4 mayo y 5 de mayo 2012 Sala ABRAXAS Palma de Mallorca
The King in the North
by Maggie O'Connel - IndyRock
Fotos Gracia Fornieles - IndyRock
Son casi las 21h. del viernes 4 de la era 2+2= y conduzco a toda velocidad
en dirección contraria a la sala donde tendrá lugar el festival.
A lo largo de la semana no se habla de otra cosa que de los recortes
del Gobierno, el ecocidio de los caciques de Campos a la playa des Trenc
y el spoiler vía Facebook de Toni Pla (organizador del 2+2=) anunciando
la vuelta del mitiquísimo festival Isladencanta. 40putes.com, que
no ofreció cobertura al 2+2= montado por Pla, publica la noticia
casi en exclusiva a lo largo de la semana enhttp://www.40putes.com/2012/04/30/toni-pla-vol-ressuscitar-el-festival-isladencanta/
y parece que el interés que no despertó en la Madame ver
a Toni "mago suplente" Pla en el alienado 2+2=, lo despierta ahora la alineación
Isladencanta.
En cualquier caso, no es por eso que conduzco a toda velocidad en dirección
contraria al 2+2=. Llego tarde al teatro de Lloseta. Son and the Holly
Ghosts presentan la vuelta a casa de Maika Makowski y llego tarde. Para
cuando entro la cosa ya está en marcha. Más de 200 personas
delante de unos Son que suenan de lujo me asaltan con una pregunta inmediata:
¿quién coño hay en el 2+2=?
Me cuesta 40km más de gasolina darme cuenta de que el público
fiel al 2+2= es muy muy joven, por lo menos esa noche, y que la sala no
apunta al lleno absoluto. Llega la primera cerveza y los We Are Scientist
ya están en el escenario. A los de California les da igual si la
sala está medio llena o medio vacía. Abren el riego de sus
amplificadores y la noche de Abraxas se ilumina con una constelación
de acoples punk, notas fugaces y estribillos pop. Keith Murray acaba el
concierto desde el centro de la platea, rodeado de dos o tres docenas de
fans que hacen con él lo que más le gusta: corear en vivo
las letras de sus canciones.

La Habitación Roja / We are Scientists
20 minutos después son casi las 12 de la noche, hora de sintonizar
con FM Belfast para el tercer concierto de la jornada. Alguien me
cuenta que los noruegos son muy del gusto de los que se mueven en la órbita
Cultura Club; me dice que no es la primera vez que Pla los trae a la isla
y, no sin cierta mueca risueña, me advierte de que será un
concierto divertido. Pasados los días, la advertencia se queda bastante
corta. El grupo no suena de lujo y no acaba de ejecutar a la perfección
ninguno de sus temas; pero lo cierto es que a nadie parece importarle.
Su baraja de versiones de los 80 y los 90 tiene figuras de todos los palos
y, una tras otra, la banda lanza a la platea bazas ganadoras e incontestables.
El público baila, salta y corea con ellos. A mi izquierda, una rubia
de las tantas grita con los ojos alucinados un estribillo de MC Hammer
mientras, a mi derecha, otra lame el antebrazo de un tipo que transpira
metanfetamina, sales e hidratos de carbono. El público ha entrado
en barrena. El control, la estabilidad y el equilibrio son peronajes de
otra película. Suena Killin in the name, Fight for your rights,
Scatman... para gustos colores y cuando los noruegos se han retirado entre
obaciones, en la platea, los unos miran a los otros preguntándose
qué vendrá después de todo esto.
La respuesta que todos buscan es Delorentos, que presentan su
nuevo álbum You Can Make Sound. Posiblemente, Delorentos tienen
mejores canciones que FM Belfast (como mínimo canciones propias);
posiblemente, tocan mejor que FM Belfast; pero, posiblemente, todo lo que
los asistentes a la noche del viernes 4 recuerden será que el concierto
de FM Belfast fue un pajote de los buenos, que les costó la reserva
de sus fuerzas llegar a casa y que no saben a ciencia cierta cómo
terminó la noche en Abraxas. Casi mejor que así sea.
En la tarde del sábado, una pareja de gallegos y una niponoberlinesa
caminan sobre las cintas transportadoras del aeropuerto de Son Sant Joan,
aproximándose paso a paso un paso más a su destino: asistir
al último concierto del tour europeo de Kakkmaddafakka. Y allí
estoy yo, con ellos en la fila del 2+2= y sin saber demasiado bien qué
pinta Miró en todo esto.
Los que necesitaron reparar su corazón o tomar nota para futuros
percances no pasaron por alto el concierto de Yani como. Otros,
tristemente los muchos, esperaron en la terraza la hora de los kAkk. Con
la sala llena, los noruegos saltan al escenario en jugada ensallada y la
lían en lo que tarda en arrancar su primer tema de la noche: Touching.
Diez segundos y los que se olvidaron de ellos en las listas de lo mejor
de 2011 se llevan las manos a la cabeza. Para unos son demasiado jóvenes;
para otros, demasiado guapos; para casi todos, demasiado rubios... Algo
parecido se podría decir de sus canciones: todas rubias, todas jóvenes
y hermosas.
No es ninguna sorpresa que los kakk puedan ir soltando temazo tras temazo
desde Restless a Heidelberg, Self-Esteem, Is She o Heidelberg. El disco
ya lo conociamos. Lo que no muchos esperaban es que los noruegos tocaran
de una manera tan fresca, tan viva, tan creyendo en lo que se hace y tan
haciendo aquello en lo que se cree.

Kakkmaddafakka / Grises
El setlist de la gira se repite punto por punto hasta que, en mitad
de Heidelberg, la banda se detiene al unísono. Eso no estaba en
el guión. Por un instante nadie sabe lo que está pasando.
Todos en el escenario se mueve a cámara superlenta. Como si de Messi
en la repetición de la jugada se tratase, Axel y Jonas se lanzan
el uno contra el otro para chocar las manos, 5, 6, 7 segundos y aún
alcanzan; el brazo de Päl, 9, 10 segundos, ha vuelto la vista hacia
el batería. 11, 12, el batería saluda al bajo, Axel y Jonas
finalmente chocan las manos y todos lanzan al unísono la vuelta
al final de Heidelberg. La cosa está que arde y la sala entera come
canciones en la palma de sus manos.
Nadie quería que aquello acabará, pero acabó. Por
el camino, los noruegos se dejaron sobre el escenario la práctica
totalidad de su atuendo y de su repertorio. En calzoncillos, con las baquetas
o el arco en la mano, se dan la mano sobre el escenario y se felicitan
por el concierto mientras la ovación y los aplausos perduran. Saludan
al público como los actores de una obra teatral y desaparecen. Me
acerco al escenario. Aún hay gotarrones de sudor en el suelo. Poco
a poco la madera absorve el sudor. Una cosa está clara. Los Kakkmaddafakka
no han tenido que recurrir a simulacros para tocar como si esa noche se
acabase la gira y mañana tuvieran que volver a casa.
Con la experiencia de la noche anterior, tengo la certeza de que a
La habitación roja le va a costar sangre que la cosa no decaiga.
Apenas 15 minutos después ya se han subido al escenario y la
terraza se vacía en cuestión de segundos. El público
responde, pero está claro que sus canciones ya no despiertan las
emociones de antaño. Le pregunto a wolcatalà què le
está pareciendo el concierto y me responde con un entonado -es anacrónico,
anacrónico y claustrofóbico. A través de los grandes
ventanales de la sala vemos a los Kakk tomando algo en la terraza y convenimos
ir a hablar con ellos. Una última mirada al escenario me convence.
En la barra de la terraza, alguien intenta convencer a uno de los organizadores
de que la han cagado con el orden de los conciertos, que las noches han
ido de más a menos... Pasamos de largo y asaltamos a Jonas Nielsen
-teclista de los Kakk. Le felicitamos por el concierto y le lavamos un
poco la cara diciéndole que ha sido como ver a los Beach Boys en
los sesenta, cumplido que recibe con gusto. Nos cuenta que no está
del todo satisfecho del sonido de su primer disco y filosofa sobre la música
como un niño con zapatos nuevos.
La terraza está cada vez más llena. En la sala tocan Grises
entre
una falta evidente de aforo. Unos se marchan, otros charlan en el exterior,
para casi todos el plato principal está servido y la crítica
al orden de las actuacciones adquiere cada vez más razón.
Mientras tanto, el twitter del SOS hecha chispas y en dos de cada tres
conversaciones alguien se muerde las uñas valorando la parte de
verdad que habrá en la resurección de Isladencanta.
La cosa se alarga hasta las 6. Sale el Sol y Abraxas cierra puertas.
Jonas Nielsen camina casi de la mano del runer de la organización
hacia el coche que le llevará al aeropuerto. Como un niño
prodigio después de ganar una competición de Matemáticas,
Jonas se descalza la mochila y sube al coche. Horas más tarde, un
avión despega hacia el Norte.
13 y 14 de ABRIL 2012
by Maggie O'Connel - IndyRock
Fotos Gracia Fornieles - IndyRock
Tormenta sónica
13 y 14 de ABRIL 2012
Crónica por Maggie O'Connel - IndyRock
Son las cinco de la tarde de un viernes 13, a priori noche de terror,
y en un pueblo del norte alguien me pregunta si voy al festival de los
Kakkmaddafakka. Explico que sí, que es un festival que montan los
del Cultura Club en la sala Abraxas en dos fines de semana no consutivos
y que los KK no vienen hasta el primer fin de semana de mayo. Mi interlocutor
me informa de que se va a desplazar desde Formentera para ver a los noruegos
y la verdad es que no me extraña. Son el cabeza de cartel, extraoficial
pero incuestinable, de un festival que, antes de abrir sus puertas, ya
es criticado por una evidente desproporción entre precio y producto.
Al otro lado del Mediterráneo, dicen, por 60 euros (precio del abono
para el 2+2=), el SOS de Murcia ofrece a Pulp, a los Flaming Lips y a Nacho
Vegas. Casi nada.
El plus de insularidad del 2+2= es lo primero que uno nota cuando entra
por la puerta. Los UNI_FORM acaban de empezar su concierto. La terraza
está vacía y la sala no alcanza la media entrada. Una pena
porque el grupo no suena nada mal. Es el primer grupo de Tsunami (discográfica
de djAmable) que toca este fin de semana y los Interpol se quedarían
con los ojos como platos al ver hasta que punto 4 chavales portugueses
son capaces de mimetizar las luces y las sombras del power pop que los
ha hecho célebres. Miro a mi alrededor. El aforo está bastante
tranquilo para lo power de la propuesta portuguesa y cuando llego a la
barra entiendo porqué. Cubatas con dos dedos de alcohol a 7e y cervezas
a 3,50e. Así no es fácil deshinibirse.
Algo más allá llegaron los LAYABOUTS quienes, canción
a canción, se metieron en el bolsillo a los pocos fieles del rock
noventero ¿Cómo se llaman estos? -pregunta alguien en primera
fila. Layabouts -contesta otro -Gigolo Aunts? -No! Layabouts. -Ah! Me molan.
A mi también, pienso. Suenan de puta madre y en los compases
finales del concierto tienen al aforo comiento en la palma de su rock psiconaútico
y oscuro. Cuando acaba el concierto las chicas de Jagermaster saltan a
la pista y la noche sube un peldaño. El aforo no aumenta, pero la
cosa empieza a parecerse a un festival. Saltan los botones de los gritos
y las risas. En la barra exterior alguien felicita a Toni Pla, responsable
de gran parte del cartel, y éste parece tomarselo un poco mal, como
si la felicitación fuera con sarna o segundas intenciones. Gracias
-contesta, serio y mirando hacia otra parte. Toni sabe que el 2+2= está
muy lejos de aquel Isladencanta 2001 por el que todo el mundo le recuerda.
Minutos más tarde, Catpeople encuentra su público entre
los asiduos al Cultura Club y, después de ellos, el plato fuerte
de la noche: KAV, el nuevo proyecto musical de Kav Shadu (ex-happy monday).
La noche sube otro peldaño, pero, a pesar de que el escenario lanza
cohetes desde primera hora, en la pista, la cosa no explota. Da la sensación
de que el indie y el Paseo Marítimo se dan de hostias y que, mientras
transcurre todo, una colchonería aguarda en la terraza la orgía
de los Kakkamaddafakka.
Pasadas las 3 a.m. aún hay quien paga entradas para ver la sessión
de los dj's, pero con cuentagotas. Tacones de aguja y minifaldas suben
las escaleras de Abraxas para asistir a las sesiones de Crystal Fighterss
y dj Amable. Otros, después de cinco horas de conciertos, reservan
fuerzas para el día de mañana. Y no está de más
porque en el día de mañana, después de los grupos
de Tsunami (My Dear Flotsam y Norton) se planta en el escenario uno de
los grupos más en forma del panorama español: Triángulo
de Amor Bizarro. Los gallegos han aprovechado la ruta aérea más
económica para llegar a Mallorca. Lo hacen vía Berlín,
después de haber actuado en la capital alemana el miércoles.
Es el grupo del fin de semana y eso queda claro desde el primer minuto.
Hay ansiedad en las primeras filas y, aunque el concierto arranca con problemas
de sonido (Isa pide menos voz en su micro y más en el de Rodrigo)
la cosa despega al instante y como por arte de magia. En cuestión
de minutos todo son saltos y cabezas de lado a lado. Parece que los de
La Coruña saben los que nos gusta y nos lo practican con un arte
ceremonial. El concierto se hace corto, la gente pide más, pero
los Triángulo no reaparecen.
El resto de la noche es algo disperso. Los chicos de CHINESE CHRISTMAS
CARDS hacen su papel; pero después de la tormenta sónica
que acaba de vivir la sala, su propuesta resulta un tanto inofensiva. Lo
mismo sucede después con KITSUNE dj, sus remixes parecen transfugas
personajes de otra película. A muchos les gustaría que llegase
ya la hora de Virginia Díaz, la chica de 180º. En la terraza
se sigue hablando de los KK, de Paulita de Papa Topo, de las chicas de
Jagermaister y de otro grupo de Tsunami no invitado al cartel del 2+2=:
los mallorquines Last Dandies. Todos ellos son temas interesantes y la
gente, a esa hora, los trata con una gracia que esta hora soy incapaz de
reproducir. Tampoco me preocupa dejarlo por ahora fuera de la ecuación
2+2= Parafraseando la canción de Chucho, lo mejor del festival aún
está por ocurrir.