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02-07-04 Palacio de Congresos, Granada
"Viaje a ninguna parte" - Organiza Wild Punk
Fotos Merche S Calle © IndyRock
BUNBURY FREAK SHOW
ALMERÍA, 23 DE OCTUBRE 04
FORMACIÓN DEL HURACÁN AMBULANTE: Copi "Clown", Ana Belén
"Mata Hari" Estaje, Rafa Domínguez, Ramón "Beatmachine" Gacías,
Luis Miguel Romero, "Panchito" Iñigo, Javier García Vega
y Mr del Morán.
ARTISTAS INVITADOS: Adriá Puntí, Carlos Ann, Nacho Vegas,
Iván Ferreiro y Mercedes Ferrer.
PENSAMIENTOS PATÉTICOS (Y POÉTICOS)
por Luis Miguel Albarracín
En un principio pensé en titular la crónica SIN PALABRAS,
aludiendo a lo que allí vi. Sin embargo, dado que el periodista
debe comunicar lo que en un lugar ocurrió, intentaré realizar
un acercamiento lo más adecuado posible para lograr una imagen de
lo que significa y supone el BUNBURY FREAK SHOW.
Lo primero que veo al pasar muy cerca del Auditorio Maestro
Padilla es un circo que se encuentra situado justo al lado. Cuál
es mi sorpresa cuando compruebo con mis propios ojos el nombre que surge
allá entre las nubes: Bunbury Freak Show. Miro a mis compañeros
porteños y me aseguran que ellos también lo han visto igual
que yo. Y un cuadrilátero fuera esperando a Perico Fernández.
Lo que faltaba. Aparece Bunbury por el recinto acompañado de Carlos
Ann. Todavía viste como mi vecino del tercero, como el Antonio Orozco
de turno al que se le llena la boca cuando dice que pertenece y es parte
del pueblo. Pues de mi pueblo sí que no es, de eso estoy seguro.
Aun no es el momento. Éste se retrasa una hora,
pasando de las nueve a las diez de la noche. COMIENZA EL ESPECTÁCULO.
Las canciones de EL VIAJE A NINGUNA PARTE ("La señorita hermafrodita",
"Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha" o "Lo que queda
por vivir") se alternan con singles de RADICAL SONORA ("Alicia", "Salomé"),
PEQUEÑO ("El viento a favor", "Infinito" o la inigualable "El extranjero",
llevada a la máxima expresión por Bunbu Clown) y FLAMINGOS
("Lady Blue", "Sí", "Sácame de aquí" o "Enganchado
a ti").
De entre las bambalinas van apareciendo invitados que
Enrique había mantenido a buen recaudo dentro de su sombrero de
copa: Nacho Vegas (pasará mucho tiempo hasta que se olvide su puesta
en escena); Adriá Puntí (pasará mucho tiempo hasta
que se le pase sublime borrachera propia de Casa Puga); Carlos Ann ("el
doctor", muy profesional y apropiado en todo momento); Iván Ferreiro
(el más aclamado de todos); y Mercedes Ferrer (a la que se le echó
en falta algo más de protagonismo). Los colaboradores del show cantan
un tema de su repertorio particular y otro del de EL ARTISTA EQUILIBRISTA,
EL ARAGONÉS ERRANTE. Cuando escribí sobre el concierto que
se pudo ver en San Javier (Murcia) el uno de julio, asistí a un
evento diferente, puesto que las canciones de los nuevos inquilinos no
eran conocidas por la masa congregada (salvo la de Piratas), por lo que
el ritmo de la jam session bajaba considerablemente, aunque nadie salió
defraudado, sino todo lo contrario.
Transcurrida una hora de actuación vertiginosa
y de visiones desternillantes, llega el momento de darse una vuelta por
la feria. El público abandona la carpa para contemplar al forzudo
que desafía a todo aquél que quiera vencerle en la disputa
de un pulso. Mientras tanto, en el cuadrilátero se desarrolla un
combate donde la sillita eléctrica y los rebotes en las cuerdas
amenizan el intermedio de quince minutos. Muy mal acabaron Ismael "El Demonio
Rojo" e Ismael Jr.
El CIRCO RALUY (inspirador del diseño fotográfico
de su último álbum y del videoclip "Que tengas suertecita")
también se encuentra presente. Algunos de sus compartimentos decoran
el pintoresco panorama, como es el caso de la taquilla.
De nuevo todos a la carpa. QUE TENGAS SUERTECITA y ANIDANDO
LIENDRES abren el tarrito de lo jodidamente latino. Canciones para todos
los gustos y de todos los colores, con un HURACÁN AMBULANTE que
fascina a ALMERÍA, a sus HERMANOS y HERMANAS. La ciudad es feliz,
sonríe sin llegar a enseñar las encías, un gesto de
mal gusto, aunque sólo sea durante unas horas. El viaje a ninguna
parte de Fernán Gómez se ha detenido en la tierra del café
de Loli. Por un momento el ex-Héroes del Silencio encarna a DYLAN.
Pero desde otro ángulo lo veo claro: es BOWIE. No. Se trata de un
aliño de varios artistas que se han refugiado en él. La vuelta
de tuerca no ha llegado todavía a su fin, aun queda capacidad para
sorprender a quienes le siguen desde hace tiempo.
Son muchos los momentos entrañables que allí
habitan, entre un público que ha hecho suyos algunos de los temas
del repertorio. PROMESAS, interpretada por Iván y Enrique, se convierte
en uno de los momentos álgidos de la noche. Flamingos también
ha salido bien parado. Copi "Clown" prende LA CHISPA ADECUADA, Y AL FINAL
brochaliza la noche. Fin de fiesta para el Bunbury Freak Show. Alrededor
de tres horas de puro teatro y comicidad que nos alegran el existencialismo
disperso entre melodías de teléfonos móviles, coches
con cedé y zapatillas rojas que nos calzan de lo que no somos. La
pulpería de Lucita ha pasado a ser el cuartel general de los que
no quieren una tregua, donde el café nunca falta y las ganas de
salir adelante se venden en la máquina que está pegada a
la del tabaco. Y qué decir de Ana Belén "Mata Hari" Estaje,
la que cada día enamora más.
Una noche que se prolongó más de lo esperado,
en la que se apostó por el rock and roll y se pidió un rescate,
mientras el jinete aragonés continuaba con su espectáculo
sin mirar nunca hacia atrás.



Glorioso viaje
2.7.2004 - Palacio de Congresos (Sala García Lorca).
2.000 espectadores. Lleno.
Por Jorge Oliva - especial para IndyRock
Ambientazo total. La sala García Lorca del posmoderno Palacio de
Congresos
de Granada lucía un lleno hasta la bandera que sorprendió,
esa fue la
impresión, hasta al mismo Bunbury.
Antes del inicio del show, una imagen proyectada del recién desaparecido
Marlon Brando presidía el escenario. Fue el homenaje inmediato
de un
artista, cinéfilo él, que no perdió ocasión
de elogiar al célebre "Padrino",
dedicándole incluso una de sus canciones.
Se apagan las luces. Suena el intro al tiempo que se proyectan imágenes
de
Bunbury y su banda entre bambalinas. Juntan sus manos, unen fuerzas
y salen
uno a uno a las tablas, hasta que el zaragozano hace acto de presencia
copa
en mano, guitarra en ristre, con los primeros compases de "El anzuelo".
El
público, muy heterogéneo, plagado de Bunburys clónicos
y chicas
enfervorecidas, se entrega en cuerpo y alma. Cantan a la par cada estrofa.
Bunbury está muy metido en faena. "El anzuelo", "La señorita
hermafrodita",
con un tempo algo más lento del registrado en el disco, y la
maravillosa
"Los restos del naufragio" son una excelente carta de presentación.
Un buen
comienzo que presagia un mejor concierto. No falla.
Desgrana una tras otra canciones de su viaje emocional, físico
y musical. La
gente sigue el show desde las butacas pero se ponen en pie a cada momento.
Unos aplauden, otros simplemente alargan sus brazos, las caras son
un poema.
Hay parejas que se abrazan al son de "Infinito", jóvenes que
lanzan suspiros
con las primeras notas de "Alicia" y una marabunta que hace retumbar
el
Palacio con el homenaja a Más Birras, y por ende a los extintos
Héroes del
Silencio, y esa ya habitual "Apuesta por el rocanrol".
Bunbury tiene memoria. Recuerda la última actuación en
Granada con motivo de la gira "Rock en Ñ". Era el primer concierto
con el Huracán Ambulante, la
banda que le acompaña desde la gloriosa gira de "Pequeño".
Los hermanos
granadinos, como los bautiza el maño, se lanzan con el "cumpleaños
feliz". Y
a todos, a sus músicos, a los hijos de sus músicos -recién
nacidos, de los
que se muestran imágenes- y a esa audiencia entregada les dedica
"Que tengas
suertecita".
Suelta en cada canción un vasto repertorio de gestos y poses,
teatrales,
dramáticas, muy exageradas. 100% viscerales. "Si me viera en
un espejo, ¿tú
crees que haría lo que hago?", confesaba en una entrevista reciente.
Pero no
se corta. Acompaña esa puesta en escena de un estupendo juego
de luces,
traje mesiánico -blanco para más señas- y su ya
inseparable sombrero de
estrambótico cowboy. El acento sudamericano no lo deja. Lo enfatiza
aún más.
Es Bunbury en estado puro. Abandona tanto comentario entre canción
y canción y va a lo suyo, a interpretar, a vivir y sentir cada canción
como si fuera
la última que toca en su vida. Un espectáculo único
en el panorama musical
nacional. Y no deja indiferente a nadie.
Tras "Enganchado a ti" se va a camerinos pero vuelve. Sin duda, es el
bis
más redondo. Emociona con la versión semiacústica
de "Lady Blue", aumenta la
temperatura de la sala con la belleza de "El rescate" y deshace corazones
con ese canto de llanero solitario, hecho pedazos por un amor desafortunado,
llamado "El jinete". Una canción original de José Alfredo
Jiménez, que
Bunbury ha hecho suya. Un clásico, vamos.
No hay muchas más sorpresas. Interpreta por primera vez en la
gira "Lo que
queda por vivir" y deja a todos con la boca abierta con el tramo final
de
canciones sensibleras: "Sácame de aquí", "...Y al final",
"Adiós,
compañeros, adiós" y, sobre todo, "Canto (el mismo dolor)".
Canciones
henchidas de la emoción a borbotones que sale de cada melodía,
de cada
letra, de este atípico y bohemio trovador.
Un excelente concierto, que muestra cómo van tomando cuerpo en
directo las
canciones de "El viaje a ninguna parte", y que confirma el extraordinario
momento que vive Bunbury. Con precios no habituales en un artista nacional,
no ha tenido problemas para llenar los conciertos de esta primera parte
de
su gira. Su estatura de estrella es indiscutible. Guste más,
guste menos,
estamos ante un metal precioso que sigue puliéndose, y de qué
forma, disco a
disco, gira a gira. Y siempre con el mismo lema bajo el brazo: "Renovarse
o
morir".
Set list
1. El anzuelo
2. La señorita hermafrodita
3. Los restos del naufragio
4. Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha
5. De mayor
6. Desmejorado
7. En la pulpería de Lucita
8. El viento a favor
9. Que tengas suertecita
10. Alicia
11. Infinito
12. Apuesta por el rocanrol
13. Sí
14. Enganchado a ti
-----------------
15. Lady Blue
16. El rescate
17. El jinete
-----------------
18. Lo que queda por vivir
19. Sácame de aquí
20. ... Y al final
-----------------
21. Adiós, compañeros, adiós
22. Canto (el mismo dolor)
1 DE JULIO DE 2004, PARQUE
ALMANSA DE SAN JAVIER (MURCIA)
PÚBLICO: 2500 ESPECTADORES
por Luis Miguel Albarracín
Uno de julio. Las carreteras llenas de operación
salida, el calor que derrite almas en vela, tu mirada que nunca se fija
en el azul de mi esencia, y la sensación de que observar el ayer
puede ser el principio del fin. No había más remedio que
acudir a la cita con un lobo que aúlla en medio del huracán.
Si por el mes de noviembre el maestro Lapido arrancó los aplausos
de los que no se quedan a medio gas, visionarios de otras galaxias pedían
a gritos la llegada de otro compañero: Enrique Bunbury y la complicidad
de su cabaret ambulante, postulando que la música se encuentra por
encima de las modas, de las altas mantas y de las madres los parieron.
Traía debajo de su indumentaria modelo Bob Dylan
un disco recién alumbrado en el Hospital Virgen de las Inquietudes
y del Dolor. Quizá su álbum más arriesgado hasta el
momento. Si Radical Sonora y Pequeño ya supusieron un giro completo
con respecto a su trayectoria con Héroes del Silencio, el de los
Monegros no dudó en hacer escala en la parada número tres
que conducía a Flamingos. Tomó aire, contempló su
alrededor, y decidió realizar El viaje a San Javier, el viaje
a ninguna parte. Hastiado de la losa de haber nacido en el país
de Bienvenido Mister Marshall, Enrique se ha destapado y no ha dudado en
realizar un trabajo de expulsión de demonios interiores. Tuvo que
llamar por teléfono a Leonard, pero el artefacto se encontraba apagado
o fuera de cobertura. Llamó a Tom. Cogió el teléfono
una mujer; a lo lejos se escuchaban quejidos de dolor del pobre Waits.
Probó con Nick Cave. Nadie pudo despegarlo de la ventana desde la
que contemplaba el puerto de Cartagena. Entonces fue cuando pensó:
"tengo hermanos y hermanas en San Javier a los que tengo ganas de ver".
Fue a casa de Copi, y éste se encargó de buscar a los demás:
Del Morán andaba tomando cañas en el bar de siempre; Lady
Blue Stage afinaba como cada día su violín; Luis Miguel
Ramos ya se había montado en el autobús... y la balada del
hombre delgado hizo el resto.
De blanco inmaculado y con un sombrero a juego. Las tres
primeras canciones fueron lo mejor de la noche. Fue el momento en el que
todos desearíamos ocupar el lugar del cantante y así deleitar
con "Anidando liendres", "El anzuelo" o "Los restos del naufragio". La
puesta en escena con su guitarra merece un aplauso. Justo ahí, en
ese instante, entendí por qué cada uno es quien es. Ser un
animal de escenario no es fácil, pero hay quien lo logra. Y con
creces. Desplegó las alas de algunas de sus veinte nuevas composiciones
dejando fuera alguna joya, como sucedió con "En la pulpería
de Lucita". Sólo los que se congregaron en las pruebas de sonido
pudieron saborearla.
Dotando a todas las canciones del glamour y el encanto
de los que viajan con el objetivo de hacer viajar a los demás, también
sonaron temas como Infinito, De mayor, El viento a favor, Alicia expulsada
a las playas de La Manga, Sácame de aquí, Enganchado a ti,
Sí o Lady Blue. ¿Y de Héroes, quedan restos de la
época en la que los senderos transitados eran de traición
y no de trompetas y caras pintadas? Resquicios, sólo eso. Tal vez
una apuesta por el rock and roll en la que Carmen Jones nunca tuvo rival.
Bunbu no da nunca la última vuelta de tuerca. Todavía tendrá
que comenzar nuevos proyectos, nuevos caminos, y nuevas vivencias que transformar
en canciones. Que tenga suertecita la chica triste que te hacía
reír en tus momentos bajos. Pero nunca la llames cariño.
Adiós, compañeros, adiós, que el maestro errante continúe
cantando el mismo dolor.
Bunbury ofrece algunas claves para comprender
mejor "El viaje a ninguna parte".
Álbum doble
"Este es un disco de largo recorrido porque necesita de muchas escuchas.
No es para escucharlo entero, por eso lo he dividido en dos; siendo 20
canciones, me parece que necesitaba tener sus paradas, tratar el disco
con más calma. El cambio de disco ejerce la función de pausa."
A la búsqueda de la imperfección
"Quería un disco que expresara un momento determinado y que
a nivel de producción y de lo que he querido hacer musicalmente,
partiera de la imperfección y del músico tocando y sintiendo,
con una voz que fuera muy cercana. La interpretación es lo más
importante en este disco."
Los viajes
"En el viaje hay que intentar evitar cualquier tipo de planificación,
la planificación tiene que ser improvisada, y lo más importante
de todo es no tener billete de vuelta. Este tipo de viaje lo concibo únicamente
como un viaje en soledad, creo que de este modo se aprovecha más."
El método de escritura
"A Perú sólo me llevé un charango, en Marruecos
y Nicaragua iba con la guitarra. No grabé nada, iba escribiendo
las canciones y las guardaba en la memoria, apuntaba en las letras los
acordes. No grababa nada hasta que volvía aquí. Luego volqué
cantidad de canciones... había alrededor de noventa para este proyecto."
El oficio de escribir
"Para mí, normalmente, componer canciones no es fácil,
es una lucha contra mis propias incapacidades, me encantaría estar
muchísimo más capacitado musicalmente para poder escribir
mucho mejor. Afrontar un disco me resulta muy doloroso, por lo que me cuesta
decir las cosas, encontrar las palabras, encontrar la música, la
melodía, los acordes que deseas para una canción. Pero en
esta ocasión, sin embargo, las canciones salían solas y en
muy poco tiempo; hay muchas canciones escritas en diez minutos, muchas.
En la mayoría, mientras escribía la letra iba escribiendo
la canción. Surgió así. Todas las canciones que no
han entrado en 'El viaje a ninguna parte' se van directas a la mierda;
no me gusta utilizar canciones que no entraron en los discos, en 'Flamingos'
también quedaron muchas canciones fuera y no las he utilizado para
este. Son canciones que no llegaron a donde tenían que llegar."
La voz (y la palabra)
"Con la voz lo que pasa es que más que romperla he intentado
interpretar más, no ser tan plano como lo había sido en los
discos anteriores y lograr una voz mucho más dinámica, interpretando
cada frase, porque hay mucho texto en este álbum Y para estar contando
tantas cosas tienes que estar interpretándolas y tienes que llevar
al oyente, si no es mera repetición de estrofas y termina resultando
aburrido. Cantar este disco ha sido un trabajo muy bonito, pero el más
difícil de cantar de todos los discos que he hecho."
El compromiso con la realidad
"Actualmente no entiendo la música sin que haya compromiso.
Por su puesto creo que tiene que haber un compromiso emocional y por supuesto
que acepto que una canción puede hablar de lo que ocurre en el momento.
A todos nos gustan las canciones que son atemporales y que sirven para
cualquier momento de tu historia o de la historia, pero también
entiendo la música urgente, entiendo que los músicos tenemos
que decir cosas sobre lo que ocurre en el momento. Siempre que tengamos
la necesidad, no es obligatorio que todos lo hagan, pero sí me parece
lícito, lógico y necesario y más en momentos como
los que estábamos viviendo hasta hace poco, y que, en cierto modo,
seguimos viviendo. Aunque, por lo menos, uno de los mayores problemas ya
ha terminado, ya ha pasado..."
El rock
"El viaje a ninguna parte' sí tiene un pulso rockero, aunque
lo cierto es que los pasos que está dando el rock no me interesan
mucho. Me interesan más las raíces en donde busca el rock
más explorador y quedarme directamente con la raíz en sí
misma, no me interesa ni siquiera hacer rock bastardo, rock latino... En
cierto modo, hasta me gustaría eliminar la palabra rock de lo que
hago. Sí, porque yo soy un rockero, pero no lo es necesariamente
la música que hago. 'Canto' u otras canciones de este disco ni siquiera
se puede decir que tengan algún carácter rock, no tienen
nada. He ido a pulirlas y a eliminar todo signo de rock. Incluso he huido
de la instrumentación rock, muchas canciones del disco no tienen
batería y están sustentadas por la percusión."
La canción
"Mi sueño es conseguir hacer alguna canción que se acerque
a los estándares de la canción popular, me interesa lo conciso
de la canción popular, de las letras e incluso lo conciso de la
instrumentación. La sencillez que adquiere una grandeza impresionante,
desde José Alfredo Jiménez con rancheras de esas que piensas
'qué fácil es hacer una ranchera así porque, bah,
sólo son tres acordes y un tipo rimando más o menos sencillo'.
Pero cuando te metes a intentar hacer una ranchera, a darle la profundidad
del estandar de música popular... me parece tremendamente difícil.
Es algo en lo que llevo investigando desde hace un tiempo, desde 'Pequeño',
pero todavía no he llegado al grado que quiero adquirir. En todo
caso, me parece que 'Canto' es una de esas canciones que puede estar cerca
de ese modelo."
(Abril, 2004)
Triste, desolador, descarnado, así es "El
viaje a ninguna parte" de Fernando Fernán-Gómez. Esa historia
que primero fue novela y luego película dirigida por él mismo,
donde trazaba las aventuras de una compañía teatral itinerante,
en el ocaso de un género asediado por el cine. Es el fin inexorable
de ese deambular por los caminos, en autocar o a pie, de pueblo en pueblo.
Pese a ello, los cómicos, con una dignidad encomiable, se mantienen
firmes, conscientes de que ese es, precisamente, su oficio. Su responsabilidad,
intentar hacer reír a esa España que a comienzos de la década
de los 50 era la del hambre y el miedo.
Aquel argumento del gran Fernán-Gómez, despertó
algo en Enrique Bunbury (Zaragoza, 1967), quien en medio del paisaje arrasado
supo ver la pura belleza que motiva a los artistas vocacionales. A los
de verdad. A los que asumen la vida como una renuncia a bienes mayores
por ese palpitar de los caminos con la palabra, con la comunicación,
con el arte a cuestas. Como los artistas del circo, como los lejanos trovadores
que recorrían Europa con sus romances.
Ahora, Bunbury, el artista internacional, rinde tributo a aquella
obra desde el título de su nuevo álbum -el cuarto en estudio
de su firme carrera en solitario-; con el que intenta recuperar el halo
romántico de ese deambular por el mundo ofreciendo arte sobre los
escenarios. "El viaje a ninguna parte -explica Bunbury- es la reivindicación
del que elige una vocación artística como forma de vida.
Desde la bohemia, desde la elección vital de una profesión
artística sin ninguna ambición de éxito o de triunfo,
simplemente por el hecho de estar y vivir esa vida, aunque ello suponga
perder."
Los dos viajes del viaje
Quien haya seguido su obra reciente, sabrá que Enrique siente
verdadera devoción por el mundo del circo, por el cabaret, por una
cierta bohemia canalla... Sus discos y los consiguientes cambios de registro
pueden parecer obra de un funambulista ebrio dispuesto a alarmar a la concurrencia.
Pero detrás de la pirotecnia ineludible en todo buen espectáculo,
queda la investigación, el rehuir de lugares comunes, la búsqueda
de la canción que pueda robarle el corazón al oyente. Y si
uno se fija (escucha) con atención, verá que el artista se
mantiene firme sobre la cuerda, que en ese constante ir y venir se define
un estilo, una marca, un sello propio y reconocible en las canciones. Dicho
de otro modo: los eslabones que unen "Pequeño", "Flamingos" y "El
viaje a ninguna parte" (mantengamos "Radical sonora" aislado, como el disco
de ruptura con el pasado inmediato que tuvo que ser), son más fuertes
de lo que a priori pudiera parecer. Que el autor, cantante y productor
se encontró consigo mismo mucho antes de lo que creímos...
y de lo que él mismo pudo imaginar. Que, en definitiva, los saltos
estilísticos no eran más que ejercicios de imaginería
y debajo de ellos permanecían las canciones, con su lenguaje propio
e identificable.
Hay que considerar "El viaje a ninguna parte", precisamente,
como un viaje. Viaje doble: por un lado encontramos el emocional y, por
el otro, el viaje físico, que se corresponde con tres viajes reales,
en los que Enrique, en solitario, se fue a capturar canciones a Marruecos,
Nicaragua y Perú. Finalmente, el viaje físico es una ruta
musical por diferentes ritmos del continente americano. De Argentina a
Estados Unidos, pasando por México, el Caribe o la música
andina. Ese viaje físico sirvió para, al tiempo, ir escribiendo
el otro, el emocional.
Y en este segundo viaje, Bunbury se lanza de cabeza a la tarea de hacer
repaso a los daños sufridos, a las heridas, cicatrizadas o no (poco
importa: las primeras con frecuencia duelen mucho más que las segundas).
Ese balance del dolor en carne propia o colectiva (en algunos temas la
actualidad social se cuela con toda su miseria) se tiñe de tristeza
o de nostalgia, con frecuentes paradas en esa tierra de nadie (o de todos)
en la que ambas se difuminan y se confunden. Pero, tras la inmersión
en el dolor, emerge el ARTISTA capaz de sacarle partido al sentimiento
a flor de piel; habilidoso como los grandes para aprovechar las horas bajas
y que de ellas se alcen colosales canciones. Canciones, sí, de las
que roban corazones. Canciones para acompañar vidas ajenas. Canciones
que hacer nuestras. Canciones amigas con las que no sentirse tan solo.
El viaje sonoro
Por todo ello, vestir musicalmente "El viaje a ninguna parte" requería
de mimo, de cuidado. Así lo entendió Enrique y optó,
en su faceta de productor musical, por buscar la inmediatez del sonido,
intentando capturar la mejor toma de cada canción, sin aditamentos.
Pero esto sólo fue posible después de un concienzudo trabajo
de arreglos que le llevó tres meses de encierro junto a su banda,
El Huracán Ambulante, antes de afrontar la grabación. De
este modo, se ha logrado un trabajo que suena eminentemente natural, aun
cuando el oyente avezado podrá apreciar detalles y colores musicales
de gran altura. En los que, en honor a la verdad, hay que reconocer la
pericia instrumental de una banda tan sólida como versátil
(obsérvese, por poner algunos ejemplos, esos violines de Ana Belén
Estaje; las trompetas de Javier Íñigo; el contrabajo de Del
Morán; las guitarras de Rafael Domínguez...), capaz de apuntalar
temas de clara esencia rockera, para, segundos después, deslumbrar
con coqueteos jazzísticos o arrimarse con respeto pero sin pudor
a un tango tabernario.
En esencia, para comprender "El viaje a ninguna parte", hay que olvidarse
de aquella máxima que nos recuerda que la distancia más corta
entre dos puntos es la línea recta. Que, ciertamente lo es, pero
no necesariamente resulta la más emocionante, la más rica
en matices, la más divertida... "El viaje a ninguna parte" opta
por la ruta alternativa, por la circunvolución, porque, a fin de
cuentas, tampoco busca un lugar de destino. Lo importante es el viaje en
sí mismo; el destino es lo de menos.
Este sinuoso viaje emprendido por Bunbury se ha tenido que condensar
en dos discos, que quizás pueda parecer excesivo en estos días
de inopia cultural y estrechez musical, en estas horas de vacas flacas
discográficas. Pero, las cosas son como son, como tienen que ser:
los discos no son largos o cortos. Los discos son buenos o malos, arriesgados
o acomodaticios, valientes o cobardes. De verdad o de mentira.
Ustedes verán.
El nuevo trabajo de Bunbury " EL VIAJE A NINGUNA
PARTE" saldra el 17 de mayo de 2004. El primer single es "Que tengas
suertecita"
El contenido de los dos cds es
CD Bussines
Que tengas suertecita
Los restos del Naufragio
El rescate
Que no sepa tu mano izquierda...
Carmen Jones
Lo que queda por vivir
La chica triste que te hacía reir
Anidando liendres
No me llames cariño
Adiós, compañeros, adiós
CD Turista
El anzuelo
Una canción triste
El rescate La pulpería de Lucita
Por un mal nacido
Voces de tango
Polo de mayo
Trinidad
La señorita hermafrodita
El aragonés errante
Canto (el mismo dolor)
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