico camping, alejado de improvisaciones, que
dista escasos 200 m. de la playa; sesiones de DJ's en los interludios entre
actuaciones y al final de los mismos, o mientras te relajas, ya sea al
sol o en la piscina 'Mickey Mouse' del hotel Barceló a escasos
50 m. del recinto, haciendo hora hasta el inicio de la acción, toda
una corpórea tentación; espacio de guardería para
evitar privaciones a padres sin alternativas; gratuidad en el trasporte
desde Sevilla; y una barbacoa 'afterparty' de pescaíto, que
como ruega una conocida plataforma de medios de pago, no tiene precio.
Y aún me dejo en el tintero, una sucesión de actividades
bastante reseñables, pero como mi intención no se centra
en un argumento meramente promocional, sin más dilación pasaré
a resumir lo que seguramente a usted, lector de esta crónica, más
le pueda interesar.
Viernes 10 de septiembre de 2010.
Arropados por la calidez de una enigmática
puesta de sol y acariciados por una brisa que sosegadamente augura el desenlace
de un estío colmado de emociones, la responsabilidad de romper el
hielo cayó en la figura de Raúl Pastor al frente de
su proyecto 'Rauelsson'. Este castellonense de pro, no dudó
en hacer las maletas con el fin de elucubrar acerca de su identidad musical,
recalando en 'La Ciudad de las Rosas', muy presente en la creativa
inspiración de talentosas celebridades como el mismísimo
Matt Groening. Tras declararnos que por unanimidad habían tenido
el placer de degustar el mejor atún de sus vidas, y agradeciendo
la labor de la banda de acompañamiento, por lo precipitado del aprendizaje
de aquellas melodías del cancionero determinado para la ocasión,
la sugerente invitación de 'aceptar la naturaleza como respuesta
a la fragilidad de la vida', tuvo una buena acogida por parte de un
público que no vaciló a la hora de sumergirse en la sinceridad
de una quebradiza voz, que supo jugar a la perfección con lo entrañable
de hallarse cercano a la desafinación, sin que por ello se viese
alterada una paz y una tranquilidad, brotadas de unas letras de corte pop
folk melancólico, anhelantes de un remoto lugar repleto de intimidad
y misticismo, que nos aleje de la prisión del tiempo y con libertad,
pueda arrojarnos a lo contemplativo de una vida que incite a la espera.
Y qué mejor época del año, que este vendimiante mes,
para presentar su trabajo de debut en larga duración 'La siembra,
la espera y la cosecha' (Hush, 2010), representado por temas como 'Debutantes',
'La Calma', 'Lápices sin Punta' o 'El Río
de los Nudos', de notoria profundidad onírica en su perpetuo
devenir, que impedirá sumergirnos dos veces en la misma escucha.
Acto seguido, un inusual revuelo anegó el recinto del auditorio,
cuando su escenario fue copado por los napolitanos 'Fitness Forever'.
Para lograr expresar con palabras lo allí acontecido, cierren los
ojos por un instante, y extrapolen su realidad al más hermoso y
luminoso de los atardeceres, en el que el soplo de una plácida brisa
marina, acaricie su piel mientras la finura de una tamizada arena envuelve
sus desnudos pies, como si de la más sedosa y delicada prenda, se
tratase. ¿Siguen inmersos en esta pequeña fantasía?
¿Perciben esos aromas de cambio en el ambiente? La formación
liderada por Carlos Valderrama (quien posiblemente no tenga el gusto
de conocer los testiculares masajes de Michel, y a la que consideran como
'La
Casa Azul' a la italiana), planteó una sugerente actuación
de esencia POP, reminiscente de los sesenta, y de irresistible instigación
a la felicidad. Prueba de ello, la perenne sonrisa de los allí presentes
y el despilfarro de alegría en su incesante danza, al son de unas
melodías vitalistas y luminosas, latentes en canciones como 'Probabilmente',
'Mondo Fitness', 'D'Estate' o 'Vacanze a Settembre',
toda una experiencia de lo más retro. Por enunciar un pero, quizás
la rigidez y la falta de naturalidad, sin desmerecer la frescura en su
puesta en escena; digamos que Nicoletta y Paster lo tendrían muy
complicado para ganarse la vida como animadoras o monitoras de aerobic,
quizás podrían tomar lecciones de Rosie y Steph 'The School'.
Eso sí, de sobra poseen belleza y lo más importante, talento
vocal.
El tercero en discordia en salir a colación es el valenciano
Juanjo
Pedro, principal artífice del proyecto 'NitoNiko'. Dicen
que no hay dos sin tres y el arriba firmante ha podido apreciar en primera
persona, la escalada de posiciones en lo que a ubicación en el cartel
de un mismo festival, se refiere. Cerrando la fiesta de inauguración
en la edición del South Pop sevillano de 2009, abriendo la segunda
jornada del mismo, en la pasada, ante escasamente 30 personas, llegó
su oportunidad con la que poder demostrar que ese practicable electro-pop
de estimable pureza, que algunos no dudan en tildar como petardo, inocuo
y bastante naïf, resulta ser bastante loable como para defenderlo
con la cabeza bien alta. Sintiéndose como 'vírgenes a
las que le meten mano por primera vez', iban demostrando una inmadura
madurez fruto de un esfuerzo que agradecer y una profesionalidad que elogiar,
a pesar de su falta de experiencia (tiempo al tiempo). A pesar de que el
estilo planteado no es fruto de mi devoción, evidenciaba un estado
de entretenimiento, interesado en volver a saborear los temas extraídos
de su trabajo de debut 'Selva de Mar' (Green Ufos, 2010) como 'Voy
a Ponerme Guapo', '¿Por Qué? Porque…'
o 'Mecánico Pop', sin embargo cuando toda parecía
seguir el curso de un guión perfectamente estructurado y con espontaneidad
interpretado, las primeras melodías synthpop de 'Tiempo'
quedaron en agua de borrajas a causa del fallo en uno de los generadores
de Endesa Electricidad, contratiempo ajeno a la organización. Situación
que el público aprovechó para soltar algún que otro
jocoso chascarrillo como 'Que Huelva la Luz' (imagino inspirado
en el lema 'Música Huelva la Luz' que el Patronato de Turismo
onubense utilizó como promoción para el conjunto de eventos
musicales en la comunidad), o 'tengo un generador en el camping',
además de orquestar una resignada sonata de viento.
La responsabilidad de amenizar la espera recayó en uno de los
dj's más incendiarios y provocadores del vigente panorama nacional.
'Duckula
Dj' se marcó una sesión de dos horas, tiempo que se necesitó
para solventar el problema, pinchando clásicos de hoy y de siempre,
sin recurrir en exceso a obviedades y saliendo airoso de las circunstancias
del momento.
Restablecido el suministro energético, turno para los ubicuos
'Dorian'.
Hace poco me hizo bastante gracia leer en una conocida red social, la creación
de un grupo bajo el nombre 'Soy del único pueblo de España
donde no han tocado Love Of Lesbian', y si nos paramos a pensar, también
podría valer con formaciones como los citados Dorian, Delorean,
We Are Standard, Standstill, Sidonie o Arizona Baby, por citar algunos,
convertidos en carne de cañón de festivales patrios que,
por méritos propios, no lo pongo en duda, han logrado hacerse con
un nombre que suscite interés entre las Pléyades indies,
siendo así blanco fácil para la contratación por parte
de promotores, asegurándose un razonable inicial tirón de
público. Sucede que a los que nos consideramos incondicionales y
habituales asistentes de estas iniciativas musicales, probablemente debamos
enfrentarnos en más de una situación, a la tesitura de volver
a otear con atención, por si dejamos de apreciar algún detalle
considerable en una pretérita ocasión, llegando a la conclusión
de que la preceptiva expectación fruto de la novedad, se desdibuja
en la reiteración. Con tal argumentación no puedo más
que respetar, el generalizado revuelo que desencadena entre un pubescente
respetable, aunque discrepo en la principal finalidad de su propuesta,
la de bailar, porque lo que se dice bailar resultó bastante complicado
si nos atenemos al planteamiento de un setlist recogiendo en su grueso
temas como 'Simulacro de Emergencia', 'Paraísos Artificiales',
o 'Estudios de Mercado' extraídos de su reciente trabajo
'La Ciudad Subterránea' (Pías, 2009); no obstante,
resulta inapelable afirmar que cuentan con dos temas soberbios que rozan
la perfección como son 'Cualquier Otra Parte' y 'La Tormenta
de Arena', escaso bagaje para defender en directo, una propuesta de
corte electro-pop con intenciones Dance. Estaremos atentos a ese
nuevo proyecto en paralelo gestado en Londres, que Marc y Belly han llamado
'After
After Hours'.
Y llegó el momento más deseado por la mayoría de
los asistentes (entre los que me incluyo), tener ocasión de ver
en acción, el proyecto más bailable del camaleónico
Erlend
Øye, el noruego de rojizos rizos de 'Kings of Convenience',
sin olvidarnos de su aportación en solitario con 'Unrest'
(Astralwerks, 2003). Con 'Keep a Secret' tema de obertura en su
último trabajo 'Rules' (Bubbles, 2009), se inicio un show
que en su formato festival, supo a poco, a muy poco, convenciendo a propios
y extraños, de poder soñar con aquel secreto ingrediente
que complete la fórmula del elixir de eterna juventud. Ante nosotros,
todo un alquimista de orgánicos sonidos pop, cuya aterciopelada
voz, lentamente nos embauca hacia ritmos cálidos de corte preciosista
y electrónica polifonía. Afirma su compañero Erik
Glambeck Bøe (Kings of Convenience), que componer una canción
es como dibujar un círculo perfecto a mano alzada. Bello gesto de
sublime complejidad que da sentido a la constante búsqueda de genuinos
cromatismos sonoros que nazcan de su Fender Stratocaster. Canciones como
'High on the Heels', 'Dead End' o 'Fireworks' parasitan
nuestro sistema nervioso obligándonos a bailar al son de suaves
pálpitos de bossa nova 'Intentions', ritmos algodonosos
'Don't Give Up', el funk dopado de 'Timebomb', sin olvidarnos
de la esencia minimalista de un rock sofisticado y seductor 'Courage',
con jazzísticos arreglos palpables en la sección de ritmos,
que provocan un perfecto clímax, dinámico y relajante por
partes iguales. Toda una revitalizante experiencia de sensorial expansión,
cuyo punto álgido se centro en 'Island', '1517' y
'Burning' extraído de su primer trabajo 'Dreams' (Service,
2006). Sin lugar a dudas, el mejor concierto de la jornada.
Complicado lo tenía el trío londinense 'We Have Band',
para superar un listón alzado a un estratosférico estadío,
y más si su cometido se centraba en estimularnos para proseguir
con el contoneo de nuestro espinazo. A pesar del buen trabajo de los técnicos
de iluminación, su presencia desencadenó el adueñamiento
de la oscuridad sobre el escenario. Prosopopéyica puesta en escena
acompañada de una petrificante mirada helante de todo riego sanguíneo.
Ajenos a cualquier mediadora palabra de bienvenida, 'Divisive' arranca
el motor de un imaginario DeLorean, cuyo condensador de fluzo esperará
la acción de esa descarga eléctrica que lo active para adentrarnos
en un previsible viaje sideral, que atraviese la dimensión tiempo
y nos ayude a divisar por su retrovisor, sonidos new wave, barnizados
con una lámina de suciedad electro-clash, primigenios ramalazos
disco-funk
y una expansiva onda techno, con la misión de bailar hasta
la extenuación. Lástima que ese rayo perdiese potencia mientras
nos adentrábamos en una inevitable lluvia de meteoritos que transitó
por todos y cada uno de los cortes congelados en mercurio bajo el apodo
de 'WHB' (Naïve, 2010), sustituyendo 'Piano' por 'Time
alter Time'. Acertado y celebrado por mi parte resultó escuchar
correlativamente mis dos temas favoritos 'Centerfolds & Empty Screens'
y 'Hero Knows'. Para todo epígono de formaciones como Hot
Chip, The Ting Tings, New Young Pony Club, Le Tigre o CSS (por citar algunos
coetáneos símiles), está de enhorabuena, sin embargo
me parece una tremebunda osadía citarlos como los nuevos Talking
Heads.
Cerrando esta maratoniana jornada, 'Guille Milkyway' (La Casa
Azul) se apoderó de los platos. Lástima que el cansancio
bloqueará mis deseos de seguir disfrutando, obligándome a
hacer mutis por el foro. Guille, otra vez será.
Sábado 11 de septiembre de 2010.
La segunda jornada se inició justo en
el que considero, el mejor instante para actuar. Con parsimonia, el astro
rey se desvaneció en el horizonte concediendo una perfecta claridad,
cuyas matizadas tonalidades provocaban una inusitada receptividad sensorial,
enriqueciendo nuestra panorámica perspectiva y amplificando nuestra
auditiva sensibilidad. Ideal estado para recibir la gélida dentellada
sónica por parte del quinteto sevillano 'The Baltic Sea',
que allende los mares del norte vinieron a demostrar su supremacía
ante los habitantes de un ecosistema musical, cuya apuesta se alejó
de, posiblemente, sentir las últimas caricias de un oleaje que en
breve dará la bienvenida a la estacional vejez, en sentido figurado.
Encontrado su sitio en el auditorio, el público perdióle
el temor a 'El Gran Blanco' (Cuac Música, 2010), tras sumergirse
en 'El Río', tal vez la canción que más similitudes
guarde con su anterior trabajo 'Forthcoming Science Theory' (Pupilo,
2007), aunque el ex-Renochild, considerado nuevo talento FNAC mantenga
que, de un modo íntegro, su reciente trabajo prosigue aquella conceptual
línea iniciada hace tres años. Acto seguido, los dos únicos
temas en la lengua de Shakespeare escogidos para el set, 'A Song For
Everyone' y 'Bergen', arrojando sin pudor una inquietante amalgama
de atmosféricos sonidos de nórdico imaginario, cercanos al
post-rock
de Explosions in the Sky, God is an Astronaut, o Mogwai, a la épica
sinfonía de Sigur Ros, Múm o Godspeed You! Black Emperor,
y a la glacial nostalgia de Doves, Athlete o Elbow. El resto de la actuación
se centró en los mejores cortes de 'El Gran Blanco', cerrando con
mi favorito 'En lo que te convertirás' y demostrando que
su cambio de registro a la lengua de Cervantes, se aleja de toda vacuidad
infundada en los que piensan que en este país se canta en inglés,
porque no se tendrá nada que contar. Esteban, si me estás
leyendo, espero volver a tener el placer de disfrutar, el 2 de octubre,
con 'To Seychelles', en vuestra próxima actuación
junto a los sevillanos 'Blacanova'.
Tras el programado receso, seguramente aconteció el concierto
más elegante y sofisticado del festival. El mancuniano Roger
Quigley se presentaba ante media entrada, con un propósito ya
avistado en su anterior visita, gira en la que presentó su, hasta
la fecha, último trabajo 'Before You Left' (Green Ufos, 2009).
Con las bases de piano y percusión programadas, y acompañado
de la inestimable presencia de un virtuoso del arpegio como es Otto
Smart (The Otto Show), el que fuese miembro de The Montgolfier Brothers,
asumió el siempre complejo reto de revisar a 'La Voz', interpretando
a la perfección una intimista faceta como la de crooner,
intercalando durante la actuación, su personal lectura de temas
como 'Funny Girl', 'Love's Been Good To Me' y 'Summer
Wind', con sus conmovedoras alegorías del melancolismo, como
en su día apodé a sus soberbias canciones 'I Must Be Losing
You', 'Let Her Go', 'I Need Him' y 'Things We'll Never
Do'. Afirman que es mejor callar, si lo dicho no es más bello
que el silencio; no siendo el caso por la exuberancia que adquiere cada
palabra, a través de su susurrante y desgarradora voz, sus silencios
acompañados de un trago de ese whiskey o una calada de ese liado
cigarro, son capaces de adquirir tal dramatismo que nos arrojan sin concesión
a un abismo emocional, expiatorio para el alma y redentor para el corazón.
Corazón, que en mi caso seguía experimentando su particular
síndrome de Estocolmo, tras ser secuestrado por Anna Eklund
en su pretérita visita por la primaveral edición del South
Pop de 2009. En su día, desconfiaba de la existencia del amor a
primera vista; desde entonces un platónico romance se asienta como
epicentro de mis ingenuas fantasías. Comprenderá, amigo lector
la dificultad en ceñirme a una objetividad que reseñe la
actuación de los suecos 'Sad Day For Puppets', si describo
cómo una élfica divinidad llegada de los más recónditos
confines nórdicos, se apareció rebosante de gloria para embelesarnos
con sus dorados cabellos, su cristalina mirada y su frágil voz.
Dulzura mimetizada entre un pop clásico de corte naïf, acompañado
de la efusiva distorsión que propaga en directo, la Gibson SG
de Marcus Sandgren, para engendrar un sonido noise-pop, de
envoltura shoegazing y ramalazos dream-pop. Que mejor aval,
que pertenecer al fértil y prolífico pop sueco (del que me
considero un categórico incondicional), para disfrutar de un directo
demoledor, que puede, pillase al público algo más frío
de lo habitual, si tenemos en cuenta lo sencillo que resulta ensimismarse
con temas como 'Such a Waste', 'Last Night', 'Marble Gods',
'Hush' o mi predilecta 'Mother's Tears', para dejarse llevar
sumido en un efusivo estado de júbilo y satisfacción.
Estado que no decreció ni un ápice con 'The School',
un nuevo ejercicio revivalista de aquellos girl-groups de
los años 50 y 60, factoría Phil Spector (The Shirelles,
The Supremes, The Marvelettes, The Ronettes), que tanta excitación
suscita en el gran Juan de Pablos, ofreciéndolo sin pudor al mundo,
en su 'Flor de Pasión'. Los de Cardiff, comandados por una pizpireta
Liz
Hunt al frente de sus teclados, se subieron a la palestra sin titubeo
alguno, para enamorarnos con su adolescente romanticismo a través
de peregrinos himnos de un happy pop atemporal, que conquista nada
más ser escuchado y cuyas buenas vibraciones invitan a pasear bajo
un perpetuo sol primaveral. Garrapiñadas melodías pop, epicentros
de un universo de color de rosa con batidos de fresa como vía láctea,
palomitas de colores como estrellas y algodones de azúcar como planetas
en constante estado de ensoñación. Delicadas y conmovedoras
canciones como 'Is He Really Coming Home?', 'I Want You Back',
'Valentine', 'All I Wanna Do' o my favorita 'Let It Slip'
extraídas de su opera prima 'Loveless Unbeliever' (Elefant,
2010), impregnaron en el ambiente un olor que recordaba a la eternidad.
Si a ello le sumamos la sutil fragancia de una flor como Liz, perfectamente
se entenderá la algarabía de un público que vibró
con cada melodía hasta el punto de solicitar con ahínco,
el anhelo de un último bis que la organización no pudo conceder,
por la necesidad de ceñirse al guión establecido.
Guión que prosiguió con la actuación de quienes
abanderaban un cartel muy bien estructurado. Probablemente el concierto
más esperado por todos, nos sumergió nuevamente en nórdicos
páramos; desde Malmö, Johan Duncanson (guitarra rítmica
y voz), Martin Larsson (guitarra solista) y Daniel Tjäder (teclados
y sintetizadores), al frente de un convulso proyecto apodado 'The Radio
Dept.', que tanta adicción suscitó tras aquel 'Lesser
Matters' (Labrador, 2003), lanzaron su inherente anzuelo para ahuyentar
de un expectante mar de multitudes, aquellas ánimas cuya sensibilidad
de pez impidiese asimilar lo poliédrico de un sonido, cuyas aristas
adquieren la suavidad de un noise ambiental, capaz de destilar abruptas
interferencias envolventes, que atemperen la crudeza de una acrobática
distorsión más terrenal. Un viaje sin rumbo fijo que libere
la intuición del corazón y aleje al pensamiento de nuestras
cabezas. Llegando a la conclusión de la falta de justicia por parte
de un recinto al aire libre, que dote de los recursos necesarios para poder
disfrutar al máximo de la dulzura de todos esos matices camuflados
en una melódica dicotomía, entre el shoegaze más
sintético y el lo-fi más atmosférico (un amable
espectro chillwave, por así decirlo), cimbreó en nuestros
pabellones auditivos con canciones que repasaba su lacónica discografía,
como 'This Time Around', 'Domestic Scene', 'Lost &
Found', 'Freddy And The Trojan Horse', 'The Worst Taste In
Music' y la adorable 'Heaven's On Fire', cerrando una notable
y equilibrada actuación con ese caribeño techno-pop
encerrado en 'Never Follow Suit'.
Equilibrio que se esfumó radicalmente tras la enajenada aportación
al festival, por parte de los barceloneses 'Hidrogenesse'. Curiosamente
se llevaron la gran ovación de un respetable, que me hizo dudar
en si fue consciente de todo lo acontecido durante el fin de semana. Teniendo
en cuenta que no hay nada mejor para un fin de fiesta, que el bizarro universo
de un techno verbenero de ecléctica sencillez, ajeno a todo
convencionalismo, donde el retrofuturismo adquiere una dimensión
inalcanzable para el mortal terrícola, y cuya biónica pareja
protagonista demuestra disfrutar a raudales entre juguetones vocoders y
sintéticos sintetizadores, me niego rotundamente a catalogarlos
como los grandes triunfadores del South Pop. Entiendo que la gente que
se desvivió por temas como 'Hidroboy', 'Caballos y Ponis',
'Vuelve conmigo a Italia' o 'Así se baila el siglo XX',
no tuvieran presente a esas horas de la noche, las verdaderas delicatessen
que pudimos degustar, y quisieran escuchar ese 'Disfraz de Tigre',
para embrutecerse y darlo todo en la pista; sin embargo tras el vertiginoso
carrusel de emociones que pude experimentar en primera persona, mis oídos
ya no estaban preparados para dedicarme a prestar atención, sin
abandonarme al aburrimiento, a la propuesta de Carlos Ballesteros y Genís
Segarra (Astrud). Aviso a navegantes, ya hubo en su día y puede,
que con una aportación más relevante, un 'Almodóvar
& McNamara'.
Antes de cerrar esta crónica, otorgar una especial mención
a la aportación de Joan y Rafa, 'Pin&Pon DJ's', amenizando
formidablemente, los interludios entre actuaciones y demostrando por qué
son considerados tras 'Amable' y 'DJ de Mierda' los culpables
de gestar las mejores sesiones en este país; lástima que
no pueda decir lo mismo de 'Bob Stanley' (Saint Etienne), que pecó
de tedioso. Como siempre dice mi buena madre: 'Lo poquito agrada y lo
mucho cansa', y en una sesión de corte retro, más.
Desde la humildad que me gusta pregonar, quisiera marcarme un pequeño
lujo, dedicando este texto a: Alberto, Eva, Jose, María y Luis.
El South Pop de Isla Cristina 2010, quedará vinculado a vosotros
de por vida.