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Pumuky 

Foto Filippo Trivero- IndyRock


La hija de Juan Simón
por  Enrique Novi - IndyRock

viernes 23 de octubre 2009 Sala Planta Baja  Granada

La música de Pumuky se debate entre las canciones de temática atormentada en las que el suicidio planea como la única salida digna de las posibles, el método que hay que adoptar para ello y qué melodía servirá de marcha fúnebre cuando la pérdida se haya consumado. Por supuesto, es una exageración, pero el tono sombrío de sus letras y el aire narcótico con que las acompaña atraen a esa subespecie de indie kids cuya tendencia –impostada o sentida- es buscar banda sonora para el día en que se decidan a cortarse las venas. Así es Pumuky. Tienen su base de operaciones en Barcelona, aunque muchos de sus miembros vengan de fuera, pero lo que más llama la atención es el origen canario de Jair Ramírez, compositor de los temas y poseedor de una voz espectral que acentúa el tono funerario de su propuesta. En el ambiente indolente y soleado de las islas debe haber sido duro plantear una música tan oscura e introspectiva como esta. Y seguro que esa insularidad ha pesado como una losa y ha contribuido a la sensación de incomprendido que al parecer ha desarrollado. El talento para darle una forma personal a esas amargas emociones ha encontrado eco en la última hornada de fans del pop independiente nacional. Buena prueba de ello son los títulos de sus trabajos: De viaje en el país de las tormentas, Los exploradores perdidos y más recientemente El bosque en llamas, todos ellos marcados por un cierto aire épico y, sobre todo, por esa insoportable gravedad del ser deprimente, que los invade de principio a fin. Seguramente ganaría en expresividad si despojara sus canciones, siquiera parcialmente, de algunos ropajes de tinte roquero. En directo además sucumben a uno de los pecados más extendidos que suelen cometer los grupos noveles: se pierden en un sinfín de arreglos preciosistas con los que pretenden dotar de tensión e intensidad cada pieza pero sólo consiguen evidenciar cierta falta de pericia para hacerlas funcionar. Así el resultado acaba resultando grave y pretencioso. Detalles como el de disponer dos baterías sobre el escenario se antojan una boutade. Y como en una mano llevaba la pala y en la otra el azadón… acabaron enterrando sus hallazgos en un exceso sónico. Soy enterrador y vengo de enterrar mi corazón. Como Juan Simón.



http://www.myspace.com/pumuky

 





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