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  Blonde Redhead
Concierto en Madrid, Joy Eslava

Fotos y crónica de Nocnar Tosnophal/ IndyRock
 

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* PÁGINAS Y AGENDAS

 
 
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Blonde Redhead
Flotando sobre el escenario
Blonde Redhead + Bartlett
Joy Eslava. Madrid 26 de febrero 2017
Promotora: Miles Away Pro. 
Fotos y crónica por: Nocnar Tosnophal / IndyRock
Hace ya una temporada que llevábamos tras la pista de Blonde Redhead. Se nos escaparon en su anterior visita, en el SOS 4.8 el pasado mayo. No íbamos a repetir la torpeza de nuevo.
Así que, cuando la promotora Miles Away  anunció su paso por la piel de toro, marcamos la fecha en nuestro calendario.

Nos acercábamos a la sala Joy Eslava como quien se aproxima a una cita a ciegas.
Ya se sabe que una cita con un desconocido siempre provoca un cierto desasosiego interior. Así nos enfrentábamos a nuestra cita con Blonde Redhead. A punto de publicar (ya lo habrán hecho cuando lean estas líneas) su nuevo material discográfico, 3 O´clock, su estilo, que ha ido cambiando progresivamente desde sus inicios, nos causaba inquietud y curiosidad por saber cómo se mostraría encima del escenario.  Cada cierto tiempo los astros se alían para encontrar las respuestas.

Mientras la sala se iba convirtiendo en una procesión de ávidos espectadores que rellenaban los espacios libres dispuestos a gozar de la etérea puesta en escena de los de la gran manzana, Bartlett, o lo que es lo mismo, el trasunto que utiliza José Bernabé para su última encarnación musical, calentaba el ambiente.

Únicamente acompañado de un teclista que pergeñaba colchones y líneas de bajo con su moog, amén de percutir el bombo sintético para aupar rítmicamente las composiciones de voz y guitarra de Bernabé, se presentaron en formato reducido en el foro. Quizás si la banda hubiera estado al completo no nos hubiera parecido monótona la escasa media hora de la que disfrutaron en el escenario. Esperaremos a que la próxima tengamos más suerte y los veamos en plenitud de facultades para poder hacernos una idea de por dónde navegan.

Entre los halos de luz y la viscosidad nebulosa, cual translúcidos tótems, se presentaron los hermanos Pace y la señorita Makino ante el público que llenaba confortablemente la sala Joy Eslava.

Quisieron evocar sus comienzos ruidistas en los primeros compases de su actuación, no sabemos si como un guiño, un intento de calentamiento del respetable, o una presentación cronológica a modo reivindicativo de su ya larga trayectoria.

Tras este primer arranque torero, se dejaron caer en los efluvios de ese pop elegante y volátil que practican ahora, con tintes mas o menos evidentes de coqueteos con el shoegaze, el dream-pop, e incluso los límites fronterizos de las texturas desérticas que impregnaban las líneas melódicas de las guitarras de Kazu Makino y Simone Pace, mientras el tercero en discordia, Amadeo, se dedicaba a tejer texturas rítmicas para arropar el conjunto.

Quizás pudieran haber alternado de otra manera sus temas para no caer en algún momento de la noche en el acaramelamiento y languidez que provocaron ciertos baches en su repertorio, aunque al respetable pareció no importarle. Es más, el número de parejas que sucumbieron al acaramelamiento durante el concierto fue elevado. Ríanse de las bandas sonoras de películas sombrías.

Una puesta en escena sobria, con los músicos e instrumentos desplegados por el escenario, y unas tenues luces que proporcionaban una, suponemos, auto impuesta penumbra para acentuar la atmósfera propicia para el desarrollo de sus composiciones fue la apuesta de los de la gran manzana.

Mucho auto sampleo de cuerdas, percusiones y voces y algún que otro bucle pregrabado, con un amplio arsenal de pedales y efectos varios a los pies de los rubipelirrojos. Personalmente soy muy crítico con los enlatamientos, pero no hay pega ninguna acerca de ello. El resultado fue idóneo y siempre es interesante ver en directo a los propios músicos mostrando su habilidad para provocar, modular y producir éstos añadidos a sus composiciones.

Repasaron su discografía ampliamente, centrándose en los temas de Barragan, pero sin olvidar los singles y epés de su primera época más ruidista y los de sus posteriores trabajos Melodie Citronique y The Secret Society of Butterflies. Incluso hubo un guiño al futuro cuando presentaron el tema  homónimo de  su nuevo trabajo,  3 O´clock.

Realmente es encomiable ver como solo tres personas son capaces de armar un caparazón sónico tan sólido y delicado a la vez. Una presencia escénica en la que cabe destacar la ingravidez de Makino, flotando por el escenario, que se encargaron de llenar perfectamente tan solo tres personas.

Bueno, vale. Y una colección considerable de pedales, amplis y achiperres varios.

La evolución, pieza principal en el puzle de la humanidad, cobra muchos significados confrontados cuando se aplica a la composición musical, siempre denostada cuando la línea compositiva va cambiando a lo largo de la carrera de un artista o banda. Los nuevayorquinos de Nueva York Blonde Redehead han navegado por aguas turbulentas, estilísticamente hablando, desde que allá por los primeros noventa nacieran coqueteando con la escena ruidista. Su evolución desde aquel entonces ha sido constante, y a la par coherente consigo mismos. Asistir a una de sus actuaciones es dejarse embeber de atmósferas que muestran esa evolución. A pesar de situarse casi en las antípodas de lo que fue su germen compositivo, la coherencia en su propuesta no muestra fisuras, envuelta por esa capa de misticismo elegante (cool para los culturetas) que destila su presencia en escena.

No hemos venido antes porque nadie nos había invitado a venir, espetaba Makino en un impás del show. Esperamos que la invitación para su vuelta sea pronto.
 

Set list


Falling Man
Bipolar
Elephant Woman
Mind to Be Had
No More Honey
Where Your Mind Wants To Go
Three o' clock
Doll Is Mine
Anticipation
Dr. Strangeluv
Dripping
Spring and by Summer Fall

Encore:
Give Give
23
Equus


Blonde Redhead es un trío estadounidense que empezó como una banda disonante de noise-rock y poco a poco se fue transformando en una banda capaz de producir álbumes de pop-rock con un marcado golpe emocional. Son ampliamente admirados en círculos de rock alternativos e independientes y continúan ampliando su paleta de sonidos con cada nuevo lanzamiento.

Los hermanos gemelos –idénticos- Amedeo y Simone Pace, nacieron en Milán y se mudaron a Montreal, Quebec, Canadá, cuando ambos tenían 13 años, tocando la guitarra y la batería respectivamente, y desarrollando un gran interés tanto por el jazz como por el rock. Posteriormente se trasladaron a Boston para asistir a la prestigiosa Berklee College of Music, obteniendo títulos de bachillerato antes de trasladarse a la ciudad de Nueva York para continuar con la creación de una banda de rock. Una reunión casual en un restaurante dio lugar a que los hermanos conocieran a dos estudiantes femeninas de arte japonés, que también estaban interesadas en montar una banda. Kazu Makino era un cantante y guitarrista aficionada, mientras que Maki Takahashi era bajista. Los cuatro tuvieron una conexión instantánea y empezaron a salir juntos y ensayar en serio, estableciéndose con el nombre de Blonde Redhead. La banda forjó un sonido influenciado por las bandas no-wave de finales de los 70 y principios de los 80.

El grupo grabó su primer álbum de ocho canciones con Steve Shelley, de Sonic Youth, titulado simplemente Blonde Redhead (1995 Smells Like), que obtuvo elogios de la crítica, aunque casi cada mención de la banda conectaba su sonido con el de Sonic Youth. En realidad, ya estaban estableciendo un sonido único, no sólo por las voces únicas de Makino y Pace, que fueron mucho más lejos que las de Sonic Youth. Poco después del lanzamiento del álbum, Takahashi dejó la banda y Blonde Redhead continuó como un trío sin bajo. En 1995, publican un nuevo álbum, La Mia Vita Violenta (Smells Like), donde el grupo refinaba aún más su sonido. Makino, cada vez más hábil con la guitarra, amplió el registro de su voz, siendo a menudo comparada favorablemente con el estilo de Bjork cantando. Las voces de Amadeo Pace también se hicieron más completas, y el trabajo de percusión de Simone Pace se volvió cada vez más templado y matizado. El sonido Blonde Redhead ya estaba en marcha.
En 1997, la popularidad de la banda hizo que firmara con la prestigiosa discográfica independiente Touch & Go, cuyo primer álbum Fake Can Be Just as Good, fue co-producido por la banda con el ingeniero John Goodmanson. 

El siguiente álbum de Blonde Redhead, In an Expression of the Inexpressible (Touch & Go, 1998), fue producido por Goodmanson y el cantante y guitarrista de Fugazi, Guy Picciotto, siguiendo la tendencia de pulido y refinamiento. Los teclados también empezaron a introducirse en el sonido de la banda, ya mucho más presente en su siguiente álbum Melody Of Certain Damaged Lemons (Touch & Go), en el 2000. En este punto, Blonde Redhead se habían alejado de las violentas comparaciones con Sonic Youth de sus primeros lanzamientos, y ahora estaban adoptando un sonido que incluía influencias del pop francés de los años 60, así como elementos extraídos del jazz, el ambient y el shoegaze.
 

Cuando su siguiente álbum, Misery Is A Butterfly, apareció en 2004, cogió a mucha gente por sorpresa. Las cuerdas y los teclados fueron prominentes en un álbum donde el sonido de Blonde Redhead se había convertido ya en una especie de música de cámara de rock. La música era ahora agraciada donde antes era urgente. Los críticos y los fans pronto aparecieron y el álbum se vendió mejor que cualquiera de sus discos anteriores. Blonde Redhead continuó su gira y lanzó 23 (4AD) en 2007. Por primera vez, el grupo optó por producir el álbum, con la asistencia en dos canciones del productor Mitchell Froom. El disco es una excelente destilación de las diferentes etapas de la banda a lo largo de su carrera. El álbum fue de lejos el más vendido por el grupo, vendiendo alrededor de 11.000 copias la primera semana de lanzamiento y situando a la banda en el número 63 de las listas de los Estados Unidos.
 

Tras un trío de lanzamientos tan potentes como Misery Is A Butterfly, 23 y Penny Sparkle -su álbum de 2010-, no debería sorprender que Barragán, del pasado 2014, tenga semejante continuidad en su sonido. La presencia del productor, mezclador e ingeniero Drew Brown -que fue miembro clave del equipo durante la grabación de Penny Sparkle- fue clave introduciendo una serie de sugerencias. Fue Drew quien convenció a la banda para dirigirse a Key Club Recording en Benton Harbor, Michigan, donde encontraron una increíble colección de sintetizadores antiguos, en palabras de Kazu, un ” cielo analógico”. Todavía están aquí, y después de 21 años, es obvio que Blonde Redhead nunca han hecho discos por la fama, ni por el dinero, ni para complacerse con cualquiera de los impulsos mudos y efímeros que obstruyen la blogosfera con música muda y efímera. Están haciendo música, simplemente, porque quieren hacerlo.



http://blonde-redhead.com/barragan/


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