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10 julio 2009 Industrial Copera, Granada + DJ Benas
Punk gitano, verbena y nuevo primitivismo
por Diego Soto-Indyrock
Fotos Merche S Calle © IndyRock




Tras la muerte de Tito, Yugoslavia como tantos otros países desolados
por los derroteros de la injusticia bélica, quedó desnuda.
Era entonces, el momento en el que una corriente de alocados y convencidos
jóvenes tomaron el timón del barco de la libertad. Bajo el
nombre de Nuevo Primitivismo y con Nere Karajlic a la cabeza, el movimiento
construía grandes refugios en los que se quería cambiar su
caminar en el quehacer diario. Romper con lo establecido, con las creencias,
la política y la viejuna sociedad. Uno de esos reductos al que se
acogieron, fue la música. Entre las bandas punteras del movimiento,
había una. Era la de Karajlic y llevaba por nombre Zabranjeno Pusenje
(prohibido fumar). Poco después adoptaría el hoy mundialmente
conocido The No Smoking Orchestra. Nunca antes la banda pisaba suelo granadino.
Emir Kusturica y los suyos, entraban en escena. La revolución ya
era una realidad.
Con media hora de retraso según lo previsto y con un calor sofocante,
los focos maquillaban las ya sudorosas faces de los asistentes. Dicen que
unos 700. El folclore y el punk gitano se prestaban como los géneros
con los que deleitar a la masa. Y de esto, la TNSO entienden un trecho.
Se esperaba baile y música popular. Y así fue. Casi dos horas
de electrizante y verbenero movimiento. Tiempo suficiente para darse cuenta
de que lo suyo no es el virtuosismo. Ni mucho menos. Lo que les va es la
juerga, hacer música facilona y sin grandes alardes. Y les funciona.
Llevan ya unas décadas moviéndose en estas batallas nocturnas.
Es su apuesta y ha calado en un público de lo más variado.
Uno no atisba a divisar muy bien hasta que punto es una fórmula
de calidad. Vamos, mentarlo por el mero hecho de que en ocasiones mucho
ruido y pocas nueces no convence. Con entradas a 30 euros, la exigencia
debe ser mayor. Y por ello, el espectáculo debe ir más allá
de una mera verbena, eso sí, muy bien dirigida. De agradecer fue
que tocasen sus temas más famosos - Unza Unza time, Daddy´s
gone o Bubamara, entre otros- pues se intuye que entre los asistentes,
los personajes de ficción abundaban más que los reales. Es
decir, menos mal que la banda sonora interpretada caminó por la
senda del conocimiento de los temas, pues sino a más de uno, le
hubiera sentado mal la cena. Más que nada porque se observaba que
lo único que conocían era la figura de Kusturica. Puede que
solo sus películas. Quizá, simplemente, el nombre de alguna.
Y así, es muy fácil hacer mover el esqueleto ya que el ensimismamiento
no permite pornerle peros a lo interpretado.
En cuanto al ejercicio de estilo de la banda citar que es aceptable.
Sin duda, la figura del violín sobresale sobre los demás
instrumentos. Kusturica se limita a su guitarra. El líder y cantante,
Karajlic, hace el papel que le corresponde, el de showman. Y puede que
por las tablas que atesora, inyecta una dosis de moderada adrenalina que
contagia a los suyos. E inevitablemente, se mete al público en el
bolsillo. Un espectáculo tirando más hacia lo circense. De
letras, se intuyen, controvertidas y picaronas. Y con un sentido del humor
que parece ser su mejor aportación. Aunque al mismo tiempo, la conjunción
de elementos punk con el antiromanticismo que desbordan, se presenta como
una original unión cuanto menos atractiva y morbosa.
Ayer era 'Tiempo de gitanos', y de críticas a la MTV. De igual
modo que de fiesta de pueblo. De hecho, el escenario se convirtió
en un improvisado campo de recreo para unos cuantos. A veces, incentivados
por los miembros de la banda, en otras por las garras del alcohol. Y pagar
una elevada cantidad para ver a veinte tíos dar botes en una tarima,
no parece muy recomendable. De todo ello, se desprende lo siguiente: The
No Smoking Orchestra es una buena formación que luce en otro tipo
de escenarios (no en una discoteca en la que se respira a éxtasis
líquido y las botellas de agua cuestan tres euros). Tienen buenos
argumentos para que el público, su verdadero público, disfrute
con su forma de combinar el folclore con el punk. Además cuentan
con la figura de un renombrado cineasta. Y como líder, está
una de las voces más representativas del cambio juvenil de Yugoslavia.
Pero quizá estén más encumbrados de lo que son. El
apellido Kusturica viste mucho. Ver un concierto de la TNSO es algo divertido,
distendido. Puede equiparse a una buena borrachera. Pero punto. España,
quizá por aquello de cercanía mediterránea, sea uno
de los destinos en los que la formación obtenga una buena acogida.
Y la de ayer, no fue para menos.
¡
Dj Benas amenizó la espera
Emir Kusturica & the
No Smoking Orchestra
01/02/08. Sala La Riviera. Madrid
Fotos y crónica Javier Alonso Juliá y Marina Sanz Domínguez




El primer día de febrero nos trajo un estupendo concierto y
así lo atestiguaba el cartel de entradas agotadas durante toda la
semana. El director de cine serbio, Emir Kusturica y su The No Smoking
Orchestra aterrizaba en nuestro país para interpretar los temas
de siempre y principalmente algunas de las composiciones de la ópera
"El tiempo de los gitanos", los temas de su reciente trabajo "Time Of Gypsies".
Esta banda es una especie de compresor de la tradición regional
procesadora de la influencia que ejerció en Yugoslavia la música
árabe, hindú, rusa, griega e italiana. Comandado por su cantante,
el Dr. Nele, el grupo pasó por humor, surrealismo y sarcasmo todos
esos sonidos, los reforzó con una armadura tecno rock y definió
su esqueleto de criatura de los Balcanes de entreguerra. Su sonido lo definen
sus autores como "Unza Unza" mezcla punk, funk, ritmos gitanos, jazz y
otros estilos que hacen a este estilo único y movido. Todos estos
alicientes parecían suficientes para esperar un buen concierto,
que pasó a ser extraordinario, según fueron avanzando los
temas que sonaron en una noche realmente memorable.
Pasadas las 21.00 de la noche y con la Sala La Riviera a reventar, bajo
el majestuoso himno de la Unión Soviética, el grupo salió
al escenario bajo el aplauso de la muchedumbre. Emir, batuta en mano, comenzó
la noche dirigiendo a su orquesta, en la más absoluta oscuridad.
Tras esto le tocó el turno al Dr. Nele, que tomó los mandos
de la actuación, al más puro estilo showman. No paró
de hablar y animar al público, mientras se recorría el escenario
de una punta a otra, e incluso hizo uso de las dos barras contiguas al
escenario, a la que muchos grupos están cogiendo el gusto, para
ampliar su escenario y acercarse más al público de toda la
sala.
El espectáculo comenzó con temas de su gran disco "Unza
Unza time". El resto de temas que fueron conformando el setlist salieron
de las bandas sonoras de sus aclamadas películas, como "Gato Negro,
Gato Blanco", "La Vida es un Milagro" y principalmente "El tiempo
de los Gitanos", de la que el pasado año realizó su primera
opera punk y que estrenó en la Ópera de la Bastilla de París.
También hubo hueco para temas de "Undeground".
Una exquisita banda de músicos con todo tipo de instrumentos
(violín, acordeón, guitarras, trombón, batería,
teclados y bajos); un invitado sorpresa Diego Armando Maradona; y un público
enfervorizado; fueron los ingredientes perfectos para hacernos pasar una
noche inolvidable.
El público tuvo la posibilidad de subir al escenario en varios
de los temas, e incluso varias féminas bailaron junto al astro Argentino,
que no paró de bailar y animar a la banda. El Dr. Nele acabó
casi sin ropa al final de la actuación, mientras el violinista y
Kusta se batían en duelo, violín vs guitarra eléctrica
contra un arco gigante que sostenían dos voluntarias del público.
Tras dos horas y cuarto de concierto y un bis realmente frenético,
acabaron con el tema "Djindji rindji bubamara", con el que el público
quedó realmente satisfecho.
La vida es una fiesta
14 /01/ 2004 LA RIVIERA Madrid
por Antutxo Martínez Ariza - IndyRock
Foto Ana María Lencero - IndyRock

Lo advertía el Dr. Nelle Karajlic en la rueda de prensa (hay
que divertirse), y lo decía el propio Kusturica después
de la intro del concierto (Dr. Nelle Karajlic: the biggest showman in the
world), pero creo que pocos se hacían una idea de la que iba a liar
esta atípica banda en su concierto de Madrid. Una fiesta sin límites.
Y eso que basta acercar una oreja a los trabajos de estudio para darse
cuenta de por dónde van los tiros, música divertida, para
pasarlo bien y no dejar de saltar, sin aspavientos, eso sí. Pero
es que en directo esa combinación de melodías balcánicas
y bases punk es una auténtica explosión de energía.
De primeras son la banda menos glamorosa del mundo. Nada de poses o posturitas
sobre el escenario, nada de juegos de luces deslumbrantes o limones gigantescos,
el espectáculo son ellos mismos. Que si uno se disfraza de aladino,
que si otro parece primo de los Medina Azahara, que si el bajista es una
versión kistch de los gitanillos macarrones, que si el violinista
lleva una túnica, que si la guitarra tiene bombillitas de colores
y un dispositivo para que gire cuando apagan las luces. Unos horteras,
vamos. Pero en el sentido divertido de la expresión, entiéndase,
porque lo cierto es que lo hacían con tanto desparpajo que era necesario
reírse. Y luego el señor doctor, atención al personaje.
Es una especie de Austin Powers balcánico en versión hiperactiva,
no paró quieto en las dos horas que duró el asunto. Empezaba
el tratamiento de un modo suave, las dinámicas de grupo al uso (yo
digo algo y ustedes contestan, ahora dan palmas, y todo eso). Hasta que
descubre a una chica que le mola en uno de los laterales y se encarama
a una de las barras de la sala para cantarle una serenata. ¡Con cinco
de los músicos! Y eso era sólo el comienzo. Luego vino el
citado numerito de las bombillas en la guitarra, no se veía nada
tan hortera desde que David Hassselhof (vaya usted a saber cómo
se escribe el apellido) cantó en TVE hace una pila de años
con una chupa de cuero luminosa. El violinista se acopló el arco
al calcetín y tocaba moviendo el violín, justo antes de que
sacaran a dos chicas del público y les dieran un arco gigante donde
poder seguir haciendo música. El propio Kusturica se apuntó
a la idea y frotaba la guitarra con el superarco, mientras el doctor prefería
frotarse con las señoritas.
Aquello se empezaba a parecer a cualquier cosa más que a un
concierto, y mejor así, por que le daba a uno todo el aspecto de
haberse reunido con dos mil colegas para hacer una fiesta. Hasta trucos
de magia había, que el violinista se cambiaba de túnica detrás
de un lienzo sin dejar de tocar y en lo que dura un abracadabra. Entre
tanto, Karajlic gritaba, saltaba, cantaba, bailaba, se subía a la
otra barra, le mangaba a uno del público la bandera de Croacia que
había llevado y se envolvía en ella, posaba para las fotos,
se escurría, sacaba a otras cuatro chicas y las ponía a baliar,
se quitaba la camisa (y qué camisa), se bajaba los pantalones, hablaba
con el público, bebía agua, abrazaba al del trombón,
sudaba a chorros, presentaba a la banda, lanzaba lencería al respetable,
se metía a la gente en el bolsillo de los trucos y ponía
todo el mundo a saltar. El único que mantenía la compostura
era el batería que, por cierto, no era en esta ocasión Stribor
Kusturica, el hijo del jefe.
Pero daba lo mismo, por que los que estaban se bastaban y sobraban
para conseguir que aquello fuese un desmadre de lo más divertido,
dos horas de pura fiesta, sin un momento de descanso ni para tomar aire.
Sólo cuando empezaron el bis se marcaron una especie de canción
popular abrazados en el borde del escenario y con aires etílicos.
Los momentos más grandes coincidieron, como es natural, con las
canciones más conocidas 'Was Romeo really a Jerk, 'Djinji Rinji
Bubamara' y, por supuesto 'Black Cat White cat', que se guardaron para
el final y dejaron a la gente tan agotada de saltar como con ganas de volver
a verles prontito, que estos son de los que reparten felicidad. Como Yaiza
(Nebreda Sanchez), que con sólo dos días tiene gran habilidad
para sembrar sonrisas.
La vida es un milagro
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Dice Kusturica que hace cine para que la gente se lo pase bien, que
lo que realmente le gusta es entrar en una sala donde se proyecta una peli
suya y ver que todo el mundo respira del mismo modo. Porque si uno vive
en un país en el que, según afirma el Dr. Nelle Karajilic
(que no sólo canta con la No Smoking Orchestra, si no que también
se atreve con un papel en la película y con la rueda de prensa),
cada generación acarrea a sus espaldas un par de guerras, más
vale tomarse las cosas con calma y disfrutar de la vida.
De todo esto hay en la última producción del serbocroata,
de ganas de vivir, de optimismo, de velocidad y sentimientos. Con la vergonzante
(sobre todo para Europa) guerra de los Balcanes de trasfondo, el ingeniero
Luka se enfrenta al desmoronamiento de su mundo con una paciencia que ni
el santo Job, oiga, y sin perder la sonrisa más de lo conveniente.
Resulta que su mujer, todo un carácter, se le marcha con un músico
húngaro (el bandarra de Karajilic) el mismo día que a su
hijo le llaman a filas no para hacer la mili, como él se empeña
en creer, si no más bien para pegar barrigazos y tiros a partes
iguales en el frente de batalla. Pero sin dejarse llevar por moralinas
facilonas o sentimentalismo hiperglucémicos, Kusturica va tejiendo
una hermosa historia de amor entre bombardeos que habla de todo aquello
que está (o debería estar) por encima de los conflictos:
las personas. Luka se encuentra haciendo de carcelero de una muchacha musulmana
(Sabaha) a quien tiene la sana intención de canjear por su hijo
Milos, que ha caído prisionero del otro bando. Pero lo que decía,
las personas, el ingeniero no deja de ser un tipo de lo más normal
y en la soledad de la montaña, se encuentra protegiendo a la chica
y siendo cuidado por ella. De ahí al amor, sólo hay un obús
del quince (literalmente).
Menos surrealista que, por ejemplo, Underground, 'La vida es un milagro'
es una película que confirma lo que se vio en 'Gato negro, gato
blanco', que este tipo con alma de gamberro se va haciendo mayor y ganando
en coherencia, al menos a la hora de contar historias y tratar a los personajes.
Tremendos los protagonistas y geniales los secundarios, el cartero torpe,
la esposa loca, el viejo ermitaño, el hijo futbolista, el alcalde
traficante, el militar idealista (que además es el batera de la
No Smoking, y retoño del jefe) e incluso el burro sentimental. Una
peli para sacarle mucha miga (la escena del partido de fútbol le
hace pensar a uno la cantidad de armas que estaban pululando por la zona
sin demasiado control) si se lee entre líneas, y para disfrutar
durante las dos horas y media largas que dura. Un lujito. Como el milagro
de la vida.
www.altafilms.com
http://www.emirkusturica-nosmoking.com/fre/index.html
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Emir Kusturica y The No Smoking Orchestra, video concierto en
la sala Industrial Copera en julio 2009
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