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091
y TNT por JESUS ARIAS (TNT)
091 y
TNT siempre fuimos los eternos y cordiales rivales. Compartimos el mismo
y magnífico cantante y, a través de su voz, ofrecimos en
los años ochenta dos enfoques diferentes de lo que era nuestra concepción
del pop y del rock. Por un lado -el suyo-, el estudio perfecto de las armonías,
de la construcción de las canciones, de los buenos estribillos.
Por el otro -el nuestro- el salvajismo vital de la adolescencia, la obsesión
por el ritmo, la búsqueda de la sorpresa, del desconcierto. Eramos
dos bandas celosas la una de la otra, pero también las primeras
en prestarnos los amplificadores, las guitarras, en echarnos una mano,
en compartir noches memorables discutiendo sobre nuestra mutua adicción
a escribir letras que fueran poemas y a crear acordes que no hubiera encontrado
nadie.
Hasta
tal punto estábamos unidos que la gente siempre confundía
a unos músicos con otros, y a José Ignacio G. Lapido le pedían
que firmara un disco de TNT o a mí que firmara uno de Los Cero...
Y qué decir de los baterías, Tacho -091- y Joaquín
Vílchez -TNT-, de quienes nadie podrá saber jamás
si lo que querían era pegarse o tocar juntos: eso sigue siendo un
misterio incluso para mí. Personalmente, como compositor, como ex
músico, como ex TNT, creo que la disolución de 091 es una
decisión equivocada. Yo habría dado cualquier cosa por firmar
canciones como El Hombre Invisible, Cuando pierdo el equilibrio, Corazón
malherido o Qué fue del siglo XX. Quedan aún cientos de canciones
así por firmar. 091 ha decidido colgar el teléfono. El grupo
que durante 15 años fue el mascarón de proa del rock granadino,
uno de los buques insignia del pop español, ha optado por abrir
escotillas, desarbolar el palo mayor y atracar definitivamente en el oscuro
puerto del olvido sin saber, o quizás sabiendo, que el varadero
es el de las aguas del recuerdo y de la nostalgia. A los 091, ese grupo
con nombre de teléfono de urgencias policiales tendrán que
recurrir, a partir de ahora, los rebeldes con vocación de músicos.
Porque ellos, los Cero, como los llamamos todos, eran los rebeldes con
entrañas de poetas.
Hoy, en
esta ciudad, los aspirantes al mundo del rock no tocan canciones de The
Beatles o de los Rolling Stones para aprender, tocan canciones de los 091.
Imitan a los Cero con el mismo entusiasmo con el que en el Madrid de la
movida se imitaba a Sex Pistols o a The Clash. 091, ese número,
ya no es de la Policía. Es el número telefónico personal
del rock, del puro sentimiento. La poesía de José Ignacio
G. Lapido es brutal, certera, llega al corazón. Es poesía
lúcida. El directo del grupo es demencial. La electricidad que siempre
dispararon desde el escenario no tiene límites. Si hubieran sido
simplemente de Madrid hoy se estaría hablando del mejor grupo pop
español . El problema es que eran de Granada, de Andalucía.
Podremos estar en desacuerdo en muchísimas cosas, pero al César
hay que darle lo que es del César. Y 091 son el César. Hace
seis años, en el último concierto que dio TNT en Granada,
con José Antonio García, el mismo y magnífico cantante
que siempre compartimos, José Ignacio G. Lapido se acercó
a los camerinos y me dijo: "Jesús, ha sido el mejor concierto que
he visto en mi vida. El único de mi vida que me ha hecho saltar".
Del mismo modo, esta vez me toca a mí reconocerle cosas a mi eterno
amigo y rival: José Ignacio: has hecho las mejores canciones que
he escuchado, canciones que yo siempre habría querido haber hecho.
No dejes de hacerlas nunca.
Y es que,
cuando se pierde a un rival, se pierde a un amigo.
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