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Concierto en Granada 28-05-00
Distrito 14 abrió el concierto de Sting
en el ciclo Los Conciertos de Lorca
Fotos: J. E. Gomez © IndyRock



STING
+ DISTRITO 14
Por Fernando M. Navarro (IndyRock)
Al principio mosqueos y malos rollos. La Huerta de San Vicente, en su nueva
falange de promotora de conciertos, volvía a ponérselo complicado
a los periodistas especializados para acceder al recinto (una abarrotada
Plaza de Toros) a tiempo de poder ver a los teloneros de Sting, los aragoneses
exiliados a USA Distrito 14. Finalmente no llegó la sangre al río
y pasado el mal rato de la puerta, comienza el recital de rock sensato
y elocuente de los chicos de Mariano Chueca. Distrito 14 demostró
en su (para algunos) corta actuación, que hacen un trabajo de corazón,
que la honestidad acaba premiándose y que si triunfan en los territorios
yankis, es por que se lo merecen. Abrieron con "Me marcharé", una
triste elegía a las ciudades que dejamos atrás conforme avanzamos
en el camino, para desgranar en los tres cuartos de hora de actuación,
las mejores piezas de "Live In Chicago" (su último trabajo) e incluso
una canción de estreno (regalo de Mariano a una audiencia gratamente
sorprendida y entregada), "La canción del abismo". Interpretaron
con un sonido inmejorable, la maravillosamente pérfida "Mala mujer",
la coreable (y coreada) "La calle del Lumpen" y en mi opinión sus
dos canciones más redondas, "El Final" y "Dreaming again", crónicas
de despedidas y miradas al frente que sonaron en directo con una intensidad
y una belleza más emotiva si cabe que en disco
Tras ellos (brillantes, simpáticos, estupenda la guitarra de Mr.
Paco, convincente Mariano como frontman, compacta la banda) llegó
el esperado, esperadísimo Sting, afable, atractivo, arrollador,
comiéndose el escenario.
Concierto elegante sin resultar cargante, algo aburrido pero impecable,
la actuación de Sting gozó de uno de los sonidos más
perfectos, cuidados y detallistas de los que se han escuchado en tiempos,
fruto de las tablas del músico británico. Con las espaldas
bien cubiertas por un elenco de músicos brillantísimos (la
mayoría artesanos del jazz con varios discos editados), Sting hizo
oscilar su repertorio entre las canciones de su nuevo álbum (el
luminoso "Brand New Day") y los antiguos temas de su amplia discografía,
adaptándolos a una concepción más abierta musicalmente,
con una instrumentación precisa, muy inteligente pero que terminaba
por ensombrecer la natural frescura, sobre todo en los temas más
antiguos (pudimos escuchar una versión alargada y algo soporífera
del habitualmente certero "Roxanne"). Tendente a la balada (esto supongo
que lo dan los años) Sting abordó el concierto desde una
perspectiva adulta, pausada, y se benefició especialmente de la
hipnótica presencia del trompetista Chris Botti, que dotaba a prácticamente
todas las canciones de una atmósfera nocturna y decadente. Un concierto
maduro y serio (sólo se rompieron las reglas cuando el excelente
batería que acompañaba la banda se lanzó a rapear
en francés en el momento más fresco y divertido de la velada)
que a pesar de todo dejó con muy buen sabor de boca a los muchos
aficionados.
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