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Vida de los
Santos: GEORGE HARRISON |
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Por
Juan
Alberto Martinez
Voz
y guitarra de
Niños
Mutantes |
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Fotos archivo IDEAL - Efe -
Geoge Harrison / Niños Mutantes
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El género hagiográfico
siempre me ha parecido repugnante. Generalmente los biógrafos de
santos y de monarcas eran unos pelotas vaselineros que lo único
que pretendían era comprar una letra de su plaza en el cielo o en
la Corte. Hoy en día, ya que los santos no existen y los monarcas
simplemente sirven para poner la jeta en las monedas y los billetes (y
con el EURO, ni eso), las alabanzas post-morten son para escritores, actores,
músicos y demás personajes de la mitología mediática
moderna. Por eso, en principio, alabar las maravillas de los fiambres no
me parece una actividad digna de mucho respeto. Dicho lo cual me sumerjo
por completo en el género y prometo no ahorrar ni un sólo
piropo a mi admiradísimo George Harrison.
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No hay absolutamente nada nuevo
que decir de un tío que tocaba en el grupo más importante
de la historia del pop. Hay, literalmente, toneladas de información
sobre los Beatles. Aunque sean otra parte del enorme negocio montado en
torno a los de Liverpool, yo animo a cualquiera interesado en la música
a leer las incontables biografías, antologías.... que hay
sobre ellos. Y digo interesado en la música incluyendo en ella todo
lo que hoy significa: el arte y el enorme negocio, las canciones y los
contratos, los discos y la prensa. Todo lo inventaron ellos.
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Y entre ellos estaba Harrison.
A mí siempre me ha parecido el guitarrista más inteligente
que ha habido. No era un malabarista, sino un intelectual de la guitarra.
Sus frases son cortas e intensas, ráfagas precisas y geniales que
duran lo justo para quedarse grabadas en el tímpano. Como compositor,
aún con el tremendo peso de tener que competir con Lennon (la emoción)
y McCartney (la melodía), George fue capaz de sacar la cabeza y
hacerlo no sólo con dignidad, sino con un brillo deslumbrante. Especialmente,
para mí, con "Here comes the sun", una canción que siempre
consigue hacerme sentir la "melancolía confortable", esa mezcla
en la que se siente a la vez la tristeza y la alegría de vivir.
Sólo por esa canción yo le estoy eternamente agradecido a
Harrison.
Luego está lo más
pintoresco, su vertiente orientalista, la del Ganges y la meditación
trascendental. Algunos se lo tomaron a broma al verlo disfrazado de santón
de Benarés, pero a mí me parece otra contribución
enorme. ¿A ver quién iba a saber hoy lo que es un sitar (bendito
cacharro) si no hubiera sido por él? ¿Cuántos hippies
se fueron a la India después de ver a George haciendo el loto? Habrá
quien lo culpe por ello, porque realmente puede llegar a ser irritante
ver a pijos californianos creerse en armonía con el cosmos porque
han estado una semana en Cachemira, pero a mí me parece que gracias
a Harrison mucha gente se ha adentrado en una filosofía que está
pensada para la vida y no para la muerte.
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En definitiva. Yo tengo muchas
cosas que agradecerle a este tío que está en el cabecero
de mi cama desde hace quince años. De corazón, le doy las
gracias.
P.S. También
le doy las gracias por haber sido el que pagó "La vida de Brian",
la inversión en libras que más risa ha producido. Bendito
sea por siempre George Harrison. (Amén).
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