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J. E. GOMEZ, fotos (Indyrock)
La integral imposible
por Ricardo Moyano. 15-1-2001
Andrés Calamaro nació en Buenos Aires en
1961, y si algo
puede decirse de él es que no ha traicionado sus raíces argentinas,
sino que ha sabido integrarlas en un mestizaje sonoro tan abigarrado como
particular. En la extensa discografía de Calamaro podemos encontrar
canciones de muy diversos géneros o influencias, pero en realidad
es casi inútil etiquetarlas, porque todas ellas tienen un inconfundible
sabor propio, incluso cuando se trata de versiones de temas ajenos, que
pasadas por el grave y arrastrado registro de su voz y las armonías
de su piano, llegan a parecer temas compuestos por o al menos para él.
Y si la etiqueta quisiéramos colocársela al propio artista,
todavía más difícil: ¿Roquero, crooner, cantautor
eléctrico? De todo un poco, y al mismo tiempo nada de eso.
Al borde de sus cuarenta años, trazar la panorámica de sus
más de veinte de carrera musical es un ejercicio mareante. Calamaro
es excesivo como músico y como persona, en el sentido de que excede
como artista o como simple entrevistado al oyente o al periodista de turno,
presos como estamos los demás de unas limitaciones que él
no conoce. Si el extenso doble cd "Honestidad brutal" (1998) podía
todavía parangonarse con algunos pocos lanzamientos del mercado
del rock español o extranjero, el quíntuple cd "El salmón"
(2000) ha batido un record mundial absoluto, y pese a todo, no dejan de
ser en ambos casos selecciones de los centenares de temas compuestos por
Andrés en los pocos años transcurridos desde el anterior
CD en solitario, "Alta suciedad" (1997).
Hay una primera etapa "argentina", comenzada a finales de los setenta con
el grupo Elmer Band en la que estaba ya uno de sus guitarristas habituales,
el Gringui Herrera, y seguida poco después con la banda de rock
"Abuelos de la nada", con el que grabó 4 discos entre 1982 y 1985,
obteniendo éxitos como el celebrado "Mil horas". Mucho después
haría un emotivo homenaje al cantante (Miguel "Abuelo") en "Honestidad
brutal" ("Miguel, cojones, es difícil llegarte a los talones...").
Los Rodriguez
Las relaciones dentro del grupo se enrarecen, y Calamaro inicia una primera
etapa en solitario, dando a luz "Hotel Calamaro" y luego "Vida cruel",
en un estilo menos roquista y más pop, pero también con aires
"underground". El retorno al rock se produce en el superior "Por mirarte"
(1988), donde se alternan temas más acelerados con bonitas baladas
como la que da nombre al disco; y sobre todo con "Nadie sale vivo de aquí"
(1990) que en realidad es ya el germen o casi el primer disco de su nueva
banda "Los Rodríguez" al incluir en la guitarra y la composición
al ex-Tequila Ariel Rot.
Canciones como "No tengo tiempo", "Adiós, amigos, adiós"
o "Señal que te he perdido" se revelan llenas de energía
y de sentimiento, en una infiltración entre el gusto latino por
la calidez de la melodía -la tensión entre el sueño
romántico y la frustración de la realidad que nos rodea-,
y los ritmos roqueros de cuna sajona.
Ariel había conocido a Calamaro en Argentina, una vez que había
retornado a su país tras la disolución de Tequila y unos
discos en solitario de buen hacer pero escasas ventas. Y ambos se plantean
la venida a España para montar una banda que resultará fundamental
en el rock patrio del fin de siglo, "Los Rodríguez". La incorporación
del recientemente fallecido Julián Infante, otro ex-Tequila, y de
un potente baterista, el suramericano Germán Vilella, convierten
a "Los Rodríguez" en una superbanda. Sin embargo, el liderazgo lo
asumen Andrés y Ariel, con predominio de Calamaro, que es el cantante
solista y compositor de la mayor parte de los temas. Pero sin duda es la
colaboración de Ariel, su guitarra stoniana, la que limita la propensión
de Andrés al terreno del cantautor eléctrico y de las raíces,
y mantiene el tono rock del grupo. Que sin embargo igual firma rumbas aceleradas
como "Engánchate conmigo" o su mayor hit "Sin documentos" (alusivo
al inmigrante que se adentra en USA o en Europa limpio de papeles), que
baladas a lo Mick Jagger como "Cien pájaros volando"("A donde van
100 pájaros volando...El día que me dijiste adiós
el tiempo se paró...y entre los dos hay palabras escritas con viento"),
o blues arrastrados con resabios no tanto de urbe estadounidense como de
arrabal bonaerense. Como dijo Ariel Rot, son generalmente "letras tristes
con músicas alegres", aunque alguna vez -rara- la tristeza invada
fondo y forma.
El eclecticismo de Calamaro se pone de relieve en la variedad de estilos,
funk, reggae, baladas, rock de carretera, incluso canciones de cuna como
"Siete segundos".
La carrera de Los Rodríguez es breve, sin embargo. Tras el LP de
debut "Buena suerte", publicado en una compañía independiente,
Pasión, fichan por Gasa, y el siguiente LP, "Sin documentos", se
presenta más lujoso y brillante en el sonido y en el acabado de
los temas, y con la producción de Nigel Walker, supuso su éxito
comercial definitivo; ahí están canciones como "Hasta que
el sueño venga", "Mi rock perdido", o la nueva referencia a los
Rollings Stones de "Me estás atrapando otra vez". Pero al éxito
y los conciertos sucede un complejo y más claustrofóbico
"Palabras más, palabras menos" (1995), en el que acaso destacan
más los temas de Ariel como "Milonga del marinero y el capitán"
o "Hace calor", y que revela las disensiones artísticas e incluso
económicas que han ido surgiendo como germen destructor dentro del
grupo, al cual tiempo después Ariel, algo resentido, llegó
a calificar como simple "matrimonio de conveniencia" para Calamaro. En
todo caso, se ha producido una reaparición de las drogas, más
o menos controladas, como forma de vida de los músicos, y ahí
está el reggae "Aquí no podemos hacerlo" como demostrativo
guiño a la marihuana ("Morena con la piel de chocolate/ no dejaremos
de ser dos amantes tú y yo..."). Pero si buscáramos un motivo
esencial en el fin de "Los Rodríguez", sería simplemente
esa creatividad tan apasionada y personal de Calamaro, que encontraba corsés
demasiado estrechos en el estilo de canción de "Los Rodríguez".
No deja de ser paradójico que hoy en día existan muchas formaciones
que mantienen la influencia de la banda, esa peculiar mezcla energética
pero cariñosa de rock guitarrero, blues, funk e influencias folk
-desde el Caribe hasta Menphis, Jamaica o lo gitano- mientras que sus integrantes
han ido tirando por otros derroteros no siempre a la altura de su pasado.
Cuando Los Rodríguez ya están disueltos, se edita el recopilatorio
"Hasta luego", trufado de rarezas y tomas en directo (hubo un precedente
en el "Disco Pirata", que anticipa ya el gusto de Calamaro por lo no convencional),
que pese a su título es más bien un definitivo adiós.
Sorprendentemente, es el disco más vendido en la carrera de una
banda que en ese momento ya no existe, aunque sí se reanudarán
tras una etapa de distanciamiento las colaboraciones esporádicas
entre Calamaro y Ariel Rot.
En solitario
Tras Los Rodríguez, Calamaro ha entregado tres nuevos discos en
solitario, y debemos obviar su apabullante aparición como colaborador
en discos ajenos (más de treinta, desde Sabina hasta Raimundo Amador,
Los Ronaldos, etc., etc., en una lista casi interminable), así como
otras grabaciones de rarezas y bandas sonoras. De estos tres discos, el
primero y más pulido, "Alta suciedad" (1997), marca un hito en su
producción global. El disco se ha grabado por todo lo alto entre
New Jersey y Manhattan, con los mejores músicos americanos de sesión
(Steve Jordan a la batería, Hugh Mc Cracken a la guitarra, etc.),
y la producción de Joe Blaney. El disco, bajo el camuflaje de algunos
temas más ligeros, como "Loco", profundiza en la oscuridad del último
LP de Los Rodríguez, pero ya sin las limitaciones que exige el colectivo.
Es Calamaro en primera persona, hablando y tocando el piano desde sí
mismo. El tema central lo define "Crímenes perfectos": "¿Sentiste
alguna vez lo que es tener el corazón roto? ¿Sentiste a los
asuntos pendiente volver, hasta volverte loco?" "Todo lo que termina termina
mal, poco a poco...". "Flaca", una de las cumbres del pop-rock hispano,
con una letra muy tango, y un aire soul a lo "Georgia on my mind" como
dice el propio Andrés, o "Donde manda marinero", de inspiración
candombe, con una letra extraña e hipnótica de viaje a ninguna
parte, son tal vez las perlas del disco. Pero todo él respira un
aire entre ensoñador y surrealista, como demuestran "El tercio de
los sueños" -apuntemos aquí la afición taurina del
bonaerense- o "Media verónica" ("Media verónica despierta,
le molestó la luna por la ventana abierta; llegó una carta
desde el frente, el cántero se rompe y se secó la fuente...
borrará con la mano lo que ayer escribió con el codo...no
tiene muchos años pero le hicieron daño...). Es marca de
la casa Calamaro el acierto en la rimas que sin su genialidad serían
simples ripios.
Posteriormente, en el doble "Honestidad brutal" se enfrenta al trauma sentimental
que representa la ruptura con su mujer, si bien debajo de esa primera lectura
se descubren, como él mismo reveló recientemente, muchos
más amores -las mujeres, en su fascinación plural meramente
sexual o de ideación romántica, son una constante en Calamaro-.
La inclusión de numerosas versiones en el disco puede sorprender,
pero revelan lo que va a ser el nuevo "modus operandi" de Calamaro, casi
en las antípodas de "Alta suciedad": producción casera, tocando
los instrumentos simultáneamente en el estudio, y traslación
al público casi sin pulir de toda su fértil actividad musical,
que es casi como decir actividad vital, porque en estos últimos
años la vida de Calamaro puede resumirse, en sus propias palabras,
en componer y hacer el amor. Con una evidente incidencia de las drogas,
de esa función politóxica a la que puso música recientemente
otro amigo argentino de Andrés, Andy Chango. Los mismos temas pueden
repetirse en versiones "alcohólicas" de garito y otras más
aseadas. Canciones bordadas se entremezclan con lo que se aproxima más
al proyecto, al boceto. Se trata de mostrarse químicamente puro,
de suplantar la canción de hoy por la de mañana, en una espiral
que continúa en el quíntuple "El salmón", con canciones
propias y temas de Rollings, Los Beatles, de la canción argentina,
y de la que nadie sabe el final. Una espiral que puede tener componentes
egocéntricos o utópicos, pero que también muestra
la generosidad de un músico que quiere vivir al margen de reglas
comerciales y mostrarse tal cual es. Aunque, naturalmente, el artista siempre
acaba escamoteándose a sí mismo del escenario, y como él
aclara, a partir de "Honestidad brutal" , la persona de quien se habla
en sus canciones no es Andrés Calamaro. ¿O quizás
sí?
DISCOS SELECCIONADOS:
1)En solitario: Nadie sale vivo de aquí (1989).
Alta suciedad (1997)
Honestidad brutal (1998)
El salmón (2000)
2)Con Los Rodríguez:
Sin documentos (1993)
Hasta luego (1996)
3)Con Los abuelos de la nada:
En directo (1985)
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