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Calamaro +  Dylan
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EL Salmon (por Calamaro)
Calamaro Entrevista (NOV. 2000)
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Andrés Calamaro
J. E. GOMEZ, fotos (Indyrock)
La integral imposible
por Ricardo Moyano. 15-1-2001
Andrés Calamaro nació en Buenos Aires en 1961, y si algo puede decirse de él es que no ha traicionado sus raíces argentinas, sino que ha sabido integrarlas en un mestizaje sonoro tan abigarrado como particular. En la extensa discografía de Calamaro podemos encontrar canciones de muy diversos géneros o influencias, pero en realidad es casi inútil etiquetarlas, porque todas ellas tienen un inconfundible sabor propio, incluso cuando se trata de versiones de temas ajenos, que pasadas por el grave y arrastrado registro de su voz y las armonías de su piano, llegan a parecer temas compuestos por o al menos para él. Y si la etiqueta quisiéramos colocársela al propio artista, todavía más difícil: ¿Roquero, crooner, cantautor eléctrico? De todo un poco, y al mismo tiempo nada de eso.
Al borde de sus cuarenta años, trazar la panorámica de sus más de veinte de carrera musical es un ejercicio mareante. Calamaro es excesivo como músico y como persona, en el sentido de que excede como artista o como simple entrevistado al oyente o al periodista de turno, presos como estamos los demás de unas limitaciones que él no conoce. Si el extenso doble cd "Honestidad brutal" (1998) podía todavía parangonarse con algunos pocos lanzamientos del mercado del rock español o extranjero, el quíntuple cd "El salmón" (2000) ha batido un record mundial absoluto, y pese a todo, no dejan de ser en ambos casos selecciones de los centenares de temas compuestos por Andrés en los pocos años transcurridos desde el anterior CD en solitario, "Alta suciedad" (1997).
Hay una primera etapa "argentina", comenzada a finales de los setenta con el grupo Elmer Band en la que estaba ya uno de sus guitarristas habituales, el Gringui Herrera, y seguida poco después con la banda de rock "Abuelos de la nada", con el que grabó 4 discos entre 1982 y 1985, obteniendo éxitos como el celebrado "Mil horas". Mucho después haría un emotivo homenaje al cantante (Miguel "Abuelo") en "Honestidad brutal" ("Miguel, cojones, es difícil llegarte a los talones...").
Los Rodriguez
Las relaciones dentro del grupo se enrarecen, y Calamaro inicia una primera etapa en solitario, dando a luz "Hotel Calamaro" y luego "Vida cruel", en un estilo menos roquista y más pop, pero también con aires "underground". El retorno al rock se produce en el superior "Por mirarte" (1988), donde se alternan temas más acelerados con bonitas baladas como la que da nombre al disco; y sobre todo con "Nadie sale vivo de aquí" (1990) que en realidad es ya el germen o casi el primer disco de su nueva banda "Los Rodríguez" al incluir en la guitarra y la composición al ex-Tequila Ariel Rot.
Canciones como "No tengo tiempo", "Adiós, amigos, adiós" o "Señal que te he perdido" se revelan llenas de energía y de sentimiento, en una infiltración entre el gusto latino por la calidez de la melodía -la tensión entre el sueño romántico y la frustración de la realidad que nos rodea-, y los ritmos roqueros de cuna sajona.
Ariel había conocido a Calamaro en Argentina, una vez que había retornado a su país tras la disolución de Tequila y unos discos en solitario de buen hacer pero escasas ventas. Y ambos se plantean la venida a España para montar una banda que resultará fundamental en el rock patrio del fin de siglo, "Los Rodríguez". La incorporación del recientemente fallecido Julián Infante, otro ex-Tequila, y de un potente baterista, el suramericano Germán Vilella, convierten a "Los Rodríguez" en una superbanda. Sin embargo, el liderazgo lo asumen Andrés y Ariel, con predominio de Calamaro, que es el cantante solista y compositor de la mayor parte de los temas. Pero sin duda es la colaboración de Ariel, su guitarra stoniana, la que limita la propensión de Andrés al terreno del cantautor eléctrico y de las raíces, y mantiene el tono rock del grupo. Que sin embargo igual firma rumbas aceleradas como "Engánchate conmigo" o su mayor hit "Sin documentos" (alusivo al inmigrante que se adentra en USA o en Europa limpio de papeles), que baladas a lo Mick Jagger como "Cien pájaros volando"("A donde van 100 pájaros volando...El día que me dijiste adiós el tiempo se paró...y entre los dos hay palabras escritas con viento"), o blues arrastrados con resabios no tanto de urbe estadounidense como de arrabal bonaerense. Como dijo Ariel Rot, son generalmente "letras tristes con músicas alegres", aunque alguna vez -rara- la tristeza invada fondo y forma. 
El eclecticismo de Calamaro se pone de relieve en la variedad de estilos, funk, reggae, baladas, rock de carretera, incluso canciones de cuna como "Siete segundos".
La carrera de Los Rodríguez es breve, sin embargo. Tras el LP de debut "Buena suerte", publicado en una compañía independiente, Pasión, fichan por Gasa, y el siguiente LP, "Sin documentos", se presenta más lujoso y brillante en el sonido y en el acabado de los temas, y con la producción de Nigel Walker, supuso su éxito comercial definitivo; ahí están canciones como "Hasta que el sueño venga", "Mi rock perdido", o la nueva referencia a los Rollings Stones de "Me estás atrapando otra vez". Pero al éxito y los conciertos sucede un complejo y más claustrofóbico "Palabras más, palabras menos" (1995), en el que acaso destacan más los temas de Ariel como "Milonga del marinero y el capitán" o "Hace calor", y que revela las disensiones artísticas e incluso económicas que han ido surgiendo como germen destructor dentro del grupo, al cual tiempo después Ariel, algo resentido, llegó a calificar como simple "matrimonio de conveniencia" para Calamaro. En todo caso, se ha producido una reaparición de las drogas, más o menos controladas, como forma de vida de los músicos, y ahí está el reggae "Aquí no podemos hacerlo" como demostrativo guiño a la marihuana ("Morena con la piel de chocolate/ no dejaremos de ser dos amantes tú y yo..."). Pero si buscáramos un motivo esencial en el fin de "Los Rodríguez", sería simplemente esa creatividad tan apasionada y personal de Calamaro, que encontraba corsés demasiado estrechos en el estilo de canción de "Los Rodríguez". No deja de ser paradójico que hoy en día existan muchas formaciones que mantienen la influencia de la banda, esa peculiar mezcla energética pero cariñosa de rock guitarrero, blues, funk e influencias folk -desde el Caribe hasta Menphis, Jamaica o lo gitano- mientras que sus integrantes han ido tirando por otros derroteros no siempre a la altura de su pasado.
Cuando Los Rodríguez ya están disueltos, se edita el recopilatorio "Hasta luego", trufado de rarezas y tomas en directo (hubo un precedente en el "Disco Pirata", que anticipa ya el gusto de Calamaro por lo no convencional), que pese a su título es más bien un definitivo adiós. Sorprendentemente, es el disco más vendido en la carrera de una banda que en ese momento ya no existe, aunque sí se reanudarán tras una etapa de distanciamiento las colaboraciones esporádicas entre Calamaro y Ariel Rot.
En solitario
Tras Los Rodríguez, Calamaro ha entregado tres nuevos discos en solitario, y debemos obviar su apabullante aparición como colaborador en discos ajenos (más de treinta, desde Sabina hasta Raimundo Amador, Los Ronaldos, etc., etc., en una lista casi interminable), así como otras grabaciones de rarezas y bandas sonoras. De estos tres discos, el primero y más pulido, "Alta suciedad" (1997), marca un hito en su producción global. El disco se ha grabado por todo lo alto entre New Jersey y Manhattan, con los mejores músicos americanos de sesión (Steve Jordan a la batería, Hugh Mc Cracken a la guitarra, etc.), y la producción de Joe Blaney. El disco, bajo el camuflaje de algunos temas más ligeros, como "Loco", profundiza en la oscuridad del último LP de Los Rodríguez, pero ya sin las limitaciones que exige el colectivo. Es Calamaro en primera persona, hablando y tocando el piano desde sí mismo. El tema central lo define "Crímenes perfectos": "¿Sentiste alguna vez lo que es tener el corazón roto? ¿Sentiste a los asuntos pendiente volver, hasta volverte loco?" "Todo lo que termina termina mal, poco a poco...". "Flaca", una de las cumbres del pop-rock hispano, con una letra muy tango, y un aire soul a lo "Georgia on my mind" como dice el propio Andrés, o "Donde manda marinero", de inspiración candombe, con una letra extraña e hipnótica de viaje a ninguna parte, son tal vez las perlas del disco. Pero todo él respira un aire entre ensoñador y surrealista, como demuestran "El tercio de los sueños" -apuntemos aquí la afición taurina del bonaerense- o "Media verónica" ("Media verónica despierta, le molestó la luna por la ventana abierta; llegó una carta desde el frente, el cántero se rompe y se secó la fuente... borrará con la mano lo que ayer escribió con el codo...no tiene muchos años pero le hicieron daño...). Es marca de la casa Calamaro el acierto en la rimas que sin su genialidad serían simples ripios. 
Posteriormente, en el doble "Honestidad brutal" se enfrenta al trauma sentimental que representa la ruptura con su mujer, si bien debajo de esa primera lectura se descubren, como él mismo reveló recientemente, muchos más amores -las mujeres, en su fascinación plural meramente sexual o de ideación romántica, son una constante en Calamaro-. La inclusión de numerosas versiones en el disco puede sorprender, pero revelan lo que va a ser el nuevo "modus operandi" de Calamaro, casi en las antípodas de "Alta suciedad": producción casera, tocando los instrumentos simultáneamente en el estudio, y traslación al público casi sin pulir de toda su fértil actividad musical, que es casi como decir actividad vital, porque en estos últimos años la vida de Calamaro puede resumirse, en sus propias palabras, en componer y hacer el amor. Con una evidente incidencia de las drogas, de esa función politóxica a la que puso música recientemente otro amigo argentino de Andrés, Andy Chango. Los mismos temas pueden repetirse en versiones "alcohólicas" de garito y otras más aseadas. Canciones bordadas se entremezclan con lo que se aproxima más al proyecto, al boceto. Se trata de mostrarse químicamente puro, de suplantar la canción de hoy por la de mañana, en una espiral que continúa en el quíntuple "El salmón", con canciones propias y temas de Rollings, Los Beatles, de la canción argentina, y de la que nadie sabe el final. Una espiral que puede tener componentes egocéntricos o utópicos, pero que también muestra la generosidad de un músico que quiere vivir al margen de reglas comerciales y mostrarse tal cual es. Aunque, naturalmente, el artista siempre acaba escamoteándose a sí mismo del escenario, y como él aclara, a partir de "Honestidad brutal" , la persona de quien se habla en sus canciones no es Andrés Calamaro. ¿O quizás sí?
DISCOS SELECCIONADOS:
1)En solitario: Nadie sale vivo de aquí (1989).
Alta suciedad (1997)
Honestidad brutal (1998)
El salmón (2000)
2)Con Los Rodríguez:
Sin documentos (1993)
Hasta luego (1996)
3)Con Los abuelos de la nada:
En directo (1985)

 





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