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Diamond Dogs
11 de febrero 2005 sala El Sol  Madrid  
Es sólo rock and roll
por Antutxo Martínez Ariza - IndyRock
Fotos Ana María Lencero - IndyRock



Si eres uno de estos tipos que calzan gafas cuadradas y jersey de cuello alto, de los que disfrutan con las últimas tendencias que ilustran las últimas páginas de EL PAIS Semanal, que andan a la caza de sonidos delicados y fundamentalmente modernos,  bebes copas de vino blanco cuando sales de bares y forman parte de tu vocabulario expresiones como 'paisajes sonoros' o 'minimalismo efímero', casi que esto no te va a gustar. 
Ahora, que si eres de estos jovenzuelos que les birlan a sus padres los discos de los Stones, o acabas de descubrir a los Faces, por poner dos ejemplos, o encuentras cierto gusto extraño por las primeras grabaciones del mismísimo Rod Steward, si te compras la chupas militares en el rastro y las adornas con chapas, peinas adecuadamente tu flequillo y te gusta la electricidad, o ya disfrutaste en su día del rock americano de los setenta, con su rithm & blues, sus ganas de fiesta y Woodstock, no puedes prescindir de Diamond Dogs.
Porque estos suecos se dedican al negocio del R'n'R. Con sus poses, con toda la potencia que puede caber en un riff de guitarra, con las poses del incansable Sulo, con las inevitables ganas, el garito pequeño y el sudor. Y la música, claro. Una sola guitarra que se multiplica en decibelios pero sonando a sureña, un bajo con patillas, unos teclados con corbata, un batera potente, el señor del saxo y el impresionante vocalista que es el que tiene que terminar de dar forma al espectáculo. Y no es sencillo, porque no sólo es que se les vea mayores, es que tienen todos una edad (quizás el guitarrista, que tiene cara de niño y una voz portentosa, aunque esas cosas engañan). Impresionante tema se marcó el tipo en solitario, mientras los demás iban a retocarse el peinado y tomar aliento. 'By my side', dijo que se llamaba. Muy potente. El amigo, que responde al nombre de Fredrik Fagerlund era el apoyo musical perfecto a al voz rota de Sulo y a sus poses, otra descarga de energía. En The Facer, dice que toca, un descubrimiento, oiga. Al menos para el que suscribe.
Por cierto, que en justicia hay que decir que los pontevedreses Sugar Mountain se lo trabajaron bien, en la difícil labor de teloneros fueron un buen aperitivo, introduciendo al publico que iba llegando en un sonido crecientemente americano. Muy bien pensado. 
Y al final al cosa se tradujo en una fiesta del rock, donde no cabían sutilezas y se explotaba lo que todo el mundo sabe del tema y que, precisamente hace que nunca llegue a morir del todo. No es complicado de entender. Es sólo rock and roll. 





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