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CARTA DESDE VERUELA
Por Mariano Chueca - Monasterio de Veruela, 25 de Enero de 2002
New
York, sinónimo de arte, ruptura de límites y confluencia
de todas las culturas, es la ciudad desde donde hemos desarrollado nuestro
trabajo y nuestra vida en los últimos años; ha sido el origen,
la partida para un largo viaje que nos ha conducido hacia nosotros mismos;
el inicio del camino de un "viaje interior" - en todos los sentidos - que
hoy nos trae a casa, a Veruela; y que mañana no sabemos a dónde
nos conducirá. Pero ahora estamos aquí...
Y nos sentimos privilegiados por tener la oportunidad de trabajar, de
crear, viviendo en el interior de este Monasterio, y por compartir la vida
con las gentes de esta comarca, nuestra gente. Este es el lugar que hemos
elegido. Y no lo cambiaríamos por nada en este momento.
Estamos buceando en el inmenso y denso mar oscuro de los sentimientos,
para transmutarlo en forma de canciones diáfanas y entendibles
en cualquier lugar, al margen de modas pasajeras, sin fronteras. Sentimos
estar en el sitio adecuado; sentimos estar atrapando el espacio, el momento
que nos pertenece; necesitábamos recogernos, aislarnos, mudar la
piel...
Este retiro en Veruela está haciendo que nos sintamos algo así
como una rama nueva, delgada y frágil, pero llena de vida en un
gran árbol hierático, casi roca ya, enigmático y a
la vez cercano y cálido; fuente de cobijo tranquilo y de sombra
fresca; horror sagrado y terrible belleza:
"... árbol que hundes tus raíces en la profundidad
de la tierra, en lo oscuro, en el pasado, en lo desconocido, seremos la
luz de tus ojos de lluvia."
"El Viaje interior" de Distrito 14 en Veruela.
VERA DE MONCAYO - Por Javier Bona
Durante lo miles de kilómetros recorridos estos años
por Distrito 14, nunca les ha abandonado la idea de volver a su tierra
y a sus gentes. Y eso después de recoger el merecido apoyo del público
y de la crítica a lo largo de innumerables giras entre Cuba
y los EEUU. Un trabajo imparable, serio, que ha conquistado al público
con su directo por su sinceridad y que marca un camino que en sí
mismo es la razón de su trabajo: Vivir y sentir cada día.
Poder sentarte en tu coche, poner música y evadirte entre las cuatro
ventanas para crear una nueva y bella canción como hace Mariano,
que es sin duda un gran poeta de las cosas de la vida. Entre el ensueño
y la realidad casi como hacia Bécquer. Tal vez por eso Mariano Chueca
voz y guitarra, Enrique Mavilla bajo y teclados y Juan Millán batería,
Distrito 14, han decidido regresar a su tierra y en silencio y casi sin
ruido ir a Veruela en busca de un nuevo horizonte. Un espacio romántico,
casi de ensueño les recibió bajo un enorme frío. Un
monasterio que cambia cada día de cara entre la niebla y el sol,
lo que fascina especialmente al grupo. Buscan el ritmo, la palabra, el
son y la vibración adecuada para crear una nueva obra: El nuevo
disco que presentarán en una gira incansable que llevará
por Europa, EEUU, Latinoamérica y España el eco de su trabajo
en Veruela. Puede que como les ocurrió a los hermanos Becquer su
estancia en tierras del Moncayo sirva para liberar una nueva transformación
y aún una mayor madurez y proyección como les ocurrió
a ellos.
Con New York al fondo
Pasear con Mariano Chueca por Veruela es una delicia. Está como
en su casa. Igual que en New York, que como él dice es la ciudad
que más le atrapa el alma. Allí es donde D14 ha encontrado
gran apoyo y aceptación, tal como se recuerda en los importantes
locales donde han actuado, entre otros Elbowroom, Club New York, Nell´s,
Village Underground o Lakueva. Sin duda para Chueca, el hombre tranquilo,
la amistad es uno de los grandes valores con lo que uno se encuentra en
la vida. Recuerda con emoción la vista de New York desde la terraza
de Teo González, un buen amigo, pintor zaragozano que vive allí.
Ese momento queda marcado por la convicción de que iniciaba un nuevo
camino en su carrera musical que le llevaría a encontrar su nuevo
proyecto, su "Viaje Interior", que en esta etapa de ese camino sin fin
que persiguen les ha llevado a este monasterio cisterciense a las faldas
del Moncayo.
Sin duda la cruz negra de Bécquer ha sido testigo de sus debates,
reflexiones y propuestas en la búsqueda de este nuevo territorio
a conquistar, con su nueva apuesta creativa que les llevara a ese nuevo
disco que con tanto esmero están creando. Inolvidables las largas
tertulias que he tenido ocasión de compartir con ellos después
del alimento para el cuerpo que les prepara el dueño de la Corza
Blanca, que contribuye también al buen desarrollo de su estancia.
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