Diego Soto
Granada
|
na década
a golpe de descarga
El balance musical de la década que ha dado vida al nuevo milenio,
a un nuevo siglo, no entiende de referentes concretos. Quizá lo
mismo dirían en su época publicaciones como The Wire para
resumir el paso de las influencias sonoras tras el legado de décadas.
Lo cierto es que la empresa de quedarse con sonidos que definan a
la recién vivida, resulta cuanto menos inabarcable, al tiempo que
apasionante. La todopoderosa nueva tecnología, ha permitido conocer
como nunca los proyectos de infinidad de formaciones que gracias a la interconexión
ciberespacial han bebido de una exitosa herramienta que ha permitido indagar
en numerosas texturas gracias a un click de ratón llamada Internet.
La década que ya se ha esfumado a golpe de descarga, ha dado
vida a un sector que parecía reservado a lo exclusivo. Al margen
de argumentos que defiendan o critiquen la situación actual en el
ámbito musical, este decenio ha permitido inundar las aceras con
nuevas texturas venidas de la exploración pormenorizada de sonidos
de otras épocas. Unos lo llaman mestizaje, o fusión, mientras
que en la base de una visión multicultural, ésta ha caminado
de la mano junto a otros factores que han influido notablemente durante
este periodo. Los cambios de la política internacional, nuevas preocupaciones
por el planeta, la todavía no bien sintetizada crisis económica
así como injusticias humanas de pueblos oprimidos, entre otras tantas,
ha generado un clima artístico que lejos de quedarse petrificado
por tanta dinamita, ha sabido reinventarse consiguiendo que las nuevas
expresiones nacidas de lo puramente humano, tengan una gran repercusión.
Nunca antes se había escuchado tanto al hombre, ni a su letra, ni
a su música.
La composición musical en su extenso abanico de texturas y colores
de este periodo, ya iniciada a finales de los años 80 con la introducción
de la electrónica, puede que haya sido uno de los géneros
modélicos de ese indivisible campo llamado Arte. A diferencia de
otras subcategorías que componen este término tan denostado
por la revolución cultural de estos tiempos, ha sabido mirar atrás,
dejarse influenciar por sonidos nunca antes reproducidos y marcar un camino
con numerosas ramificaciones que se fusionan en expresiones únicas.
No quiere decir que sólo ahora la expresión artística
tenga el reconocimiento y peso que se merece, pero si con mayor cabida
para nuevas tendencias.
La absorción de antiguas estéticas bajo la esencia del
modernismo cultural, la preocupación por la indagación en
los infinitos campos musicales así como la adopción de fusionar
inimaginables sonidos, son síntoma inequívoco de que
una de las vertientes del pensamiento moderno dentro de este capitalismo
feroz, ha mirado a dicho sistema omnipotente bajo la amplitud de miras
que permite no consentir ser carne de trueque político.
El melómano siempre retrocede al pasado, adoptando sonidos de
décadas anteriores, como si todo lo pasado fuera mejor. En esta
no iba a ser distinto. Aunque quizá con la ventaja de contar con
la posibilidad de nutrirse de un siglo en el que la revolución musical
permitió dar cabida a lo mejor de la música contemporánea.
Aquí es donde reside, en propio juicio, el optimismo respecto a
décadas venideras. Estos diez años han permitido hacer un
parón. Los grandes referentes ya han dejado su huella influyendo
notablemente en la que ya termina. El individuo que ama la composición
musical por encima de todas las vertientes artísticas posee hoy
en día la capacidad de alimentarse con infinidad de apuestas que
tienen como base lo instrumental.
Esta década nos deja nuevos géneros, eso sí, influenciados
por otros ya pasados. El post-rock, nacido bajo la óptica del krautrock
de finales de los años 70, se ha impuesto como una tendencia musical
que ha sido aunada y acogida por un sinfín de formaciones. Cierto
es, que la electrónica ha sido un elemento indispensable en la combinación
de nuevos argumentos sonoros y audiovisuales en los que se apoya este tan
denostado estilo. Quizá definirla generaría un debate de
hasta qué punto no es minimalismo instrumental o new age. El caso
es que la plasticidad y flexibilidad de estilos que introduce el mismo
(electrónica, jazz o experimentación), ha sido una característica
muy atractiva para los nuevos músicos. Con base en una de las cunas
de las corrientes modernas de pensamiento musical, Chicago, se han ido
dotando de nuevas características como el cuidado por la letras
de corte poético, así como multitud de variaciones asentadas
en la repetición de estructuras de timbre y dinámica.
Formaciones como Tortoise, Talk Talk o Slint, pusieron las bases del
post-rock. Sorprende que la continuidad de este género haya tenido
que dar un salto de década. Es decir, en los años 90 con
la ola grunge y stoner rock, pareció quedar en un segundo plano.
Pero con la llegada del nuevo siglo, ha cobrado más fuerza que nunca.
Sería complicado elaborar una lista con las bandas de este género
o que introducen en sus composiciones postulados del mismo. Algunos de
sus referentes modernos son Goodspeed yoo!Black Emperor, Sigur Ros, Six
Organs Admittance, o los tan queridos Explosions in the Sky.
Otro de los géneros que podrían definir a esta década
es el indie rock británico, con una fuerte base en el universo del
post-britpop y el rock alternativo y que tan amplias influencias
recibió principalmente a finales de los años 80. Con formaciones
como R.E.M en influencias de base, la década del 2000, se
ha inundado de formaciones que no comulgaban con la anteriormente vivida.
Tanto la prensa de la Isla, así como una nueva corriente británica
harta del impersonal shoegazing nacido en la parte de Manchester (esto
no quiere decir que no hubiera formaciones que se continuasen iniciando
en el sonido de este género ya que las hubo y sin parangón
como My Bloody Valantine, Slowdive o Ride), del mismo modo que de la generación
grunge americana que inundó toda la década de los años
90, iniciaron un proceso de trasformación del estilo y defensa del
sentimiento británico. Radiohead (puede que la banda más
influyente del decenio dentro de este género), así como Bush
o The Divine Comedy, pusieron las primeras piedras de un concepto muy atractivo
que en la actualidad ha creado escuela. No se debe olvidar a bandas norteamericanas
como The Smashing Pumpkins (Chicago), con claras influencias de The Cure,
así como a los Sonic Youth dentro de este proceso influyente
del género. Con un estilo basado en el rock alternativo, se fusionó
con la ola post-britpop y bandas como Oasis, The Verve o Blur, y se convirtieron
en referentes para infinidad de lanzamientos grupales. Pero quizá
la senda del indie rock británico ha calado más. Travis,
The Strokes (con mayor seguimiento que en su país de origen, EEUU),
e incluso los tan denostados hoy en día Coldplay, han marcado la
senda del estilo en esta década. Una vuelta al post-punk pero con
el indie rock como telón de fondo, ha sido defendida por formaciones
como Franz Ferdinand o Arctic Monkeys.
No sólo en Gran Bretaña ha calado este género.
Desde España hasta Latinoamérica pasando por Australia e
incluso Japón, sus influencias se han hecho palpables. En el panorama
patrio, formaciones como Los Planetas, Lagartija Nick, Australian Blonde
o Sr.Chinarro, han sido referentes del estilo durante el decenio. Otras
como Standstill o Nuevenoventaicinco, han introducido influencias del hardcore
y el post-punk del mismo modo influyentes.
Por último, esta década también ha sido el escenario
para una nueva corriente del metal pesado y art-rock, con influencias del
math rock, siendo la bandas norteamericanas Tool y Fatih No More, sus abanderadas.
Del mismo modo, y de nacimiento más cercano a la actualidad, han
surgido otras como Cire, Earthone 9, Mastodon o Porcupine Tree, todos ellas
bajo propias interpretaciones del rock progresivo de los años 70,
iniciados por los inigualables King Crimson, al tiempo que por otras texturas
más duras venidas del metal progresivo.
Dentro de esta corriente, la década ha dejado fabulosos trabajos
de formaciones como Dream Theater o Symphony X, que lejos de disminuir
el interés de sus seguidores tras discos sucesivos a sus grandes
éxitos en décadas anteriores, han sabido reinventarse aumentando
el target poblacional al que cautivar. Se podría decir que ha sido
la continuación de la década de los 90 en la que géneros
como el death metal con reminiscencias de los Black Sabbath , Metallica,
Slayer o Sepultura, así como del groove metal con formaciones
de referencia como los Machine Head o Meshuggah. Una nueva visión
que ha ido a parar al denominado nu metal secundado por S.O.A.D, Ill Niño,
Korn o Slipknot, entre otros, incentivando nuevas sonoridades en las que
más recientes géneros como el rapcore(Rage Against the Machine
ya lo hizo a principios de los 90) han calado en una población más
juvenil, siendo sus referentes P.O.D o Disturbed, entre otros tantos. En
España, la tendencia ha sido la misma. Los inimitables Soziedad
Alkoholika, así como Koma, Boikot o Narco, han continuado siendo
pieza fundamental e influyente para venideras formaciones.
Por ende, no parece que cualquier época pasada fue mejor. En
ésta, el universo sonoro no ha brillado por su ausencia. Todo lo
contrario. El abanico de posibilidades han ido en aumento- y lo que queda-
dando lugar a un sinfín de variaciones genéricas de característica
sin igual en otros decenios. Las posibilidades de la población melómana
que discrepa de los gustos impuestos por medios de comunicación
y lobbys mediáticos que incentivan la escucha de lo comercial y
de lo puramente estético y hedonista, han crecido como nunca,
quizá como seña de identidad de una generación nacida
en los años 80 que discrepa de la situación establecida,
por mentados grupos de poder, en su mayoría, defensores de posicionamientos
muy lejanos a las corrientes musicales underground, y sí en las
postrimerías del capitalismo más atroz.
Pero es que no sólo ha sido un ciclo en el que se haya incentivado
el gusto por las distintas corrientes, sino que se ha afianzado.
Hasta la fecha, no se había vuelto a géneros de los años
50 y 60 con el conocimiento del que hoy se posee, con numerosas formaciones
de rocksteady, reggae o jazz fusión, entre otras muchas tendencias.
Todo ello, defendido en numerosos circuitos que cada vez tienen más
peso, y de los que se nutren numerosas áreas de las distintas ciudades
europeas y estadounidenses, principalmente. En España, la
tendencia también ha ido en aumento. Ciudades como Granada, Barcelona
o San Sebastián, se han situado en la pole position europea en infinidad
de vertientes compositivas. Cada vez hay más festivales de música
que recogen la pura esencia de lo que hoy genera la sociedad moderna. España,
Inglaterra, Alemania o Francia, siguen siendo referentes internacionales
para cualquier músico que cabalga entre las tendencias alternativas
y los gustos más puristas. Por ello, resulta cuanto menos creíble
la afirmación que defiende la crisis del arte musical. Bien distinto
será el debate, en que ámbitos se mueve el sector y hacia
que horizonte se dirige. Aquí sí cabría discutir en
qué aspectos deberían cambiarse las formas de enfoque de
un arte más vivo que nunca.
Quizá las concesiones que el propio artista tiene que hacer con
las todopoderosas discográficas, así como con los censores
del sistema que se empeñan en establecer única y exclusivamente
sus ideas y que no entienden que gracias a las herramientas generadas por
el progreso tecnológico la población tiene acceso al Arte
sin limitaciones, son los síntomas más nocivos de este periodo.
¿Qué mejor canal existe que aquel que incentiva de forma
altruista la libre circulación de las obras artísticas?.
Nadie duda del respeto que ha de tenerse al propio creador de la misma.
Otro argumento erróneo sería lucrarse bajo productos con
firma previa. Ese sí es el pecado. De lo contrario, el negocio revertirá
en lo exclusivo, y echará por la borda todo lo conseguido gracias
a herramientas realmente globales como Internet.
También es cierto, que el amante del buen sonido, no comulga
con la compresión de los caracteres de una obra musical, pues limita
en gran medida el disfrute de la creación. Aquí se entraría
en la tesitura de discutir sí debería volverse a formatos
como el vinilo. Algunos dirán que entonces no se podrá acceder
a la música sin tener que pagar un duro ya que este formato, al
igual que el cd, exigen que su reproducción se lleve a cabo al margen
de la red. Pero es curioso como este debate todavía no se ha llevado
a un puerto intermedio. Es decir. Las descargas musicales no están
reñidas con los formatos.
Uno puede acceder a una amplia variedad de formaciones gracias a la
Red y anteriormente desconocidas, y optar por la compra de esa misma obra
en un formato que ofrece mayor calidad, ¿o no?. Por ello, el problema
no se asienta en la libre circulación sino en el trozo del pastel
que se lleva cada parte. Parece inexplicable que de un trabajo discográfico,
la porción más pequeña sea para su autor. Mientras,
aquellos que únicamente chupan la sangre de los compositores, se
llevan la parte más grande y, además, exigen que no se les
moleste. Un poco de respeto, por favor.
En este plano, entra una de las alternativas más secundadas
de esta década: la producción independiente. Muchas formaciones,
se han cansado de tener que trabajar para que su arte no se lo lleve su
público, que en gran medida sería lo correcto, sino empresas
a las que ni siquiera le importa su mensaje. Aquí se postula una
característica de hacia dónde caminan las formaciones con
una personalidad propia, aquellas que conciben sus obras fuera del único
propósito de ganar algo a cambio.
En definitiva, parece que los derroteros por los que camina la música
actual no entienden de fijaciones preestablecidas por las corrientes de
opinión ancladas en el sistema burocrático. Que va. Esta
década, como todas, tiene sus defectos, pero quizá más
virtudes de las que se piensa. El paso del tiempo suele ser un juez justo
que pone en evidencia las críticas injustificadas hacia aquello
que se sale de los intereses de unos cuantos que no entienden que junto
a ellas, existen otras tantas e igual de válidas posturas.
Sin duda, la cada vez mayor masa poblacional que se nutre de proyectos
musicales fuera de los circuitos comerciales, tiene más peso, y
en gran medida, con argumentos exquisitamente justificados. Como cualquier
expresión artística, la música debe de ser de todo
aquel que se acerca a masticarla. No sólo de unos cuantos que totalizan
el posicionamiento intransigente de establecer que antes que una simple
expresión humana, es una empresa con la que llenarse los bolsillos.
Lo
mejor de la década + comentarios (inicio |