
Josh Rouse ha encontrado su filón en España. Novia española
(Paz Suay), largas temporadas en el levante español, un importante
número de seguidores (bien merecidos por supuesto, pero obtenidos
por esta cercanía) y conciertos por la geografía peninsular.
Lo del jueves sin embargo rozó la decepción.
La Sala el Sol cumple, como ellos mismos promocionan, "treinta tacos"
y a lo largo de todos y cada uno de ellos se ha puesto de manifiesto que
sus características no son un sonido exquisito ni una visibilidad
para relajarse disfrutando de los músicos. No, para eso hay otras
salas o incluso teatros. La Sala el Sol es actitud, es carácter
y es parafernalia. Es underground y horarios desproporcionados (todos los
espectáculos comienzan una vez rebasadas la once y media de la noche).
Es trasgresión en definitiva. Y Josh Rouse, acompañado del
magnífico Raül Fernández (Refree, busquen sus discos,
son una delicia), salió al escenario a cantar sus tonadillas en
formato acústico, con el único apoyo de dos guitarras, un
teclado y una armónica para empezar y acabar aburriendo de solemnidad.
Menos mal que tiene buenísimas canciones que defender porque si
no el resultado hubiera sido realmente catastrófico.
El público madrileño, que aplaude aunque le echen aceite
hirviendo en la cara, celebró canciones como "Quiet town", "Winter
In The Hamptons" y "1972"ejecutadas de manera decepcionante. Ante la poca
gracia que se desprende de un concierto tan íntimo en escenario
y horario tan poco apropiados hay que destacar la interpretación
de "Saturday" y de las canciones que se quedaron para los bises, "Slaveship"
y la obra maestra que es "Sad eyes".
Obviaremos, para no hacer más sangre, las dos canciones en castellano
y exhortamos para que el próximo concierto sea con banda al completo,
como aquel magnífico show (con tracklist prácticamente idéntico)
que ofreció en la sala Joy Eslava en noviembre de 2007.
Josh Rouse + Aaron Thomas
Madrid. Sala Joy Eslava
Jueves 22 de noviembre de 2007
Crónica Rafa Carazo - IndyRock
Fotos Aurelio Rodriguez- IndyRock


Noviembre es, ha sido y (esperemos) será el mes de los conciertos.
Sólo esta semana en Madrid actuan: Love of lesbian , Delorean, Limousine,
Jose Gonzalez, Devendra Banhart, Explosion in the sky y Spoon. Entre tanto
nombre, pujando por un poco de protagonismo y buscando que sus respectivos
discos trasciendan y que queden más cercanos en la memoria de los
críticos y aficionados para estar presentes en las listas de lo
mejor del año, asoma la cabeza nuestro americano más cercano:
Josh Rouse. Sí es de Nebraska pero que no nos nieguen que no es
un poco valenciano. Él también tiene disco que presentar
en este 2007. Vino a defender "Country Mouse City House" (y también
el ep "She´s sapanish i´m american" grabado junto a su novia
Paz Suay), postulando su candidatura a las listas de todos los presentes
con un concierto impecable, limpio e intachable. Sin embargo, su última
obra no está a la altura de su mejor álbum hasta el momento
"Nashville" (Rykodisc, 2005). Centrémonos en el directo y dejemos
de lado el estudio.
Antes le tocó el turno a Aaron Thomas que presentó las
canciones de su álbum de debut "Follow the elephants" y para el
deleite del público más puntual vino acompañado de
una banda compuesta de bajo, contrabajo y batería, banda que le
acompaña en sus conciertos por la capital. Este australiano residente
en Madrid tiene muy claro el camino que conduce hacia el público.
Aquí hay presente y futuro.
Josh Rouse es un cantautor de raices al uso. Cálida voz y cálidos
tiempos arropados por un envoltorio musical clásico, formal e incluso
anticuado. De espaldas a la modernidad de cara a la solvencia. Un clasicismo
que se agradece en estos tiempos de continua búsqueda de la transgresión
con resultados raramente satisfactorios. Un clasicismo que se transmite
incluso a través del vestuario (todos de traje). Y como todo concierto
clásico fue de menos a más, con dos partes claramente diferenciadas
y con un punto de inflexión: el cambio de la guitarra eléctrica
a la acústica.
Primera parte. El Josh Rouse eléctrico interpretó canciones
del "Country House City Mouse" ("pilgrim", "god please let me go back",
"snowy", "sweetie") intercalando algunos temas de sus anteriores obras
como "Saturday", "love vibration", o un "quiet town" dedicado a la levantina
localidad de Altea donde Josh Rouse residía. Fueron momentos flojos,
sin alardes, con ritmos de batería anodinos y escasas aportaciones
de su bajista. Sólo se salvó el acompañamiento del
Roland y alguna que otra filigrana vocal de Josh. De no ser por "come back",
"hollywood bass player" y "his majesty rides", que rompieron con la tónica
general, el concierto rozaba lo insípido.
Segunda parte. El sheriff a la acústica. Dejando de lado su último
trabajo la recta final del concierto se volcó en "Nashville" (2005)
y los resultados fueron mucho más satisfactorios. Comenzó
con "Carolina", para seguir con "my love has gone" y su contagiante ritmo
de armónica, "why wont you tell me" y "it´s look like love".
Todo sabor.
E insinstimos, fue tanto de menos a más que el bis prácticamente
ensombreció el resto. Salió Josh sólo a la guitarra
(acústica por supuesto) para tocar "winter in the hamptons", una
interpretación escalofriante, apareció la banda para deslumbrar
con "it´s the nightime" e hicieron bailar a la abarrotada sala con
"slaveship".
Pero lo del segundo bis merece un párrafo aparte. Un único
tema. Una bendición caída del cielo. "Sad eyes" o como demostrar
clase por cada uno de los poros. No hubo esquina de la joy eslava que no
se sobrecogiera. Con un Roland haciendo de piano de cola. Con un ramalazo
a los mejores Wilco. Con todo. Fue uno de los mejores momentos de todos
y cada uno de los conciertos de esta felizmente sobrecargada semana.
11-11-06 Bikini, Barcelona
crónica y fotos por Luis Rodrigo Alvarez - IndyRock


Si no me equivoco, ésta era la tercera vez que Josh Rouse actuaba
en Barcelona. La anterior fue hace dos Primavera Sound, y la primera fue
hace unos tres años, un acústico en la sala Razzmatazz 3
en la presentación de su disco "1972". Esta vez, el músico
ya casi español optó por salir a escena con una cómoda
y apañada banda de tan solo tres músicos, incluyéndole
a él. Este formato le permitía interpretar sus temas con
solvencia pero sin la plenitud que esperábamos los que habíamos
oído que se iba a traer una banda al completo. Algunos temas sonaron
demasiado crudos y sin matices, con un Josh Rouse interpretando partes
de guitarra, teclados o viento con su propia voz, cosa bastante encantadora
pero también algo decepcionante.
Y creo que hasta aquí llega todo lo malo que se puede decir
de este concierto, porque en todos los demás aspectos fue una actuación
memorable. Al cantautor se le veía feliz y al público, entregado
desde el primer momento. Vamos, que se creó un feedback de buenas
vibraciones que hizo que Rouse llegase a alargar la actuación aún
ante la negativa del personal de la sala. El repertorio fue un repaso bastante
equitativo de sus tres últimos y mejores discos además de
un par de canciones nuevas que el público recibió con euforia
("¡Esto es un hit!", gritaron). Muy emotivo fue el momento en que
Rouse hizo subir a su novia Paz Suay a cantar unos unos cuantos temas a
dos voces, pero el punto álgido del concierto llegó hacia
el final del primer set, con el telonero y un roadie en el escenario uniéndose
a la banda para interpretar "It's the nightime", un tema que vale toda
una carrera.
Los que estuvimos el sábado en la Sala Bikini de Barcelona podemos
considerarnos afortunados. Vimos a uno de los mejores cantautores pop de
la actualidad en su mejor momento, aunque un artista de la talla de Josh
Rouse nos debe algo más que este concierto remolón y despreocupado.
Cuando se decida y venga con una banda como Dios manda, creedme, ése
va a ser el concierto de nuestras vidas.
http://www.joshrouse.com/