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Crónica de las dos jornadas
Por Iñaki López de Eguílaz - Texto
Fotos Luis Cobelo
(enviados de IndyRock)
Nueva edición del Festimad después del año de barbecho
al que se dedicó la pasada temporada con vistas a una cosecha que
respondiera a las expectativas de un festival como el Festimad y con un
pasado en cartel como el que ha tenido en sus prometedores primeros años
de andadura. Pero la cosecha de este año no se antojaba precisamente
fructífera y la recogida de la fresa representada en Limp Bizkit
no se produjo precisamente por la inmadurez del momento o del grupo. El
caso es que el cartel de este año adolecía de grupos con
un referente claro entre el público, para qué nos vamos a
engañar. El gran aliciente del Festimad eran Limp Bizkit y echaron
por tierra las ilusiones de aquella gran mayoría que acudió
al festival a verlos. A pesar de ello hay que reconocer el éxito
de asistencia de público con 20.000 personas el primer día
y 35.000 entre las dos jornadas.Pero vayamos por partes.
Jornada # 1
El Parque de El Soto de Móstoles era
el escenario perfecto para un estudio sociológico que
viniera a refutar que tres de cada cuatro asistentes llevaban una camiseta
de Slipknot o Limp Bizkit y una gorra de los New York Yankees. El resto,
o se habían quedado sin camisetas y gorras en el mercadillo, o formaban
parte de los más de dos mil periodistas acreditados que acudieron
a dar fé del Festimad sin gran devoción por esos dos grupos.
Con la apertura del escenario Ritmic.com a mediodía por el que
desfilaron Orangemaker, Solina, Gallygows, Romodance,
Sperm y Lisabö se dio la alternativa al escenario
Festimad a media tarde con Mudvayne quien anticipó lo que se iba
a ver en esos dos días: puro y duro metal. Este Festimad era una
versión en directo de hard-rock y metal concediendo un espacio al
pop-rock que atraería a un público más amplio. Poco
después lo harían My Vitriol, teloneros en la actual gira
de Ash, mientras en la Zoom Zone se daba cancha a las otras tendencias
electrónicas con el trip-hop, de todo menos oscuro, de Smith &
Mighty . La carpa que albergaría el sonido menos analógico
del festival daría la alternativa en varios momentos al DJ Jorge
Molero que amenizaba los tiempos muertos entre la visión argelina
de la electrónica de Rachid Taha y el sorprendente hip-hop de Orishas,
que llenaron la carpa mientras en el escenario Ritmic.com Muse hacían
lo propio con el que fue uno de los mejores conciertos del Festimad.
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Feeder y Orishas
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Muse pusieron en escena un concierto casi calcado
del que dieron un mes antes en su paso por la madrileña sala Arena,
satisfaciendo a aquellos fans de Radiohead que no podrían ir a Bilbao
a ver a la banda de
Thom Yorke revitalizando Kid
A. En él hubo tiempo para "Unintended", representando el rock
de estrofas en falsete con que Matthew Bellamy se columpia entre riffs
y solos de guitarra geniales.
Antes que ellos, en el mismo escenario, Feeder
nos trajeron a la cabeza su parentesco bastardo, intencionado o no, con
Green Day en una vertiente más melódica que a veces apelaba
al diccionario del pop-rock. Tras ellos, y poniendo en marcha el efecto
imán que se sentía entre los dos escenarios cada vez que
terminaba un grupo en uno y empezaba otro
en el otro escenario,
Sexy Sadie (en la foto)repetían
por tercera vez presencia en el Festimad, dónde alternaron
temas del decepcionante "Butterflies" con su obra maestra, "It´s
Beautiful, It's Love" mientras homenajeaban a los Pixies entre medias.
Luego, en la incipiente noche, Biohazard apelaban
al verdadero espíritu de esta edición consiguiendo abarrotar
por primera vez el escenario principal del que salía la auténtica
mezcla de hardcore y metal.
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Los siguientes en arrastrar a la masa al otro escenario eran Manic
Street Preachers, quienes a mi juicio actuaban de verdaderos outsiders
en un festival sin grandes concesiones al pop. Pero de algún modo
había que atraer a otro público, y el trío galés
era una jugada maestra para hacerlo de una forma digna. Vaya por delante
que el arriba firmante considera a Manic Street Preachers como un grupo
pijo del Brit Pop que perdió el Norte a partir de "Everything Must
Go" y que en su último disco ha echado la última palada de
tierra sobre su tumba de grupo interesante. Pero hay que reconocer que
su actuación en el Festimad evitó cualquier excusa promocional
de "Know your enemy" y derrapó sobre las curvas más cerradas
de "Everyting Must Go" y "This Is My Truth..." para cerrar el concierto,
como no podía ser menos, con "A design for life".
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Tras
esta jugada a ganador, el escenario principal albergaría el mejor
espectáculo que iba a verse en aquel Festimad. Llegaba la hora de
Slipknot
(en la foto). La banda norteamericana desplegó un espectáculo
sobrecogedor digno de ver. Con un escenario sobre el que se sostenía
la diabólica cifra 666 y con la noche totalmente echada los nueve
miembros del grupo salieron como jinetes del Apocalipsis ante la inmensa
marea de gente que llenaba enfervorizada el recinto de aquel escenario.
Con sus personalidades e identidades abrigadas tras las máscaras
que les han hecho famosos demostraron que es un auténtico espectáculo
verlos sobre un escenario, con dos secciones de percusión y una
batería, escupir esos ruidos guturales que pueden escucharse en
su último disco, en vísperas de la publicación del
próximo trabajo del que adelantaron algunos temas. Una coreografía
infernal de movimientos rítmicos no hacía sino reafirmar
la sensación de posesión diabólica que parecía
que estaban sufriendo sobre el escenario en lo que era el mejor momento
de aquel maratón de conciertos.
Jornada # 2
Segundo día con madrugada pasada por agua. Con el césped
de El Parque de El Soto machacado y sangrando barro el público amanecía
con el incentivo de ver a Limp Bizkit por
primera vez en España. De hecho, muchas de las entradas de un solo
día que se vendieron correspondieron a la segunda jornada. Antes
estaba por delante una sesión maratoniana en el Ritmic.com con Cujo,
Coilbox, Kannon, Mermaid, Rip KC, La Vacazul, Diamond Dogs y 59 Times Then
Pain. Pero en el escenario Festimad había algo que no cuadraba.
Una cinta de plástico impedía la entrada al césped
y aquello no tenía buena pinta. Los rumores apuntaban a que Limp
Bizkit habían exigido a la organización que ningún
artista tocara antes que ellos allí. Esto hipotecaba considerablemente
los horarios. Me explico. Los tiempos de los dos escenarios principales
estaban repartidos de modo que mientras en un escenario tocaban unos en
el otro no habría actuación para así no solapar los
mejores conciertos. Pero esto supone un trastorno en los horarios cuando
hay sólo un escenario y sin tiempo para realizar pruebas de sonido.
Así, las consecuencias recayeron en un retraso de más de
una hora sobre el horario previsto cuando salieron al escenario 28 Days
con su apuesta de rap-metal como anticipo modesto de Limp Bizkit.
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Para entonces, la organización ya había dado una rueda
de prensa que explicaba porqué Guano Apes
habían ocupado el escenario Festimad: Limp Bizkit habían
decidido no actuar por razones de seguridad. El mazazo estaba servido.
Mientras la organización meditaba cómo comunicar al
público la cancelación de la actuación estrella Guano
Apes desvirgaban el escenario principal ya con más de una hora de
retraso, por lo que se disculparon antes de empezar aludiendo a razones
ajenas a ellos. O lo que es lo mismo, a razones de Limp Bizkit.
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Lo de Limp Bizkit es algo que el arriba firmante todavía no
acaba de comprender. El día anterior ese escenario sufrió
las embestidas del público de Biohazard y Slipknot, grupos y público
susceptible de mostrar un comportamiento violento, sin que hubiera pasado
nada, sin haber una razón aparente que obligara a la banda de Fred
Durst a desestimar la posibilidad de tocar allí. Además,
la organización disponía de los informes periciales que certificaban
la seguridad del recinto.Y por otra parte, ese antojo de mantener intacto
el césped del escenario principal ¡de un festival en el que
sabes que habitualmente tocan otros grupos además de ti! es algo
que se escapa a cualquier razón lógica.
En cualquier caso, el mayor aliciente en el cartel del Festimad se
venía abajo y la gente la pagó con Zen Guerrilla, que puso
en escena un grato espectáculo de rock que no merecía el
lanzamiento de botellas de plástico al escenario. Antes, Sober
dieron vida al segundo escenario para dar paso a los Backyard
Babies en ese revival del heavy que tratan de resucitar algunos grupos,
en el caso de Backyard con un resultado francamente bueno. Y en medio,
Los Enemigos hacían justicia a la publicación
de "Obras Escocidas" dando un repaso a su historia. El mismo que
dieron por partida doble Biohazard, quienes accedieron a la petición
de la organización de tocar tras Zen Guerrilla como compensación
a la caída de Limp Bizkit del cartel de un Festimad descafeinado
y en el que en último momento se les derramó el azúcar
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