¡Cuando suena el POP, ya no hay STOP!
por Armando Marín Ruiz - IndyRock
¿Existe algo más POP que el verano? Cierro los ojos por
unos instantes, y en la brevedad del gesto, un bombardeo de inconexas imágenes
ligadas al evento que pretendo reseñar, configuran un estimulante
imaginario como telón de fondo a una dispar realidad. Procurando
hilvanarlas con la sutileza de un arácnido que al tejer esa tela
aguarda su sustento, me alimento de una emoción muy descriptiva:
“el Fuengirola Pop resultó ser ese primer rayo de luz, que surge
desde un amanecer, coexistiendo con un mar en rebeldía cuyo sinfónico
oleaje proyecta tal gama de pigmentos, que inducen a un hedonista surf,
al compás de una cromática sonoridad”.
Y todo gracias a la pasión y dedicación de una persona,
Antonio Sánchez que junto a su equipo ha sabido mantener la fe en
un festival que vio la luz en 2008, con unos padrinos de excepción,
Juan de Pablos (Flor de Pasión) y Jesús Ordovás (Diario
Pop), reuniendo artistas de la talla de Lori Meyers, Suzy & Los Quattro,
Doctor Explosion, Cooper, The Right Ons, Cola Jet Set, Elastic Band, entre
otros, y que en ésta, su tercera entrega, adelantando en prácticamente
un mes la convocatoria, con respecto a ediciones anteriores, ha sabido
confeccionar un cartel capaz de suscitar un interés cuyo principal
reclamo se centraba en el último ejercicio en Andalucía,
de Jero & Cía; aunque bien es cierto que dista bastante de poder
lidiar con el aluvión de coetáneas propuestas que surgen
con motivo de un estío, propicio para mitigar la adicción
de cantidad de entusiastas por los festivales.
Al no disponer de más tiempo, mi análisis se centrará
en la jornada del sábado, ya que fueme imposible participar tanto
del regreso, en la noche del viernes, a pie de playa en el escenario Bikini
Beach, de Los Hermanos Dalton, como de la actuación de los ubicuos
Love Of Lesbian, en la jornada de clausura, que saltarían a escena
sabedores de la gran hazaña de ‘La Roja’.
Desde el privilegio que suscita un enclave en altitud, cuya perspectiva
se desvanece en lontananza sobre un sereno mar mediterráneo, sería
aquella vetusta alcazaba árabe fechada en el siglo X y conocida
como Castillo Sohail quien atestiguase entre sus muros, una velada marcada
por lo independiente de un pop de indudables reminiscencias sixties, vaporosas
atmósferas mod de corte retro y una perfecta banda sonora de surf/rock
instrumental capaz de encandilar al mismísimo Tarantino. El citado
recinto, reconvertido desde hace algún tiempo en auditorio, carece
de perfección en su acústica, no obstante resulta ser suficiente
como para apreciar cada uno de los matices sonoros planteados. En la siempre
complicada tarea de hacer los honores de apertura, los malagueños
Santos de Goma, con todos mis respetos, carecieron de mi devoción.
En el ocaso del día, se presentaron ante un escueto público,
para ofrecer el grueso de su flamante ‘Canciones de Niebla’ (Antena Music,
2010), del cual se afirma ser un inconsciente collage en el que hay un
regusto del mejor George Harrison, de los Kinks más acertados y
de los Who más inspirados. Posiblemente se atisbe a vislumbrar citadas
referencias, sin embargo sin recurrir al demérito de una actuación
con bastante oficio, en la que su vocalista Eduardo Conde (Mosquitos, Basmatic,
Harry Octopus), se vio limitado por tener el brazo en cabestrillo, ésta
aconteció demasiado ligera, en ocasiones lineal y en cierto modo
superficial. Sin ánimo de cerrarles mis pabellones auditivos, gustoso
estaré de darles una nueva oportunidad en plenitud de facultades
y en un recinto quizás más propicio para su Pop de añejos
tintes.
El testigo fue tomado por el sexteto granadino Ana Lógica, que
tras ocho años repletos de un buen número de demos, se traían
bajo el brazo su debut ‘Apueste su Vida’ (Ráfagas/Pop Producciones,
2009). Es para mí, una absoluta fijación la labor de todo
baterista, dando muestras de un perfecto ejercicio de coordinación,
musicalidad y brío, además de conformar la parte esencial
de la sección rítmica; si a citadas características
se adiciona la componente vocal, la acción adquirirá mayores
tintes de complejidad con total seguridad. A mi mente vienen míticos
y consagrados nombres, en remarcadas funciones como son: Phil Collins (Genesis),
Debbi Peterson (The Bangles), Don Henley (The Eagles), Karen Carpenter
(The Carpenters), o Keith Moon (The Who) entre otros; Daniel Guirado, antiguo
miembro de Cecilia Ann y actualmente, alma máter de Ana Lógica,
podría encuadrarse en tan singular listado. Centrado en su actuación,
desde el primer instante dudé de las limitadas propiedades acústicas
del recinto, no haciéndoles justicia en ningún momento: carecieron
de fuerza en las melodías, no llegando a percibirse esa evocadora
frescura que bebe de notables influencias sixties (The Hollies, The Zombies,
The Kinks, The Beatles), plantearon un set recargado de vicisitudes polirrítmicas
donde destacaron temas como ‘Operación bikini’, ‘Han matado al pusilánime’
y la que cerro el acto ‘Primer plato’, siéndome muy complicado apreciar
los matices propios del Pop, como son la sencillez estructural, la melodía
cadenciosa y corales estribillos que aluden a un veraniego esplendor.
Todo lo contrario que los terceros en discordia, el grupo caravaqueño
Octubre, que se presentaron ante el respetable derrochando energía,
desparpajo y fervor con tales argumentos centrados en una perfecta armonía
entre la melancolía y el positivismo, denotando sus excelentes dotes
en melodías de efectista tendencia Power-Pop, lograron deslumbrar
con una plausible óptica vintage de espíritu sesentero. La
excusa era ideal para presentar los cortes de su reciente trabajo de estudio
‘Todo se lo lleva el viento’ (Rock Indiana), abriendo la actuación
con la efervescente ‘No sé qué hacer’ y clausurando con su
inapelable hit ‘Nada que perder’ cuya melodía queda bien impregnada
en nuestro subconsciente. Entremedias 12 cortes reflejos del buen momento
de forma del que gozan, tras 15 años de trayectoria, y pudiéndose
reseñar la sugestiva ‘Todo se lo lleva el viento’, la colorista
y vitalista ‘Mejor’, y posiblemente la que mayor connotación POP
reúne entre su repertorio ‘Nada es imposible’. Tras lo acontecido
pude comprender el gran revuelo mediático que han suscitado y lo
interesante de un planteamiento bastante interesante, en la que destacar
una sección de vientos que merece todo mi reconocimiento, al disfrutar
de su propia actuación como si de sus más incondicionales
seguidores, se tratase.
Tras el POP, llegó el momento del Non Stop! Entrados en la hora
de las brujas, una de las formaciones más longevas del rock madrileño;
Sex Museum, surgidos en torno a la escena mod y a la sombra de la movida
de los ochenta, saltaron a escena como suele ser habitual en ellos, con
contundencia, seguridad y proclamando la locura en colectividad. Un explosivo
cocktail revival cuyos genuinos ingredientes se concentran en el Rock and
Roll de los setenta, la psicodelia y el garage surgido al otro lado del
charco. Incendiario y efectivo show, centrado en sus tres últimos
trabajos, los más notorios de su dilatada carrera surgida a mediados
de los ochenta en los rincones más recónditos de Malasaña;
uno a uno fueron activando esas bombas de relojería que responden
a los nombres de ‘Two Sisters’, ‘Red Ones’, ‘I Enjoy The Forbidden’, ‘Flying
High’, etc. además de una interesantísima lectura del ‘Fight
For Your Right’ de los neoyorquinos Beastie Boys. Por momentos, Miguel
Pardo me recordaba al incombustible Mick Jagger; veremos si da la misma
guerra llegado a su edad.
Y por fin, el momento más esperado por los allí presentes,
la emotiva presencia de los toledanos que por méritos propios, han
conseguido abanderar lo acuñado como Indie-Rock. The Sunday Drivers
nos deleitaba con su presencia en su estilo habitual, prácticamente
sin hacer ruido, iba adquiriendo posición cada uno de sus seis integrantes,
y sin mediar inicial saludo de cortesía, característico de
la parquedad de palabra con la que se las gastan, los acordes de su archiconocida
apertura en esta trabajada gira, cuyo desenlace acontecerá en el
inminente FIB, desencadenó el júbilo de un público
que a ciencia cierta, era sabedor de la trascendencia de esta actuación.
Puesto que ya perdí la cuenta de las veces que he disfrutado del
mismo show, mi interés se centró en testar el estado de forma
tras su extensa tournée, reconociendo que una vez más ofrecieron
un espectáculo sin mácula, rozando la perfección y
dejando bien claro por qué han alcanzado tan predilectos honores.
Se dejaron en el tintero grandes momentos como la excéntrica demencia
a los teclados por parte de Martí Perarnau en ‘So What’; ese exquisito
momento acústico de Jero, arropado únicamente por su inseparable
guitarra en ‘The End Of Maiden Trip’, título que vaticinaba inconcebible
final; y que decir de su particular homenaje a aquella formación
oriunda de Liverpool, que revolucionó la música hasta alcanzar
insospechados estadíos, con su particular revisión del ‘In
My Life’. Se acercaba el final y sin dejar de saltar, bailar, corear cada
estribillo, un inevitable nudo se originaba en la garganta y posiblemente,
más de uno se viese obligado a retener alguna que otra lágrima,
puesto que era testigo directo de algo tristemente histórico. Supongo
que no se me ocurre nada mejor que cerrar esta crónica con descriptiva
sensación, padecí un pequeño ataque al corazón
mientras vislumbraba la eternidad en los colores de un arco iris ilimitado.
Jero, Carlos, Fausto, Miguel, Lyndon, Martí, desde este humilde
relato, gracias por haber sido pieza esencial en la banda sonora de mi
existencia, MUCHÍSIMAS GRACIAS Y HASTA SIEMPRE!
Sin tiempo para asimilar tal carrusel emocional, saltaba a escena la
última de las citas programadas. Sobre las tablas, uniformados con
rojas casacas bordadas con una corona como escudo y enfundados con cowboy
sombrero, les tocaba hacer doblete a Fernando Pardo, el ameno e irónico
frontman a la guitarra; a Javier Vacas, el impasible bajista; y a Roberto
“Loza” Lozano, el malabarista baterista. El quinteto lo completa David
Krahe el francotirador de riffs eléctricos, y Evgeni Riechkalov
el heroico villano de los metales. ¿Qué sucede si licuamos
frenéticos sonidos instrumentales, propios de cualquier banda sonora
de tarantinesco film, aires fronterizos inspirados en morriconianos spaghetti
westerns, primigenio rock and roll de los cincuenta y surf en estado puro?
La respuesta surgió por sí sola tras la vigorosa actuación
de Los Coronas, cabeza visible de una tendencia que adquiere mayor número
de adeptos, a cada paso que dan. Todo comenzó con esa interesante
amalgama de sonidos entre Kraftwerk, Johnny Cash, los Shadows y los Pekenikes
(Jinetes Radiactivos) continuada por una paleta de sonidos que tributa
con decoro a fastuosas leyendas de la música como Elvis, Chuck Berry,
Creedence Clearwater Revival, Dick Dale, Ennio Morricone y al jazz en general.
Momentos estelares como la castiza ‘Los Rumbaleros’, la acuosa ‘Big Wave
Riders’, la nostálgica ‘Flamenco’, la fronteriza ‘Rancho Leone’
o la tsunámica ‘Maremoto’, siempre aderezados por los lúcidos
interludios de anecdóticos anhelos por parte de un gran maestro
de ceremonias.
Lástima que Dj Amable se cayese del cartel y no pudiésemos
rematar la faena, con una de sus asiduas sesiones rompepistas. Otra vez
será. Sin más dilación, cierro esta crónica
no sin antes gritar con orgullo a los cuatro vientos: “SOMOS CAMPEONES
DEL MUNDO”.
Fuengirola Pop Weekend
del 8 al 11 de Julio. Castillo Sohail Fuengirola Málaga
The Sunday Drivers
Love of Lesbian
Sex Museum
Los Coronas
Los Hermanos Dalton
Los Reactivos
Octubre
Champagne
Ana Lógica
Santos de Goma
Los Alimentos...