La 'exterminación'
del rock
Extraña década esta que se nos despide. Por extraña,
ni la hemos bautizado. ¿Los cero? ¿los dos mil, los nada?.
Una decena de años que aparentemente encierran poca materia grasa,
la década sin ADN. Siempre, desde que existe la música popular,
el paso de los decenios musicalmente hablando dejaban un poso en mayor
o menor medida reconocible. Rockers en los 50, invasores británicos
y hippies en los 60, duros y sinfónicos en los 70. Poperos, punks
y jevilongos coincidieron (no pacíficamente ) en los 80. Y los 90
comenzaron siendo la década del grounge (un pie aquí y otro
20 años atrás) y terminaron dando paso a nuevas tendencias
y sonidos que dieron tono al cambio de siglo.
Para mí, la decada 2000 es la década del cambio en el
negocio. De la casi completa exterminación del rock como movimiento
popular con voz de primer orden. Las décadas anteriores, como he
referido, supusieron vuelcos sociales en mayor o menor medida. Pero estos
diez años apenas nadie ha hecho mover la raspa a nadie fuera de
los círculos normales de seguidores atrincherados en la más
ilusa de las vocaciones, la de fan.
Vale, han habido grandes, inmensas bandas. Pero muy poquitas, en mi
opinión, pueden competir con los abanderados de las décadas
anteriores. Ha sido, por tanto, una buena década con muchísimas
bandas medianas. No es pose, no es que cualquier tiempo pasado sea mejor
por narices. Es lo que hay. Lo más disfrutable, el hecho de que
tanto colosos como recién llegados se hayan tenido que tirar a la
carretera en pos de llevar su música al mayor público posible.
En esa onda, muchas formaciones históricas lo han retomado para
gozo de quienes creían que no volverían a ver a unos Who,
a unos Cream o a los mismísimos Led Zeppelin sobre un escenario.
Y de vuelta al cambio de negocio, imposible no hablar de internet, las
descargas legales o no. Otro motivo más para buscarse los cuartos
de maneras alternativas. El hecho de poseer música se ha banalizado
hasta el extremo de poder llevar discografías enteras en cacharros
ridiculamente pequeños. A la espera de saber si esa "difusión"
es algo bueno o malo, las majors resisten a tal revolvimiento de tripas
a base de estrategias ligadas al marketing más agresivo.
Se va la década de los grandes festivales esponsorizados, de
las pataletas de los artistas que ven peligrar su (en numerosos casos)
ya gruesa cuenta corriente. Se va una década generacionalmente nula.
Veamos quien pega la pimera patada del periodo 2010-2019. Si tienen que
volver a ser Stones, AC/DC, Springsteen y demás los que vuelvan
a alegrarnos la vida, significará que algo hemos perdido definitivamente.
Personalmente he podido disfrutar de muy buenos discos y mejores conciertos;
cada vez más y más bandas nuevas surgen en nuestro país.
Y de fuera, ya sea Escandinavia, USA, Australia...nos han llegado oleadas
de buena música. Pero insisto, movimiento lo que se dice movimiento,
poco.
Empecé a escribir en el Indy casi con el comienzo de la década,
y eso me ha dado la oportunidad de disfrutar inmensamente de grandes noches
con mis bandas favoritas. Poguear con Pearl Jam en Barna, cargar los amplis
de Ross The Boss en la furgo de los Dictators en Jerez, poder pasar un
día con el grandísimo Tyla en Málaga. Entrevistar
a Franz Ferdinand, tomar unas copas con Vibeke Suagestaad o con los chicos
de Five Horse Johnon. Llevar a Gluecifer a garitos rockeros, conocer a
Hellacopters de la mano de Kike Turmix...y muchas más experiencias
que solamente un alzheimer agudo podrá borrar de mi memoria.
Lo
mejor de la década + comentarios (inicio |