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Bigott + Triángulo
de Amor Bizarro
09 marzo 2012 - Teatro CajaGranada - Granada
Fotos y fotogalería: Merche S. Calle / IndyRock
Crónica: Enrique Novi
     
     
     
     
    
Crucigrama numérico
Triángulo de Bigott + Triángulo
de Amor Bizarro
jueves 8 de marzo 2012Teatro CajaGranada
Por Enrique Novi / IndyRock
“El jazz ha muerto; es la música de un museo”. La contundente frase
la pronunció alguien tan poco sospechoso de aversión al género
como Miles Davis allá por 1975, más o menos por la época
en que el jazz dejó de evolucionar y salió de los antros
llenos de humo para entrar a formar parte de los gustos de la gente exquisita.
Perseverando en esta nueva tendencia a la que cada vez se apuntan más
grupos y promotores, más recintos e instituciones, la de llevar
el rock a los teatros y los auditorios, quien sabe si tal vez buscando
en la dirección equivocada algo tan intangible como el prestigio
cultural, se presentaban en el de CajaGranada dos propuestas muy distintas
aunque ambas consideradas de lo más interesante del panorama nacional.
Un sexteto, el que acompaña a Bigott, seguido de lo que empezó
siendo un quinteto, ya reducido a cuarteto, con un nombre que apela al
número tres; dos bandas en un solo concierto. Todo un crucigrama
numérico.
A pesar del orden del cartel, comenzó, como parecía lógico,
el zaragozano Borja Laudo, verdadero nombre del artista singular conocido
como Bigott. Sin hacer demasiado ruido, editando un disco por año,
como a la antigua usanza, este genial intérprete se ha ido abriendo
paso entre la mediocridad a fuerza de talento y de un trabajo bien hecho.
Lo segundo está garantizado con la nómina de enormes músicos
que lo acompañan: el ubicuo productor Paco Loco, la mítica
Muni Camón, los hermanos Perles, artífices de Leda Tres,
y por supuesto la labor silenciosa de Clara Carnicer, una especie de alter
ego del propio Bigott. Todos juntos dan lustre y ofrecen el envoltorio
perfecto a su brillante cancionero. Con su aspecto de gnomo anómalo,
mitad histrión, mitad cantautor sobrio de voz clara y perfectamente
modulada, Bigott, esa rara avis del pop nacional, desbroza su repertorio
para que broten las hermosas melodías que lo conforman.
La sabiduría de su banda hace suyos muchos de los clichés
del rock para regurgitarlos renovados. Y escogiendo elementos del indie
rock con denominación de origen, tanto como de la psicodelia, de
la música de baile, de la polka, la bossa o la música orquestada
de los sesenta, pero siempre con criterio, redondean un concierto en el
que todos disfrutan, sobre o frente al escenario, pues el resultado es
una propuesta espontánea, irónica, por momentos hilarante
y por completo desprejuiciada.
Muy diferente a lo que propone Triángulo de Amor Bizarro, cuyos
márgenes estilísticos parecen mucho más definidos
y delimitados. Por eso apenas tomaron el escenario mostraron su incomodidad
con la disposición del público apegado sus butacas y lo invitaron
a abandonarlas para acercarse a ellos, conscientes de que su impacto se
realza en las distancias cortas. Y así, a machamartillo, en una
orgía de saturación, de voces enterradas en reverberación
y reverencia noise, una mezcla no tan propicia para el recinto, escupieron
sus procaces y directas proclamas con las que demostraron por qué
se han consolidado como una de las revelaciones del pop español
de los últimos tiempos.

19 noviembre 2011 sala El Sol 2011
Crónica Jon Pagola - IndyRock
Fotos Marta García - IndyRock
Dada la cola que se había formado en el primero de los dos conciertos
consecutivos de Bigott en la sala Sol de Madrid, parece que la jugada pop
de "Cannibal Dinner", primer y pegadizo single de "The Orinal Soundtrack"
(2011), ha salido redonda. En algo más de un año, la variopinta
propuesta del zaragozano Borja Lauda ha dado un salto cualitativo, al menos
en Madrid. Pasar de las 150 personas que habría en su anterior visita
a llenar hasta los topes la Sala Sol sabiendo que repite al día
siguiente no es moco de pavo.
Dejando las cifras a un lado, un par de cosas quedaron claras en su
regreso a Madrid. La primera, que Bigott está de moda entre los
universitarios y veinteañeros que consumen habitualmente musica
indie. Y la segunda, que Bigott tiene un enorme carisma, una personalidad
arrolladora que empieza en ese look destartalado y divertido y que acompaña
con unos frenéticos bailes a medio camino entre la jota aragonesa
y, pongamos, Tim Booth, de The James. Si a esto le añadimos que
Bigott no pronuncia un palabra durante hora y media y que, pese a todo,
o precisamente por eso, cae estupendamente bien, ya tenemos creado todo
un señor personaje.
Pero sobre todo, Bigott tiene talento. A veces su profunda voz remite
a la de Bill Calahan, lo que no está nada mal, y cuando la cosa
se pone seria y toca meter una balada ("Clarin") lo hace con sentimiento
y profesionalidad. Se rodea de otros cinco músicos en el escenario,
entre los que destacan (para bien) el conocido productor Paco Loco con
un sinfín de instrumentos y (para mal) las dos voces femeninas que
hacen los coros, con demasiado protagonismo y un punto cursi. A veces,
meter a tanta gente encima de un escenario tiene sus inconvenientes y,
quizás por ello, el sonido no se afinó como se debería
en canciones como "Cool Single Wedding" o "Vaporcito".
Más que folk o americana, la música de Bigott en directo
es más cercana a la de una pista de baile. Parece que los tiros
van por fotocopiar la fórmula de "Cannibal Dinner", a la que dejaron
en un segundo plano metiéndola por la mitad del repertorio sin que
desentonara ni un ápice con el resto. El artista zaragozano puede
presumir de nutrirse de una rica variedad estilística (pop, folk,
americana, ritmos tropicales), pero cuando sube al escenario sus canciones
acaban por coger hechuras de pop bailable, lo que no es necesariamente
negativo. Va muy bien para animar al personal y pasar un rato estupendo,
pero en el camino también se pierden matices y detalles que son
los ingredientes con los que se termina de moldear el talento.
Viernes 08/10 2010 Sala 2 de Apolo. Barcelona.
Folk espiritista y de sanación
por Ana Llurba - IndyRock
Fotos: Celina Bordino - IndyRock
Sólo si alguna vez has vivido la experiencia de llenar tu carro
hasta las narices de polvo cruzando por el extenso desierto de Monegros,
o si has tenido la oportunidad de escuchar a Omael, el zaragozano de la
bicicleta que lee el futuro con la astrología, comprenderás
la particular estética musical de este crooner aragonés.
Residente honorífico de Zaragoza, Bigott le ha pasado el plumero
a las pretensiones de los referentes del folk español.

Como si lo hubieran extirpado de algún olvidado rincón
de Alabama, este fenómeno paranormal canta sus sublimes composiciones
en un nacarado inglés “para que no se entiendan las tontadas que
dice”. Y, aunque los pasquines canonizaran su último disco (“This
is the begining of a beautiful friendship”, Grabaciones en el mar) y participara
del cartel de mega festivales como el Primavera Sound, FIB, Heineken, Faraday
y el francés Europavox, Borja Laudo aún no se deja seducir
por los laureles y sigue acojonando a los entrevistadores con sus salvajes
disparates.
El viernes pasado cumplió, con rigurosa puntualidad, los horarios
previstos para su concierto en Barcelona. Sin grupo telonero, Bigott
y los suyos arrancaron la velada con los lentos acordes de “The New Pornographers”
(Fin, Grabaciones en el mar, 2009), seguida de “Trois je te aime” y “Afrodita
Carambolo” del mismo disco. Con una poco agraciada voluntad coreográfica,
Borja acompañó su repertorio con una estrafalaria danza
erótica sobre el escenario. La misma fue celebrada con frenesí
durante la ejecución de “Sparkle motion”, por una audiencia que
acompañó a coro casi todos los estribillos. Pero, la espontánea
euforia devino hacia la serenidad de saudade y melancolía
contenida en los acordes de “The party”, cantada a coro con Clara Pernicer.
A ésta le siguieron las dulces cadencias de “My my love” y la
extravagante “I´m a little retarded”.
La velada continuó con la celebrada “She is my man”, donde pudimos
apreciar los contoneos de su sudorosa barriga. Además, hacía
el fin del concierto, mientras sonaba la esperada “Dead mum walking, el
crooner aragonés se lanzó sobre los espectadores, que
lo pasearon unos metros cerca del escenario.
Aunque Borja Laudo afirme que “los americanos son unos atrasados y nosotros
sólo unos aficionados”, su cóctel de folk atmosférico,
de guitarras vampíricas sumada a la aguda ironía sembrada
en sus letras, deviene una sugestiva sesión de espiritismo por el
sur de la América profunda. Y esto se hizo evidente en su show en
vivo, sobre todo, en canciones como “Horses back” donde se asomaba la alargada
sombra de Johnny Cash, como invitado de honor. Sin embargo, su humor y
sus histriónicas y disparatadas coreografías
le sumaron un plus de personalidad a su perfomance en vivo.
Por eso, y sólo por eso, in Bigott we trust.

http://www.myspace.com/myspacebigott
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