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Barcelona, 27 de Octubre 2006. Razzmatazz Clubs
Fotos Isabel Flores (La Skimal)- IndyRock
Crónica Francesca Tur Serra - IndyRock




Jay Jay Johanson trae preguntas, muchas preguntas.
En la cola se oye de todo. ¿En concierto a las dos y media de la
noche?, ¿será qué pincha?, ¿sorprenderá
con una actuación más cerca de una sesión que de un
concierto?.
Una vez dentro, no hay respuestas. Parece que el público no
sabe que va a haber un concierto. El ambiente es dispar: por un lado los
asiduos a Razzmatazz y por otro, los universitarios que, por alguna fiesta,
descubren la sala. Pero, cuando, puntual, se abre el telón (que
nos traía más preguntas ¿qué habrá allá
detrás?), aparecen los fans, los que le adoran, los que han venido
a deleitarse con este cantautor electrónico del siglo XXI.
El escenario es sencillo y elegante, acorde con un Jay Jay que sale
cómodo y sin excentricidades. Nos lleva al pasado y abre con Tattoo.
She's mine but I'm not here, nos concentra, nos pone en situación:
se despejan las dudas. Es un concierto y viene a emocionarnos. Los asiduos
y los de las fiestas universitarias se sorprenden (más por la voz,
que por el concierto que acaba de empezar). Sin duda, es el Frank Sinatra
moderno.
Tras la primera canción el público se aprieta, levanta
las manos y le aplauden sin cesar. Se crea un buen ambiente. Jay Jay no
suelta Tattoo, el público tararea. Sus fans son muy fans. Jay Jay
empieza.
Estará poco más de una hora lidiando lo electrónico
con esas baladas románticas tan contemporáneas que nos dejan
boquiabiertos. Vuelve a su lado más cantautor, alejándose
de la estética ochentera de melena pelirroja asimétrica.
Jay Jay no para de beber agua y antes de continuar se dispone hablar.
Es de pocas palabras, de los de "Thank you". Pero con aire vergonzoso nos
saluda y agradece de manera elegante que Barcelona le siga invitando. Nos
recuerda al de años atrás, al de antes, y al que vimos hace
poco en Benicàssim. Eso si, cada vez más delgado (lleva unos
pitillo super peques)
Se le ve seguro, controla el escenario. Se pasea de un lado a otro
y nos canta como si estuviera en el salón de su casa. Domina el
micro y canta con los ojos semiabiertos llevándonos a bailar. Una
electrónica cuidada con ritmos conseguidos por esta voz que roza
el cuento.
El quinto tema tiene prólogo. Nos anuncia que tenemos primicia
y que inaugura canciones del nuevo disco que han estado grabando
todo el verano. Se abren las luces y las cortinas se apartan completamente.
El escenario coge puro ritmo electrónico. Jay deja espacio para
el bajista que se pone al mando de un portátil. La canción
gusta. Es tatareada: el público ya conoce el disco. Al acabar Rush
nos dice que al volver de la gira de China ya podremos ver el video. Rush
ha tenido todo tipo de críticas, tal vez más de los que tiran
para un remember poco a su nivel, que las que le elevan a otro escalón.
Pero Jay Jay demuestra que es fiel a su esencia y que en directo gana adeptos.
Jay Jay emociona.
De nuevo viaja por sus viejas canciones. Se le nota que está
a gusto, basta oir The Sly seducer.
Es de pocas palabras, pero tiene sus guiños. Pregunta quien
lo vio en la última edición del Fib y después que
media sala levante la mano, caldea el ambiente con Friday at rex. Trae
sorpresas en el juego de sonidos que acompañan a la melodía,
vuelve a sus orígenes. Consigue que el concierto pase a ser una
pista de baile. La electrónica se esparce entre los que se abrazan,
entre los que cantan, entre los que disfrutamos. Tras el subidón
conseguido, acaba. Jay Jay tan sólo nos dice "Thank you" y que volverá
pronto. Saluda, agradece a su banda y desaparecen. De repente, el concierto
se da por terminado, sin más, sin bis, sin otra oportunidad. Se
cierran las cortinas y suenan baterías: 24 hours party people retoma
la sesión en la sala. Desaparecen los que han disfrutado. Pero resuenan
los aplausos y los silbidos de vitoreos. Jay Jay ha gustado.
Biografía
Diez años exactamente, desde que su ópera prima "Whiskey"
volviera histérica a la pequeña comunidad indie y provocara
pequeños incidentes pugilísticos en las tiendas especializadas
para llevarse las escasas copias de su cd de debut, distribuidas de manera
casi confidencial. Enseguida erigido a la categoría de culto, este
crooner electrónico, suerte de Sinatra posmoderno, retomaba las
lecciones magistrales de Portishead y Massive Attack a cuenta propia, inyectando
generosas dosis de lirismo y romanticismo, así como chutes de vanguardia
digital a los ambientes de bandas sonoras que tanto le gustan.
Jäje Johanson nació en Trollhättan, Suecia, donde
estuvo inmerso desde su más tierna edad en la música: conservatorio,
piano, saxo y clarinete. Desde entonces, el efebo nórdico se ha
instalado en París, tierra de buena parte de sus ídolos (Michel
Legrand, Francis Lai -compositor de "Un Hombre Y Una Mujer"- y sobre todo
el inmenso Serge Gainsbourg) y su carrera ha acariciado una multitud de
estilos. Con "Tattoo" pulió su sonido con una producción
más sofisticada y entregó su colección de canciones
quizás más perfecta. "Poison" exploró el cine de Hitchcock,
enfrentándolo a sus propias obsesiones y neuras, con un diseño
inspirado en fotogramas de "Psycho" y sus constantes reminiscencias a las
cuerdas opresivas de Bernard Hermann. "Antenna" le descubrió una
vena petarda de drama queen que ya se adivinaba en temas como 'Friday At
Rex' en "Tatoo" y las referencias cinematográficas han pasado del
romanticismo de Legrand a la electrónica bestial de John Carpenter.
Ahora llega "Rush" (EMI, 05), su nuevo opus y quinto álbum,
y con él ha querido volver a una grabación más clásica,
a un sonido más orgánico y eléctrico, definitivamente
más live, a raíz de las extensas giras que ha dado alrededor
del globo. Y si se hace patente la omnipresencia de sintetizadores en el
disco, la novedad reside quizás en las acertadas y contagiosas líneas
de bajo puramente funk que estructuran los temas (cita a Sly & The
Family Stone como referencia máxima)
www.jayjayjohanson.com
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