Bunbury en Polonia
Soñaremos... con aquel sueño
Junio 2009
Por Javier Verdion Castro para IndyRock - texto y foto
18:30 de la tarde. Acabo de llegar a Varsovia y me dispongo a tomar el
autobús 175 que en esta ocasión no me dejará en el
aeropuerto F. Chopin sino cerca del Klub Proxima, un local que me retrotrae
al principio de mi periplo de conciertos varsovietas y mi andadura por
Polonia. Pero hoy no escucharé a los selectos Anathema, ni a los
veteranos Living Colour, ni a ninguna banda emblemática inglesa
o estadounidense. Hoy toca Enrique Bunbury, según el castizo cartel
que anuncia el evento: “Cantante que lideró el mítico grupo
de rock Héroes del silencio” Cierto, y algunos privilegiados
tuvimos la gran suerte de degustarlos en su efímera reunión
de 2007, en mi caso además en Zaragoza, ciudad natal, asumiendo
que aquella vez era la última vez. No, no nos equivoquemos, el aragonés
errante, uno de los pocos artistas completos que tiene nuestro país,
no ha venido a Polonia en calidad de líder del mejor y más
internacional conjunto roquero español de todos los tiempos, y sí
como lo que es ya desde hace muchos discos (tantos o más que los
que editó con Héroes), Enrique Bunbury, músico polifacético
en constante evolución, de incontables caras, todas las que el arte
ofrece.
A pocos minutos de que den las siete recorro los accesos que me llevan
hasta el Proxima, todo un ritual para llegar al primer Club que descubrí
cuando Varsovia empezaba a ser fría, mi penúltimo concierto
aquí, último en esta ciudad; en cierta manera, así
lo siento, estoy también acabando otro trayecto, el de mi paso por
un lugar llamado Polonia. Por sorprendente que parezca, si algo me llamó
la atención de su capital, tópicos turísticos aparte,
fue la exquisitez y perfección de sus salas, desde el encanto de
las mismas hasta su extremada puntualidad. Hace un día fragante,
y no temo por el sonido, el trato de los porteros, largas colas en las
barras y lavabos, entenderme con el personal y los camareros, la desinformación,
los plazos… En Varsovia eso por ahora no existe.
Las puertas aún permanecen cerradas y ya hay bastante gente esperando
entrar, me alegro, eso presagia un buen aforo, el que Bunbury y sus acompañantes
se merecen, pese a ser todavía unos desconocidos por estos lares.
Erasmus, profesores, estudiantes de secundaria, hispanos, varsovianos y
polacos en general, solos o acompañados, por cuenta propia o mezclados:
un concierto, los asiduos lo sabemos, no da comienzo con el primer arpegio
ni la primera cerveza. Cada uno tiene sus motivos, sus explicaciones: “Sólo
me sé cuatro canciones de él en solitario” ;“¿Lo visteis
actuar cuando formó parte de Héroes?”; “No sé tío,
Bunbury es Bunbury, había que venir…”; “Estoy en el Klub Proxima,
toca Enrique Bunbury, un cantante español importante”; “Yo lo he
descubierto hace poco, y la verdad, tiene su gracia, es peculiar...”; “¿Cómo
de famoso es en España?”; “Presencié varios de sus espectáculos
en Hispanoamérica, no hace demasiado”…
Nos introducimos en la sala, cuando pido mi primera zywiec, salta el
rumor: “Sólo va a cantar seis canciones por lo visto de su último
álbum, es una presentación nada más…” Hago caso omiso.
Vago por la sala sin sentarme, una costumbre en mí aferrada. Me
asalta un compatriota, no lo reconozco, se quita las gafas de sol: ¡Qué
pasa extremeño! Ahora sé quién es, coincidimos en
un garito de madrugada hace unas semanas cuando recibí la visita
de un buen amigo: “¡Vaya! No te pierdes una…”, “Pues anda que tú,
y eso que no vives aquí… Por cierto ¿sabes que sólo
habrá seis canciones?”
No quiero creer…dudo. Sigo zigzagueando, saludo a una compañera,
diviso a otra, hablo con otro compañero…Me topo con mi alumno Garek
y su hermano, presentaciones, y conversación confusa en inglés,
castellano y polaco:
- Profe mira, me he imprimido sus letras, ya sabes como soy… Desearía
que se eche alguna de Héroes ¿crees que lo hará?
- Pues lo dudo Garek, pero no pierdas la esperanza. De todas formas,
vamos a ver a Bunbury en una sala pequeña, muy de cerca, sin pagar
los 30 euros de entrada o más que valdrá su actuación
este fin de semana en Las Ventas, estamos en Polonia, con este ambiente
variopinto y maravilloso ¿qué más puedes pedir?
- Lo malo es que van a ser únicamente seis canciones del último
CD ¿lo has escuchado?
- Sí claro…
Me entristezco. Me niego a creerlo, la profesionalidad de Enrique Bunbury
apenas alberga dudas. Mas quién sabe…
Se oye el primer acorde a la hora exacta. Nos dirigimos a las
filas delanteras, los curiosos prefieren, en principio, permanecer detrás.
La expectación es grande. Como en todas las actuaciones, el arranque
resulta ingrávido, pero la sala acompaña, y si bien quedan
lejos esos años en que Héroes del silencio eran número
uno en el mundo entero, incluida la gélida Europa, Bunbury es universal,
ya tiene tablas, no todos los días se puede tocar en Varsovia con
lo que ello implica y lo sabe, nada debe fallar. Sin embargo, entre
los asistentes también hay españoles, algunos, quizá
los más dogmáticos, a pie de escenario, y en el momento que
Enrique se decide a saludar al auditorio con un decente inglés,
se producen los injustos abucheos. No importa. El maño, pese a quien
le pese, se muestra inteligente, cordial, conoce bien su oficio. Para cuando
suena “Bujías para el dolor” , en mi opinión su mejor corte
hasta la fecha, la cosa está en orden y cada oyente en su bolsillo.
El protagonista entonces disfruta como el niño mayor que siempre
supo ser, y a partir de ahí, ocurre con los buenos conciertos, para
nosotros todo pasa rápido y febril, igual que un sueño auténtico.
En lontananza aquel molesto bulo de las seis canciones. Poco a poco
Bunbury crece, impresiona, atrapa con su particularísima voz y su
histrionismo que no todos encajan en actitud genuina, muta, se disfraza…Es
él en estado puro, el extranjero de sí mismo cuya canción,
de idéntico título, surge en algún momento del show
para terminar de sosegar y convencer a los hispanohablantes más
inflexibles. De mayor”, “El club de los imposibles”, “Sácame de
aquí”, “Apuesta por el rock’n’ roll”, “Canto”, “Infinito”, “…Y al
final”. Todos sus temas significativos, en especial el último single
(“El hombre delgado que no flaqueará jamás”), se suceden
de manera poderosa , a excepción de “Lady blue”, un tanto mustia.
Los hay que se retiran, otros se adelantan, la mayoría se sorprende,
todos reconocemos que Bunbury gana en directo y erramos al encasillarlo
en los desaparecidos Héroes o incluso en sus discos de estudio.
El viaje a ninguna parte, a velocidad onírica, parece terminar.
Pero aquellos dogmáticos, que ya no lo son, no están dispuestos
a que los asistentes, da igual su nacionalidad, se pierdan los bises necesarios,
y solicitan ardidamente el último suspiro que retrasará el
fin de un concierto irrepetible, el que emisor y receptores comparten.
Bunbury reaparece con su atuendo de antaño y enseña el
tatuaje que nos recuerda los tiempos heroicos, pero no para volver a ellos,
ya nadie lo espera, sino para demostrar que jamás ha renegado de
sus orígenes aunque debamos evadir el estancamiento, entender su
arte en el presente, arte mudable, como la vida, en busca de ambages y
nuevos retos, de la estética con sus mil y un modo de expresión.
Muere el sueño. ¿Todo se olvida al despertar? Bunbury
y los suyos vuelan hacia Madrid, adonde lo haremos otros en unos días.
Cada cual emprende su rumbo y construye una senda. Todos los que estuvimos
el miércoles 17 de junio de 2009 en el Klub Proxima de Varsovia,
que nos levantamos con las mismas penas, conservamos las mismas heridas,
descartamos esquemas aburridos y nos cansamos de dar explicaciones, de
no tener soluciones a tanto preguntar, lo sabemos. Soñaremos, seguro,
con aquel sueño.