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Tercera Jornada
7 agosto 2004
Fotos Deborah Marin - IndyRocl
Textos Violeta Kovacsics - IndyRock
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Fue el día de la fiesta de Scissor Sisters y Primal Scream.
El día de la venganza de un Lou Reed al que le habían llovido
las críticas tras su actuación en el Xacobeo. Pero sobretodo
el día de Morrissey, sin duda el gran cabeza de cartel de un festival
que anda persiguiéndole desde su primera edición. Su plantón
pasará a la historia, aunque no de la misma manera que el concierto
de los Pet Shop Boys. Mozzer y compañía aseguran que buscaron
soluciones, lo mismo afirman desde la organización. Poco importa,
lo cierto es que la mayoría de asistentes se quedó con el
corazón helado al conocer la noticia, anunciada media hora antes
de un concierto que no tuvo lugar.

Yann Tiersen / Clem Snide
Antes de que llegara el notición y se desataran las lágrimas,
Clem Snide abrieron la jornada con un rock tan cercano a Uncle Tupelo como
a las experimentaciones eléctricas de los Sonic Youth. La melancólica
voz de Eef Barzelay se dejó de tristezas y optó por el rock
directo de "Moment in the Sun" en un concierto que se desarrolló
bajo la atenta mirada de Kurt Wagner de Lambchop.

Luego el día pareció torcerse. Lo de Morrissey fue un
mazazo, dejémoslo ahí. Por suerte aparecieron los Scissor
Sisters y con ellos la tristeza se transformó en diversión.
Con Jake Shears como eunuco salido de los años setenta y Ana Matronic
como diva los Scissor Sisters hicieron temblar el escenario Fiberfib. El
funk de "Take Your Mama Out" calentó al personal a la espera de
"Comfortably Numb", su versión festiva de Pink Floyd. El espectáculo
avanzaba a medida que Shears se iba soltando la melena (y perdiendo piezas
de ropa). Dedicaron una canción a Rick James, aunque eso no fue
nada comparado con el homenaje que le haría Arthur Lee al día
siguiente.
Las carreras de un lado a otro empezaron. Pude ver algo de Yann Tiersen
antes de trasladarme al escenario Verde para ver a Lou Reed. Bastó
para escuchar los equilibrios de Tiersen sobre el violín en "Sur
le fil". Para los que iban a reeditar la banda sonora de Amélie
el concierto debió ser una (grata) sorpresa. La sensibilidad del
piano de "La Terrasse" poco tiene que ver con el sentimentalismo de Amélie.
Ni el realismo y crudeza de su letra al enfrentarse a una ruptura con el
artificio del filme de los Jeunet. Me quedé con Yann al piano y
al violín, no sé si llegó a hacer gala de más
virtuosismo, era la hora de Lou Reed. El hombre de Nueva York se sumó
al derroche de clásicos de los Pet Shop Boys y Kraftwerk. El cierre
con "Walk on the Wild Side" lo dice todo. Su interpretación de temas
como "Perfect Day" o "Satellite of Love", en clave de lectura de los mismos
fue de lo más contundente. Sobresalió la kilométrica
"Venus in Furs" y su solo de violonchelo. Aunque su voz no volverá
a ser nunca lo que era (lo mismo diríamos de Brian Wilson al día
siguiente) Reed no podía dejar indiferente.

Planetas

De Belle and Sebastián queda poco por agregar. Benicássim
los vio nacer, crecer (la mítica polémica sobre si debían
tocar en el escenario pequeño o en el grande) y separarse (el adiós
de Isobel Campbell). La fórmula sigue siendo la misma, aunque esta
vez se descolgaron con una versión de "The Boy With The Thorn In
His Side" para tranquilizar a los que habían ido a ver al ex de
los Smiths. Quizás no hicieron más que ahondar en la herida.
Les siguieron Los Planetas, otros asiduos del festival, que pudieron tocar
ese "Cumpleaños total" que les cortaron hace un par de años.
Más sobrios que nunca, dejaron a un lado algunas de las más
solicitadas (alguien pidió "Un Buen Día", pero con lo de
Morrissey no lo era) y se despidieron echando por los suelos toda la seriedad
de la que habían hecho gala con los palmeros de la dimensión
desconocida dando palmas sobre el escenario.
Por si alguien seguía pensando en Morrissey apareció Bobby
Gillespie. Primal Scream son infalibles sobre el escenario. El huracán
se inició bajo la forma de "Shoot Speed / Kill Light", "Accelerator"
y "Miss Lucifer". Un psicólogo se frotaría las manos analizando
el conjunto de letras, músicas y puesta en escena por parte de Bobby
Gillespie. El torbellino eléctrico de "Sick City" debió resonar
en toda la península. Por si a alguien no acaba de convencerle el
contundente bajo de Mani o los susurros aterradores de Gillespie en "Kowalsky"
(¿quién tembló con el "Radioactivity" de Kraftwerk?)
siempre podrá acogerse a "Swastika Eyes" el himno electro-rock para
los que aprendimos a bailar a finales de los 90. Fin de la segunda jornada
y nada mejor para dormirse que contar cuántas veces corrió
de una punta a otra del escenario Bobby Gillespie.
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