Foals – Total Life Forever 2010
por Abel Guerola - IndyRock
Si por algo se ha caracterizado la música de los últimos
años es por la gran cantidad de bandas que publican discos de debut
excelentes y que, desafortunadamente, se desinflan tras su ópera
prima. A esa larga lista puede que haya que sumar a los británicos
Foals, cuyo segundo álbum cogerá por sorpresa a los que les
gustó su debut.
“Antidotes”, su opera prima, se convirtió en un disco magnético
y muy efectivo por conseguir conjugar el math-rock con el rock para pistas
de baile que tanto gusta hoy en día. Tal vez se aprovechó
un poco del momento y de lo coyuntural, pero funcionó, y de qué
forma.
En “Total Life Forever”, resulta evidente que el cuarteto de Oxford
ha querido crecer en casi todos los sentidos. En su nueva grabación
todo suena más serio, más ambicioso y también más
profundo y arriesgado. De hecho, más de un oyente se quedará
perplejo al comprobar que hay varias canciones de más de seis minutos
de duración y que abundan los sintes de sonido ambiental.
Indudablemente, el grupo ha ganado en originalidad y se intuye que han
hecho lo que realmente han querido, pero en esa maniobra han perdido mucho
gancho. Y no se trata tan sólo de que “Total Life Forever” no tenga
la vocación rompepistas de su predecesor, es que demasiado a menudo
el disco se sumerge en un fanguizal atmosférico en el que es fácil
que se acabe perdiendo el interés y desconectando.
30 de noviembre de 2008 Sala Mynt Madrid
por Alvaro Marcos - IndyRock
Fotos Aaron Palazón - IndyRock

La noche no pintó bien para Men Called Him Mister, que con una
sala que empezaba a rebosar tuvieron la malísima pata de tener que
lidiar con unos problemas de sonido que acabaron dejándolos, literalmente,
sin voz. De nada sirvió el empuje y la actitud que pusieron y, acosados
por el horario, tuvieron que abandonar el escenario sin poder resolver
los problemas y con un cabreo encima más que comprensible. Por entonces
no eran pocos los asistentes que estaban aún avanzando parsimoniosamente
en la cola para poder entrar (¡no diga cola, diga Sinnamon!). Así
las cosas, la salida de Foals se hizo esperar lo suyo entre nuevas pruebas
de sonido y reajustes técnicos: ahora bien, en cuanto Jack Bevan
le sacudió unas cuantas veces al bombo para chequearlo, la reacción
enfervorecida que acompañó su gesto debió darles ya
a los de Oxford una pista de la entrega incondicional con la que podían
contar esa noche por parte del respetable. Aunque en el arranque del concierto
aún les faltaba algo de chispa y relajación porque seguían
aprovechando para controlar volúmenes de micros y monitores, avisaban
ya de la que se venía encima, y, ya a la segunda, con French Open,
una de sus mejores canciones, de cadencia obsesiva, casi tribal, comenzaron
su puntillosa demolición sonora de la discoteca Mynt hasta no dejar
piedra sobre piedra (que es lo que tienen toda la pinta de llevar haciendo
allí por donde pasan). Y es que Foals son muy buenos. El viernes
pasado lo demostraron también en Madrid. Cuando están tocando,
cada uno de ellos irradia energía e inteligencia a partes iguales.
Son uno de esos grupos con la rara cualidad de generar la sensación
de que en el escenario siempre está pasando algo y que ese algo
merece la pena, de que la inercia nunca depreda la intención. Como
sección rítmica, Jack Bevan y Walter Gervers componen una
columna vertebral granítica y poderosa (la batería está
siempre a un volumen bestial), sobre la que se cruzan cómodamente
los punteos afilados y limpios de Yannis Philippakis y Jimmy Smith (herencia
de su antigua militancia math rock en The Edmund Fitzgerald), mientras
que Edwin Congreave colorea las partes más ambientales y espaciales
con su Korg MS20, un teclado y su batería de pedales. De esa particular
mezcla de precisión quirúrgica y cerebral por un lado, y
de desenfreno teen y raver por el otro, brota un estilo propio, repetitivo
y no particularmente complejo, pero potente hasta apabullar, endiabladamente
rítmico, efectivo y muy disfrutable. De hecho, en directo están
mucho más cerca de las pistas de baile que de Battles o influencias
confesas como Can o Harmonia, pero se pulen de largo al flamante batallón
brit de bandas post-punk.
En Madrid tocaron como salvajes y de memoria, con la entrega y la precisión
propia de un grupo de veinteañeros que llevan 18 meses recorriendo
todo el planeta con su primer disco, Antidotes (Trangressive 2008) y a
punto de regresar a sus islas natales. (Si te lo perdiste no sigas leyendo
que viene la parte que duele).
La audiencia bailó, gritó, saltó desde el escenario
y coreó hits como Cassius, Two Step, Twice y Red Socks Pugie...
Mientras, el pequeño Philippakis, erigido tras su modernísimo
flequillo en un maestro de ceremonias carismático y eléctrico,
supo bien donde apretar las tuercas: guitarra en ristre, salió a
darse un garbeo entre la muchedumbre sudorosa ya en Balloons, para acabar,
en Hummer, recorriendo cuan larga era la barra del bar, para jolgorio y
delirio absoluto de toda la sala (exceptuando tal vez camareros y encargados).
Regresaba con puntualidad inglesa de sus aviesas escapadas en el preciso
instante en que le tocaba volver a cantar sobre el escenario. Ambas canciones
fueron posiblemente el clímax de una actuación vibrante e
intensísima, que duró una hora escasa y supo a poco a la
mayoría, que pedía el bis. A que no lo hubiera pudieron contribuir
varias razones, desde que apenas les quedaba repertorio, a que los encargados
de la sala no tuvieran ganas de más paseos por las alturas...
Eso sí, nada más acabar, ya se podía ver a los
miembros saludando a la gente y departiendo con quien se les acercaba.
Encima, amables y atentos. Bravo.
Una pizca generosa de indie, un toque de techno y una buena ración
de math-rock componen la base perfecta para poder empezar a hablar de los
estetas Foals. Son de Oxford y en su receta no faltan guitarras limpias
pero potentes, ritmos rockeros, baterías contundentes y, sobre todo,
mucha diversión. Todo con tanta fuerza como la de un caballo (¿por
eso se llaman 'Potros'?). Famosos por su predilección por tocar
en las fiestas caseras, estos británicos van regalándonos
pedacitos de un pastel que cada vez tiene mejor pinta. Sus singles 'Hummer'
y 'Cassius' son dos cartas de presentación de excepción a
su debut "Antidotes" (08), y su increíble versatilidad quedó
demostrada el pasado mes de agosto en el festival Carling Weekend, representando
sobre el escenario uno de los episodios de la serie británica "Skins"
en el que habían actuado, y sorprendiendo a más de uno. Sin
duda, uno de los musts de 2008. (Sinnamon Records)
www.wearefoals.com