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Bob Dylan en España 2006 en Palafrugell - Girona - crónica
aquí
10/07/04 Motril, Granada Campo de Futbol
 
Fotos Merche S Calle © IndyRock
Dylan, el ocultismo del mito
Editorial Por Juan Enrique Gómez - director de IndyRock
Gira 2004 y 2006
Nadie duda que Bob Dylan se puede permitir lo que desee, pero con lo años
parece que el mito se ha vuelto reservado. Su música sigue siendo
un lección de creatividad, buen hacer y una constante victoria contra
el paso del tiempo, modas, esnobismos y nuevas tendencias, porque Dylan
ha sabido poner en mayúsculas la palabra evolución. Donde
sí ha sufrido una regresión es en su tratamiento a quienes
tienen como objetivo divulgar sus trabajos, informar de sus giras y conciertos.
En su presencia en España la imagen de Dylan ha sido un secreto
celósamente guardado para quienes no han pagado el precio de la
entrada de sus conciertos, incluso para los que acudieron resultaba difícil
distinguir a Robert Zimmerman bajo un sombrero negro, semiagachado sobre
un teclado de piano electrónico a la derecha de un escenario cuyo
"front line" permancía vacío casi la totalidad del espectáculo.
Una profunda decepción para miles de seguidores que deseaban contemplar
al Dylan de siempre, aunque su imagen física esté, lógicamente,
gastada por los años. No importa la imagen, sólo se analizan,
disfruta y corean las canciones. Dylan ha olvidado otros tiempos y se apunta
al carro de los "divos" que malinterpretan los deseos de su público
y de los que, no pudiendo ir a sus conciertos, quieren verlo, aunque sea
en fotos de periódicos e imágenes de televisión. Desde
su llegada a España (ya lo hizo en anteriores giras) la presencia
de fotógrados de prensa y cámaras de televisión ha
estado expresamente prohibida, a pesar de las protestas de los promotores
de los conciertos. Dylan se suma a la cada vez más larga lista de
los artistas que atentan contra la libertd de información. Se olvidan
de que son personajes públicos y que lo que ocurre en sus conciertos
es de interés general. No quiero que me pirarteen. Solución,
cortar las alas a la profesionales de la información. Para preservar
la imagen su mánager no duda en provocar colas interminables de
acceso al concierto mientras los "vigilantes" registran bolsos y bolsillos
a la búsqueda de cámaras fotográficas. No sirve para
nada, el público entra con cámaras y los flashes se multiplican
por doquier. Sólo los profesionales se ven coartados para hacer
su trabajo en beneficio del artista, los promotores y la cultura de conciertos.
Nadie pudo conseguir publicar una buena imagen. Todos teníamos la
foto, e incluso la imagen de televisión. Todas han sido conseguidas
con cámaras ocultas, y por tanto, de calidad mínima. Resultado:
Dylan aparece en la oscuridad, más viejo y cansado que nunca. ¿Qué
ha evitado? La respuesta es sencilla: que los profesionales de la prensa
pudiesen conseguir una imagen con la que transmitir a ese Dylan que todos
queremos ver. Se habría conseguido la imagen de un Dylan que aún
hace preguntas al viento.
BOB DYLAN+AMARAL
Estadio Municipal de Motril. 10-7-04
Por Jesús S. - IndyRock
Eva Amaral salió al escenario en un puro acto de valentía
que deberíamos reconocerle, armada únicamente con una guitarra
acústica debido a una inoportuna lesión de Juan Aguirre.
Aun así dejo patente la calidad de su voz en una corta actuación
con versión de "Universal" de Lagartija Nick incluida. El público
reconoció su esfuerzo y aplaudió el intenso "Sin ti no soy
nada" con el que cerró su breve actuación.
Dylan y su banda aparecieron pasadas las diez de la noche, recibidos por
una fuerte ovación que pronto se apaciguó cuando "Maggie´s
farm" comenzó a sonar. Tal vez no sea este el Dylan del 66 ni el
del 74, pero sigue siendo Dylan, y ahí le teníamos en cuerpo
y alma, con una actitud intencionadamente tímida, apartado a un
lado del escenario detrás de un pequeño teclado que no abandonaría
en toda la noche. Desde ese inesperado para muchos parapeto, el genio de
Minnesota y su fabulosa banda ejercitaron un intenso ejercicio de rock
en el que las raices folkies del maestro dejaron paso a devaneos más
que experimentales. Blues ácido en unas fases, un poquito de jammin´
en otras, la banda de Dylan atacó poderosamente un set list
bastante aleatorio donde Dylan mezclaba sus composiciones más recientes
con un puñado de temas que en sí mismos son todo un regalo
del cielo, como "Highway 61" y "A hard rain´s a gonna fall". Aun
así el bueno de Bob no quiso, como siempre, ponérselo fácil
a un público que en buena parte quería corear estribillos
conocidos. No, el señor Dylan sigue siendo el mismo tipo ácido
de siempre, y su carisma es tal que le lleva a incluso poner cara de importarle
un pimiento que tengamos que esperar un buen rato para ver si esos riffs
iniciales corresponden finalmente a una hipercalórica versión
de "It´s allright mama" o si ese teclado que da paso a una mandolina
no es si no una alocada toma de "Girl from North Country". Temas que tras
cuarenta años han ido siendo re-arreglados infinidad de veces hasta
convertirlos en otra cosa.
Sin embargo, el tratamiento que Dylan da a sus temas más recientes
(sonaron "Not dark yet", "Tweedle Dee and Tweedle Dum", "Summer days")
es claramente cercano al original, con poderosas bases rythm n blues, y
toques country que los conviertieron en lo mejor de la noche, hasta los
bises, claro. Porque en los bises Dylan sí que lo tuvo claro enlazando
brillantemente una caótica "Mr. Tamourine Man" con "Like a rolling
stone". El punto álgido, el sorprendente final con una dura "All
along the watchtower" que sí que dejó un buen sabor de boca
a todos los que adoramos a este tipo. Tal vez sea cierto lo que mucha gente
comentó al concluir la actuación, en concreto se echó
en falta a un Dylan más en primera línea de fuego armado
con una Fender o una acústica, pero bueno, el detalle carece de
importancia si uno repasa mentalmente lo vivido y lo oído, y más
aun cuando queda claro que Bob Dylan sigue estando en buena forma. Siempre
ha ido a contra corriente, y el nuevo milenio no va a suponer un reblandecimiento
de sus conceptos ni nada parecido. Acidez, personalidad, un cancionero
inmejorable y una banda cojonuda para un maestro entre maestros.
Crónica
UN CLÁSICO NADA CONVENCIONAL
por Luis Miguel Albarracín
Mientras en Berja se celebraba una corrida de toros, en
Motril comenzaba a impregnarse el ambiente emocional de una velada exquisita.
No existía en los alrededores del Campo Municipal de
Fútbol Escribano Castilla el movimiento de otros grandes conciertos
(como el caso de los Stones en Benidorm, por ejemplo), ni la estética
primaba con patillas, tatuajes o peinados varios. Las personas que acudieron
a la cita civilizaron siempre y lo querían pasar bien sin realizar
grandes aspavientos. Mejor que mejor. Cuando a las ocho se abrieron las
puertas, el escenario aparecía a la izquierda, y el césped
invitaba a echar un partidillo antes de la hora de Robert Allen. A la derecha
se situaron las barras. Menudos precios por una mierda de refresco saturado
de cubitos, qué hijos de puta. ¿Se creen que somos idiotas
o que tenemos propiedades en Miami y nos podemos permitir ciertos lujos?
Una cosa es que nos gastemos la pasta en una entrada y otra que seamos
gilipollas y pasemos por todos los aros.
Los seguidores del viejo Bob fueron tomando posiciones,
y poco a poco el aforo fue completándose de manera paulatina y sin
grandes aglomeraciones. Sobre las nueve, aun con luz solar, saltó
al escenario Eva Amaral, con su guitarra acústica y su voz. Tocó
una canción de Lagartija Nick y dejó un buen sabor de boca
en la escasa media hora que estuvo en el escenario. Juan Aguirre
tocó la armónica en algunas canciones e hizo público
el poco estilo que tiene sobre un escenario, algo así como un pato
mareado a punto de hacerle un control de alcoholemia.
Poco antes de las diez los ánimos ya estaban por
todo lo alto. Ver a Bob Dylan en Motril no podía pasar desapercibido
para los amantes de la música, y a estas alturas de su carrera no
se puede perder de vista al guitarrista de Minesota. Se rumoreaba que se
situaría a un lado del escenario, acariciando las teclas del órgano
y silbando sonidos ancestrales en su armónica. Los malos augurios
se cumplieron, y ahí empezó la caída en picado. Muchos
de sus fans le pedían que tocara la guitarra, pero fue imposible,
menudo tostón tuvieron que tragarse los que fueron a verle. Porque
una cosa es ser comercial y un títere en manos de los demás,
y otra es no hacer ninguna concesión a todos sus fans. Su voz parece
que la ha comprado en una tienda de todo a un euro, y los arreglos de sus
canciones resultan infumables. Queda muy bonito escribir que un artista
se reinventa, pero se puede caer en el riesgo de reventar una obra. Bingo.
Bob lo ha conseguido. La banda que lo acompaña es de lujo: Tony
Garnier en el bajo (ha acompañado a Dylan en las últimas
cuatro giras por España); Larry Campbell en la guitarra, slide guitar
y pedal steel; George Receli en la batería; y Stu Kimball
musicando al frente de otra guitarra, pero yo no fui para ver a la banda,
para esos menesteres ya conozco a los Stones. Yo fui a ver a Bob Dylan,
con su guitarra, su armónica, centrado en el escenario y escupiendo
por esa boquita todo lo que él ha convertido en poesía. Tampoco
creo que sea una cuestión de edad. Entiendo que seguramente estará
harto de ser un songwriter y quiera hacer giras diferentes, pero yo no
quería verlo así.
Focalizó la actuación en su último
disco, "Love and theft" e incluyó temazos de toda la vida, como
Mr. Tambourine Man o Like a Rolling Stone. Pero aquello no era lo que había
ido a buscar. ¿Decepción? Bastante. Ahora pienso que posiblemente
la carrera de Dylan ha sido siempre así: cuando tocaba y triunfaba
en un formato acústico rompió con todo y decidió usar
un formato eléctrico para sus actuaciones. Y cuando todo el mundo
lo quería ver en su versión de songwriter en Motril, él
ha creído conveniente que su público conozca mejor su perfil
que su rostro. Un tira y afloja constante que todavía perdura. Pero
entonces, ¿dónde está el secreto para que Dylan continúe
llenando estadios allá por donde va? Se podrían escribir
cientos de libros sobre el tema. Siempre he pensado que Zimmerman ha impregnado
su música de una filosofía de vida, de una forma de ser.
Alejado de las ventas galácticas de los Beatles, ha sabido hacerse
un hueco dentro de la industria, y ha ido saboreando cada momento
a cucharaditas pequeñas, sin pensar en la siguiente. Y eso es lo
que también transmite su música. Un folk que hace agradable
la vida. La filosofía de saber qué lugar ocupa en cada momento,
la de persona que quiere ser músico y no le preocupa nada más.
Una carrera que dura toda la vida, alejada de todo tipo de presiones. No
queda ninguna duda: se ha ganado el respeto de todos, seguidores y detractores.
Respeto. No hay nada más importante. Y él lo ha logrado
y mantenido desde...uff, mucho tiempo. Arrieros somos.
Tour 2004
BOB DYLAN + Amaral
07/07/04, Barcelona, Poble Espanyol-22:00h-40€ + Agnes
09/07/04, Benidorm, P. de Toros Benidorm-22:30h-TBC
10/07/04, Motril, Recinto Ferial-22:00h-33€ anticip/36€ taquilla
11/07/04, Córdoba, P. toros Córdoba-22:00h-33€ anticip/36€
taqu.
14/07/04, Alcalá de Henares, Huerta P. Arzobispal -22:30h-TBC
15/07/04, León, P. Toros Léon Arena-22:00h-TBC
Tour 2006
Dylan repasa sus clásicos y no desvela ningún tema
de su nuevo disco
En su primer concierto en su gira española, el cantautor no
se dirigió a los asistentes en ningún momento de la noche
Julio 2006 - Efe / IDEAL / PALAFRUGELL (GIRONA)
Dylan vuelve a no permitir fotos ni televisión en sus conciertos.
Ver articulo "El ocultismo del mito"
Cerca de 1.600 personas vieron anoche el concierto que Bob Dylan dio en
el auditorio del Festival de música de Cap Roig, en Calella de Palafrugell,
en el que ofreció un repertorio de sus temas clásicos, sin
presentar ningún avance de su próximo disco.
Los calurosos aplausos del numeroso público reunido en el recinto
del Festival de Cap Roig en Calella de Palafrugell precediron la entrada
del cantautor de Minnesota y su banda.
Vestido de negro y con su característico sombrero, el cantautor
norteamericano destacaba del resto de sus músicos, trajeados de
gris pálido y la mayoría también con sombrero.
La fuerza de su primer tema Maggie's farm despertó de nuevo
los aplausos de sus fans, a los que Dylan ha demostrado que sigue estando
en plena forma, aguantando de pie todo el concierto, que se alargó
90 minutos, sin pausas, aunque no se dirigió a ellos en ningún
momento de la noche.
En su segundo tema hizo sonar la armónica para complacer a un
público ya totalmente entregado. Las baladas han empezado con el
cuarto tema, Mr. Tambourine Man, donde volvió el sonido inconfundible
de su armónica.
Si las letras marcaron la trayectoria de Dylan, sin duda la calidad
de sus músicos, que ofrecieron espectaculares solos a lo largo de
la noche, también formaron parte importante del éxito internacional
del artista norteamericano que ha marcado el mundo de la música
de las últimas décadas.
Dylan se ganó al público de Palafrugell, que en más
de una ocasión se levantó de la silla para ovacionar a su
ídolo. Arropado por sus músicos, Dylan ofreció un
repertorio donde no faltaron temas como Summer days o Memphis blues, entre
otros temas clásicos.
Al final, ningún avance de su nuevo disco, Modern Times, el
44 álbum de su carrera, que saldrá a la venta a finales de
agosto con canciones como Thunder On The Mountain, Spirit On The Water
o When The Deal Goes Down.
Después de casi dos horas de concierto, no se marchó
sin un par de bises, reclamados por la gente, que ya empezaba a abandonar
el recinto cuando sonó el mítico Like a rolling stone y la
zona de platea se llenó de gente que coreaba la canción.
Las entradas para este concierto ya estaban agotadas al día
siguiente de ponerse a la venta y Dylan no ha defraudado a sus fans. El
concierto de Dylan era uno de los platos fuertes de la sexta edición
del Festival de Cap Roig, que empieza este verano con más de 25.000
entradas vendidas, un 80% de las localidades de cada concierto.
Una leyenda
Poeta universal y una de las leyendas más importantes de la
historia de la música actual, Dylan ofrece un repertorio de temas
folk, blues, rock and roll y country, los estilos que han marcado su brillante
carrera artística.
Dylan estuvo acompañado en el escenario por una banda integrada
por Tony Garnier (bajo), Donnie Herron (steel), George Gabriel Recile (batería)
y Dennis Freeman y Stuart Kimball (guitarras).
El cantante y compositor norteamericano se ha convertido en una de
las referencias más relevantes del mundo artístico en las
últimas décadas y ha conseguido que sus temas formen parte
del imaginario colectivo de diferentes generaciones.
Autor de éxitos como Blowing in the Wind, Mr. Tambourine Man,
Like a rolling stone o Knocking on heaven's door, muchos de los temas del
artista de Duluth (Minnesota, EUA) son ya de los más versionados
por distintos artistas.
Tras más de cuarenta años en activo, Dylan ha editado
unos 50 discos y en los últimos años, ha vuelto a componer
y ha regresado a los escenarios con piezas de excelente calidad como la
ganadora de un Oscar, Things have changed.
Recientemente también ha editado Chronicles, los dos primeros
volúmenes de sus memorias, un verdadero recorrido por su trayectoria
vital y artística.
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