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4 Mayo 2008 RAZZMATAZZ 2 Barcelona
Organiza Sinnamon
Crónica Luis Rodrigo Alvarez - IndyRock
Digámoslo de entrada: Adam Green es difícil de aguantar.
No solo por llevar hasta el límite de lo soportable su personaje
torpón, si no también por ser un compositor extremadamente
talentoso y singular.
El concierto que este chico ofreció en la sala Razzmatazz de
Barcelona el pasado 4 de Mayo vino a ser una ostentación de esta
doble faceta. Por un lado, el crooner post-moderno capaz de dar un recital
de pop sin fecha de caducidad y, por otro lado, el eterno adolescente zafio,
que se dio con fruición al humor absurdo y alargó as pausas
entre canción y canción siempre un pelín más
de lo necesario.
En su primera faceta, la de músico, la que nos interesa en relidad,
Adam Green sonó menos apabullante de lo que el vistoso coro de voces
negras pudiese hacer pensar en un primer momento. En algunos temas, esos
coros quedaron bien empastados y dieron cuerpo a canciones como "Morning
after midnight" el divertido single de su nuevo e irregular disco "Sixes
& Sevens" o "Hollywood Bowl", de su anterior trabajo. Pero sin duda,
los momentos álgidos del concierto llegaron con los temas antiguos
que, al parecer, siguen siendo los favoritos de la audiencia: "Carolina",
la infalible "Emily" o "Jessica Simpson" (sí. todo son nombres de
chicas), que sonó en el segundo bis, hicieron que la audiencia bailase
con mucha más pasión. El resto del concierto no pasó
de aceptable, incluyendo las partes acústicas en solitario de Adam
Green.
Un concierto atípico, con bastantes altibajos pero disfrutable en
su singularidad que me deja con la pregunta de siempre: ¿por qué
demonios no se decide Adam Green a tomarse un poco más en serio?
ADAM GREEN
El pequeño Robin Hood ha crecido. Pero sigue sin querer hacerse
mayor... Este enfant terrible -que le hubiese gustado, y mucho, al mismo
Cocteau- sigue su caminito alicatado de contradicciones, cual Dorothy buscando
a su Mago de Oz, con unas Converse de rubíes y el songwritting como
terapia. Los principios estrafalarios con Moldy Peaches ya han quedado
atrás, los disfraces del antifolk han pasado por la tintorería,
y nuestro Adam se ha montado su propio paraíso terrenal, donde diseña
los nuevos, absurdos e hilarantes entresijos de la cultura contemporánea,
asociando lo inasociable y descontextualizando las piezas del gran puzzle
musical, construyendo puentes aéreos entre la Motown y el R&B,
túneles de Beat Happening a Chet Baker, atajos de teletransportación
de Lou Reed a Leonard Cohen, y ascensores imaginarios de Michel Houellebecq
a Harmony Korine. Con un indudable talento para poetizar lo cotidiano
y dignificar la rutina, sin nunca temer al feísmo, este freak entrañable
no dudará en coger un empleo en Starbucks para acabar de componer
un disco, y es capaz de ponerte la piel de gallina con una oda a su consola
de videojuegos o describir un supermercado con unos arreglos de cuerdas
lacrimógenos. Para su quinto elepé "Sixes & Sevens",
el crooner-kid de voz mayúscula nos muestra su lado más soul
incorporando coros de gospel, vientos e instrumentos de cuerda, y su talento
melódico va creciendo como la espuma de un champú anticaspa
que todavía no se ha inventado.

A la "carta" con Adam Green
Fiesta de presentación Wintercase 2005
Viernes 14 octubre - Madrid - Arena
Texto y fotos Javier Alonso y Marina Sanz
El IV Festival Itinerante Wintercase/San Miguel 2005 daba su pistoletazo
de salida con la gira presentación a cargo de Adam Green, que participó
el año pasado en el festival. Y junto a él, la Jeffrey
Lewis Band, ambos representantes del anti-folk neoyorquino.

La presentación en la sala Arena de Madrid -con un buen aforo
de entrada- dio comienzo pasadas las nueve de la noche con la Jeffrey Lewis
Band. Esta banda formada por el travieso Jeffrey Lewis y sus fieles escuderos
Jack Lewis -su hermano y bajista- y Andfers Griffin -batería-, con
dos discos oficiales en el mercado y uno a punto de salir, eran para la
gran mayoría de los asistentes unos completos desconocidos. Jeffrey
a parte de músico es un gran dibujante de comics y nos lo demostró
cuando presentó sus nuevos "video-clips". Con un cuaderno de comics
en mano y pasando las páginas, mientras cantaba sus canciones, dejó
anonadados a los asistentes. Con unas melodías muy anti-folk
y su particular espectáculo, dejó un buen sabor de boca durante
la más de media hora que duró su actuación.
Tras estos, el crooner -cantante melódico- Adam Green -ex Moldy
Peaches- venía a presentar Gemstones. El público le esperaba
con gran impaciencia, sobretodo el sector femenino que se agolpaba en la
primera fila. Cuando apareció sobre el escenario la sala le aclamó
y este con un español bastante bueno, dio las gracias y comentó
que el concierto iba a ser algo tranquilo, ya que había padecido
un resfriado días atrás. Comenzó con "My Shadow",
"Friends of Mine", "Who's your boyfriend" y así hasta 18 canciones,
tales como "I Wanna Die", " Over The Sunrise", "Emily" una de las mas esperadas,
"Proud Mary" y "Jessica". Ya desde el principio comenzó a bailar
como ya nos tiene acostumbrados, con esos saltitos y movimientos "torpes"
e hizo participar al público, subió a dos asistentes femeninas
en "Choke on a cock", para hacer de conejitos junto a él. Tuvo que
volver al escenario en dos ocasiones ya que el público quería
más música de este gran artista. En los bises el concierto
fue a la carta entre los asistentes, preguntando qué canción
querían que cantara. La versión de The Beach Boys, "Kokomo"
y "Carolina" fueron las más tatareadas y aplaudidas.
Puede ser que el resfriado le hubiese debilitado, pero por la respuesta
del público y el gran concierto llevado a cabo por este niño
prodigio de la escena independiente, hay que otorgarle un sobresaliente.
Adam Green, "Jacket Full of Danger" Rough
Trade Records 2006
por Luis Rodrigo Alvarez
Adam Green da mucha rabia. Es pretencioso, egocéntrico, y tiene
talento. O quizás es sólo listo y muy meticuloso. Además,
es uno de los artistas más singulares del panorama indie; su lounge-pop
freak le convierte en una auténtica rara avis. Y eso es algo difícil
de decir a estas alturas. Casi casi es un mérito de por si.
"Jacket full of danger", cuarto álbum ya desde que acabara la
aventura seminal de Moldy Peaches, es un batiburrillo de cancioncitas (la
mayoría rondan los dos minutos) de muy diferentes dinámicas,
aglutinadas por su voz de barítono, su peculiar ironía y
por un sentido bastante elegante del exceso, si se me permite decir algo
así. En este disco, a diferencia de sus anteriores entregas, se
mueve con naturalidad entre las piezas de crooner marca de la casa como
"Pay the toll" o "Hollywood bowl", el folk reposado de "Voltures"
o la nana de "Cast a shadow" y arrebatos inclasificables como "C-birds"
o la bluesera "White Women". En general, lo que antes eran bocetos o canciones
que parecían estar solo medio compuestas, son ahora temas más
rotundos, alguno muy bueno, casi todos apoyados por sección de cuerda.
excesivo quizás, pero es que el chico es así ¿Y qué
decir de las letras? Bueno, ahí es donde está la fórmula:
juntar todo este desfile de piezas lounge y retro-pop con unas letras bizarras.
pero bien bizarras. No está tan desatado como en sus otros discos
(no hay ninguna canción con un título tan límite como
"Choke on a cock"), pero sigue con sus temitas: que si me gustan las drogas,
que si mujeres peludas y calvas, que si referencias a íconos pop,
etc. Siempre me he imaginado su música como la banda sonora perfecta
para una peli de Wes Anderson.
Resumiendo, pondría la mano en el fuego a que, como mínimo,
este disco te hace sonreír. A mi, además, me ha hecho preguntarme
dónde estaría este chico con cara de tonto de la clase si,
en lugar de querer divertirse con lo que hace, se tomase tan en serio como
otros.
Biografia
A finales de los 90 dos gusanos carcomían por dentro la Gran
Manzana de Nueva York. Eran Adam Green y Kimya Dawson, una pareja de excéntricos
genios que en 2001 se autoproclamaron reyes del anti-folk bajo el nombre
de The Moldy Peaches. Con su homónimo álbum de debut, y mezclando
la sinceridad del folk con el espíritu arrabalero del punk, pronto
se convirtieron en los embajadores más patanes del rock sin reglas
disfrazándose para homenajear a The Frogs y estallando en carcajadas
en mitad de sus canciones. En otras palabras, dieron sentido a la democrática
filosofía del 'Do It Yourself' y pronto empezaron a telonear a grupos
como The Strokes o Tenacious D. The Moldy Peaches irrumpieron como una
gran broma en la absurda historia del rock, y así se confirmaron
con el lanzamiento de "Unreleased cutz and live jamz 1994-2002" (Rough
Trade/Sinnamon Records, 2002), una extensa compilación de cincuenta
y cinco cortes, entre ellos tomas en directo y temas inéditos, con
la que automáticamente se convertían en leyenda freak.Ambos
melocotones han seguido madurando por separado, siendo especialmente destacable
la hasta ahora breve pero intachable carrera de Adam Green en solitario.
La poética descarnada y primitiva que hasta entonces le había
caracterizado como pieza clave de la vanguardia neoyorkina, encontraba
el 'charm' necesario para desdibujar los límites del lo-fi a favor
de un discurso irónico, humorístico, caprichoso y brillante.
En 2002 llegaría el iconoclasta "Garfield" (Rough Trade, 2002),
la confirmación de que más allá de la ratonera donde
se instalaba junto a Kimya Dawson, existía un palco de terciopelo
raído desde el que este jovencísimo talento iba a predicar
un nuevo discurso. Como un crooner extemporáneo al tiempo que le
ha tocado vivir, Adam habla en sus canciones sobre chicas sin piernas,
cantantes de éxito sin amor propio, aventuras con el crack, joysticks
averiados, sexo patético y fast food. Todo cabe en la imaginería
de un cantautor irreverente a la par que elegante que remite a nombres
tan importantes como Leonard Cohen, Jonathan Richman o Beck.
Con "Friends of mine" (Rough Trade/Sinnamon Records, 2003), Adam se
pasaba a una concepción clásica y matemática del concepto
canción. Los arreglos de cuerda de Jane Scarpantoni (la actual chelo
de Lou Reed, otro de los referentes de Green) y un preciosismo inusual
a la hora de hablar del mundo que le rodea, convirtieron a su último
disco en la sorpresa más agradable de la pasada temporada. Su última
gira por nuestro país junto a Belle & Sebastian, lo situó
como uno de los autores más queridos por el público indie.
Ahora Adam Green vuelve con las canciones de su inminente nuevo álbum
bajo el brazo, para recordarnos cómo debe enfocarse la imagen de
crooner ideal del siglo XXI.
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Adam Green es algo así como el niño prodigio de la escena
independiente. A los trece años formó junto a Kimya Dawson
uno de los mejores grupos del underground neoyorquino, The Moldy Peaches,
capaz de abanderar todo un movimiento musical, el antifolk. A los diecinueve
giraba con los Moldy por medio mundo como telonero de, entre otros, The
Strokes. A los veinte publicaba su primer álbum en solitario y a
los veintiuno firmaba uno de los mejores discos del último lustro
"Friends of Mine" (Rough Trade/ Sinnamon Records, 03). Un álbum
que revelaba a Adam como el más atípico de los crooners.
Como un Frank Sinatra desgarbado y libertario o un Scott Walker irónico
y sin edulcorantes. Un disco con el que Adam consiguió críticas
superlativas y que lo mantuvo de gira por todo el mundo durante casi dos
años. Aprovechando para componer entre concierto y concierto, testando
los temas en directo a medida que los creaba, Adam Green fue gestando su
tercer álbum, "Gemstones" (Rough Trade/ Sinnamon Records, 04). Un
disco que ha grabado con los mismos músicos que lo acompañan
en los directos para mantenerse lo más fiel posible al espíritu
de sus conciertos. Adam ha evolucionado a lo largo de todos estos años
(sería preocupante si no lo hubiese hecho teniendo en cuenta que
empezó a los trece) pero sigue manteniendo el espíritu de
un niño (prodigio) capaz de reírse de todo empezando por
si mismo.
www.adamgreen.net
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